viernes, 3 de abril de 2026

SABADO SANTO , PASIÓN APOSTÓLICA DE DON ORIONE




 Hoy es el día del silencio. “Y el sábado descansaron, según el precepto” (Lc 23,56
Recordamos que las imágenes del templo se han cubierto: la iglesia está desnuda. La liturgia de hoy ni siquiera incluye el gran gesto de la Eucaristía: es el día alitúrgico. Tiempo de pausa, de interrupción para que podemos darnos cuenta que el tiempo queda "vacío"; para comprender nuestro límite, nuestro estado de fragilidad, nuestra “no omnipotencia”.
 Esta es la experiencia que a menudo hemos podido vivir: que Dios esté a nuestro lado como alguien ausente; y ha sido justamente en aquellas situaciones que sentimos impotencia.
 Dios no ha intervenido para defendernos como pretendíamos; no nos arrancó de la muerte, cuando invocamos su presencia para derrotar al mal.
 En efecto, Dios guarda silencio incluso hoy cuando hay víctimas, cuando hay violencia, cuando reina la tortura, cuando la arrogancia caracteriza nuestra vida cotidiana.
 Dios elige guardar silencio, ya que eligió estar en silencio en el día del descanso de Jesús en la tumba Jesús hace de su soledad de la muerte el lugar de la solidaridad absoluta con los humillados, con los que sufren, los abraza, los toma de la mano para devolverlos a la luz, a la vida. Jesús llegó a ese lugar para que cada víctima de la historia pueda sentirse solidaria, pueda sentirse menos sola en esa humillación extrema. 
 
Jesús hace de su soledad de la muerte el lugar de la solidaridad absoluta con los humillados, con los que sufren, los abraza, los toma de la mano para devolverlos a la luz, a la vida. Jesús llegó a ese lugar para que cada víctima de la historia pueda sentirse solidaria, pueda sentirse menos sola en esa humillación extrema 
  El silencio de Jesús en la tumba, no es como piedra los hombres han colocado para sellarla. Jesús no tiene ninguna roca que pueda cerrar y sellar su corazón. En esta soledad, las brasas arden, el amor arde. No es la soledad inmóvil, exánime; Jesús en medio de esa soledad da pasos invisibles: su amor lo mueve, el amor siempre se mueve. En este silencio del sábado, Jesús da pasos hacia el inframundo, hacia el infierno de la ausencia, de la ausencia de Dios que es la mayor distancia que él pueda experimentar como Hijo.

 En esta perspectiva entendemos la intensidad heroica con la que Don Orione vivió su pasión apostólica en favor de los hombres. Su ardor, por hacer que todos sean alcanzados por este amor de Jesús, lo llevó a pedirle la gracia de alcanzar los más alejados; los excluidos; los que son considerados por el mundo como desperdicios:

Por lo tanto, Dios mío, presérvame de la funesta ilusión, del diabólico engaño que yo, sacerdote, deba ocuparme exclusivamente de quien viene a la Iglesia y a recibir los santos Sacramentos; de las almas fieles y de las mujeres piadosas [...] Sólo cuando esté desecho de cansancio y muerto tres veces corriendo y llamando a los pecadores y también a los Escribas y Fariseos, solamente entonces podré buscar algún reposo entre los justos.  

Pero Luis Orione, llegando a la madurez de su vida, entiende que esto no es suficiente: La perfecta alegría no puede estar sino en la entrega de uno mismo a Dios y a los hombres, a todos los hombres, a los más miserables como a los maltrechos, físicamente o moralmente; a los alejados, a los culpables, a los adversarios. Colócame, Señor, en la boca del infierno, para que yo, por tu misericordia, la cierre. Que mi secreto martirio por la salvación de las almas, de todas ellas, sea mi paraíso y mi suprema bienaventuranza.2  

Le pedimos al Señor la gracia, de vivir nuestra vida de tal modo que podamos llegar a los infiernos que viven nuestros hermanos y cerrar sus puertas; Con la autenticidad del amor misericordioso del Padre, en las manos tiernas de su Madre la Iglesia. Cerrar la boca del infierno es tocar el corazón de los que se sienten lejos de Dios, con el amor de Cristo.

