SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


miércoles, 31 de enero de 2024

VENTAJAS DE LA VIDA CONSAGRADA Y RELIGIOSA; DON ORIONE

San Bernardo es el último de los llamados Padres de la Iglesia. Pero en importancia es uno de los que más han influido en el pensamiento católico en todo el mundo.

Nace en Borgoña, Francia (cerca de Suiza) en el año 1090. Sus padres tuvieron siete hijos y a todos los formaron estrictamente haciéndoles aprender el latín, la literatura y, muy bien aprendida, la religión.

La familia que se fue con Cristo

Esta familia ha sido un caso único en la historia. Cuando Bernardo se fue de religioso, se llevó consigo a sus 4 hermanos varones, y un tío, dejando a su hermana a que cuidará al papá (la mamá ya había muerto) y el hermanito menor para que administrara las posesiones que tenían. Dicen que cuando llamaron al menor para anuanciarle que ellos se iban de religiosos, el muchacho les respondió: "¡Ajá! ¿Conque ustedes se van a ganarse el cielo, y a mí me dejan aquí unicamente en la tierra? Esto no lo puedo aceptar". Y un tiempo después, también él se fue de religioso. Y más tarde llegaron además al convento el papá y el esposo de la hermana (y ella también se fué de monja). Casos como este son más únicos que raros 

Decía San Bernardo:

 "Vivit purius, CADIT rarius, velocius Surgit, cautius incedit, irroratur frequentius, quiescit securius, moritur confidentius, purgatur Citius, remuneratur copiosius" 

(Vive más castamente, cae en el pecado más raramente, se eleva de forma más rápida, más aún con cautela, se pulveriza - por la gracia - más a menudo, se apoya más seguro, muere con más confianza, se purifica con mayor rapidez, es recompensado en abundancia ). 

Pero él es feliz porque  deja el suelo, los activos, los activos que poseemos "Listo el joven respondió:". En realidad no, yo no hago este cambio; Voy a ir para ganar el cielo, y dejo la tierra para aquellos que quieren ... ". Entonces, incluso el viejo padre siguió a sus hijos y se convirtió en un monje.

Vivit purius: es decir, no importa lo que usted vive puros, siempre "cuerdas Mundo", siempre illibati. CADIT rarius por qué la Escritura dice: "¡Ay de ellos mismos." Así que, viviendo en comunidad, le llevan, arrastrado por ejemplo, e incluso si usted se cae, caerá más y más raramente. Velocius Surgit: el aire que respiramos, el entorno en el que vive le ayuda a usted se levanta temprano, si se cae. Cautius Incedit: caminando con cautela buen religioso, él no confiaba en sí mismo. Irroratur frequentius es una lluvia beneficiosa de la ayuda, de gracias, bendiciones, el que recibe la religiosa. Securius Quiescit: el mundo no puede dar la paz, pero el dolor y la inquietud. 

El religioso que ama a Dios tiene una paz que sobrepasa todas las alegrías del mundo. 

San Alfonso dijo: "Dios no puede faltar en sus promesas, y para aquellos que dejaron todo por su amor le da el ciento por uno y la vida eterna" (cf. Mt 19:29). Moritur confidentius: ¿Cómo miedo? El sacerdote no duda de Dios y mueren esperando y creyendo en la palabra de su Señor.

 Purgatur Citius: con votos sagrados, había remesas culpa y el castigo por los pecados cometidos y, si al final no satisfacen las deudas en esta vida, las oraciones y sacrificios de los Hermanos ayudarían a los fallecidos para deshacerse rápidamente de las penas del purgatorio.

