SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


miércoles, 23 de septiembre de 2026

24 SEPTIEMBRE 1934, LA PARTIDA DE DON ORIONE PARA AMERICA LATINA

La partida de Don Orione para América Latina (1934-1937)

 



            El 24 de septiembre 1934  parte de Don Orione para América Latina .

Era la hora de la partida. Don Orione debía embarcarse en el "Conte Grande", junto con Don Cerasani, Don Felici y Don Lorenzetti. con él también sor María Pazienza, superiora general de las Pequeñas Misioneras de la Caridad, y el Card. . Eugenio Pacelli (futuro Pío XII), Pontificio Legado del XXXII Congreso Eucarístico Internacional en Buenos Aires. y varios obispos y muchas personalidades diplomáticas de alto rango [Cf. Escritos 36.147; 103.252; PODP, octubre de 1934, 1-10].  (...)

"La nave se separa del muelle lentamente, como a pesar suyo... Son las 11 horas del 24 de setiembre de 1934", escribía entonces Don Orione.

ya había estado en 1921. Tampoco allí había pasado inadvertido este cura no clasificable, emprendedor, con maneras a veces explosivas, que no usa medias palabras cuando se trata de denunciar los abusos y la injusticia social y predica que la verdadera revolución se hace de rodillas ante el tabernáculo. 

En Brasil había dejado atónito al clero local con su “pastoral de los negros”. Una vez más se había adelantado simplemente a su época. La que había insistido para que fuera era una hija espiritual suya, la madre Teresa Michel, otra “loca” como él, que no le iba a la zaga en lo tocante a la fe en la Providencia y a la que don Orione estaba agradecido por haber recibido consejos y consuelo en circunstancias difíciles .

Esta vez en la nave “Conte Grande” que lo lleva a Argentina está también el futuro Pío XII, que va al país latinoamericano para el Congreso eucarístico internacional. El cardenal Pacelli, durante la travesía tuvo modo de manifestarle su estima. Don Orione conocía a su hermano, el abogado Francesco Pacelli, que había tomado parte en las negociaciones oficiales del Concordato. Pero “el confesor del Conte Grande”, como le llamaban en la nave, reacio a las glorificaciones, al llegar a Buenos Aires vio un panorama enorme de miseria.

 Recuerda don Dutto: «Comienza a rebuscar en los tugurios, en las callejuelas, en los barrios bajos, en busca de impedidos, lisiados, incurables, alcoholizados, dementes: los elige como sus patronos, les lava con sus manos las heridas, los sirve».

 En Buenos Aires va a vivir en la calle Carlos Pellegrini, en una casa que le regaló una dama, y que él comparte con un ex cura, un niño sordomudo con su hermana enferma y su madre viuda. A la puerta de esta casa llega la gente más variada: pobres, latifundistas, profesionales, religiosos, militares. 

En 1936 pasa una temporada en la casa Jacques Maritain. En ella tiene reuniones con el arzobispo Copello, con el nuncio, e incluso se entrevista con el jefe de Estado. Sus noviciados, sus casas, se abren una tras otra, como si nada, como florecen siempre las obras que deja a su paso: un gesto concreto, una respuesta inmediata, una intuición, un encuentro, una circunstancia azarosa, y se realizan con el dinero que parece salir directamente de la barba de san José y de los bolsillos de esos ricos que llenos de confianza ponen al seguro su dinero en sus bolsillos rotos.

 En aquella tierra de amplios espacios y vastos horizontes, parece haber echado raíces y no atiende a los que cada vez más insistentemente le invitan a volver a Italia. Impertérrito sigue abriendo puertas. Pide más personal. El bueno de don Sterpi, que desde la otra parte del océano dirigía la Congregación, no sabe dónde echar mano, y le suplica e implora que vuelva. Además comienzan a soplar vientos de guerra y hay problemas con el obispo de Tortona. Al final, tras agotar todas las argumentaciones convincentes, le escribe: «Aunque mucho estimo sus cartas, le ruego que no me vuelva a escribir, porque dándome noticia siempre de nuevas casas, usted me mata».

