SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


lunes, 19 de octubre de 2026

RICARDO GIL BARCELON Y ANTONIO ARRUÉ PEIRÓ

RICARDO GIL BARCELON
ANTONIO  ARRUE PEIRO
El P. Ricardo Gil Barcelón  nació  en Manzanera, en España, el 27 de octubre de 1873, en una familia noble y desahogada. Tan brillante en los estudios como en la música, gozaba de la vida cómodamente: caballos, entretenimientos, alegres compañías, mitos juveniles. Volvió a la casa paterna descontento de sí mismo, cansado de un mundo del que apenas había visto su superficialidad y probado su vanidad.
Tomó casi como un acto liberador la posibilidad de enrolarse en la artillería del ejército español empeñado entonces en las Filipinas en la lucha tanto contra los rebeldes de Mindanao como contra el incipiente imperio estadounidense. En un momento de gran peligro, rezó a la Virgen. La inexplicable liberación del peligro le hizo pensar en el Cielo. En la compañía de los militares para divertir, se puso a tocar la guitarra y a cantar. No quisieron que sus manos manejasen ya armas, sólo instrumentos musicales. El, inquieto, empezó a juntarlas para orar.
Entró con los dominicos, frecuentó la Pontificia Universidad de Manila suscitando admiración. Se ordenó sacerdote en 1904 con el porvenir asegurado: vice-bibliotecario de la universidad y capellán de la catedral. Sin embargo parecía faltarle algo para estar en paz. Volvió a España, desde allí salió hacia Italia, a pie, mendigando, ayudando a los pobres y visitando santuarios lugares de santos.

Madrugada del 4 de febrero de 1910. Un humilde sacerdote sale de la iglesia de "Sant'Anna  dei Palafrenieri" en el Vaticano para iniciar una de sus jornadas, llena de fatigas entrelazadas con incesante oración.
Las iglesias están todavía cerradas; las calles desiertas; el viento mordaz sacude los residuos perezosos de la noche. A buen paso se encamina hacia la estación y llega, mientras la claridad del día va extendiéndose, a la avenida Vittorio Emanuele, cerca de la fuente de la "navicella", al lado de la calle. Este cura del norte mira alrededor, nunca saciado, fascinado por la grandeza cristiana de Roma, motivo de sentimientos y sincera oración. Delante de la nueva iglesia inclina la cabeza vertiendo una invocación a su querido San Felipe Neri, "Pippo bono", como también suele llamarle.
La vista se alza para contemplar fugazmente la magnífica fachada diseñada por Rughesi. De rodillas y casi encorvado sobre el peldaño delante del postigo aún cerrado, hay una masa negra, inmóvil. Una figura en actitud absorta y casi arrebatada. Don Orione - era él este cura del norte - se siente empujado a acercarse; tiene la impresión de que sea un sacerdote: sus manos juntas y una profunda piedad se lo hacen creer... Es de estatura superior a la media; el hábito y el sombrero están limpios pero muy pobres y desteñidos. Sin embargo hay en él algo que habla de candor y firmeza en la voluntad de bien.

