SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


domingo, 12 de julio de 2026

DON ORIONE Y LOS MISERABLES DE VICTOR HUGO


Las puertas de la Providencia: Don Orione y Víctor Hugo

San Luis Orione (1872-1940) es un santo a quien consideramos auténticamente argentino.
En efecto, su vida contribuyó a hacer que nuestra patria sea una realidad con lugar para todos, especialmente para aquellos que sufrían el desamparo. En este artículo acercamos la figura del Fundador a la famosa obra escrita en el siglo XIX por el novelista francés Víctor Hugo, llamada “Los Miserables”, una de las expresiones literarias del romanticismo, que comportó una crítica a la sociedad burguesa de aquellos tiempos.

En la nota preliminar a una de las versiones castellanas se puede leer que “Ningún escritor del siglo proporcionó mayor servicio que Hugo a la causa de la justicia social. Nadie, en ningún país obró con más grande independencia política y desinterés personal para crear una conciencia de solidaridad humana” y más adelante, “Víctor Hugo, fue bajo todas las formas de gobierno, el abogado de todos los desheredados, de todos los infortunados, de todos los oprimidos, naciones o individuos; una gran piedad fue siempre el infalible impulso con que propuso o sostuvo reformas sociales”.

Los desamparados de todos los tiempos


A medida que se entra en la trama de “Los Miserables”, se pueden encontrar expresiones fascinantes, tanto por su estilo literario como por su mensaje. Pero existe una escena en el libro segundo de la novela, que indudablemente inspiró a Don Orione a escribir una de sus más hermosas páginas sobre el “Pequeño Cottolengo Argentino”. Se trata de la escena del diálogo que tiene monseñor Myriel con el convicto Juan Valjean; éste último buscando un refugio después de haber quedado libre, no encuentra más que gestos agresivos y rechazo en los habitantes de aquel poblado: “[...] destrozado por el cansancio, y no esperando ya nada, se echó sobre el banco de piedra que estaba a la puerta de aquella imprenta. Una anciana salía de la iglesia en aquel momento, y vio a aquel hombre tendido en la oscuridad.
–¿Qué hacéis, buen amigo? –le preguntó.
–Ya lo veis, buena mujer, me acuesto –le contestó con voz colérica y dura.
La buena mujer, bien digna de este nombre, era la marquesa de R.
–¿En ese banco? –replicó. [...]–He llamado a todas las puertas.
–¿Y qué?
–De todas me han arrojado.
La “buena mujer” tocó en el hombro al viajero, y le señaló al otro extremo de la plaza una puerta pequeña al lado el palacio arzobispal.
–¿Habéis llamado –repitió– a todas las puertas?
–Sí.
–¿Habéis llamado a aquélla?
–No.
–Pues llamad a ella.
Y fue así que nuestro amigo, se dirigió al lugar indicado por la anciana. El obispo, que estaba por cenar con su hermana y el ama de llaves, escuchó que golpeaban la puerta de su casa, y sin preguntar quien lo hacía, dio el permiso de entrar. Las mujeres, ante la figura que salía de la oscuridad, quedaron mudas e inmóviles como estatuas.
El obispo, con mirada tranquila, escuchó de boca del presidiario todas las peripecias que había sufrido buscando un lugar para dormir. Después de esto, ordenó que prepararan un cuarto para el visitante recién llegado. Y, dirigiéndose a su ama de llaves, indicó:
–Señora Magloire
[...], poned un cubierto más [...] Mientras hablaba, el obispo se había levantado a cerrar la puerta que había quedado completamente abierta. La señora Magloire volvió, y trajo un cubierto que puso en la mesa.
–Señora Magloire –dijo el obispo–, poned ese cubierto lo más cerca posible de la lumbre. –y volviéndose hacia su huésped: El viento de la noche es muy crudo en los Alpes: ¿tenéis frío, caballero?
Cada vez que pronunciaba la palabra caballero con su voz dulcemente grave, se iluminaba la fisonomía del huésped. Llamar caballero a un presidiario, es dar un vaso de agua a un naufrago de la Medusa. La ignominia está sedienta de consideración.
–Mal alumbra esta luz –dijo el obispo–. La señora Magloire lo oyó; trajo de la chimenea del cuarto de Su Ilustrísima los dos candelabros de plata, y los puso encendidos en la mesa.
–Señor cura –dijo el hombre–, sois bueno; no me despreciáis. Me recibís en vuestra casa. Encendéis las velas para mi. Y sin embargo, no os he ocultado de dónde vengo, y que soy un miserable.
El obispo que estaba sentado a su lado, le tocó suavemente la mano:
