(...)
Nosotros debemos ser un cuerpo escogido, sino seremos cristianos del
montón, sin nervio; quiero decir que en lugar de ir arriba nos pararemos
a las puertas del paraíso. Quien no llega a comprenderlo significa que
no está hecho para nosotros, es señal de que debe elegir otro camino,
que no es el nuestro como aquellos soldados de Gedeón que en lugar de ir
hacia delante se pararon a vivir en una posición cómoda. (...)
Nosotros
debemos ser una LEGION FULMINANTE. Qué cosa más bonita si la santa
Iglesia pudiese disponer de una legión fulminante, que pudiese fulminar
el error, fulminar el mal, quemar las malas hierbas, la cizaña, y que
sobre las cenizas del mundo, bajo el sol de Dios, hiciera crecer la fe,
el amor de Dios y de los hombres que el Señor quiere de nosotros. De lo
contrario no era necesario, no era razonable que naciese la
Congregación, sino fuese por algo nuevo y bello.