  IDEM, sf., mi., ADO, Scritti, 118,18; cf.: PAPASOGLI, G., Vida de Don Orione, 233-234. 2 ORIONE, L., 25.02.1939, ma., ADO, Scritti, 115,200-201; (EC., II,427-428).

fuente extracto triduo pascual  p.Fernando Fornerod


jueves, 2 de abril de 2026

VIERNES SANTO , LA DEVOCIÓN AL CRUCIFIJO , EN UNA SEMANA SANTA INOLVIDABLE


        EL VIERNES SANTO. es una jornada central en la espiritualidad de Don Orione, quien centraba su vida en la Pasión de Cristo, el amor al prójimo y el servicio a los más necesitados, reflejando su lema de "hacer el bien siempre".  Don Orione promovía el servicio a los enfermos crónicos y los marginados, viendo en ellos el rostro de Cristo sufriente en la Cruz.

"Sólo la caridad salvará al mundo": Esta frase célebre subraya su misión de llenar de amor los "surcos" abiertos por el egoísmo, un concepto central en la redención del Viernes Santo.

    San Luis Orione tenía un amor profundo por Jesús crucificado, buscando "llenar de caridad los surcos" de dolor y odio, lo cual es la esencia del mensaje del Viernes Santo.

    Sus últimos momentos fueron de entrega, diciendo "¡Jesús! ¡Jesús! ¡Voy Jesús!", reflejando su unión con la Pasión

 "Cuando se abrió esta Casa, vi este hermoso crucifijo, lo miré y me dije: ¡Qué contento me sentiría si estuviese siempre con nosotros, porque el amor más ardiente y la devoción al crucifijo caracterizan a nuestra congregación... Jesús nos salvó en la cruz; la cruz está bañada en sangre; la redención del mundo fue lograda por Jesús en la cruz: ella es nuestra esperanza" (San Luis Orione)
Foto Basilica Nuestra Señora de la Guardia, Tortona

Don Orione solía repetir que la Congregación nació del corazón traspasado de Jesucristo EN UNA SEMANA SANTA INOLVIDABLE. 
En la foto vemos la Catedral de Tortona 

HACE 134 AÑOS DE UNA SEMANA SANTA INOLVIDABLE.
Don Orione durante la Cuaresma de1892 había comenzado a armar su ORATORIO con un niño que habían echado del catecismo. Luego, en la Semana Santa de ese año, del 10 al 16 de abril y el seminarista Orione, consagró  a Jesús Crucificado los primeros muchachos. Por esto san Luis Orione dirá  que: "La pequeña Obra brotó del Corazón traspasado de Jesús Crucificado, en una SEMANA SANTA INOLVIDABLE....El instituto de los Hijos de la Divina Providencia nació en una Semana Santa, en una Iglesia dedicada al crucifijo...¡Nuestra Congregación nació a los pies del Crucifijo en una Semana Santa porque el Señor quiere decirnos que la vida de la Pequeña Obra debe estar a los pies de la Cruz"

"Perseguido y traicionado inicuamente, hasta la misma cruz, imploró a su Padre celestial, con gran voz, el perdón para los bárbaros que lo habían crucificado. El, que había ordenado a Pedro que envainara su espada, y que no derramó jamás la sangre de nadie, quiso derramar toda su sangre divina, y su vida, por los hombres, sin distinción de judío o griego, romano o bárbaro [cf Col 3,11; Gál 3,28; Rom 10,12]: ¡Verdadero rey de paz: Dios, Padre, Redentor de todos!

Quiso morir con los brazos abiertos, suspendido entre el cielo y la tierra, llamando a todos ángeles y hombres a su Corazón abierto, traspasado: anhelando abrazar y salvar en ese Corazón divino a todos, a todos, a todos: ¡Dios, Padre, Redentor de todo y de todos! Jesús no hizo construir para sí un mausoleo, como los antiguos reyes; pero por todas partes se ven casas consagradas a su memoria, en las grandes ciudades como en los pueblos pequeños. Y aún en lugares despoblados, entre las nieves eternas, se levantan ermitas humildes refugios muy parecidos a la gruta de Belén con una cruz que evoca la obra de amor y de inmolación de Nuestro Señor Jesucristo; ¡esa cruz habla a los corazones del evangelio, de la paz, de la misericordia de Dios por los hombres!...

No fueron los milagros ni su resurrección los que me conquistaron, sino su Caridad: ¡esa caridad que venció al mundo!".

Don Orione




miércoles, 1 de abril de 2026

FUE UN JUEVES SANTO ...