"¿Quién eres?", pregunta Don Orione.
"¡Soy un hijo de la Divina Providencia!", responde el sacerdote.
"¡También yo soy hijo de la Divina Providencia! Pues entonces me perteneces un poco, sonríe Don Orione. Tengo una congregación cuyos miembros se llaman Hijos de la Divina Providencia".
El desconocido se levanta. Los dos sacerdotes se miran a los ojos: la sonrisa de Don Orione atrae, como un imán, la sonrisa del otro. Se ha entablado una amistad.
Se acompañan tranquilamente en la calle todavía silenciosa, atraídos por una inmediata y recíproca simpatía. Aceleran el paso porque es tarde para Don Orione que no puede permitirse el lujo de perder el tren: muchas cosas le esperan. Mientras hablan una atracción mayor vierte al corazón del desconocido seguridad y confianza que se resuelve en confidencia.
Es español, sacerdote. Ha venido a pie desde Valencia, en peregrinación de penitencia, para implorar a Dios que le enseñe el camino que debe seguir: necesita mucha luz interior. Hasta hoy no ha hecho otra cosa que vagar siguiendo un gran sueño de amor, de evangelización, de santidad.
"Vete a la Iglesia de Santa Ana, preséntate en nombre mío y espérame", concluye Don Orione. "Dios nos inspirará y la Santa Virgen nos llevará de la mano!".
De este modo el Padre Ricardo Gil entró en la órbita de Don Orione; y, ocurriendo todo aquello que había afirmado graciosa y proféticamente en aquella fría mañana de febrero, terminó como un Hijo de la Divina Providencia ,se encontró con Pío X. Había entendido por fin la fuente de su inquietud: la santidad y la caridad. Viajó con Don Orione a Mesina al tiempo de la reconstrucción de la ciudad después del terrible terremoto, y después durante 10 años en Cassano Ionio, en Calabria, custodio del santuario de la Virgen de la Cadena y de un grupito de huérfanos allí acogidos. Desde 1923 a 1927 en Roma, dividiendo su tiempo entre la colonia agrícola de Santa María, en Monte Mario, y la populosa Parroquia de "Ognisanti", fuera de la puerta de San Juan. Vuelto a Cassano Ionio por un breve periodo, tuvo que probar el cáliz amargo de una calumnia terrible que fue seguida de un mes de cárcel.
Viendo en él temple de pionero, en 1930, Don Orione envió al Padre Gil a España con la orden de abrir una avanzadilla de su joven Congregación. Empezó en extrema pobreza, a lo orionita: evangelio, obras de caridad y mucha confianza en la Divina Providencia. El Padre Ricardo encontró la paz interior porque sabía que con Don Orione podía dar los mejores frutos. Desde entonces, todo ha cambiado para el padre Ricardo.
Sin embargo, no sabía que el mejor fruto de su vida sería la palma del martirio.
 .
La historia de uno de tantos sacerdotes, heroicos testigos de la fe y mártires durante la persecución religiosa en España en 1936, se inicia así, en las puertas del Vaticano. 
Para España eran años llenos de desórdenes sociales terribles y de persecución religiosa. Cuando en julio de 1936 el huracán anarquista y comunista sacudió aquella región llenándola de desolación y muerte, el Padre Gil fue respetado hasta el final porque se ocupaba de los más pobres. Dos veces fueron a su casa los milicianos para eliminarle como a tantos otros. Dos veces se interpuso la gente del vecindario diciendo: "¡Es bueno, ayuda a los pobres, nuestros hijos comen porque está él!". La tercera vez, el 3 de agosto, cerraron la discusión: "¡Es precisamente a los buenos a los que buscamos nosotros!".
El 3 de agosto de 1936, fueron asesinados por odio a la fe, en Valencia (España), el padre Ricardo Gil Barcelón y el postulante Antonio Arrué Peiró. Se han proclamado bienaventurados el 20 de octubre de 2013 en Tarragona en España .