 Remuneratur copiosius: Jesús prometió que no dejará sin recompensa un simple vaso de agua dado en su nombre y por su bien. ¿Cómo dejarle sin premio a tantos sacrificios, tantas buenas obras que hacen todos los días un buen sacerdote? Él prometió cien veces en este mundo y la vida eterna en la otra para los que dejan, por su bien, padre, madre, posesiones


. A la muerte de cualquier miembro de la congregación se envía una circular a todas las casas y se ofrecen votos. Nuestra congregación es una de las congregaciones en las que se reza mucho por los hermanos difuntos.
Remuneratur copiosius: Jesús prometió que no dejará sin recompensa un simple vaso de agua dado en su nombre y por su bien. ¿Cómo dejar sin premio tantos sacrificios, tantas buenas obras que hace todos los días un buen religioso? Prometió el ciento por uno en este mundo y la vida eterna a los que dejaron  sus bienes, pertenencias,padre y madre.

martes, 30 de enero de 2024

LOS SUEÑOS PROFÉTICOS DE DON BOSCO




El 31 de enero se celebra la fiesta de San Juan Bosco, recordando su fallecimiento en 1888. Un santo cuya vida fue un derramar constante de milagros, en medio de un don gigantesco de guía y formación de jóvenes y adolescentes. Juan tenía una cantidad inigualable de dones: dueño de un físico superdotado, podía derrotar a deportistas profesionales en medio de proezas que sorprendían a todos. Actor inspirado, su talento para la comedia y el drama atraía a niños y adultos. Pero su amor por Jesús, a través de Maria Auxiliadora, supo darle a su vida un giro sorprendente. En pocos años se transformó en un imán que atraía a las multitudes, que sabían de los milagros sorprendentes que lo rodeaban, signo de su santidad.
Sus sueños proféticos, de los que se cuentan 159 en forma documentada, adelantaron muchas cosas que ya han ocurrido, y muchas otras que están pendientes de ocurrir. El más famoso, sin dudas, es el de las dos columnas, verdadero anticipo de la historia que espera a la iglesia y al mundo.
El 26 de mayo de 1862 Don Bosco había prometido a sus jóvenes que les narraría algo muy agradable en los últimos días del mes. El 30 de mayo, pues, por la noche les contó una parábola o semejanza según él quiso denominarla. He aquí sus palabras: «Os quiero contar un sueño. Es cierto que el que sueña no razona; con todo, yo que Os contaría a Vosotros hasta mis pecados si no temiera que salieran huyendo asustados, o que se cayera la casa, les lo voy a contar para su bien espiritual. Este sueño lo tuve hace algunos días. Figúrense que están conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escrollo aislado, desde el cual no ven más tierra que la que tienen debajo de los pies. En toda aquella superficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas terminan en un afilado espolón de hierro a modo de lanza que hiere y traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar. Dichas naves están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros (televisión, radio, internet, cine, teatro, prensa), y se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos acerle el mayor daño posible.

A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas navecillas que de ella reciben las órdenes, realizando las oportunas maniobras para defenderse de la flota enemiga. El viento le es adverso y la agitación del mar favorece a los enemigos. En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distante la una de la otra. Sobre una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción: Auxilium Christianorum. Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: Salus credentium. El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pontífice, al apreciar el furor de los enemigos y la situación apurada en que se encuentran sus leales, piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la conducta a seguir. Todos los pilotos suben a la nave capitaneada y se congregan alrededor del Papa. Celebran consejo; pero al comprobar que el viento arrecia cada vez más y que la tempestad es cada vez más violenta, son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves respectivas.


Restablecida por un momento la calma, el Papa reúne por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana continúa su curso; pero la borrasca se torna nuevamente espantosa. El Pontífice empuña el timón y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos columnas, de cuya parte superior todo en redondo penden numerosas áncoras y gruesas argollas unidas a robustas cadenas. Las naves enemigas dispónense todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla. Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo; otras con los cañones, con los fusiles, con los espolones: el combate se toma cada vez más encarnizado. Las proas enemigas chocan contra ella violentamente, pero sus esfuerzos y su ímpetu resultan inútiles. En vano reanudan el ataque y gastan energías y municiones: la gigantesca nave prosigue segura y serena su camino. A veces sucede que por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura; pero apenas producido el daño, sopla un viento suave de las dos columnas y las vías de agua se cierran y las brechas desaparecen.


