No saber ver ni amar en el mundo, más que las almas de nuestros hermanos.
Almas de pequeños, almas de pobres, almas de pecadores, almas de justos, almas de extraviados, almas de penitentes, almas de rebeldes a la voluntad de Dios, almas de rebeldes a la Santa Iglesia de Cristo, almas de hijos degenerados, almas de sacerdotes desgraciados y pérfidos, almas sometidas a dolor, almas blancas como palomas, almas simples puras angélicas de vírgenes, almas caídas en las tinieblas del sentido y en la baja bestialidad de la carne, almas orgullosas del mal, almas vívidas de poder y de oro, almas llenas de sí, que no se ven más que a sí mismas, almas perdidas que buscan
un refugio o una palabra de piedad, almas que gritan en la desesperación de la condena o almas embriagadas con la embriaguez de la verdad vivida: Cristo las ama a todas, Cristo murió por todas, Cristo las quiere salvar a todas entre sus brazos y en su Corazón traspasado.El laico orionita reconoce en cada hombre la dignidad que ha tenido desde siempre como don de Dios, se compromete a promover los aspectos positivos del otro y se siente sostenido por optimismo de Dios que renueva su confianza en cada hombre.
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