 En tres años recorre una distancia diez veces superior a la que hay entre Italia y Argentina, «rogando al Señor que multiplique Sus obras», en una inmersión continua en la realidad que no conoce obstáculos: «¡Ojalá tuviera cien, mil brazos y llegar allí donde nadie quiere!», y dar vida a ese fuego que indomable le quema dentro. 

Argentina no lo olvidará nunca. Un cura y basta 





NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED,


NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

"El ejército del grande Abascal al mando de D. Pío Tristán ha sido completamente batido el 24 del corriente, día de Nuestra Madre y Señora de las Mercedes, bajo cuya protección se puso el de mi mando". (Parte de guerra del Grl Manuel Belgrano)

HISTORIA DE LA ADVOCACIÓN de la Bienaventurada Virgen María de la Merced de y la Redención de los Cautivos

 Hubo otro tiempo en que la Cristiandad parecía desaparecer ante el avance moro sobre Europa. Miles de cristianos eran pasados por la cimitarra y otros tomados prisioneros, sometidos a esclavitud y a crueles tormentos.

 En la noche del 1 al 2 de agosto de 1218, en Barcelona, la Santísima Virgen María apareció a un ferviente mercader que hacía oración a los pies de su imagen, y le inspiró fundar una orden religiosa y militar la misión de liberar cristianos cautivos. Nació, con el apoyo del Rey Jaime I de Aragón, la Orden de la Bienaventurada Virgen de la Merced para la Redención de los Cautivos. Sus miembros, los mercedarios, se obligaban con un voto más de los que habitualmente profesan los religiosos: el voto de sangre. Centenares de Mercedarios dieron su vida en rescate de otros cristianos, a veces cambiando sus vidas por la de los prisioneros. En poco tiempo, aquellos frailes-soldados, habían salvado muchos cautivos. Las viejas crónicas hablan de 80.000 esclavos cristianos redimidos.

 Con el descubrimiento del nuevo continente, los Mercedarios llegaron a América como evangelizadores, difundiendo en estas tierras la devoción a la María de la Merced o de las Mercedes y que creció hasta nuestro tiempo.

 El 24 de setiembre de 1812, en plena lucha por la Independencia, el General Manuel Belgrano, devoto juramentado de Nuestra Señora, vence a las tropas realistas en Tucumán en desigual batalla. En el parte de guerra que transmite al gobierno, escribe textualmente:

 “La Patria puede gloriarse de la victoria que han obtenido sus armas el día 24 del corriente, día de Nuestra Señora de la Merced, bajo cuya protección nos pusimos”.

 El General adjudicó el milagro, en el mismo día de su fiesta, a la Madre de Dios y solemnemente, la nombró primera Generala del Ejército haciéndole rendir honores propios del grado y ofrendándole su bastón de mando.

 Las religiosas de Buenos Aires al enterarse de esto remitieron a Belgrano cuatro mil escapularios de la Merced para que distribuya entre los soldados y en la próxima batalla, la de Salta, fueron divisas de guerra. Más adelante, en carta al General San Martín, el 6 de abril de 1814, el General Belgrano escribirá:

 …“conserve la bandera que le dejé; que la enarbole cuando todo el ejército se forme; que no deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre Nuestra Generala, y no olvide los escapularios a la tropa. Deje usted que se rían; los efectos lo resarcirán a usted de la risa de los mentecatos, que ven las cosas por encima.”

 En el año 1912, al cumplirse el Centenario de la Batalla de Tucumán, la imagen de nuestra Señora de las Mercedes de Tucumán, fue coronada solemnemente en nombre del Papa San Pío X. En toda la Patria, desde entonces, la Santísima Virgen María bajo su advocación de las Mercedes, es honrada dando su nombre a ciudades, santuarios y capillas. Así en Concordia, la Capilla del Regimiento, del Obispado Castrense de Argentina, lleva su nombre. Y una parroquia hermana en la ciudad la invoca como “Nuestra Madre de la Merced”.                                                           

 

 Mons. Lic. Mario Bonabotta, Capellán


martes, 22 de septiembre de 2026

MEMORIA LITURGICA DEL SANTO PADRE PIO DE PIETRELCINA


Hoy celebramos la memoria litúrgica de San Pío de Pietrelcina.

