SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


miércoles, 15 de julio de 2026

CORONACIÓN PONTIFICIA DE LA VIRGEN DE ITATI , ROBO Y RECONSTRUCCIÓN

 



El 16 de julio de 1900, en las puertas del Santuario de la Santísima Cruz de los Milagros de Corrientes, la Imagen Taumaturga de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, traída en barco desde su trono en una marcha cargada de hondo sentimiento, fue solemnemente coronada por el Obispo de Paraná Monseñor Rosendo de la Lastra y Gorillo, ante los Obispos del país, de Paraguay y Uruguay. El Presidente de la República, Gral. Julio Argentino Roca, de puño y letra, envió una misiva; asistieron o enviaron representaciones mandatarios provinciales. Apadrinó el acto el Gobernador de Corrientes y fue Madrina Da. Josefina Hardoy de Gallino, Presidenta de la Comisión Central de Damas.

La corona impuesta sobre las sienes de la Imagen de la Virgen, había sido concebida por Forment Maurice como una exquisita joya al estilo de las coronas imperiales del Renacimiento, en oro, con incrustaciones, en sus engarces, de amatistas y topacios de gran tamaño, y dibujos afiligranados de artística expresión.

Al momento solemne de la Coronación, ante una multitud que llenaba el atrio del Santuario, la plaza adyacente y la manzana siguiente, sonaron cañonazos en el puerto de la ciudad, bombas de estruendo, se soltaron palomas y repicaron jubilosamente todas las campanas de las Iglesias de la ciudad de Corrientes, en el preciso momento en que el Obispo de la Lastra y Gordillo, a nombre de S.S. León XIII, colocaba sobre las sientes de la Virgen, la corona ante el llanto incontenible de la muchedumbre emocionada asistente al acto. Después sobrevinieron los festejos que siguieron por varios días y no concluyeron sino hasta el retorno final de la Imagen de la Virgen a su trono del Santuario de Itatí, terminando así el suceso más notable y conmovedor de una época.

El 16 de julio de 1900, la imagen de la Virgen de Itatí fue solemnemente coronada por voluntad el Papa León XIII. Fue entronizada con el nombre de Reina del Paraná y reina del Amor. El 3 de febrero de 1910, el Papa Pío X creó la Diócesis de Corrientes, y el 23 de Abril de 1918, la Virgen de Itatí, fue proclamada Patrona y Protectora de la misma. Su fiesta se celebra el 9 de Julio.

El Santuario de Itatí, a orillas del Alto Paraná y a 70 kilómetros de la ciudad de Corrientes, en la República Argentina, es uno de los más importantes de América. Cada año alrededor de 2 millones y medio de fieles, no sólo de Argentina, sino también de otros países sudamericanos, se dirigen a la gigantesca Basílica a dar testimonio de su devoción y amor por Nuestras Señora de Itatí.

 CORONA DE NUESTRA SRA, ROBO Y RECONSTRUCCIÓN

 El historiador correntino  Miguel Fernando Gonzalez Azcoaga señala que la autentica corona de Nuestra Señora de Itatí, fue hecha por el orfebre francés Fromen Maurice en París. Con el óbolo piadoso en metales y piedras preciosas que el pueblo correntino envió a través del Obispo de la Lastra y Gordillo.

