lunes, 16 de marzo de 2026

ALMAS GRANDES QUE AMEN A DIOS Y AL PRÓJIMO SIN MEDIDA.


Me alegraría mucho si tú vinieras para dar tu vida en esta pobre y humilde Congregación, y daría gracias a Dios de corazón (...). Si crees que Dios te llama a esta naciente Congregación, no tienes que anhelar cargos, sino venir deseando una vida más humilde, más escondida y más perfecta y para ponerte al seguro de tantos engaños y ocasiones de pecado. Debes venir con el deseo de ofrecerte a Dios sin límites y ponerte en manos de los superiores, sean quienes sean y así tú harás el mayor bien que puedas hacer, primero para ti, y después para la santa Iglesia de Dios y para la Sede apostólica, a la que estamos ligados por un voto especial. La Iglesia y la sociedad tienen hoy necesidad de almas grandes, que amen a Dios y al prójimo sin medida, y que se consagren como víctimas de caridad, que es la que puede devolver los hombres a la fe. Si tú vienes, yo procederé contigo con gran cautela y exigiéndote mucho. Te colocaré en el último puesto en la Congregación, y no te daré nada que pueda satisfacer o alimentar tu amor propio. Sé que Dios quiere transformarte en un instrumento de misericordia y salvación, y quiere que tú, bien alimentado de vanidades mundanas, te entregues ahora enteramente a él en la mortificación y negación de ti mismo, ya que quiere hacer de ti un santo. Dondequiera que vayas si no haces esto no tendrás paz, porque ésta no es mi voz, sino que es la voz y una de las llamadas de Dios que te hace a ti. No te resistas. Muchas almas te esperan y sus ángeles te llaman: pero el grado de trigo primero debe morir para después brotar con la vida de Dios. Penso que ésta es la hora designada por Dios para ti. Reza a la Virgen Santísima, rézala fervorosamente, y después da la espalda al mundo para ser todo de Jesucristo: el Señor caminará contigo (.

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