viernes, 27 de febrero de 2026

EL BIEN NO HACE RUIDO.

 


 

El 14 de abril de 1927, Jueves Santo, Don Orione escribe una larga carta a una bienhechora un poco desanimada y ansiosa. Al morir su marido y un hijo de tierna edad, ella, en memoria de ambos, había donado su casa para la atención de pequeños huérfanos. Don Orione había pasado a visitarlos mientras la bienhechora estaba ausente. Al escribirle, tratando de ayudarla a discernir los movimientos del alma que vienen de Dios y aquello que “no es espíritu del Señor”, nuestro Padre, como al pasar, indica algunos criterios educativos que son preciosísimos.

Y esté tranquila, noble y benéfica Señora, porque cuando llegue la hora de Dios, la mano de la Divina Providencia construirá, a lo largo y a lo ancho, y su pequeño Instituto tendrá un gran porvenir, porque ha comenzado con los “stracci” y con los niños abandonados y necesitados de todo: de ser lavados, vestidos, darles de comer, sacarles los piojos... y sin descanso, sin hacer ruido, porque el ruido no hace bien y el bien no hace ruido.

Todos estamos comprometidos para que el Instituto logre su fin de caridad, y de asistencia materna a la infancia; una asistencia que tenga un alma, un soplo educador de vida cristiana y civil. Nosotros debemos edificar a Cristo, pero sabiamente, no con la mano agitada, no con la turbación de espíritu ¡no!

Nosotros debemos arar en los pequeños corazones y acrecentar en ellos la virtud, el sentido de la bondad, de la honestidad, de la rectitud, de la templanza, del trabajo y un profundo y sentido amor a la familia, a la Patria, pero con mano muy delicada. Aún nosotros mismos debemos tener mucha paciencia y no pretender llegar a ser santos en un día. Considerémonos en nuestras debilidad es como los trofeos de la misericordia y de la gloria de Jesús Crucificado.

¡Coraje y adelante en el Señor! ¡Recen todos por mí, pobre pecador!

Dvto. Servidor en Jesucristo y en la Sta. Virgen
Sac. Luis Orione de la Divina Providencia
(Cartas a los laicos, Escritos 41,86)