Esta es la corona auténtica, la que la Virgen luce en ocasiones especiales. La bendijo en el Vaticano el Papa León XIII el 16 de Julio de 1899, un año antes de la Coronación en Corrientes.
Fue robada y desarmada entre 1902-03 y reconstruida con todas las piezas para ser repuesta en 1908 en el acto de la re-coronación.
Fromen Maurice era el orfebre que hizo al menos parte de la vajilla de plata del Rey Alfonso XII de España, piezas que se exhiben en el Palacio de Oriente de Madrid. El terrible sacrilegio que hasta hoy permanece en medio de misterios aún no develados, ocurrió entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de noviembre de 1902, cuando manos anónimas hurtaron de la cabeza de la imagen de Nuestra Señora de Itatí la valiosa corona que su pueblo, su gobierno y su clero le habían ofrendado y colocado como símbolo de amor filial y sumisión.
En la mañana del 28 de ese año, el sacristán Gabriel López abrió las puertas de la iglesia, tal como era su costumbre diaria, y descubrió con espanto que a la sagrada imagen que estaba en su pedestal le faltaba su corona; la noticia sacudió a todo Corrientes y a la zona. Los medios de prensa existentes en esa época se hicieron eco del impactante suceso, sin percibir la gravedad del caso, donde el escándalo y la calumnia aparecieron en escena, como un virus que sufrió el clero y el gobierno de Corrientes en los próximos seis años.
 Los medios de prensa estaban dividido entre los que atacaban al obispo de Paraná, Monseñor Rosendo Lastra y Gordillo, acusándolo directamente que él o los ladrones que envió eran buenos conocedores de joyas, ya que se habían interesado en llevar únicamente la corona muy valiosa. Otros aludían a connotaciones políticas, acusando al gobierno de José Rafael Gómez, tras el cual, según se dijo, estaba la figura acosada de Juan Esteban Martínez. Otra figura atacada constantemente desde el principio fue la de Fray Ludovico Bertacagni, cura párroco del Santuario, quien fue apresado por orden gubernamental y enviado a la capital correntina.
Aparecen fragmentos
Cuando corrían los primeros meses de 1903, de manera misteriosa e inexplicable se hallaron algunos restos de la corona. Esta fue la primera y principal prueba de que la misma había sido desarmada totalmente. Esto ocurrió en las proximidades de la ribera del río Paraná y a raíz de algunas investigaciones realizadas por la Policía Federal se logró detectar y rescatar en algunas casas cercanas, más restos de la corona. En un baldío del pueblo y gracias a la velocidad de la actuación del juez Vallejos, se logró encontrar el armazón principal de la corona. En marzo de 1905, el sacristán López halló otra parte de la corona, cerca del río. El padre Brunel Pruyas, tiempo después, dijo que “las partes estaban enteras pero abolladas”, rectificando lo dicho por el sacristán, quien aseguró que los restos estaban fragmentados, envueltos en una arpillera y colocados en el hueco de una roca. Los hallazgos fragmentados de los distintos restos de la corona comenzaron a sucederse desde 1903.
En otra ocasión, una persona que esperaba la llegada del vapor, recostado en un derruido techo de paja a orillas del río, observó que allí brillaba en forma intensa un objeto, y armado con un palo, llegó al mismo y de un golpe lo hizo caer. Para su asombro, cayó a sus pies la última estrella de oro faltante para la reconstrucción de la corona.
Otro hecho similar ocurrió días más tarde, como si los ladrones se empeñasen en devolver lo robado al ver el escándalo que había estallado. Ya con las doce estrellas de la corona, solo faltaba encontrar la diminuta cruz. 
Siempre a orillas del río, una sirvienta de la familia Vallejos, de origen negro, se encontraba lavando ropas cuando observó sorpresivamente brillar entre las piedras un diminuto objeto. Curiosa por ver lo que era, lo tomó y descubrió con asombro que era la pequeña cruz faltante de la corona. Le comunicó la novedad al juez Vallejos, quien se lo hizo saber al clero del Santuario para que, en procesión solemne y en medio de un gran repique de campanas, se anunciase que se recuperó el último trozo perdido de la valiosa joya renacentista. Juntadas todas las partes fragmentadas, las autoridades dispusieron su envío a París para su reconstrucción por el mismo orfebre que la había fabricado y a la vez se haga un peritaje para determinar su autenticidad. Todo resultó favorable y se comprobó que la corona era la original y auténtica y ante el alborozo de toda la feligresía, volvió a la testa de nuestra Madre de Itatí, donde se mantiene incólume hasta nuestros días. Nunca se supo, al menos oficialmente, quién o quiénes fueron los autores de este sacrílego robo, que tuvo un final feliz.
ORACIÓN

