Don Orione usaba distintos medios, en su vida
espiritual para constatar la ordinariedad y la practicabilidad por parte de
religiosos y laicos de nuestro tiempo. Con estas opciones, Don Orione ha
custodiado y desarrollado hasta la heroicidad el don de la Gracia de Dios. Con
estos medios fue un contemplativo en la acción. Muchos vieron el resultado.
Numerosos
testigos, religiosos y laicos, han manifestado la impresión de que toda la
jornada de Don Orione fuera una meditación continua, o más bien, una
contemplación. "Mi estupor fue creciendo al ver cómo Don Orione supo unir
- y es tan difícil - una actividad sorprendente y sin pausas con una vida de
continua unión con Dios. ¡Don Orione vivía de fe y en la presencia de
Dios!". (45) Era un apóstol y no un "mánager de la caridad". (46)
Un laico, el
profesor Domenico Isola, Director sanitario del Pequeño Cottolengo de Génova,
describe así la unidad espiritual del changador de la Providencia. "Don
Orione poseía el encanto que viene de la plenitud de la Gracia y que difunde en
torno a sí la Gracia misma; quien lo escuchaba - se tratase de cualquier
argumento - quedaba admirado de su profunda convicción en cuanto decía, y
quedaba, a su vez, radicalmente convencido; era edificado por su confianza en
Dios, y él mismo se sentía invadido; admiraba al 'changador de la Providencia'
en sus incansables fatigas, y sentía el impulso y la alegría de ampararse en
él, en sus obras de bien. Cuantos se le acercaron, tuvieron la cabal sensación
de hallarse en presencia de una figura de gigantescas proporciones morales, de
un hombre en el cual, en feliz armonía de intentos, obraban lo natural y lo
sobrenatural. Así , y no de otro modo, se explica el influjo que Don Orione
ejerció sobre el alma de cuantos tuvieron la suerte de conocerlo y de
aproximársele; los radicales cambios espirituales obrados por él en tantas
personas que se habían quedado obstinadamente alejadas de Dios, el ascendente
tan dulcemente ejercitado por él sobre toda clase de personas, las ayudas que
llegaban de todas partes para que sus Obras se perpetuasen". (47)
"Si bien la
vida de Don Orione fuese, como decía él, una 'rueda', daba la máxima
importancia a la piedad y quería que tuviese el primer puesto como valor y como
actividad. "Todo se puede esconder, menos la falta de piedad".
Recordaba la amonestación de Pablo a Timoteo "Exerce teipsum ad pietatem,
pietas ad omnia utilis est" y aquello de San Bernardo al Papa Eugenio III
"Vae tibi, si fons devotionis in te siccatus fuerit". (48) ¡Cuánto insistía
sobre estos conceptos!
"El hombre
vale tanto cuanto reza. De nuestro trabajo queda tanto cuanto está cimentado en
la oración". (49)
"Queremos
arder de fe y de caridad. Cada palabra nuestra debe ser un soplo de cielos abiertos:
todos deben sentir la llama que arde en nuestro corazón y la luz de nuestro
incendio interior, encontrar a Dios y a Cristo. Para conquistar a Dios y
aferrar a los otros es necesario, primero, vivir una vida intensa de Dios en
nosotros mismos, tener dentro de nosotros una fe dominante, un ideal grande que
arda y resplandezca...". (50)
Don Orione vivía
tan inmediata y exclusivamente "de fe", "de Dios", que el
encuentro con Dios era la ocupación única, exclusiva, indivisa de su jornada.
La dedicación apostólica era una encarnación de esta comunión y de ella
derivaba su eficacia.
"Seamos
sinceros. ¿Por qué no siempre renovamos la sociedad, por qué no tenemos siempre
la fuerza de arrastrar? ¡Nos falta la fe, la fe ardiente! Vivimos poco de Dios
y mucho del mundo: vivimos una vida espiritual tísica, falta aquella verdadera
vida de fe y de Cristo en nosotros, que conlleva en sí toda la aspiración de la
verdad y del progreso social, que penetra todo y a todos, y llega hasta los más
humildes trabajadores. Nos falta aquella fe que hace de la vida un apostolado
ardiente en favor de los míseros y de los oprimidos, como es toda la vida y el evangelio
de Jesucristo". (51)
Ahora bien,
tengamos presente este dato: en la vida de Don Orione, y en el estilo de vida que
él transmite a sus hijos espirituales, la actividad no es contraria a la
intimidad con Dios, más bien es "parte" viva de la intimidad con
Dios.
Don Orione era
un gran contemplativo en la acción. No sólo su alma vivía en Dios, sino que
Dios vivía en su alma. Por esto, el trabajo, las muchas personas y problemas
que lo ocupaban "no lo perturbaban", porque lo suyo era un contínuo
moverse con Dios, en Dios, por Dios. Justamente se ha observado que, cuando Don
Orione, en su programa de vida espiritual, afirma "Me arrojaré por la
noche, cansado, entre los brazos de Jesús" sin más hace comprender que su
apostolado (léase fatiga, preocupación, etc), en su carisma no es de por sí un
obstáculo, sino casi 'conditio sine qua non' para alimentar la oración misma.