–Podéis escusaros el decirme quién sois. Esta no es mi casa, es la casa de Jesucristo. Esa puerta no pregunta al que entra por ella si tiene un nombre, sino si tiene algún dolor. Padecéis; tenéis hambre y sed: pues seáis bienvenido. No me lo agradezcáis; no me digáis que os recibo en mi casa. Aquí no está en su casa más que el que necesita un asilo. Así debo decíroslo a vos que pasáis por aquí: estáis en vuestra casa más que yo en la mía. Todo lo que hay aquí es vuestro. ¿Para qué necesito saber vuestro nombre? Además, tenéis un nombre que antes que le dijéseis lo sabía yo.
El hombre abrió sus ojos asombrado.
–¿De veras? ¿Sabéis cómo me llamo?
–Sí –respondió el obispo–
¡os llamáis mi hermano!” Efectivamente, cómo no ver en este texto de Víctor Hugo, la inspiración del famoso escrito de Don Orione sobre el “Pequeño Cottolengo Argentino”, que dice:
“Confiados en la Divina Providencia, en el gran corazón de los argentinos y en cada persona de buena voluntad, se inicia en Buenos Aires, en el Nombre de Dios y con la bendición de la Iglesia, una humildísima Obra de fe y de caridad, que tiene como objetivo dar asilo, pan y consuelo a “los desamparados”, que no han podido encontrar ayuda y refugio en otras Instituciones de beneficencia.
La Obra extrae vida y espíritu de la caridad de Cristo, y su nombre de San José Benito Cottolengo, que fue Apóstol y Padre de los pobres más infelices. La puerta del Pequeño Cottolengo no preguntará a quien entra si tiene un nombre, sino solamente si tiene un dolor. “Charitas Christi urget nos” ¡Cuántas bendiciones tendrán de Dios y de nuestros queridos pobres aquellos generosos, que nos darán ayuda para aliviar tantas miserias, para mitigar los dolores de aquellos que son como el deshecho de la sociedad!”
Hay otros testimonios que demuestran, no solamente que Don Orione leyó “Los Miserables”, sino que tenía admiración por algunas de las expresiones de la novela francesa. Escribiendo una carta, de la cual se conserva sólo una parte, tal vez dirigida a una madre sufriente y preocupada por la situación de su hijo, la anima a permanecer firme en la fe, para reconocer el consuelo de Dios. Y a renglón seguido, hace una analogía entre su situación y aquella descrita en el libro del escritor francés:
“[...] Siempre ha quedado impresa en mí, la figura venerada de aquel obispo, que Victor Hugo describe en los dos primeros libros de ‘Los Miserables’, que supo librar del abismo y dar consuelo y liberación al condenado Juan Valjean, evitando de sermonearlo con alguna palabra que sonase a un reto, adornada de moral y de admonición. ¡Cuán sublime y divina caridad de Jesucristo! ¡Y qué grande es la iglesia en aquel obispo! [...]”
Y en otro lugar, Don Orione da un paso más, porque en el episodio del encuentro de Mons. Myriel con Juan Valjean en aquella casa, nuestro Fundador, identifica al obispo con José Benito Cottolengo, el fundador de la “Pequeña Casa”, la casa de todos:
“En ‘Los Miserables’ de Victor Hugo, la escena del presidiario: - echado de uno y otro albergue: ve cerrarse precipitadamente todas las puertas; implora un vaso de agua y obtiene la amenaza de un escopetazo; hasta un perro lo echa de su canil. Finalmente, siguiendo el consejo de una anciana, que salía de la iglesia, golpea la puerta de Mons. Myriel: ‘¡Entrad!’ Y el obispo, que lo saluda, lo abraza, le brinda la más fraterna y dulce hospitalidad. “Pero no le he dicho mi nombre – grita el condenado – mi nombre que a todos da miedo. ¿Y Ud. no me rechaza? Y Mons. Myriel responde: Esta no es mi casa, es la casa de Jesucristo. Esa puerta no pregunta al que entra por ella si tiene un nombre, sino si tiene algún dolor.
‘Los Miserables’ salía a la luz en 1866, pero desde hacía 35 años, Turín, tenía esa puerta. Victor Hugo la había descrito como un ideal, como un sueño. [Pero ya] era una realidad: en el Cottolengo no se pregunta si [alguno] tenga un nombre, sino solamente si tiene un dolor. Y delante a aquella puerta Victor Hugo hubiese ciertamente repetido la frase del condenado: ‘Qué hermoso, es un buen sacerdote!’ ¡Y el Beato [José Benito] Cottolengo fue [ese] buen sacerdote!”
Desde joven, Don Orione tuvo admiración por la figura y la obra de José Benito Cottolengo (1786-1842). De hecho, cuando aún estaba en el Oratorio Salesiano de Valdocco solía pasar por “La Pequeña Casa” de Turín, lugar que le atraía muy especialmente.