Un joven aspirante, Antonio Arrué Peiró, que no estaba en casa fue determinante la reunión con el padre Ricardo Gil. Se convirtió en benefactor de muchos pobres, necesitados de ayuda y de corazón que eran acogida en el pobre hostal que los dos aparcero en los márgenes de Valencia, ciudad que se convirtió en la capital de la República socialista y del odio anticristiano. Antonio esperaba ir a Tortona para el noviciado. No hizo a tiempo: hizo su profesión religiosa con el martirio, junto con el padre Ricardo, el 3 de agosto de 1936.,  vio el camión en el que habían hecho subir al Padre. No lo dudó un momento, corrió a su encuentro y quiso a toda costa permanecer con él. Fueron llevados juntos al Saler de Valencia. Fusilaron al Padre Gil que a la propuesta blasfema de gritar "¡viva la anarquía!" prefirió gritar "¡Viva Cristo Rey!". Antonio - según el relato de un guardia - al ver caer al Padre se arrojó a su lado para sostenerlo. Los guardias comunistas le fracturaron el cráneo con la culata del fusil.
Junto a algún centenar de sacerdotes, monjas y laicos, representantes de una gran lista, estos dos testimonios fueron encaminados hacia el honor de los altares.
"Once obispos, dieciséis mil sacerdotes asesinados y ni un solo apóstata. ¡Oh, si pudiese yo también, como tú, gritar con garganta desgarrada mi testimonio en el esplendor del mediodía! Decían que dormías, hermana España, pero dormías como quien finge el sueño. Y he aquí un interrogante, y he aquí de golpe esos dieciséis mil mártires. ¿De dónde me vienen tantos hijos?, exclama aquella que creían estéril". (Del poema de Paul Claudel, Mártires cristianos en tierra de España)
Sus historias de vida se cuentan en el libro "también ustedes beberán mi cáliz"
El contexto histórico ...
¿Por qué en la España católica ocurrió una violenta persecución contra la Iglesia católica y el clero, sin ningún tipo de escrúpulos, incluso en la cara de un testimonio de caridad? ...
 Hay miles de víctimas de la guerra civil en España (1936-1939). Hasta ahora, muchos estudiosos profundizan este fenómeno para buscar la respuesta, para entender como en una España católica se ha llegado a un ataque de esta magnitud contra los católicos.
 El fenómeno se expresa no sólo en número sino también en la forma en que esta agresión: cruel, feroz y bestial. Para algunos puede parecer  - "bestial",  los estudiosos de historia saben que no es exagerado en absoluto. También es posible usar los términos más enérgicos para describir las conductas que, además de la fuerte voluntad de matar a la gente, sólo porque es  Católica, tendiendo  también a  humillar en todo lo posible y sin escrúpulos. Y no había ninguna acepción de personas. P. Ricardo Gil  Barcelón  y Antonio Arrué Peiró  el primero un sacerdote,  No les importaba que eran personas que vivían en la pobreza y se  ofreció a los más necesitado exponiendo  su propia vida
editado en español (Ed. Claret) y en italiano (Ed. Borla). 
 

domingo, 18 de octubre de 2026

LA MISIÓN DE LA FAMILIA ORIONITA






"Ayudar al pueblo, mitigar sus dolores, devolverle la salud. Debe estar en nuestro corazón el pueblo. La Obra de la Divina Providencia es para el pueblo. Basta de palabras, están llenos los bolsillos de ellas. Lo milagroso será poder devolver a las muchedumbres la fe que tuvieron, reconducirlas al Padre, a la Iglesia".
Don Orione pudo encender, en medio de situaciones históricas desafiantes, el fuego de la caridad. En efecto, su entrega incondicional lo convirtió en signo de una humanidad nueva, inaugurada por el mismo Jesús y, ofrecida a los hombres y mujeres de todos los tiempos.
Su trabajo constante y sus creativos emprendimientos en el ámbito de la educación y la promoción humana, fueron el instrumento de la Providencia al servicio de la humanidad más desamparada, y el testimonio concreto de una Iglesia más cercana al pueblo, que quiere expresarse más por las obras que por los discursos.
La Obra Don Orione, como parte de la comunidad eclesial, hace suya la misión evangelizadora que iniciara el Fundador, de estar junto a los pobres para construir desde allí una nueva sociedad, poniendo a Cristo en el centro.

sábado, 17 de octubre de 2026

¡¡¡¡¡ EN EL DÍA DE LA MADRE !!!!!


En una carta fechada el 7 de febrero de 1923, Don Orione recuerda con mucho cariño a su madre y comparte como aprendió de aquella "pobre viejita campesina", el sentido del trabajo y la pobreza.
Yo era el cuarto de los hijos y mi madre me ponía la ropa de mi hermano más grande, trece años mayor que yo, que la pobre ya había usado para mis tres hermanos mayores; pero, esto sí, nos ha dejado un poco de dinero que, en parte, fue a parar a los primeros huérfanos de la Divina Providencia, y nos ha criado bien: con pedazos viejos nos hacía la ropa, y así, en la pobreza y con honestidad y discreción la familia salía adelante.