Tiernísima Madre de Dios y de los hombres, que bajo la advocación de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí, miraste con ojos de misericordia por más de tres siglos a todos los que te han invocado. Atiende nuestras necesidades que tu mejor que yo las conoces. Concédenos un gran amor a tu divino Hijo Jesús y un corazón puro, humilde y prudente, paciencia en la vida, fortaleza en las tentaciones y consuelo en la muerte. Amén

 

NTRA SRA DEL CARMEN EN LA VIDA DE DON ORIONE.


DON ORIONE Y NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN.

Nuestra Señora del Monte Carmelo

El 16 de julio es la memoria litúrgica de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Don Orione fue especialmente devoto, convirtiéndose en propagador , por las gracias extraordinarias obtenidas mediante la devoción del hábito del escapulario. Él dice que le impuso a varios enfermos, que han recuperado su salud. Esto es lo que pasó con el clérigo Catenacci, un seminarista en Voghera, 7 de abril de 1931. Igualmente en Castelnuovo Scrivia visita al clérigo Giovanni Torti, su compatriota, Don Orione bendijo el hábito y se lo puso alrededor del cuello del clérigo.

El 09 de abril 1929 estando en Nápoles, fue a rezar en la Basílica Mayor del Carmen , a la salida es despojado de dinero y documentos. Solicitó y obtuvo copias de los documentos del secretario del ministerio, entonces inicia un largo diálogo. Al final el hombre se arrodilló y quería ir a la confesión después de muchos años de no ir a la iglesia. En el momento de despedirse, Don Orione concluyó: "ves cómo Dios permite el mal para hacer el bien …? El Señor y la Virgen del Carmen han permitido que pierda el dinero para darme la oportunidad de salvar a alguna alma! …

En 1935 en el pequeño Cottolengo de Claypole, en Buenos Aires, encontró en la basura de las casas de la ciudad, entre las cosas, una estatua de la Virgen del Carmen, mutilada en una mano, al niño le faltaba un brazo, la mano derecha y parte del pecho, la cabeza atada con un pedazo de alambre. En las manos y con la fe de Don Orione esta estatuilla obró gracias y milagros. "Con esta estatuilla bendigo a la gente y parece que la Virgen consuela a todos … y los juegos de la Madonna conmigo para enviarme lo que necesito", expresa cuando escribe a Don Sterpi.

Los años que pasados ​​en Turín, el hecho de la compra de la parroquia de San. Miguel en Tortona, la designación del Abate Caronti como un visitador apostólico de la Congregación, la compra de la casa de Villa Moffa, y muchas gracias obtenidas, y todos tuvieron como protagonista a la Virgen del Carmen y el escapulario que con gran devocion siempre tenía Don Orione.

En Tortona, el 12 de abril de 1939,,durante la construcción del Santuario de Caravaggio en Fumo de Corvino, Don Perduca le dice a D. Orione que necesita dinero para pagar a los obreros. a lo que éste le contesta "no tengo una lira, venga mañana la Virgen proveerá " al día siguiente Don Orione va a celebrar la misa en la Parroquia San Miguel y precisamente en el altar dedicado a a Nuestra Señora del Carmen ,que dá a la pared medianera de la Casa Madre, observa que el nicho donde esta la estatua "invade" la pared medianera ocupando espacio "propiedad" de la Obra, entonces Don Orione, con toda confianza le dice: " Virgen Santa, no tengo dinero para pagar a los obreros de tu Santuario de Fumo,¿ podrías enviarme algún dinero en concepto de alquiler del espacio que ocupa tu nicho?.