Los desamparados argentinos

En octubre de 1934 Don Orione se embarcó desde Génova hacia Buenos Aires, permaneciendo en el continente latinoamericano hasta agosto de 1937. Durante ese largo periodo de tiempo desarrolló una intensa actividad en favor de los desamparados y marginados de la sociedad argentina, de entre las que se destaca la fundación en Buenos Aires del “Pequeño Cottolengo Argentino” en abril de 1935. Así lo comprendía:
“Jesús, en verdad has sido él desecho del mundo y en esto nuestros queridos pobres del Pequeño Cottolengo se asemejan un poco a ti. ¡Jesús, tu primer pueblo te ha rechazado y no quiso recibirte! Te convertiste en el gran Repudiado. No has tenido otra cosa que una gruta abierta a la intemperie: Tú eres el Primero de los pobres del Cottolengo”
Por ello, el “Pequeño Cottolengo” y sus “desechos”, son la metáfora del entero amor de Dios, que abraza toda la historia; que toca y transforma a todos los seres humanos, constituyéndolos, de una muchedumbre en su pueblo: el Pueblo de Dios.
Ser “del Cottolengo” constituye como una parábola del estado de sufrimiento que vive toda persona, pero que en Cristo, es transformado radicalmente en fuente de vida.
Y la Iglesia se ha hecho instrumento de la Providencia de Dios para estar junto a todo el que sufre, misión que nunca tendrá que abandonar.
Don Orione, especialmente, en los años transcurridos en Argentina lo comprendió tan bien que no vaciló en dar la vida por ello. Para él, todo aquel que quiera participar en la construcción de una humanidad nueva, no sólo tendrá que servir a Jesús en los pobres, sino querer vivir como su Señor, corriendo la suerte de los “desamparados y excluidos”.
El rostro providencial de Dios, es como aquella “buena mujer” que saliendo de la iglesia observó al hombre tendido en la oscuridad, rechazado por todos, e indicó la puerta de la casa del arzobispo, como un lugar seguro.
Esa misma Providencia es la que nos indicara las puertas que, como argentinos, deberemos abrir a fin de asumir en nuestra existencia el modo paternal y maternal del amor, y ser verdaderamente una patria para todos
.https://www.donorione.org.ar/web/index.php/239-el-fundador-revista/don-orione-y-victor-hugo

sábado, 11 de julio de 2026

SIERVOS DE CRISTO Y DE LOS POBRES.

