El director Castellano y el redactor Faagiuoli, a su vez,
denunciaron al Obispo por difamación, citándolo ante los tribunales
locales (Tortona era subprefectura).
El proceso debía realizarse el 7 de julio y el imputado tenía que comparecer en la sala.
Uno de los peligros era el público: si la sala se colmaba de
facciosos, de adversarios del Obispo y de la Iglesia, las declaraciones
de Monseñor podrían ser sepultadas y alteradas por la gritería y los
alaridos. Ello influiría sobre el proceso en forma no muy agradable.
Situación ambigua que podía tornarse perniciosa: un Obispo, "el Obispo",
porque Monseñor Bandi era "el Obispo" por antonomasia, el que luchaba
con desesperación contra todas las novedades antieclesiásticas, como un
campeón de otros siglos..., silbarlo, vituperarlo, escarnecerlo...
También era, cabalmente, una de esas situaciones que excitaban a Don
Orione, que en la noche de la antevíspera no durmió. En la oscuridad de
la habitación imaginaba la futura gritería, toda la escena de los
tribunales.
El día anterior se levantó temprano, en el "Santa Clara"; contó y
volvió a contar sus huestes: todos los "fafiuché" de todas las edades,
cursos de estudio... unos cien.
Entonces habló desde sus invisibles pirámides: "Mañana, alerta
hijos míos; mañana, gran fiesta...". Luego, de pronto: encontró la
solución ¿como ? llevando a sus “fafiuché” a llenar la sala del juzgado,
en detalle se los transmitiré el 7 de junio.