 Padre Pío de Pietrelcina y Don Orione: gran diversidad y fuerte armonía.

Un vínculo humano y espiritual entre San Luis Orione y San Pío de Pietrelcina , dos importantes figuras del catolicismo moderno.

Durante diez años, 1923-1933, en circunstancias muy problemáticas, Don Orione promovió la verdad sobre el Padre Pío, entonces confundidos y amenazados por una relación de confianza tanto con el Vaticano y las autoridades eclesiásticas ambos devotos dispuestos pero imprudentes. Se consolidó entre los dos "santos" una amistad de calidad superior y que se expresa en el respeto mutuo, el afecto y la oración, la búsqueda de la santidad personal y de la Iglesia, así como la colaboración apostólica. Hay varios testimonios de personas tratadas, según sea necesario, por Don Orione y el Padre Pio Padre Pio.

Don Orione reconoció la gracia y la vocación del Padre Pío desde el principio, como le escribió al obispo Valbonesi el 25/08/1923: "Esta mañana, mientras estaba en el altar para la misa, el Señor dijo : 'oboediens Fuit hasta la muerte, mortem autem crucis. . El Padre Pio fue todo de Jesús Crucificado, y de amor espiritual a Jesús y a la Santa Iglesia para ser crucificado en la alegría de la caridad "

A su vez, el Padre Pío dijo de Don Orione: "Realmente es un santo! Yo no soy digno de tocar el borde de su vestido  , y pocos días después de su muerte, el 18/03/1940, escribió a la Baronesa Lagorio: "La partida de Don Orione llenó mi alma de tristeza. Es una gran pérdida para la Iglesia militante ".

Don Orione y el Padre Pío están unidos por el hecho de que eran "santos", que se olvidaban de sí mismo y eran todo de Dios y de la Iglesia. Dos hombres literalmente consumidos, incluso físicamente por caridad, y los que conocen a los dos saben que esta expresión no es exagerada. Los distinguen las diferentes "gracia" y "misión" recibido de Dios, el orden humano y sobrenatural.

Uno de ellos, Don Orione, es el patrón de la actividad, pero una actividad de todo "pasiva" en las manos de Dios, " un trapo ", como él dijo.

Y el otro, Pio es el patrón de la pasividad, de la pasión, pero una pasividad, muy "activa" y eficaz en las manos de Dios

Don Orione fue fundador de una congregación, surcó los mares como un misionero, dio inicio a las obras de caridad y sociales impresionante, era un hombre de confianza de las altas autoridades religiosas y civiles, fue un apóstol de la pluma y de la predicación, "padre y benefactor de los pobres" de humanidad sufriente "(Pío XII)," una de las figuras más prominentes de este siglo ... tenía el carácter y el corazón del apóstol Pablo "(Juan Pablo II).

El Padre Pio, sin embargo, nunca se mudó de San Giovanni Rotondo. Él sufrió mucho. Se trata simplemente de un monje que oraba, confesó y celebró la misa. El resto lo hizo el Señor por él. Y con la abundancia de la gracia que todos conocemos.

La Iglesia, en su viaje a través de la historia siempre ha tenido que padecer “influencias" debilitantes, a veces la santa anorexia, las heridas, la fatiga y el cansancio, cambios en la presión, reducir la velocidad de la circulación del corazón a las extremidades, especialmente las más remotas y menos considerado. El ministerio de la misericordia es entendido como una " donación de sangre de la caridad "de la" Iglesia, la novia pálida de Cristo, " tiene vitalidad y unidad, es otro fuerte ritmo de la vida y misión de San Luis Orione y San Pio Pietrelcina.

