La
Iglesia ha nacido con los pobres, el Evangelio es para los pobres
(también para los ricos, pero que son <>). Los diáconos de la
Iglesia se ocupaban de los pobres. Es necesario que volvamos a los
pobres y sobre todo debemos volver a lo que fue en otros tiempos. Pero
¿por qué veranear en la montaña, o en el mar? Queremos ser una fuerza en
manos de la Iglesia, sin protagonismo, pero debemos entrelazar el amor a
Cristo, a las almas y el amor a los pobres. Es el secreto éxito. Unamos
también el amor a la patria y también sin protagonismo, sin
ostentación, sin política. Estas palabras mías son un poco fuertes, pero
vosotros tomad su sustancia y veréis el anhelo que tengo de que la
Congregación viva su espíritu y no se fosilice, porque nosotros estamos
ya decrépitos, nos hemos desviado ya del espíritu primitivo. Es
necesario volvernos a poner en camino, es necesario que hagamos algo
más. Debemos acercarnos al pueblo y a los humildes. El porvenir es del
pueblo y nosotros no debemos perder al pueblo
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