LAICOS ORIONITAS EN MOVIMIENTO
SABÍAS ?
¿SABÍAS?MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS
SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA
¿ Y SU ORIGEN? :
El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".
¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...
¿Cuál es el fìn del MLO?
Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.¿Cómo lograr esto?
A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.
¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.
Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.
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domingo, 3 de mayo de 2026
“SEMBRAR” LA VIRGEN , CASA DE LOS OBLATOS
sábado, 2 de mayo de 2026
3 MAYO 1786, NACE JOSE BENITO COTTOLENGO, SU INFLUENCIA EN DON ORIONE
San José Benito Cottolengo nace en Bra, Cúneo, Piamonte,
Italia el 3 de mayo de 1786. Hijo de Agostino Cottolengo y Benedetta Chiarotti,
es el fundador de la Piccola Casa della Divina Provvidenza, centro de acogida
para personas con discapacidad mental y/o física. Wikipedia
Nacimiento: 3 de mayo de 1786, Bra, Italia
Fallecimiento: 30 de abril de 1842, Chieri, Italia
Educación: Università degli Studi di Torino
(1814–1816)
Libros: Detti e pensieri
Hermanos: Agostino Cottolengo
Padres: Giuseppe Antonio Cottolengo, Benedetta
Chiarotti
Organizaciones fundadas: Société des prêtres de Saint Joseph Benoît Cottolengo, Frères de saint-Joseph-Benoît Cottolengo
SAN JOSE B COTTOLENGO SU INFLUENCIA EN LA VIDA DE D ORIONE
¿Influyo la cercanía de la “Pequeña casa de la Divina Providencia” (es decir el Cottolengo de Turín) en la espiritualidad del joven Luis Orione?
La figura de San José Benito Cottolengo influyo muchísimo en el joven Luis Orione. Si bien, Don Orione no conoció a este gran santo, conoció su obra y en honor a él llamo a sus casas para gente con discapacidad "Cottolengos".
Sabemos que los “Pequeños Cottolengos” constituyen un capitulo fundamental para la historia de la multiforme actividad caritativa de Don Orione, a pesar de ser el epilogo de lo que inicio en 1893 para los niños pobres.
La compasión hacia los enfermos y a los que sufren, encendida en el joven Orione por el canónigo Cattáneo, se inflamó entonces más que nunca encontrando las filas de pobres y desdichados hospedados en la pequeña casa de la Divina Providencia, como el mismo nos cuenta:
“Recuerdo mis años juveniles, cuando estudiaba en Turín, en la casa de Don Bosco. Un día nos llevaron a pasear. Vivía aún Don Bosco; eran los años en los cuales el gran Santo murió.
Nos concedían un paseo semanal, el jueves, a lo largo de la avenida reina margarita, que entonces estaba al margen de la ciudad y separaba Turín de la región que se llamaba Valdocco, donde están los monumentos de la caridad: los edificios del Cottolengo, de Don Bosco y de la Marquesa de Barolo.
Íbamos a lo largo de la avenida, cuando encontramos una larga fila de personas (una muchedumbre) que nunca acababa, y parecía interminable. Iban formados de a cuatro y se tomaban de a dos las manos. Iban como en cadena: y algunos desbordaban por aquí, y otros por allá. Eran lisiados, ciegos, rengos, jóvenes y viejos. Quien los guiaba era uno de ellos, un poco… mejor, pero que estaba de pie con dificultad y desbandaba mucho también él…
El sol los bañaba. Aquellos arboles veían pasar aquella columna –llamémoslo así- de pobres infelices, y la primavera bajaba sobre aquellos pobres desdichados, quienes se sostenían con esfuerzo, como el polen sobre las flores.
En verano caminaban bajo la sombra ancha que bajaba de las hojas amplias y palmadas de los plátanos… El otoño arrojaba, a sus pasos, las hojas y alguno a veces resbalaba sobre esas hojas rojizas. Durante el invierno las ramas escuálidas parecían llorar sobre aquella columna de infelices.
Cada vez que me llevaban a pasear, yo quería, en mi corazón, verlos a ellos. La gente los miraba: los transeúntes se detenían sorprendidos; y luego meneaban la cabeza y seguían y seguían murmurando: -¡son los del Cottolengo… cosa de Cottolengo!...
Yo los miraba, deseaba encontrarlo, los sentía hermanos, los amaba. No conocía su patria de origen, ni sabía cómo se llamaban. No tenía importancia para mí… salían de una gran casa: pero el Cottolengo quiso llamarla ‘Pequeña Casa’, porque la Casa de la Divina Providencia es el universo...la última vez que fui a la ‘Pequeña Casa’, había trece mil hospedados: una verdadera ciudad de dolor… o es casa del misterio o es el milagro continuado de la Divina Providencia; una casa que vive sin bienes propios, sin renta fija alguna.
