1 DE AGOSTO OBRA DON ORIONE EN PARAGUAY
Celebramos la presencia de la Obra Don
Orione en el Paraguay
Los primeros misioneros Orioninos llegaron a Ñeembucú
en 1976 y en 1988 en Mariano Roque Alonso abrieron el Pequeño Cottolengo.
Compartimos un escrito del P. Ángel Pellizari quien
comenzó la Misión Orionita en Paraguay, donde relata cómo fue aquel inicio y el
encuentro con Mons. Ramón Bogarín Argaña, quién había tenido particular
encuentro con Don Orione.
Una historia llena de mensajes
Por P. Ángel Pellizari
MONS. RAMON BOGARIN ARGAÑA -obispo de la diócesis de
San Juan Bautista de las Misiones- llegó en la tardecita del 31 de julio de
1976 a Mayor Martínez en un cochecito de color amarillo. En ese momento abría a
los Hijos de Don Orione la misión en Ñeembucú, traspaso que se llevaría a cabo
el día siguiente. Chiquita, la señora que tenía el lugar preparado para la
cena, ofreció una buena porción de carpincho que saboreamos con gusto y
alegría. Monseñor Bogarín era un hablador exquisito. Yo tuve la impresión de
conocerlo desde mucho tiempo antes, impresión que se consolidó cuando esa noche
salimos a caminar dando vueltas a la plaza del pueblo por un largo rato.
Ha sido un encuentro inolvidable para mí. Lo que decía
el obispo en esa noche ahora lo considero como el contrato y el comienzo de su
memoria. Era un momento muy deseado por él desde cuando conoció a Don Orione en
1939 el día de los funerales del papa Pio XI, cuando Bogarín celebró la misa de
cuerpo presente en la basílica de San Pedro de manera no correcta porque ocupó
parte del tiempo asignado a Don Orione para tal fin. Don Orione aprovechó la
situación para empezar el diálogo con el joven religioso ofreciéndole otros
encuentros.
Dando vueltas por la plaza, monseñor Bogarín me
explicó como, siendo ya obispo auxiliar en Asunción, reunía a los jóvenes de
Acción Católica. Gobernaba en ese tiempo el dictador Stroessner. Fueron tiempos
muy feos para la Iglesia, tanto que el dictador llegó a alejar a Bogarín de
Asunción con la aprobación del Nuncio Apostólico, creando una nueva diócesis en
San Juan Bautista de las Misiones, de la que fue elegido obispo.
La nueva diócesis tenía solamente tres sacerdotes
diocesanos y un regimiento militar, como para tener al obispo bajo observación.
Frente a esa realidad Mons. Bogarín comenzó a buscar misioneros dando vuelta de
congregación en congregación. También llamó sin resultado a la puerta de la
Casa General de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. "Pero Don Orione,
en el adiós de 1939 en Génova, bendiciéndome antes de embarcarme, me había
dicho que cuando llegara a ser obispo sería el primero de todos en abrirle las
puertas del Paraguay a los Hijos de la Divina Providencia", recordó
durante el paseo nocturno.
Siempre caminando alrededor de la plaza de Mayor
Martínez, me tocó a mí explicarle que mi llegada al Paraguay fue "gracia
de Dios, milagro de la Divina Providencia, misterio de profeta, de santo,
programa de arriba, porque a mí nadie me dijo de venir a Paraguay, sino
solamente el saber que en esta tierra hay muchos pobres", le señalé. Fue
entonces que el obispo comentó que Don Orione le había dicho una tercera cosa
cuando lo bendijo antes de regresar al Paraguay (las otras dos fueron que
llegaría a obispo y que recibiría a su congregación): que moriría enseguida de
nuestra entrada en Paraguay.
En el día de la entrega de las parroquias, el 1° de
agosto de 1976, monseñor Bogarín me vistió con la estola leyendo el decreto de
nombramiento como párroco en las tres parroquias de la zona. Así la
congregación recibió esa porción de la diócesis de San Juan Bautista de las
Misiones, que nosotros denominábamos Misión Orionina de Ñeembucú.
Después de todos los actos, paseando por unas horas,
Monseñor tenía todavía ganas de hablar con su acostumbrado ardor. De lo mucho
conversado entonces recuerdo que nos dijo: "El tiempo va pasando y llevo
conmigo la luna, pero la claridad del día se acerca".
Monseñor Bogarín falleció el 3 de septiembre de ese
año, apenas un mes después de la llegada de Don Orione a tierra paraguaya. Supe
con claridad, entonces, que mi presencia allí se debía, sin dudas, a un decreto
desde lo alto.
unimog, que fundación alemana, regala a la obra Don Orione,
en la que el padre Angel y el padre Luis,
llevaban alimentos a los inundados, siendo este
el único medio de ayuda con que contaban los pobladores de esa zona, y
los transportaban a las lomas ( zonas más altas)
Campanario, de la época
de los padres Angel y Luis