  


Debemos ser santos, pero hacernos tales santos que nuestra santidad no pertenezca solamente al culto de los fieles, ni esté solo en la Iglesia, sino que trascienda y arroje en la sociedad tanto esplendor de luz, tanta vida de amor de Dios y de los hombres, para ser, más que los santos de la Iglesia, los santos del pueblo y de la salvación social.

Debemos ser una profundísima vena de espiritualidad mística que invada todos los estratos sociales, espíritus contemplativos y activos, "siervos de Cristo y de los pobres".

Llevemos con nosotros y bien dentro de nosotros el divino tesoro de aquella caridad que es Dios, y aunque debamos andar entre la gente, conservemos en el corazón aquel celestial silencio que ningún ruido del mundo puede romper,

y la celda inviolada del humilde conocimiento de nosotros mismos, donde el alma habla con los ángeles y con Dios.

(Don Orione, Apuntes de 1939, Scritti 57, p.104b)

 

46. La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad.

 

 

viernes, 10 de julio de 2026

PEQUEÑOS GESTOS



Don Orione nos inspira a vivir …la fantasía de la caridad: “¡Ardan y resplandezcan de caridad!”. Por lo tanto, es el tiempo de hacer triunfar la caridad de los gestos simples y pequeños que se vuelven gigantes como un signo de solidaridad efectiva, de cercanía espiritual, de apoyo a los más pobres y de promoción del bien.

Ya compartí al comienzo algunas “migajas de bien”. Estamos aprendiendo que son los pequeños gestos los que cada día hacen que nuestra vida sea gustosa. Tal vez estamos habituados a preguntarnos ¿Cuánto hice hoy? No importa, sembremos el bien con abundancia y el Señor hará fructificar cuánto y cómo Él quiere. En lo ordinario podemos hacer gestos extraordinarios: “Cada gota forma la corriente, y las corrientes nos dan los grandes ríos; los medios que una buena persona puede tener muchas veces se agotan pronto, no así cuando hay cien, hay mil”.

jueves, 9 de julio de 2026

NOS DICE IGNACIO TERZI



 Un estilo inconfundible

De: Ignacio Terzi, Presentación de un tesoro inestimable, don Orione. sus Cartas y escritos, Londres, 2000, (vol. 1 p. 352, vol. 2 p. 352)Si "el estilo es el hombre", como dice Buffon, a continuación, Don Orione, que fue sin duda, incluso a nivel humano, una "inconfundible" persona, también tuvo un "inconfundible" estilo. De hecho, no es difícil de descubrir los rastros de su carácter fuerte y su personalidad: su genialidad, una voluntad de hierro, la audacia santa, y la pertenencia en particular respecto de los tiempos la intuición sobre los hombres. Estas podrían ser algunas, si no todos, los aspectos principales de su carácter. Estos elementos se pueden encontrar en Don Orione Por otra parte, el escrito de Don Orione no tenía ninguna intención artística Al escribir, dejar huellas de sí mismo en el mundo de la literatura. Sus temas son sustancialmente su alma. Por lo tanto, es lógico Cuando Don Orione que toma la pluma, es con el mismo espíritu con el que el sacerdote toma los instrumentos de su misión apostólica sagrada. También el estilo depende de la "cosa" en cuestión. Todas las indicaciones Estos se pueden encontrar en esta colección de cartas y escritos, algunas de las más importantes páginas de la rica colección de escritos del fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. Este tesoro invaluable está finalmente disponible en español, que ya ha sido publicado en italiano, portugués y polaco. Esta publicación está prevista para el vasto círculo de aquellos que ya conocen sobre Luigi Orione y también a los interesados ​​en los acontecimientos históricos y espirituales en la vida de la Iglesia, que deseen reunirse con una eminente personalidad de la escena del desarrollo social y eclesial este siglo. Su primera biografía, que apareció en Inglaterra en 1952, fue escrita por Douglas Hyde, con el título original bandido de Dios (Peter Davies, Londres, 1952). Don Orione nació en 1872 y murió en 1940. Italiano de nacimiento, a través de la universalidad de su experiencia cristiana, se convirtió espiritualmente en sintonía y logró el diálogo cultural y el interés activo en los pueblos numerosos: desde Italia, Argentina, Brasil, Uruguay, Polonia, Palestina, y también Gran Bretaña en 1936 (a Cardiff y Gales del Sur) y en la actualidad sus familias están presentes con diferentes comunidades religiosas que participan en el trabajo social, y el cuidado de los humildes.