Se podía pensar que eran personas tristes, encerradas; por lo contrario, sonreían; y cuando los veía o encontraba llevaban un rayo de serenidad en la frente, como aquellos rayos de sol que, anhelados con ansia especialmente en los días de neblina, llegan a restaurarnos después de los rigores del invierno.
Cuando regresaban a su casa, atravesaban un atrio donde esta puesta una estatua del santo sacerdote, en el acto de bendecir a la extrema vejez y a la infancia abandonada, mientras levanta un dedo al cielo hacia la Divina Providencia.
La casa es el milagro permanente de la Divina Providencia. ¡Contra el positivismo y el materialismo está el Cottolengo! Allí hay muchos y muchas más de lo que yo encontraba en el paseo; la mayoría no puede salir; están siempre en la cama y viven postrados en camillas, carritos, cochecitos.
Si entran en aquellas largas crujías –son muchas y los pobres están divididos en familias- hay lisiados, crónicos, ciegos, viejos, jóvenes, mutilados, paralíticos: todos los miran con una sonrisa, todos los miran con alegría serena en los labios… “¡Es un milagro” y el mundo los rechaza como desechos, escombros de la sociedad!
Las madres de muchos de ellos, enseguida después del desgarro de la maternidad, han apretado al seno sus recién nacidos: después quisieron ver uno a uno si sus miembros eran perfectos, y vieron, en el lugar de los brazos y manitas, los muñones… Pensaban dar una flor al jardín del mundo, y vieron un cuerpecito desfigurado, y llorando un llanto sin consuelo…
Pero en el evangelio está escrito: -¡Dichosos los que lloran, porque serán consolados! Y aquellos desdichados que no tuvieron el don del llanto, tuvieron el llanto de sus madres, que muchas veces fallecieron acongojadas diciendo: -¿a quién dejare mi desdichado, este mi pobre hijo? Esta el Cottolengo. ¡He aquí que es el Cottolengo!
¡Dichosos los que lloran… Pasa la figura de este mundo: ‘cosa linda y mortal pasa y no dura’, reza un poeta nuestro! Pero hay algo que permanece en los siglos, algo inmortal. Pasan los gozos, pasan las fiestas, pasan también los dolores, y aquellos pobres infelices se despiertan un día como de un sueño penoso; y, con su gran maravilla se encontraron de pie, firmes en sus piernas; la pierna derecha no estaba y estará en su lugar; no había una mano, y estará en su lugar; los ojos que estaban en las tinieblas verán la luz; y se alegrarán en el regocijo de todos sus miembros perfectos. Volverán a usar las facultades mentales y se sentirán almas inmortales, redimidas y libres. Vestirán el blanco hábito del bautismo…
Y cuando Cristo Señor dirá que deberán separarse los buenos de los malos, aquellos desdichados, que fueron despreciados, sentirán que su lugar es a la derecha. Cuando Jesús diga: -¡Vengan, benditos, a recibir el premio preparado para vosotros desde la constitución del mundo!, he allí, sentirán que son ‘bendecidos’.
¡El mundo los había considerado, no digo maldecido, pero casi no dignos de pertenecer al consorcio humano! Y escucharan a Jesús decir: -tenía hambre, y me dieron de comer; tenía sed, y me dieron de beber; estaba desnudo, y me vistieron; era peregrino, enfermo, preso, y fueron a visitarme.
Ellos, los del Cottolengo, miraban alrededor. Pero cuando Cristo Señor diga: -vengan, benditos, a recibir el premio-, los elegidos, los bienhechores de los pobres, los que practicaron la caridad, los que tuvieron entrañas de misericordia hacia los desdichados, contestaran: -¿Cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer?, ¿sediento, y te dimos de beber?, ¿huérfano, enfermo, y te consolamos?-, los del Cottolengo callaran. Pero cuando Jesús dirá: -todo lo que hicieron a estos pobres, me lo hicisteis a mi-; entonces los repudiados por el mundo, los desechos, los escombros, se regocijarán con una alegría muy grande, porque comprenderán que fueron asemejados a Jesucristo.
Buscaran entonces entre el resplandor de los santos a una figura de sacerdote, un pobre cura, el ‘ángel’, el ‘canónigo bueno’, un sacerdote que rezaba el oficio y se conmovía a la palabra ‘caridad’:
Todas las palabras y las oraciones que decía se resumían en una única expresión: ‘caridad’; todos sus pasos eran sobre un único sendero, el sendero de la caridad; todas sus acciones, ¡eran un canto a la caridad!...
¡Oh! ¡Entonces todos los que fueron disminuidos, sufrieron retraso, cantaran el cantico de la caridad, el cantico más lindo que los hombres puedan cantar en la tierra, y que los Ángeles cantan al cielo!...