Don Flavio Peloso

ANÉCDOTAS SOBRE EL PADRE PÍO

Padre Pío en Uruguay

Monseñor Damiani, obispo uruguayo, fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre Pío. Luego de confesarse se quedó unos días en el convento. Una noche se sintió enfermo y llamaron al Padre Pío para que le diera los últimos sacramentos. El padre Pío tardó mucho en llegar y cuando lo hizo le dijo:

“Ya sabía yo que no te morirías. Volverás a tu diócesis y trabajarás algunos años más para gloria de Dios y bien de las almas”. “Bueno”, contestó Monseñor Damiani, “me iré pero si usted me promete que irá a asistirme a la hora de mi muerte”. El Padre Pío dudó unos instantes y luego le dijo “Te lo prometo”.

Monseñor Damiani volvió al Uruguay y trabajó durante cuatro años en su diócesis.

En el año 1941 Monseñor Alfredo Viola festejó sus bodas de plata sacerdotales. Para tal acontecimiento se reunieron todos los obispos uruguayos y algunos argentinos en la ciudad de Salto, Uruguay. Entre ellos estaba Monseñor Damiani, enfermo de angina pectoris. Hacia la medianoche el Arzobispo de Montevideo, luego Cardenal Antonio María Barbieri, se despertó al oír golpear a su puerta. Apareció un fraile capuchino en su habitación que le dijo: “Vaya inmediatamente a ver a Monseñor Damiani. Se está muriendo”. Monseñor Barbieri fue corriendo a la alcoba de Monseñor Damiani, justo a tiempo para que éste recibiera la extremaunción y escribiera en un papel: “Padre Pío..” y no pudo terminar la frase. Fueron muchos los testigos que vieron un capuchino por los corredores. Quedó en el palacio episcopal de Salto un medio guante del padre Pío que curó a varias personas.

En 1949 Monseñor Barbieri fue a San Giovanni Rotondo y reconoció en el padre al capuchino que había visto aquella noche, a más de diez mil kilómetros de distancia. El Padre no había salido en ningún momento de su convento.

Hoy día hay en Salto una gruta que recuerda esta bilocación y desde allí el padre ha hecho varios milagros.

Don Orione y el Padre Pio de Pietrelcina

El 23 de septiembre de 1968, sería el doloroso final de la vida terrena del Padre Pío de Pietrelcina. De este maravilloso fraile, escogido por Dios para derramar su Divina Misericordia de una manera tan especial.

Varios testigos afirmaron haber visto al Padre Pío durante las ceremonias de la Beatificación de Santa Teresita del Niño Jesús en la Basílica de San Pedro, junto a la tumba de San Pío X en la cripta de la basílica. Se le habría visto cinco veces allí. El Cardenal Merry del Val contó al Papa Pío XII que había visto al Padre Pío rezando

Pío XII, es el más simpático de todos los Papas, después de San Pedro, decía de el: “Porque es tan sencillo, tan modesto, que nadie evoca mejor que él la humildad de Cristo”.

Es cosa cierta que el Padre Pío no ha salido de San Giovanni Rotondo desde hace muchos años; por eso, cuando tales comentarios llegaron a oídos de Pío XII, Su Santidad, para informarse, hizo llamar a Don Orione.

El Papa le preguntó qué pensaba del asunto.

- “Yo también lo vi. Estaba arrodillado rezando a San Pío X. Me miró sonriente y luego desapareció”, respondió Don Orione.

-El pontífice, convencido, le dijo: "Si me lo dice usted, le creo".

 

lunes, 21 de septiembre de 2026

CARTA A MUSSOLINI


 