Mi madre, pobre viejita campesina, se levantaba a las tres de la mañana para trabajar; siempre estaba haciendo algo, y se ingeniaba para todo. Era la mujer de la casa pero hacía también los trabajos del hombre ya que nuestro padre trabajaba lejos, en Monferrato: cortaba el pasto con la guadaña, y la afilaba ella misma, no la llevaba al afilador. Ella misma hilaba y tejía; y mis hermanos se repartieron todas las sábanas y la lencería que hizo mi pobre madr
Tenía contados hasta los cuchillos rotos, que es lo que yo he heredado. No compraba nada a menos que fuera absolutamente necesario. Cuando murió, después de 51 años de casada, le hemos puesto el vestido de esposa que había hecho teñir de negro. Le quedaba muy bien y era el mejor vestido que tenía.

Hijos míos, ven cómo hacían nuestros queridos y santos viejos. Siempre me contaba que Jesús se había bajado del caballo para recoger un pedazo de pan... Esto lo he encontrado después en un evangelio apócrifo, y ¿quién sabe si no fue cierto? Por lo menos, llama mucho la atención. Lo que es propio de los grandes señores, las comodidades propias de los grandes señores no tienen nada que ver con los hijos de la Divina Providencia. Son una contradicción para nosotros. Mis queridos hijos, imitemos a nuestros viejos y a nuestros santos!

viernes, 16 de octubre de 2026

SITUACIÓN DE LA ARGENTINA Y DE LA PODP A FINES DEL XIX





La designación vaticana de que la ciudad de Buenos Aires fuera sede del Congreso Eucarístico Internacional de 1934 ponía de manifiesto el lugar que la Argentina ocupaba en el concierto de las naciones cercanas a Europa desde fines del siglo XIX.

 Las tres primeras décadas del siglo XX significaron una etapa de cambios para el catolicismo argentino, un proceso en que no faltó tensiones y conflictos, pero en el cual se cimentaron los rasgos propios de la Iglesia Argentina.

Dada la dura situación que atravesaba el país a mediados de la década, tras la crisis económica e institucional abierta en 1930, desde distintos sectores se creía que esta era la oportunidad para hacer ver al mundo que el país caminaba en vías de fortalecimiento económico y cultural, ofreciendo una imagen de prosperidad recuperada

 En esos años, el rápido desarrollo de la Pequeña Obra de la Divina Providencia, la gran cantidad de vocaciones, la multiplicación de obras, algunos problemas financieros, junto con celos y envidia de algunos sectores eclesiales, produjeron que Don Orione fuera mal interpretado y calumniado. Por ello, su segunda visita a nuestro país resultaba -también- una suerte de retiro misionero.

Al concluir el Congreso, Don Orione era conocido por toda Buenos Aires y su fama de santidad era aclamada por el pueblo y el clero. En ese momento providencial nacía el Pequeño Cottolengo Argentino, como él mismo lo expresaba por radio: “Al pie de la gran Cruz del Congreso Eucarístico nació una humilde obra de caridad. Una obra que fue bendecida por el Eminentísimo Cardenal Primado, por el Excmo. Señor Nuncio de Su Santidad y por el Episcopado Argentino, que fue confortada por los votos fervientes del pueblo. Es el Pequeño Cottolengo argentino...”

El Congreso Eucarístico le abrió a Don Orione las puertas del corazón del pueblo argentino y preparó el camino para su obra de caridad y evangelización. Él, por su parte, supo leer los signos de los tiempos y ver las necesidades de la época, aportando su audacia apostólica y su dinámica de la caridad. Pero, principalmente, su presencia y su ejemplo de santidad moderna.

Un signo más de que los caminos de la Providencia no son los mismos que los de los hombres. .El Congreso se inauguró el 10 y concluyó el 14 de octubre. Don Orione vivió en él jornadas inolvidables, participando en aquel triunfo eucarístico junto con los hermanos llegados del Brasil.