Disparan entretanto los cañones de los asaltantes, y al hacerlo revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, encendidos de furor comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate. Cuando he aquí que el Papa cae herido gravemente. Inmediatamente los que le acompañan acuden a ayudarle y le levantan. El Pontífice es herido una segunda vez, cae nuevamente y muere. Un grito de victoria y de alegría resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de sus naves reina un júbilo indecible. Pero apenas muerto el Pontífice, otro ocupa el puesto vacante. Los pilotos reunidos lo han elegido inmediatamente; de suerte que la noticia de la muerte del Papa llega con la de la elección de su sucesor. Los enemigos comienzan a desanimarse. El nuevo Pontífice, venciendo y superando todos los obstáculos, guía la nave hacia las dos columnas, y al llegar al espacio comprendido entre ambas, la amarra con una cadena que pende de la proa a un áncora de la columna que ostenta la Hostia; y con otra cadena que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra áncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada. Entonces se produce una gran confusión.

Todas las naves que hasta aquel omento habían luchado contra la embarcación capitaneada por el Papa, se dan a la huida, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente. Unas al hundirse procuran hundir a las demás. Otras navecillas que han combatido valerosamente a las órdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan amarradas. Otras naves, que por miedo al combate se habían retirado y que se encuentran muy distantes, continúan observando prudentemente los acontecimientos, hasta que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas, llegando a las cuales se aseguran a los garfios pendientes de las mismas y allí permanecen tranquilas y seguras, en compañía de la nave capitana ocupada por el Papa. En el mar reina una calma absoluta. Al llegar a este punto del relato, San Juan Bosco preguntó a Beato Miguel Rúa: —¿Qué piensas de esta narración? Beato Miguel Rúa contestó: —Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es Cabeza: las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo. Los que defienden a la embarcación del Pontífice son los leales a la Santa Sede; los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan aniquilarla.

Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoción a María Santísima y al Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Beato Miguel Rúa no hizo referencia al Papa caído y muerto y San Juan Bosco nada dijo tampoco sobre este particular. Solamente añadió: —Has dicho bien. Solamente habría que corregir una expresión. Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan días difíciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación a lo que tiene que suceder. Los enemigos de la Iglesia están representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen. ¡Sólo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto! Devoción a María Santísima. Frecuencia de Sacramentos: Comunión frecuente, empleando todos los recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los demás siempre y en todo momento. ¡Buenas noches! Las conjeturas que hicieron los jóvenes sobre este sueño fueron muchísimas, especialmente en lo referente al Papa; pero Don Bosco no añadió ninguna otra explicación. Cuarenta y ocho años después —en A.D. 1907— el antiguo alumno, canónigo Don Juan Ma. Bourlot, recordaba perfectamente las palabras de San JuanBosco. Hemos de concluir diciendo que César Chiala y sus compañeros, consideraron este sueño como una verdadera visión o profecía.Fuente AICA

31 ENERO 1940, BUENAS NOCHES DE DON ORIONE EN EL PATERNO

 


 

Durante las Buenas noches  de 31 de enero de 1940, informa a los hermanos y clérigos del Paterno de Tortona: "Hoy Don Sterpi fue a Roma para presentar al Vaticano los cinco hermanos, que mañana tomarán posesión del  cargo. En el Vaticano hay teléfono, no hay de hecho un cuadro de distribución, todo se van al teléfono de la oficina central. El actual Papa ha confiado el importante cargo a personas  fieles a la Santa Sede y al Papa ¿Cómo se hizo la cuestión  no sé.; No sé cómo el pensó en los pobres Hijos de la Divina Providencia.

 Es un acto del Santo Padre que debemos estar orgullosos por la elección en medio de tantas penas, y espinas! Claro, queridos Hijos de la Divina Providencia, fue un gran consuelo para mí! Cuando me enteré de esto me dije: Ahora, puedo decir que el Nunc dimittis, porque llegó el día en que los Hijos de la Divina Providencia fueron llamados a entrar en el Vaticano y debemos pagar este acto con inmensa lealtad,  amor,  servicio y apego al Vicario de Jesucristo ".

 

jueves, 25 de enero de 2024

LA POLITICA DEL PADRE NUESTRO.



¿Cómo se comportó Don Orione frente al régimen fascista?

Don Orione en los diversos ambientes históricos y culturales, tanto en Italia como en América Latina, fue de fácil diálogo y abierta colaboración, pero siguió su camino de santo, de amante de la Iglesia y de los pobres.

