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También María cantó, elevó a Dios su “magnificat”. Se lee en las
sagradas Escrituras que se oyó cantar a los serafines y que cantaban a
coro, al unísono: <>. Los ángeles cantan en el cielo: cantan a
Dios el trisagio angélico. Delante del arca, se lee en la Biblia, David
unía al canto de los sacerdotes y de los levitas el sonido del arpa,
tocaba, tocaba. También se lee que David cantaba y tocaba. Incluso
delante de Saúl, con el canto y con el sonido del arpa auyentaba el mal
humor, la tristeza y la manía persecutoria del rey, que continuamente lo
buscaba y le perseguía a muerte. Moisés, cuando el pueblo salió de
Egipto elevó un canto: “Cantemus Domino...”. Es un canto, es un himno de
exaltación y de agradecimiento al Señor. Quizá a alguno de vosotros,
escuchando las palabras que yo utilizo en lo que se refiere a la música,
le hará pasado por la mente que yo no soy muy aficionado al canto. No
hay tal, yo quisiera escucharos cantar siempre, quisiera que cantéis
siempre. Porque yo pienso que la vida de los santos no es otra cosa que
un canto grande y continuo. (...) Pero el canto no debe quedarse en
deleitar y acariciar el oído. El canto debe estar animado de aquella
fuerza interior que eleve nuestro espíritu a Dios. Debemos interpretar
los sentimientos que provoca el canto y compenetrarnos con ellos. Don
Bosco amaba el canto y compenetrarnos con ellos. Don Bosco amaba el
canto. Los salesianos han publicado y difundido en sus colegios libritos
que contienen cantos: cosas bellas, cosas honestas, cosas alegres. No
olvidaré nunca nuestros paseos cuando estaba con Don Bosco, allá, fuera
de Turín, en aquellos mis tres años, tan bonitos, tan llenos de
serenidad, de fe, de ilusión, pasados a la sombra de Don Bosco y de
María Auxiliadora. Allí se cantaba. Y al ritmo de los cantos vivíamos
serenamente en los años de la juventud, para prepararnos después al
fervor de la vida sacerdotal. Quisiera que ninguno de vosotros, viéndome
tan terriblemente hostil al sentimiento musical, piense que yo soy
hostil al canto. Desgraciadamente he visto a muchos perderse por la
música, y por ello tengo miedo cuando veo a alguien que se pasa y no se
mantiene en los límites justos en cuanto a la música. Pero yo quisiera
que en esta casa, y en las otras casas nuestras, donde hay clérigos,
postulantes, novicios, estudiantes, llamadles como queráis, quisiera que
todo fuese felicidad, serenidad, regocijo, alegría, y que todos
sintiesen la necesidad de cantar