En el archivo general de la Congregación orionita han hallado un documento excepcional. Es la carta que de su puño y letra don Orione escribió y envió el 22 de septiembre de 1926 a Mussolini. Decía la carta: «Pienso que Su Excelencia, si quiere, puede, con la ayuda divina, acabar con el amargo y funesto disentimiento que hay entre la Iglesia y el Estado. Y humildemente le ruego, como sacerdote y como italiano, encuentre una base razonable, y proponga una solución. Le toca al Gobierno italiano tender noblemente la mano al Vencido».Esta carta es importante para comprender la parte que desempeñó en los preliminares y en el comienzo de las negociaciones. Por lo demás, está documentado que don Orione fue uno de los primeros en intuir, en 1923, que el nuevo clima político nacional podía cerrar la controversia entre Estado e Iglesia, y también está documentado que participó, con el padre Genocchi, en la primera reunión preparatoria que se hizo en la casa de los condes Santarelli, en Roma. En esta carta se ha querido ver la expresión misma de la Santa Sede que encargó, a un sacerdote de confianza y de reconocido valor moral en la opinión pública, un mensaje claro al gobierno italiano sin comprometer su propia autoridad.De hecho, no se sabe si post hoc o propter hoc, pocos días después de la carta las negociaciones fueron declaradas oficiales y comenzaron las sesiones. Lo demás es historia conocida. Llegó el 11 de febrero de 1929, fecha de la histórica firma de los Pactos lateranenses. L’Osservatore Romano, que desde 1870 salía con una lista negra, ese día se imprimió por fin sin el símbolo del luto. Dos días después Pío XI comentó: «Con profunda satisfacción creemos haber devuelto con el Concordato Dios a Italia e Italia a Dios». Esta página de historia parece terminar en gloria, todos satisfechos. Y, sin embargo, don Orione, que tanto se interesó por la solución de la cuestión, no mostró en el momento mucha alegría. Cuando supo que se habían firmado los pactos, besando la foto de Pío XI, publicada en los periódicos que daban la noticia, exclamó: «¡Pobre Papa! ¡Cuántos dolores tendrá que pasar!». «La Conciliación se debía hacer», explicó, «pero no de esta manera. Por ahora no me parece una soldadura duradera. Quisiera equivocarme, pero veréis días malos». Según don Orione existían algunos puntos débiles respecto a ciertos temas. En especial temía que Mussolini se aprovechara del nuevo prestigio que había obtenido para llevar a cabo nuevas e injustas intervenciones en perjuicio de la Iglesia en Italia. Y ese mismo día, en una reunión de la Congregación, les dijo a sus sacerdotes: «Cuando los fascistas entren en los institutos para quitarnos a los jóvenes, el Señor nos inspirará lo que hemos de hacer». Lo había comprendido inmediatamente. Y es lo que sucedió. Apenas acabaron los parabienes por el Concordato, Mussolini continuó su política vejatoria contra las organizaciones católicas.Lucidez y clarividencia; dotes por las que, hay que decirlo, era escuchado por los papas y también por los políticos. A la residencia de la calle Sette Sale de Roma iban a llamar a su puerta Gaetano Salvemini, el senador Zanotti Bianchi y Achille Malcovati, magnate de industria y eminencia gris de muchos políticos de punta; sólo por citar algunos. Iban a verle, pero él decía claramente que de programas políticos no entendía nada ni quería ocuparse, pues se obstinaba en seguir “su” política: «La del Pater noster». La única eficaz. La única que no se encierra en fronteras y «es realizable completamente», decía. La única por la que incluso estaba dispuesto a cruzar el océano. Después del terremoto de Sicilia y del de la Marsica de 1915, hundiendo sus brazos en los escombros de las miserias humanas, no celó su deseo de ir como misionero a América. Un día confesó este deseo a Pío X, y este, como respuesta le envió a la “Patagonia romana”, la periferia abandonada del sureste de Roma. Pero llegó el día que tuvo que zarpar

domingo, 20 de septiembre de 2026

EN EL DÍA DEL ESTUDIANTE



Don Orione, consciente de la importancia de una buena formación teológica, envía algunos seminaristas de la Argentina a profundizar sus estudios en la Universidad Gregoriana de Roma.

            Por medio de ellos hace llegar a todos una carta sobre la importancia del estudio de la Teología.

            Para hacer el bien, para llevar la luz de la Revelación a los hermanos, es necesario que los sacerdotes estén teológicamente bien cimentados. Ciertamente no deben hacerlo por vanagloria. Será necesario que los estudios desemboquen en la oración y en la caridad. Pero es necesario estudiar para ser idóneos en la misión de “llevar a los pequeños y a los pobres a Jesucristo y a su Iglesia”

            Con orgullo puede afirmar: “Yo tengo 64 años, pero todavía estudio y con gran fervor, casi todos los días, un poco de teología y alguna otra materia sagrada”. Una lección de vida también para nosotros.