"No adora a Dios aún cuando está cansado, sino más bien logra adorarlo
justamente porque está cansado, en cuanto que su cansancio ha sido la
preparación áurea para la unión con Dios". (52)
La pobreza de sí
(también como cansancio de energías) y la consumación por amor, son las mejores
condiciones para colocarse delante de Dios y permitir que su Espíritu viva en
el alma y espiritualice los pensamientos, las palabras y las obras.
Mirando a Don
Orione, se llega a pensar que el feliz axioma del libro del P. Chautard (53)
que ha formado generaciones de religiosos y de cristianos, "la oración,
alma del apostolado", iría complementado, en la mística orionina, con el
recíproco "el apostolado, cuerpo de la oración". No es que la
oración, la intimidad con Dios "se agotan" en el apostolado, en el
servicio activo, sino que en esto encuentran nueva carga, sustancia y verdad.
Tal integración
de oración y apostolado, de contemplación y acción, forma parte de la más
auténtica tradición espiritual cristiana. El documento de la Congregación para
la Doctrina de la Fe, dedicado a "Algunos aspectos de la meditación
cristiana", señalando las tentaciones de psicologismo o de dudoso
espiritualismo desencarnado presentes en ciertas técnicas y formas de oración
no conformes con la tradición cristiana, en el n.28 afirma: "La unión
habitual con Dios, o aquella actitud de vigilancia y de invocación de la ayuda
divina que en el Nuevo Testamento es llamada 'oración continua', no se
interrumpe, necesariamente, cuando también nos dedicamos, según la voluntad de
Dios, al trabajo y al cuidado del prójimo. (...) La oración auténtica, en
efecto, como sostienen los grandes maestros espirituales, despierta en los
orantes una ardiente caridad que los impulsa a colaborar en la misión de la
Iglesia y al servicio de los hermanos para la mayor gloria de Dios". (54)
Para decirlo con
palabras de Don Orione, "signo de tener espíritu de oración es tener el
corazón abrasado e inflamado de amor a Dios y al prójimo. Tener los
pensamientos siempre y generalmente dirigidos y tendientes hacia las cosas
buenas, celestiales, celando la gloria de Dios". (55)
Fuente UNA ESPIRITUALIDAD DE MANGAS ARREMANGADAS
45. Testimonio de Don G. Piccinini, Ex processu, p.
530 y de Don G. Zambarbieri, p. 714. Esto de 'caminar en la presencia de Dios'
fue la enseñanza de Don Bosco , primero y de San Pío X , después. Lo quiso
confiar, como el máximo recuerdo y enseñanza a sus religiosos, en la última
'buenas noches' del 8 de marzo de 1940.
46. La expresión, aunque simpática, atribuida a Don
Orione (Cfr. ad es. Avvenire, 25.10.1990) corre el riesgo de ser
malinterpretada.
47. Ex processu, p. 280. Similares observaciones son
presentadas con particular énfasis en los testimonios de personas laicas. El
Sen. L. Federzoni: "Se veía en él a un hombre lleno de fe", p. 613.
48. Testimonio de Don G. Zambarbieri, Ex processu, p.
714. Acordándose de un religioso que no perseveró, Don Orione advertía:
"En las obras exteriores y en el estudio se agotan todas las facultades,
la inteligencia y la memoria y la vida, como ha sucedido con (...): no tenía
nunca un momento para recogerse, para entrar en sí mismo, ¡para ser
religioso...! Dio, sí, grandes pasos, pero fuera del camino. El trabajo de
cierta gente no sirve 'ad aeternitatem' (para la eternidad). Por lo tanto,
trabajo, sí, pero con celo verdadero, prudente, piadoso; un celo sostenido por
una firme piedad". Scritti 55, p. 199 ss; cfr. Parola (30.10.1924) III, p.
65.
49. Scritti 54, 174. "Con la oración lo podremos
todo, sin oración no podremos nada. Es con la oración que se hacen las cosas.
Nosotros podremos plantar y regar, pero solo Dios puede hacer crecer",
Lettere II, p. 124. En un fogoso discurso, a esta constatación Don Orione
agrega: "...Y si muchas veces sucede que se obtiene sin rezar, el hombre
edifica entonces un sepulcro para sí mismo. Dice el Tasso: Non edifica chi vol
gli imperi / su fondamenti fabbricar mondani, / ma ben move ruine, ond'egli
oppresso / sol crostrutto un sepolcro abbia a se stesso (Canto I). Estos versos
del Tasso son la traducción del 'Nisi Dominus aedifverit domum, in vanum
lavoraverunt qui aedificant eam', Parola VII, p. 56-59.
50. In cammino con Don Orione,
p. 324.
51. Don Orione. La scelta dei poveri più poveri, o.c.,
p. 135.
52. TERZI I. Atti e Comunicazioni della Curia
Generalizia della Piccola Opera della Divina Provvidenza (1986), p. 8.
53. DOM CHAUTARD, L'anima di ogni apostolato. Una
reciente edición a cargo de B. Martelet, Ediciones Paulinas, Roma, 1984.
54. En Acta Apostolicae Sedis 82 (1990), p. 362-379.
55. Lettere II, p. 521.