miércoles, 25 de febrero de 2026

LA CARIDAD ESTA ABIERTA A TODO BIEN

 

«A través de un largo recorrido, la humanidad está llegando, acaso, a una nueva conciencia sobre la dignidad de cada hombre y de cada mujer.

Sorprende sin embargo ver cómo Don Orione se anticipó a esa meta con tanta naturalidad: “En el más miserable de los hombres brilla la imagen del Hijo del Hombre”. Los santos, como nuestro Fundador, perciben la realidad con inmediatez porque toman el atajo del Evangelio: “Lo que han hecho a uno de estos mis pequeños hermanos, a mí me lo han hecho.

“La caridad está abierta a todo bien, venga de donde viniere; ella es sabia, pero quiere en su humildad aprender de todos; confía siempre en el Señor y en la bondad -poca o mucha- que sabe descubrir en el corazón de los más alejados de la caridad.

Su pasión no quema ni quiebra; es discreta y ‘secundum scientiam’ (conforme a la sabiduría), porque conoce las limitaciones y debilidades humanas y las sabe comprender: sabe, en efecto, qué difícil es hallar seres humanos sin imperfecciones.

La caridad no hace nada inconveniente, tampoco se inquieta, ni tiene en cuenta las injurias que se le hacen; vence al mal con el bien. No se complace en la injusticia, sino que se siente feliz cada vez que puede alegrarse con la verdad. Lo perdona todo, lo espera todo, lo soporta todo.

Ora, sufre, calla, adora, ¡jamás desfallece!

La caridad no conoce arbitrariedad dureza, encuentra su felicidad en propagar a su alrededor e irradiar bondad, mansedumbre, delicadeza. Sólo desea una cosa: inmolarse enteramente para lograr la felicidad y la salvación de los demás, para gloria de Dios” (Cartas II, 144-149).