 

  Como sabemos Luis Orione a la edad de 13 años, estando en Voghera el 4 de septiembre de 1885, tuvo un episodio de enfermedad muy grave y decía esto: “Yo - recordará Luis muchos años después - no soñaba otra cosa sino con el Hábito con capucha y cordón blanco"...     Luego, la noticia fulminante: el Provincial llegó para imponer el hábito a los postulantes, y entre estos está Luis; y aquí otro recuerdo que años después relatará: "Era el jueves santo de 1886, y mientras el Santísimo era llevado al "monumento", comencé a sentir temblar todos mis huesos... Hacía varios días que no me sentía bien. Tal vez fuera producto del poco dormir, pues sabiendo que debía recibir el hábito, de noche me levantaba para arrodillarme sobre el piso frío; acaso provenía del hecho de poner trozos de leña entre la sábana y el jergón para mortificarme. Suficiente. Cuando estábamos delante del "monumento", sentí algo que no pude entender y luego me encontré en la cama. Me había desmayado en la iglesia. Tenía pulmonía...".

  La enfermedad es grave y se agrava aún más. El muchacho sufre porque no pudo recibir el hábito, escucha los comentarios de los frailes que vienen a visitarlo y llega a intuir que se está jugando la propia vida. Ahora comprende el llanto del padre, llegado súbitamente, y la angustia de la madre que debe permanecer en la hospedería del convento a causa de la clausura.

El padre está como paralizado, no lograr pronunciar una palabra.

     Alrededor del muchacho, los pronósticos son sombríos; el segundo o tercer día, un hermano lego entra en la habitación trayendo un cesto con ropa: la mortaja.

     "Estaba fuera de mí. No sé si me hallaba despierto o dormido. Vi cómo la pared del fondo de la celda desaparecía y se me apareció una hilera de jóvenes sacerdotes que me sonreían, todos con una túnica blanquísima: un candor de nieve" 1

  Orione como buen hombre de Dios siempre se preocupó por los más alejados, necesitados, pobres, enfermos, acompañándolo y tratando de satisfacer sus necesidades temporales y espirituales, A la edad de 25 años escribe esta carta para sus hijos “Cualesquiera sean las pruebas a que la bondad de Dios quiera someternos, no dejarán de llevarnos a los pies de la Cruz, y la Cruz nos llevará a los brazos de Cristo. Dios quiere probar nuestra confianza y esperanza; Dios quiere probar nuestro amor por él; ¡y nos ofrece la Cruz! Abracemos la Cruz. Hoy, mañana, cuando el Señor quiera ofrecérnosla, no la arrojemos a tierra sino apretémosla contra nuestro corazón, bañémosla con nuestro llanto y nuestra sangre: es el Señor que nos ama.