Esta publicación es en respuesta a una necesidad generalizada porque, durante estos últimos años, la Congregación de Don Orione (sacerdotes, religiosos, hermanos, Ermitaños, hermanas activa y contemplativa, laicos consagrados) están ampliando su trabajo en muchas naciones de habla inglesa: otros de Gran Bretaña e Irlanda, también existe EE.UU., Filipinas, Jordania, Kenya, Australia ...

Los escritos de Don Orione son fáciles de leer. Estilístico-Desde el punto de vista literario, es pragmático y normalmente paternal, pero él sabe cómo asumir Diferentes tonos, guiados por el tema a la mano: se mueve desde los tonos líricos y místicos sobre temas estrictamente espiritual a los temas revolucionarios, a letras sociales de interés, sabe cómo expresarse con armoniosos, frases floridas, adaptado a la gente sencilla, y triunfal Ser profético Al mirar hacia el futuro, inspirados como lo fue en la primacía de la Divina Providencia en la historia de la Iglesia y la sociedad . Pero el denominador común sigue siendo constante: la personalidad apasionada del hombre que es siempre grande, siempre fuerte, siempre creyendo que, sea cual sea el tema. La vida de Don Orione, su completa entrega de sí mismo a Dios ya sus hermanos, su holocausto constante y total se desprende de sus escritos y cartas para dar a sus escritos ascéticos Entre la posición de liderazgo de los dos últimos siglos. Dostoievski decía de sí mismo: "Creo que como un poeta." Don Orione habría dicho: "Creo que, como un creyente," Pero a la expresión da la profundidad y la amplitud con la que dio su vida en el mismo significado. ¡Un cristiano, un eclesiástico, un apóstol todo el camino hasta el núcleo de su alma!

Páginas DE DON ORIONE ESCRITAS CON UN FUEGOTAN PROFUNDO, * G. De DE LUCA, los muchos casos procedentes de las profundidades de fuego por lo que en una luz para los nuevos (Nuova Antología, Florencia, 1 º de agosto de 1940, pp 229 ss de. "Nuova Antologia", Florencia, 1 º de Marzo de 1943, pp 13 y ss.)..

miércoles, 8 de julio de 2026

FIESTA LITURGICA DE NUESTRA SEÑORA DE ITATÍ






Fiesta Litúrgica  de Nuestra Señora de Itatí 

        Hoy se celebra la fiesta de Nuestra Señora de Itatí, patrona y protectora de las provincias de Corrientes y Misiones en Argentina.

La devoción mariana se originó a orillas del Alto Paraná, en la provincia de Corrientes, después de la llegada del navegante Sebastián Gaboto a las tierras del cacique Yaguarón en febrero de 1528

Los franciscanos que llegaron posteriormente al lugar trajeron consigo una bella imagen de la Inmaculada Concepción que colocaron en el primer oratorio a orillas del río Tebacué.

La tradición cuenta que un grupo de indígenas atacó el lugar y la imagen mariana desapareció.

Tiempo después, unos aborígenes encontraron la imagen en el río Paraná muy cerca del lugar de donde había desaparecido. Estaba sobre una piedra blanca, que en lengua guaraní significa "itatí". Según se cuenta, la Virgen se hallaba envuelta por un brillo extraño y una música extremadamente bella sonaba alrededor.