Yo diría que se deben evitar los juicios claros sobre ï Don Orione antifascista o, al revés, ¡Don Orione fascista ¡. No estaba allí ni lo otro o si se prefiere eran las dos cosas a la vez, porque el centro de su pensamiento estaba en otra parte: el ministerio sacerdotal, los intereses de la Iglesia, el servicio a los pobres.

Incluso durante el período fascista, del que no vio el final, Don Orione supo cultivar relaciones personales con los protagonistas individuales. Esto sucedió en particular con protagonistas como De Vecchi de Val Cismon, Ferruccio Lantini, Luigi Federzoni, así como con aquellos exponentes católicos más cercanos al fascismo como Antonio Boggiano Pico y Stefano Cavazzoni.

Don Orione aceptó el principio de autoridad, las manifestaciones de respeto a la Iglesia y también a la Patria, aunque a veces explotadas en el clima fascista. Sin embargo, también supo distanciarse, decir no, renunciando a las ventajas en nombre de la “política del Padre Nuestro”, que comprometía la conciencia y la acción con valores humanos, religiosos y sociales inalienables.

Me parece emblemática la actitud de don Orione durante el fascismo la observación, hecha el 7 de diciembre de 1933, a sus hermanos y clérigos: ï Otro es el Estado, otra es la Patria. ¡A veces esta diferencia se hace tan evidente que es necesario oponerse al Estado precisamente porque se ama a la patria!

También es válido frente al ï Estatus actual y la actual ideología dominante.

 

 

Desde su amistad con los modernistas a la política del Pater noster, la única eficaz. Desde los comienzos en Tortona a los viajes a Latinoamérica. Algunos episodios de la vida de san Luis Orione que revelan su atractivo

por Stefania Falasca  30 Giorni

Es imposible estar lejos de alguien así. Y digámoslo en seguida: para adoptar su manera de ser, sus gestos inconfundibles, habría que ser él, don Luis Orione… es decir, algo único, providencial y, sobre todo, imprevisible. Sí, también imprevisible, porque quizá nunca lo imprevisible hizo tan buenas migas con la santidad como en este hombre. Mejor dicho, eran una única cosa. Por lo demás, toda su larga vida, desde el 23 de junio de 1872 hasta el 12 de marzo de 1940, estuvo caracterizada por lo inesperado: un amor abierto de historias imprevistas, circunstancias y grandes obras, una mezcla continua y sorprendente de pontífices y maleantes, hombres de Estado y pobres miserables, ermitaños, políticos y desheredados, literatos, huérfanos, santos. Ni siquiera el escritor más hábil lograría contarlo todo contemporáneamente. Debería seguirle por un camino y, en un momento determinado, volver atrás para tomar el otro y luego otro. Mientras que nuestro protagonista los recorre todos juntos, sin preocuparse de saber adónde van a parar. Con él la pluma llega siempre tarde y la página se queda corta, siempre hay algo que se queda fuera. Y no son solamente fragmentos. Es una vida que se desborda continuamente y que lo ve como «mozo de cuerda de la Providencia» abriendo puertas de par en par, dejándose provocar por la realidad, leyendo y anticipando los tiempos con formidable intuición. Muchos trataron de meterlo en cintura. Se tuvieron que rendir al “loco de Dios”. «Una de las personalidades más originales y eminentes del siglo XX». El escritor Douglas Hyde, ateo convertido, en su conocida biografía lo define «el bandido de Dios» y «genio de la caridad» sobre todo porque hizo obras maestras sin darse cuenta. Lo que es seguro es que este cura bajito, que «tenía el temple y el corazón del apóstol Pablo, impulsivo y tenaz, tierno y sensible hasta las lágrimas, infatigable y valiente hasta la osadía», tuvo el don de iluminar a hombres sin fe. Alguien ha dicho que incluso lograba conmover y hacer llorar a los curas. Al parecer es algo bastante difícil. También este milagro acompañaba la predicación de don Orione. No nos queda, pues, más que intentar seguirle por los caminos de lo imprevisto y pedir que salga a nuestro encuentro, acercarnos y dejarnos confortar por el calor de su caridad.