¡Almas y almas!

Buenos Aires, 29 de septiembre de 1936.

Mis queridos seminaristas:

¡Que la gracia de Dios y su paz estén siempre con nosotros!

Son las 18 hs. y a las 20 hs. de esta noche algunos óptimos seminaristas argentinos partirán en el "Conte Biancamano" para ir a estudiar en la Gregoriana.

Me sirvo de la bondad de ellos y les mando mis saludos y los de estos hermanos de ustedes en Cristo.

Gracias a Dios, aquí están todos bien, y espero que la presente los encuentre ya en Roma, reanimados en la salud y en el espíritu.

Mis queridos seminaristas, están en la vigilia de un nuevo año lectivo, y eso me da el argumento para una saludable consideración. ¡Están de nuevo en Roma! ¡La Divina Providencia es tan buena madre con nosotros, sus pequeños hijos! Pero nosotros debemos hacernos cada día más merecedores de sus gracias con la santidad de la vida y el cumplimiento exacto y fiel de nuestros deberes. Ahora entre estos, ustedes lo saben, viene primero, después de la virtud, el estudio de las disciplinas sagradas, para los sacerdotes y seminaristas el estudio de la teología, ¡estudio para nosotros principal y para ser cumplido con el mayor empeño!

Todos los nuestros, si fuese posible, deberían conocer profundamente la teología, ya sea la moral como la dogmática: están ligadas juntas y una la ilustra a la otra.

Y es una cosa importantísima y verdaderamente confortante que los estudios teológicos vayan retomando el antiguo vigor, y no sólo el antiguo, sino ese nuevo que es reclamado por los tiempo; de modo que la teología  es de esperar  vuelva a ser tan respetable a los ojos de la presente sociedad para poder influir de modo útil sobre ella y sobre todos los otros estudios, también profanos.

Ésta, ciertamente, es la razón que llevo a nuestra pequeña Congregación, mis amados seminaristas, a afrontar grandes sacrificios para lograr abrir y mantener en Roma esta casa para el estudio de la santa teología, a los pies mismos de la Santa Sede y bajo su vigilancia.

Porque nuestra Congregación desea, y firmemente quiere, que se formen no sólo en espíritu de verdadera y fervorosa piedad, sino en espíritu de romanidad,  que les mantenga el corazón ardiente y unido con Nuestro Señor Jesucristo y con su Vicario en la tierra  y en el estudio de esa ciencia que eleva y nos lleva a conocer siempre más a Dios, para amarlo mejor y para hacerlo conocer mejor y hacerlo amar por el prójimo.

Llamados por la misericordia del Señor para ejercitar, bajo las directivas de la Iglesia, el apostolado de la Caridad, el estudio de la teología los favorecerá intensamente para ejercitar con más fruto la caridad y llevar a los pueblos y a los pobres a Jesucristo y a su Iglesia.

¡La teología es para nosotros el estudio de primera y absoluta necesidad! No es sólo un estudio importante, sino de primera necesidad; es el estudio de la ciencia divina y cuando es hecho con vivo empeño, cuando es hecho con intención recta, pura y santa de la gloria de Dios y de la caridad del prójimo, sirve inmensamente para santificarnos: eleva la mente al Creador, nos hace humildes, nos lleva a la oración, nos alivia, nos hace cantar y glorificar al Señor, se hace verdadero y dulcísimo amor de Dios. Los sacerdotes son los depositarios de la ciencia de Dios; pero ¿cómo podremos tener este sagrado depósito, y hacer partícipes de él a los demás?, ¿cómo será nuestra misión  si no anteponemos, para su adquisición, el estudio necesario?

Las mejores reglas de conducta son hoy, diría, insuficientes para el ministerio sacerdotal, si la buena y casta vida no se secunda con el estudio, si no se secunda con la ciencia propia del estado sacerdotal. Y en los religiosos, me atrevería a decir que se requiere más.