martes, 31 de marzo de 2026

EL SANTO DE LO IMPREVISTO




Cosas del otro mundo

Salió hacia América Latina el 24 de septiembre de 1934.En verdad ya había estado en 1921. Tampoco allí había pasado inadvertido este cura no clasificable, emprendedor, con maneras a veces explosivas, que no usa medias palabras cuando se trata de denunciar los abusos y la injusticia social y predica que la verdadera revolución se hace de rodillas ante el tabernáculo.En Brasil había dejado atónito al clero local con su “pastoral de los negros”. Una vez más se había adelantado simplemente a su época. La que había insistido para que fuera era una hija espiritual suya, la madre Teresa Michel, otra “loca” como él, que no le iba a la zaga en lo tocante a la fe en la Providencia y a la que don Orione estaba agradecido por haber recibido consejos y consuelo en circunstancias difíciles.Esta vez en la nave “Conte Grande” que lo lleva a Argentina está también el futuro Pío XII, que va al país latinoamericano para el Congreso eucarístico internacional. El cardenal Pacelli, durante la travesía tuvo modo de manifestarle su estima. Don Orione conocía a su hermano, el abogado Francesco Pacelli, que había tomado parte en las negociaciones oficiales del Concordato. Pero “el confesor del Conte Grande”, como le llamaban en la nave, reacio a las glorificaciones, al llegar a Buenos Aires vio un panorama enorme de miseria. Recuerda don Dutto: «Comienza a rebuscar en los tugurios, en las callejuelas, en los barrios bajos, en busca de impedidos, lisiados, incurables, alcoholizados, dementes: los elige como sus patronos, les lava con sus manos las heridas, los sirve». En Buenos Aires va a vivir en la calle Carlos Pellegrini, en una casa que le regaló un dama, y que él comparte con un ex cura, un niño sordomudo con su hermana enferma y su madre viuda. A la puerta de esta casa llega la gente más variada: pobres, latifundistas, profesionales, religiosos, militares. En 1936 pasa una temporada en la casa Jacques Maritain. En ella tiene reuniones con el arzobispo Copello, con el nuncio, e incluso se entrevista con el jefe de Estado. Sus noviciados, sus casas, se abren una tras otra, como si nada, como florecen siempre las obras que deja a su paso: un gesto concreto, una respuesta inmediata, una intuición, un encuentro, una circunstancia azarosa, y se realizan con el dinero que parece salir directamente de la barba de san José y de los bolsillos de esos ricos que llenos de confianza ponen al seguro su dinero en sus bolsillos rotos. En aquella tierra de amplios espacios y vastos horizontes, parece haber echado raíces y no atiende a los que cada vez más insistentemente le invitan a volver a Italia. Impertérrito sigue abriendo puertas. Pide más personal. El bueno de don Sterpi, que desde la otra parte del océano dirigía la Congregación, no sabe dónde echar mano, y le suplica e implora que vuelva. Además comienzan a soplar vientos de guerra y hay problemas con el obispo de Tortona. Al final, tras agotar todas las argumentaciones convincentes, le escribe: «Aunque mucho estimo sus cartas, le ruego que no me vuelva a escribir, porque dándome noticia siempre de nuevas casas, usted me mata». En tres años recorre una distancia diez veces superior a la que hay entre Italia y Argentina, «rogando al Señor que multiplique Sus obras», en una inmersión continua en la realidad que no conoce obstáculos: «¡Ojalá tuviera cien, mil brazos y llegar allí donde nadie quiere!», y dar vida a ese fuego que indomable le quema dentro. Argentina no lo olvidará nunca. Un cura y bastaLlega al puerto de Nápoles en agosto de 1937.A su regreso le invitan a dar conferencias. Por lo demás, no tenía ninguna intención de esconder las obras de la Providencia. Alérgico a los honores, escondía, en cambio, su propia persona. Durante una intervención en el Aula magna de la universidad Católica de Milán, no tuvo más remedio que oír al orador oficial alabar sus méritos. Los que estaban a su lado ven que se cubre la cara con las manos, no está quieto en la silla, como si estuviera sufriendo una tortura. Sin la mínima ostentación, con toda la vehemencia de su carácter impetuoso, saltó y dijo: «¡Pero qué don Orione, qué don Orione campesino de Pontecurone! ¡No le crean! ¡No le crean!». Otra vez, en la inauguración del instituto San Felipe Neri de Roma, le toca el mismo suplicio. Acurrucado en la tercera fila, con la frente fruncida, escucha las palabras que el senador Cavazzoni usa para alabarle. Mira a su alrededor buscando una salida. Imposible. La gente abarrota el salón, está también el presidente del Senado, a su lado el cardenal Salotti y numerosas autoridades. Al final, le llaman al escenario. Su voz deja entrever la timidez sincera y el esfuerzo que hace para que no le salgan palabras poco oportunas, dice: «Yo no sé hablar. Sólo sé hacer chapuzas… y estoy seguro que de todos los sacerdotes aquí presentes no hay uno más pecador que yo». Y luego dirigiéndose al orador: «Mi querido senador, pero ¿quién le ha dicho todas estas bobadas de mí?». Y levantando la voz para ser oído: «La verdad es esta, y quiero que todos se enteren, yo no soy el fundador de nada. Yo no tengo nada que ver». Y como acababa de volver de Argentina recurre al español de san Juan de la Cruz: «¡Nada! ¡Nada! [en español]… Si he tenido que dar la vuelta a medio mundo, hasta la lejana América, es porque así se hace con un mono y con un macaco cualquiera». No se comporta así cuando se trata de asumir la responsabilidad de alguna falta, para esto no era reacio, reconociendo incluso públicamente sus errores. Decía: «Si hay algo bueno en la Pequeña congregación es todo obra y bondad de la divina Providencia. Si hay algo imperfecto y deforme es culpa mía, y quizá también de algunos de vosotros, mis queridos hijos». Si las alabanzas lo herían, también las injurias; éstas, sin embargo, las consideraba un bien. Refiere el sacerdote De Paoli: «Un joven, en el momento de abandonar la Congregación lo llenó de insultos y groserías. Yo estaba presente. Don Orione quiso darle dinero, lo abrazó con ternura, lo besó en la frente con cariño, le deseó todo el bien y quiso que rezáramos por él como por un benefactor».Escribe al pie de una fotografía que lo inmortaliza durante la subida al monte Soratte, mientras se dirige a lomos de un asno a visitar a sus eremitas: «Él y yo somos dos». Para recordar, con su genuina ironía, que no se tenía en mucha consideración. En Tortona, mientras tanto, la situación vuelve a agitarse. El obispo se queja. Infamias, habladurías, acusaciones, calumnias. Una vez más hostilidad y tormentos. A un amigo de Roma le manda un billete: «Perdono a todos y estoy muy contento de estar lejos de las tretas y del alboroto de Tortona. Mis sacerdotes rezan, callan y esperan conmigo, fidentes in Domino… Que los enemigos me saquen los ojos, basta que me dejen el corazón para amarles…». Un religioso de la orden, al que había dado cargos de confianza, le escribe una carta «malvada y mendaz». Le sienta mal. Don Cribellati quiere hablar con él para tomar medidas y don Orione le dice: «Nada… Para estas personas: a) se reza a Dios; b) se perdona; c) se ama». «Nuestra caridad es un dulce y loco amor de Dios y de los hombres que no es de la tierra», había escrito al ir a Argentina. Su corazón empieza a gastarle bromas. En 1939 padece un grave ataque de angina de pecho y en febrero de 1940, otro. El 8 de marzo, en la casa general de Tortona, pide los últimos sacramentos y se despide de todos con su último “buenas noches”. El día siguiente sale hacia Sanremo, sabía que no volvería, va hacia la muerte como para abrir una puerta: «Jesús, Jesús… voy». Y esto en el fondo es la broma más sonada que su corazón nos ha gastado: para hablar con él es necesario abrir a Otro. Maravilloso es Dios en sus santos. En lo que se refiere a sí mismo, el epígrafe esculpido en su tumba dice: Aloysius Orione Sacerdos. Te Christus in Pace. Nada más. Sacerdos. Quizá el único elogio que hubiera aceptado, lo que simplemente es y fue: un cura, y basta. Que san Luis Orione nos perdone 