 

 


jueves, 15 de octubre de 2026

PRIMERA VESTICIÓN DE DON ORIONE

 

"Mientras tanto se aproximaba el día de ingreso al seminario, el 15 de octubre, fiesta de Santa Teresa. Pese a que dos de las tres señales se habían manifestado, no quería decidirme. La última noche que pasé en casa, en vez de dormir no hice más que llorar... hasta que me dormí y soñé. ¡Oh, qué hermoso sueño! Lo vuelvo a ver como si hubiese sido ayer.
     "Me parecía estar en el oratorio de Valdocco, en el patio de los alumnos del cuarto curso, ubicado entre el departamento de pequeñas habitaciones de Don Bosco y el por entonces llamado Palacio Audisio". Pero ya no era nuestro polvoriento patio. Se había transformado en un jardín cubierto de perfumadas y blancas azucenas. ¡Ah, me parece sentir aún todo aquel perfume embriagador! En el medio había una verde montañita. Quise subir hasta la cima para gozar más de aquel espectáculo, y cuando estuve allí, de pronto, imprevistamente, se abre el azul del cielo y desciende Don Bosco en persona. Llevaba entre los brazos un hábito desplegado: el mismo de la famosa señora. En un instante me lo puso. Don Bosco no dijo palabra: solamente me miró con una sonrisa dulcísima, la misma que tantas veces me había infundido serenidad y alegría cuando recurría a él con el alma llena de inquietud
     "Me desperté anegado en lágrimas, pero era un llanto reparador: finalmente estaba seguro que Dios me quería en el seminario.
     "Preguntaréis: ¿y la tercera señal?
     "Fue la siguiente: la conversión de mi padre. Entendámonos: mi padre era un hombre de la mejor pasta del mundo, pero uno de aquellos liberalotes crecidos bajo el influjo del ministro Ratazzi. (Un corazón de oro, una bondad excepcional, como concuerdan los testimonios de los viejos de Pontecurone). A pesar de ello, permitía que mi madre (una santa) fuese a laiglesia tantas veces como quisiera y me llevase a mí: despué del Señor a ella debo verdaderamente mi vocación. En efecto  mi ingreso al Seminario, también mi padre se convirtió en un cristiano practicante" .
 Este tercer "secreto" revela el verdadero fondo del misterioso acuerdo entre el Santo y Luis. La primera parte del "suceso" tiene un sabor un poco fantástico, casi de apuesta entre jóvenes amigos... de niñería, como dirá el mismo Don Orione. Pero, en la tercera condición, la niñería se esfuma y aparece nítidamente la profundidad del compromiso del sobrenatural coloquio. Dejamos el juego para entrar en lo eterno. Aquí se trata de la salvación de un alma, y del alma más querida - junto a la de su madre - para Luis, y el resultado es espléndido: Víctor Orione se confiesa, recibe a Jesús Eucaristía y se convierte en un buen cristiano practicante: nada fácil para un "italiano liberalote" del 1870.
     Pero la relación sobrenatural entre Don Bosco y Luis no se cierra aquí: "Las gracias más extraordinarias - escribirá Don Orione, el fundador - Don Bosco me las concedió después, y continúa acompañándome paso a paso en mi obra. ¿No me había dicho: 'Nosotros seremos siempre amigos'?"
     Nada menos parecido a una niñería en esta continua asistencia sobrenatural de maestro a discípulo, de padre a hijo es toda una correspondencia de valores ultraterrenos y d cotidiano heroísmo.
Don Orione llegó al seminario diocesano de Tortona, era ya una personalidad joven, en muchos sentidos formada en el espíritu salesiano. Esta impronta no se borrará, y preparará en él, desde entonces, al fundador.
     Pero, como ya observamos en otras circunstancias de  adolescencia de D. Orione, durante esta permanencia en el seminario episcopal se renueva el elemento "sorpresa", frecuente en su vida y en su espiritualidad. En Turín, tuvimos oportunidad de conocer a un alumno salesiano bueno, aplicado, pero no diferente de muchos otros; ahora vamos a conocer a un seminarista singular, o, como dirán sus compañeros, "extraño" casi hasta el misterio...................    El 16 de octubre de 1889 Luis viste el hábito de seminarista; el año académico 1889-1890 está por comenzar. Luis recibe el hábito en un día que seguirá siendo grande para él: lo revivIrá a través de muchos recuerdos y en varias circunstancias
 Se trata ahora de ubicarse entre los compañeros, que son numerosos, y se diferencian individualmente y entre clase y clase. El rector, el óptimo Don Ambrosio Daffra, de trato cordial y rico en experiencia, lo conduce hasta el clérigo teólogo Fausto Bianchi y se lo confía con una eficaz presentación: "Es un joven aplicado, que viene de los salesiano de Turín; prestadle especial atención"
 El 16 de octubre de 1889 entró en el seminario de Tortona. Siendo todavía un joven clérigo, se dedicó a vivir la caridad con el prójimo en la Sociedad de Mutuo Socorro San Marciano y en la Conferencia de San Vicente