"La ciencia en un sacerdote, decía San Francisco de Sales, es el octavo Sacramento de la jerarquía eclesiástica”.

 Yo tengo 64 años, pero todavía estudio y con gran fervor, casi todos los días, un poco de teología y alguna otra materia sagrada.

Y concluiré. Pero, no se envanezcan, mis amados seminaristas, porque están estudiando en la Gregoriana, no se envanezcan por los estudios, sino, en humildad, den gracias y gloria a Dios, del cual vienen todos los bienes y todas las luces. La ciencia no vale sin la virtud, sin la humildad, la pureza, la caridad.

Hagan mucha oración y terminen en Dios todos sus estudios: unan siempre el estudio a la oración. ¡Recen por mí, recen mucho!

Los saludo a todos, desde el Señor Director al más joven de ustedes.

Ruego al Señor los asista y bendiga a todos y a cada uno.

Reciban los saludos fraternos de todos los nuestros.

Suyo con afecto en J. C. y en la Ssma Virgen.

Sac. Luis Orione d. D. P

“Toda la Escritura está inspirada por Dios, y es útil para enseñar

y para argüir, para corregir y para educar en la justicia”

(2 Tim 3, 16)

Fuente: "Sembrar a Jesucristo" del P. Vicenzo Alesiani

  DEL blog: Lo que yo recibi del P.Facundo Mela

sábado, 19 de septiembre de 2026

1918, APARECEN LAS LLAGAS


Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”, escribió una vez San Pío de Pietrelcina, cuya fiesta se celebra hoy. Su oración fue escuchada y se le concedió el don de los estigmas.

Durante su vida, Dios lo dotó de muchos dones, como el discernimiento extraordinario que le permitió leer los corazones y las conciencias. Por ello muchos fieles acudían a confesarse con él.

El Padre Pío nació en Pietrelcina (Italia) el 25 de mayo de 1887. Su nombre era Francisco Forgione y tomó el nombre de Fray Pío de Pietrelcina en honor a San Pío V, cuando recibió el hábito de Franciscano capuchino.

A los cinco años se le apareció el Sagrado Corazón de Jesús, quien posó su mano sobre la cabeza del niño. El pequeño, a su vez, prometió a San Francisco que sería un fiel seguidor suyo. Desde entonces su vida quedó marcada y empezó a tener apariciones de la Santísima Virgen.

A los 15 años decide ingresar a la Orden Franciscana de Morcone y tuvo visiones del Señor en la que se le mostró las luchas que tendría que pasar contra el demonio.

El 10 de agosto de 1910 es ordenado sacerdote. Poco tiempo después le volvieron las fiebres y los dolores que lo aquejaban, entonces fue enviado a Pietrelcina para que restablezca su salud.

En 1916 visita el Monasterio de San Giovanni Rotondo. El Padre Provincial, al ver que su salud había mejorado, le manda que retorne a ese convento en donde recibió la gracia de los estigmas.

“Era la mañana del 20 de septiembre de 1918. Yo estaba en el coro haciendo la oración de acción de gracias de la Misa… se me apareció Cristo que sangraba por todas partes. De su cuerpo llagado salían rayos de luz que más bien parecían flechas que me herían los pies, las manos y el costado”, describió San Pío a su director.

“Cuando volví en mí, me encontré en el suelo y llagado. Las manos, los pies y el costado me sangraban y me dolían hasta hacerme perder todas las fuerzas para levantarme. Me sentía morir, y hubiera muerto si el Señor no hubiera venido a sostenerme el corazón que sentía palpitar fuertemente en mi pecho. A gatas me arrastré hasta la celda. Me recosté y recé, miré otra vez mis llagas y lloré, elevando himnos de agradecimiento a Dios”, añadió.

El 9 de enero de 1940 animó a sus grandes amigos espirituales a fundar un hospital que se llamaría “Casa Alivio del Sufrimiento”. La cual se inauguró el 5 de mayo de 1956 con la finalidad de curar al enfermo en lo físico y espiritual.