La imagen fue devuelta a su lugar de origen, pero en dos oportunidades regresó al mismo sitio donde la encontraron los aborígenes. Los franciscanos comprendieron que esa era la voluntad de la Virgen, por lo que trasladaron la comunidad a la zona de hallazgo y fundaron el pueblo de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí. 

Fray Bolaños, sucesor de Fray Luis Gámez, junto con Fray Alonso de San Buenaventura, realizó proezas de evangelización en la región. Levantó el templo y la casa parroquial y estableció la parroquia y el municipio de Itatí el 7 de diciembre de 1615.

Cuando Fray Luis de Gamarra era párroco del lugar, en la Semana Santa de 1624, sucedió la primera transfiguración del rostro de la Virgen. "Se produjo una extraordinaria mudanza del rostro y estaba tan linda y hermosa que jamás tal la había visto", dijo el P. Gamarra.

La transfiguración duró varios días y se repitió varias veces en los años siguientes. Además se escuchó en más de una ocasión, la misma música que oyeron los indios cuando la encontraron en plena selva.

A partir de entonces, sucedieron curaciones y milagros. El más significativo fue en 1748 cuando los indios abipones intentaron atacar el pueblo. Al llegar a sus puertas se abrió en la tierra una gigantesca grieta que les impidió seguir avanzando. Entonces, huyeron despavoridos mientras los habitantes de Itatí acudían a la iglesia para dar gracias frente a la imagen. La ubicación del templo u oratorio sufrió varios traslados hasta que quedó en el emplazamiento actual.

En 1768 Fray José Antonio de Acosta construyó el sexto templo a orillas del río Paraná, donde hoy se encuentra la basílica y el Museo de Arte Sacro.

La imagen está tallada en madera de 1,26 metros de altura, de cabello negro y piel un tanto morena, de pie sobre una media luna, con las manos juntas sosteniendo un rosario. Viste un manto azul y cubre su cabeza una túnica blanca.

 El 16 de julio de 1900 el Papa León XIII mandó coronar a la Virgen de Itatí. La ceremonia fue presidida por su delegado y Obispo de Paraná de ese entonces, Mons. Rosendo de la Lastra y Gordillo.

La corona fue concebida como una joya al estilo de las coronas imperiales del Renacimiento, en oro, con incrustaciones, de amatistas y topacios de gran tamaño y dibujos de artística expresión.

 El 23 de abril de 1918, Nuestra Señora de Itatí fue proclamada Patrona y Protectora de las provincias de Corrientes y Misiones, celebrándose su fiesta cada 9 de julio.

Fuente Aciprensa.

  Desde el año 1936,La fiesta anual de la Virgen de Itatí,las celebraciones están a cargo de los sacerdotes de Don Orione. 
Las celebraciones comienzan el 9 de julio (el día de la fiesta) y tiene una duración de una semana, hasta el día 16 (el día de la coronación de la Virgen, que tuvo lugar en 1900 a manos de Mons Julio Rosendo de la Lastra y Gordillo, Obispo de Paraná, con la corona bendecida en el oratorio privado de  Roma por el Papa León XIII) un año antes.
En 1937, Don Orione nos dice:. "Cuando entré en la iglesia antigua, estaba llena de gente devota; Me arrodillé en la esquina del publicano, y sentí toda la felicidad de estar en la casa de la Virgen María. A los pies de la Virgen de Itatí celebré dos misas, pasé horas benditas ... " y continuó Don Orione: " La fe y el coraje, ni a mis hijos, le dicen: Ave María y adelante!
Danos, oh María, una gran alma, un corazón grande y magnánimo , que llegue a  todos los  dolores y todas las lágrimas ... Nuestra Madre celestial está esperando por nosotros, nos quiere a todos en el paraíso! " (Desde el Santuario de Itatí, 27 de Junio, 1937).
Hoy al lado del santuario ha florecido , de acuerdo con el deseo de San Luis Orione un Pequeño Cottolengo y una escuela que proporciona un servicio valioso y da testimonio de Jesús, que se encarga de los más débiles y más pequeño.