Don Orione en el monte Soratte visita a sus eremitas en septiembre de 1934. Al pie de la foto la curiosa frase autógrafa: «Él y yo somos dos»foto

 

lunes, 30 de marzo de 2026

AYUDAME ,,,, A PENSAR EL MAÑANA





Don Orione nos inspira… a pensar el mañana
Muchos definen esta gran experiencia como una guerra. Si es así, habrá un después de la guerra y debemos prepararnos para reconstruir, no tanto los puentes o las calles, y tampoco hacer resurgir los edificios o las casas, sino las personas; recuperar actitudes sociales de fraternidad, de compartir, de participación en las actividades de la Iglesia. Hay también quien ve este período como una “ocasión propicia” para reaprender valores como el uso del tiempo, el estar en familia, la sobriedad de vida, etc. Después de la crisis, habrá que correr para reavivar la economía, restablecer las escuelas, reprogramar las manifestaciones culturales y deportivas, y tal vez también recuperar todas aquellas “fiestas” que se perdieron. ¿No sea el caso que olvidemos, una vez más, esos valores aprendidos a un alto precio? Nos toca a nosotros, orionitas, hacer el trabajo de acompañamiento y de formación de las conciencias sobre las prioridades. Comencemos ya hoy a construir el mañana. Es lindo recordar lo que el joven Ignacio Silone, en un momento de desánimo, escribe a Don Orione.
Era el 29 de julio de 1918: “En ciertos momentos de la vida se salva solamente quien tiene un hijo, quien tiene un padre, o quien cree en una vida próxima. Me acorde que un día Ud. escribiéndome me llamaba hijo y yo, padre. (…) Padre, mi salud está arruinada, mis estudios están arruinados, yo quiero aún recomenzar, recomenzar, ¡recomenzar! ¡Ayúdeme!
Repítame las palabras de esperanza, recondúzcame a las aguas vivas de la vida”. Era como si alguno hoy nos dijese: ¡Padre, dame un futuro! ¡Una razón para seguir creyendo! Un empujón para salir de este callejón oscuro y ciego. Después de esta Cuaresma así diferente y así dura, ¡ayúdame a celebrar la Pascua!