miércoles, 14 de octubre de 2026

EL CONGRESO EN LOS OJOS DE DON ORIONE

 


 

 

 Muchas veces expresará Don Orione el poderoso impacto que produjo sobre él ese gran acontecimiento eucarístico:

Don Orione ve al Congreso Eucarístico como un verdadero triunfo de Cristo. Será un espectáculo grandioso, que lo impactará muchísimo, como puede verse en sus cartas y discursos; será algo que perdurará en él, ya que lo citará muchas veces. Esto puede comprobarse, fácilmente, leyendo con cuidado las cartas escritas desde Argentina durante los meses posteriores al Congreso Eucarístico.

De una carta colectiva a sus religiosos, religiosas, seminaristas, ermitaños, etc., desde Victoria, el 4 de noviembre de 1934, a menos de un mes del Congreso Eucarístico, leemos:

"El Congreso Eucarístico fue un milagro; más de dos millones de fieles participantes sintieron que el Papa estaba acá, con nosotros, y que el triunfo de Nuestro Señor era, al mismo tiempo, un triunfo del Papa y de la Iglesia y de todo cuanto de social, de grande, de sobrehumano, de divino, la Iglesia y el Papa son, representan y proclaman.

 La grandiosa celebración pública de fe, de amor, de adoración a Jesús Eucaristía en la Argentina superó todos los Congresos Internacionales Eucarísticos que existieron y no sé cómo y dónde podrá ser superada; sólo el Paraíso puede ser mejor. ¡Hemos entrevisto y gustado por anticipado del Paraíso!".

Y en otra carta colectiva, saludando para la Pascua a los religiosos, religiosas, amigos, benefactores, alumnos, huérfanos, etc., desde Buenos Aires, el 19 de marzo de 1935, a casi seis meses del Congreso Eucarístico, decía:

“Asistí al Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires. ¡Un espectáculo inefable! Pude ver qué es y cómo es de grande la misericordia de Dios: más grande que los cielos.

¡Vi decenas de millares y millares de obreros, de robustos trabajadores, de jóvenes, florecientes de vida; médicos, abogados, oficiales, profesores universitarios, diputados, ministros, confundidos en columnas, confesarse en las plazas, a lo largo de los caminos, ¡de las calles de esta gran capital! ¡Más de 200.000 hombres, como atraídos por un imán, en interminable torrente, avanzan compactos, orando, cantando y postrándose a los pies de Cristo!; adorar a Cristo, recibir a Cristo sobre la gran Plaza de Mayo, frente a la casa de gobierno de esta República Argentina.

En aquella plaza los he visto fraternizar, abrazarse en Cristo, jurar su fe, su amor a la Patria, ¡llorar de amor! ¡Fue un espectáculo único en el mundo!

 

¿Qué sentían? ¡A Cristo! ¿Quién estaba? Cristo, queridos hermanos; Cristo Nuestro Señor que resucitaba en esos corazones; estaba Jesús, estaba el Señor pasando por esta metrópolis y descendía junto a su pueblo. El Legado Papal exclamaba: '¡Pero esto es el Paraíso!”