Según fuentes que no se han podido confirmar, San Juan Pablo II siendo un joven sacerdote visitaba al Padre Pío para confesarse y en una de esas ocasiones, estando en trance le dijo al futuro Sumo Pontífice: “Vas a ser Papa”.

El Padre Pío partió a la Casa del Padre un 23 de septiembre de 1968 después de murmurar por largas horas “¡Jesús, María!”.

San Juan Pablo II, durante su canonización el 16 de junio del 2002, dijo de él: “Oración y caridad, esta es una síntesis sumamente concreta de la enseñanza del padre Pío, que hoy vuelve a proponerse a todos”.


viernes, 18 de septiembre de 2026

SANTO PADRE PIO Y LA PROVIDENCIA QUE NUNCA DEFRAUDA

En la vida del SANTO PADRE PÍO DE PIETRELCINA se cuenta que, muchas veces, tenía problemas para pagar los gastos de los obreros y de las obras de gran complejo hospitalario de la Casa Sollievo della Sofferenza, que se estaba construyendo en San Giovanni Rotondo, al sur de Italia. Pero él siempre confiaba en la providencia divina y nunca fue defraudado. Guglielmo Sanguinetti o Carlo Kisvarday, que eran sus íntimos colaboradores, eran testigos de cómo, con frecuencia, en los últimos momentos venía una ayuda por correo o algún bienhechor se hacía presente. Nunca faltó lo esencial para solucionar los problemas más urgentes. Por eso, el confiar en la providencia divina es siempre un buen negocio, pues Dios nunca se va a dejar ganar en generosidad ni permitirá que seamos defraudados. A veces, puede tardar, para hacernos sentir más la necesidad de acudir a Él, pero, al final, siempre cumple su promesa y siempre acude en nuestro socorro en todas nuestras necesidades.

jueves, 17 de septiembre de 2026

PADRE PIO Y DON ORIONE

El Padre Pío y Don Orione no se conocieron nunca personalmente. Sin embargo, ambos dijeron conocerse. Cada uno sentía una ilimitada estima por el otro... Don Orione, entre otras cosas, se ocupó muchísimo ante la Santa Sede para que le fueran quitadas las famosas restricciones a la libertad del padre capuchino.

Al respecto tenemos una interesante carta del orionita P. Giuseppe Dutto el cual, respondiendo a una pregunta del padre capuchino Carmelo da Sessano, que estuvo muy cerca del estigmatizado del Gargano, se expresó así: “Satisfaciendo con gusto su deseo, pondré aquí por escrito lo que he escuchado decir a Don Orione del Padre Pio de Pietrelcina. Estábamos en Buenos Aires... En esos días habían prohibido varios libros que trataban del Padre Pio y, si recuerdo bien, también habían prohibido visitarlo... Un día del año 1936 o tal vez 1935 le pregunté a Don Orione a qué se debía esta prohibición... y Don Orione, a media voz, como quien dice algo que debe ser reservado, aunque cierto, dijo: “Es la sinagoga que continúa...”. Y expresaba así su disconformidad con lo que sucedía.

En esa circunstancia le pregunté también a Don Orione si conocía al Padre Pío. Don Orione respondió que no se habían visto nunca, pero se conocían. No quiso dar otra explicación. Como ve, es muy poca cosa lo que se dé la relación de Don Orione con el Padre Pío; pero sé que Don Orione tenía una gran veneración por él y escuché también que el padre Pío tenía una verdadera veneración por Don Orione.

Un abogado de Montevideo, un convertido ahora muy fervoroso, hablando con el Padre Pío en San Giovanni Rotondo, dijo que conocía a Don Orione (lo había visto en Montevideo, muchos años atrás) y entonces el Padre Pío le dijo a ese abogado, refiriéndose a Don Orione: “¡Ese sí que es un santo!... ¡Yo no soy ni siquiera digno de tocarle el borde del hábito!”.

“Doy fe de lo que he escrito, asegurando que corresponde a la verdad”. (Cfr. Casa sollievo della sofferenza, San Giovanni Rotondo, a. 1993, Nº 13, pág. 11).

Fuente: Florecillas de Don Orione. P. Facundo Mela