En la foto:Don Orione con Umberto Terenzi (el primero de la izquierda) en el santuario romano del Divino Amor; debajo, con el cardenal Ildefonso Schuster durante la ceremonia de colocación de la primera piedra de los nuevos pabellones del Pequeño Cottolengo milanés, en septiembre de 1938

Como el encanto de un viento ligero Había superado de manera brillante los exámenes de cuarto de bachillerato en el oratorio de Valdocco. Y a finales de junio se presentó puntual a los ejercicios que se hacían antes de la solicitud de admisión en el noviciado. Pero al final de esos días, de improviso, abandonó la familia salesiana. Se quedaron todos atónitos: superiores y compañeros. Era inútil pedirle explicaciones al interesado, no las daba. El hecho es que ni él mismo sabía qué decir. Era algo que no lograba explicarse. Lo que sabía con seguridad es que tenía que salir. Confesará: «Yo, que nunca había tenido ninguna duda sobre mi vocación de hacerme salesiano, en aquellos días comencé a pensar en entrar en el seminario de la diócesis». El 16 de octubre de 1889 Luis Orione entra en el seminario diocesano de Tortona. Y en seguida, este clérigo tan obediente como vivaz, es notado por sus dotes, y por el enjambre de muchachos que están siempre a su alrededor. Entre sus compañeros de seminario unos le toman el pelo, otros lo consideran «un poco raro», «un poco loco», y cuando el 16 de septiembre de 1893 el obispo lo ve llegar muy temprano a su residencia, la impresión que tiene es que ha perdido ese «poco» y le queda sólo el «loco». El clérigo le cuenta que hay unos quince muchachos pobres que están dispuestos a entrar en un pequeño colegio para ellos… «Un día pueden ser buenos sacerdotes…», dice. El obispo escucha perplejo, luego con paciencia trata de hacerle comprender que le parece algo que está en el aire, y que desde luego no se puede realizar así, deprisa y corriendo… Pero Luis, decidido, resuelve la cuestión: «Tengo fe en la divina Providencia». El obispo empieza a perder la paciencia: «En fin, ¿qué quieres de mí?». «Nada, excelencia, solamente su aprobación y su bendición», le responde. «Si es así te doy la una y la otra», ataja el obispo, convencido de haber puesto fin al tema para siempre y de haberse quitado de encima al joven. En cambio, la Providencia se puso manos a la obra. La voz corrió por los valles del Curone, del Staffora, del Borbera. El pequeño colegio abrió el 15 de octubre de 1893 en el barrio bajo de San Bernardino, en Tortona. No cabe duda de que fue el núcleo originario de la Pequeña Obra. Luis Orione tenía solo 21 años. El 13 de abril de 1895 fue ordenado sacerdote y, ese mismo día, seis de sus muchachos recibieron el hábito clerical. Comienza la aventura. Desde aquel momento, encuentros, casas, colegios, orfanatos, colonias agrícolas, eremitorios e institutos, nacen sin avisar. Claro que detrás están los ojos de la Providencia. Que en su caso lo es todo: “programa” y “objetivo específico” de la Obra. Pero también los suyos, los ojos de un inexorable francotirador de la misericordia de Dios. «Era difícil evitar su mirada, una vez que te clavaba los ojos no la olvidabas nunca. Te quedaba dentro como el encanto de un viento ligero…», escribe Ignazio Silone, hablando de él, y no es más que uno de los muchos dispuestos a confirmarlo. Basta seguir los testimonios, los itinerarios escondidos de muchos que le conocieron por los caminos abiertos e impracticables de su apostolado. Y de esos personajes, algunos ilustres, que estando a las puertas de la muerte no querían curas, pero aceptaban a ese “raro cura”. «Almas, almas… Si el Señor me permitiese ir al infierno, en un hálito de amor quisiera sacarlas también de allí». «Almas, almas» es el deseo que le hace suplicar: «Ponme, oh Señor, ponme a la puerta del infierno para que yo con tu misericordia la cierre». Lo había pedido como gracia el día de su ordenación. «Le he pedido a la Virgen una gracia especial: que todos los que de alguna manera tengan que relacionarse conmigo se salven…». Fuente: stefanía Falasca, 1 de 4