“Entonces, cuando estaba en el oratorio de Don Bosco, recuerdo que nos llevaban a pasear, allá alrededor del Cottolengo de Turín. Y pasando por allá se veían aquellos pobres enfermos y epilépticos. Y yo me sentía atraído por aquellos pobrecitos, los miraba con compasión, y sentía gran deseo de ir al encuentro de ellos para aliviar sus sufrimientos. Experimentaba como una gran alegría en verlos, y aquella era la diversión más grande de mi paseo…”.
Desde Victoria (Buenos Aires), en el mes de marzo de 1935, Don Orione escribía a un excelentísimo Obispo:
“…Ya desde cuando hacia el secundario en Turín, cada vez que pasaba delante de la pequeña casa de la Divina Providencia, fundada por San José Benito Cottolengo, experimentaba una especial atracción hacia aquella obra de fe y de caridad, y el vivo deseo de hacer algo, con la ayuda divina, para nuestros hermanos más pobres y más abandonados” (Scr. 67 – 300).
Informe: P. Facundo Mela (loqueyorecibi.blogspot.com.ar
viernes, 1 de mayo de 2026
UN GRAN NUMERO DE ALMAS SE LEVANTARÁ Y DARA ESPLENDOR A LA IGLESIA DE CRISTO
Roma, 2 de mayo de 1920 (por la mañana). Querido Don Pensa:
Te agradezco la caridad que tuviste conmigo durante los días que pasé en Venecia e igualmente agradezco a Don Gaetano y a todos los de ambos Institutos. Que el Señor me tenga siempre fuerte entre nosotros el vínculo de su caridad.
Santa Catalina de Siena, cuya fiesta celebramos anteayer, dejó escrita esta sublime y profunda expresión: “Con caridad fraterna, vivid caritativamente” (Cartas, CCIII); me parece que quiso decir que la caridad de los actos exteriores e interiores y de las acogidas fraternales en Jesucristo debe ser tal que forme la Caridad de la vida.
Vivimos en un siglo que está lleno de hielo y de muerte en la vida del espíritu; totalmente encerrado en sí mismo, no ve más que placeres, vanidad y pasiones, nada más que la vida de esta tierra. ¿Quién dará vida a esta generación muerta a la vida de Dios, si no el soplo de la caridad de Jesucristo? La faz de la tierra se renueva al calor de la caridad.
La caridad divina todo lo vence “y aumenta las fuerzas del alma”, dice la Imitación de Cristo, es decir, las virtudes, porque la caridad es la madre de todas y vivifica toda obra buena, que es según el Corazón de Dios, y nos sostiene en el trabajo y en nuestras fatigas por las almas. Te ruego que leas esta carta a los clérigos de uno y otro Instituto, para su confortación y estímulo y para que cultiven en ellos y tengan por sobre todo sus pensamientos y deseos el de la adquisición de la Caridad del Señor siempre mayor. No les calles nada de esta carta.
Santa Catalina de Siena, en uno de sus himnos a la Caridad, dice estas palabras llenas de luz de Dios: “Oh Caridad llena de gozo, tú eres la Madre que alimentas a los hijos de las virtudes con tu pecho. Eres rica sobre toda riqueza, tanto que el alma que se viste de ti no puede ser pobre. Tú le das tu belleza”. “Los dones de la naturaleza –dice el Santo Abad de Vercelli, Juan Gersenio, en el Cap. 45º del libro III de la Imitación de Cristo– son comunes a los buenos y a los malos; pero don propio de los elegidos es la gracia, es decir la Caridad”. Y más adelante dice: “Tan gran cosa es esta gracia, que ni el don de profecía, ni el hacer milagros, ni la más sublime contemplación vale nada sin ella. Y ni tampoco la fe, la esperanza ni las otras virtudes son aceptadas a Dios si no están acompañadas por la Caridad”.
Ni las virtudes ni las obras valen sin la caridad y la gracia: la gracia es el don de los dones; la caridad es la reina de las virtudes. Por eso no descansemos hasta que no nos sea dado tener en nosotros y ver florecer en nuestros hermanos y en nuestras Casas la santa Caridad fraterna que, al decir de San Pablo, “es vínculo de perfección”. Si poseemos esta verdadera y perfecta Caridad del Señor, no nos buscaremos a nosotros mismos, sino que desearemos solamente todo lo que es para la gloria de Dios y de su Iglesia y que todo se haga no para nuestra gloria, sino para la mayor gloria del Señor.
Pidamos a la Ssma. Virgen que es Madre del celestial y divino Amor, que ponga en nuestra alma una gran llama de amor a Dios, de verdadera Caridad del Señor….