Terminada la misa, todavía esta en la sacristía, llegan dos personas que le entregan un sobre con dinero, sin abrirlo, D. Orione entrega al P.Perduca, este constata que es la cifra exacta que necesita para pagar a los obreros y exclama D. Orione " Bendita sea la Virgen Santa, ¡¡Es ella la que construye , sus propios santuarios , entonces, nada de mezquindades con ella "

ORACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS Y OFRECIMIENTO

¡Oh Virgen Santa del Carmen! Jamás podremos corresponder dignamente a los favores y gracias que nos has hecho al darnos tu santo Escapulario. Acepta nuestro sencillo, pero hondamente sentido, agradecimiento y, ya que nada te podemos dar que sea digno de Ti y de tus mercedes, ofrecemos nuestro corazón, con todo su amor, y toda nuestra vida, que queremos emplear en el amor y servicio de tu Hijo Señor nuestro, y en propagar tu dulce devoción, procurando que todos nuestros hermanos en la fe, con los cuales la divina Providencia nos hace convivir y relacionar, estimen y agradezcan tu gran don, vistiendo el santo Escapulario, y que todos podamos vivir y morir en tu amor y devoción. Amen.

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN



Su festividad principal se celebra cada 16 de julio, fecha en la que los devotos honran a la patrona de la Orden Carmelita y de las personas que trabajan en el. Esta advocación mariana tiene sus raíces en el Monte Carmelo (Israel). Según la tradición católica, la Virgen se le apareció a San Simón Stock en el siglo XIII y le entregó el escapulario, símbolo de protección maternal.

Reza esta poderosa oración a la Virgen del Carmen para pedir protección y auxilio en momentos difíciles. Cierra los ojos, concéntrate en tu intención y repite con devoción

¡Oh, Virgen Santísima Inmaculada, belleza y esplendor del Carmen! Tú que miras con bondad a quienes llevan tu escapulario, mírame benignamente y cúbreme con tu manto.

Fortalece mi debilidad, ilumina mi mente y aumenta mi fe, esperanza y caridad. Adorna mi alma para ser agradable a tu Hijo y a Ti.

Asísteme en la vida, consuélame en la muerte con tu presencia y preséntame ante la Santísima Trinidad.Amén.

CONSAGRACIÓN A NUESTRA SEÑORA DE ITATI

CONSAGRACION A NUESTRA SEÑORA DE ITATÍ
María Santísima, 
que en tu querida imagen de Nuestra Señora de Itatí,
distribuyes innumerables beneficios 
sobre todos los que te veneran con fe, yo......................, 
si bien no merezco pertenecer al número de tus hijos e hijas,
 deseo participar de los beneficios de tu misericordia.
Por eso, postrado a tus pies, 
te consagro mi entendimiento
 para que siempre piense en el amor que mereces.
Te consagro mi lengua para que siempre te alabe
 y propague tu devoción.
Te consagro mi corazón para que pueda amar
 y servir a tu Hijo Jesús
 en los más pobres e infelices.
Madre buena, recíbeme,
 dentro del grupo dichoso de tus hijos e hijas.
Protégeme bajo tu manto.
Socórreme en todas mis necesidades espirituales y temporales.
Bendíceme con tu poderosa intercesión.
Fortaléceme en mis debilidades 
de modo que, sirviéndote fielmente en esta vida,
 pueda alabarte, amarte y 
darte gracias en el cielo por toda la eternidad.
Asi sea

martes, 14 de julio de 2026

LA PROFESIÓN DE FRAY BASILIO (+ Andrea Gemma)

 

En 1899 Don Orione fundaba la rama de su congregación que tomó el nombre de “Ermitaños de la Divina Providencia”. Se trataba de buenos cristianos, también indoctos, deseosos de consagrarse a Dios y actuar ese “ora et labora” que en la espiritualidad de Don Orione tendrá siempre un gran relieve.

Para ellos había obtenido esa abadía de San Alberto de Butrio que, floreciente alrededor del año 1100, había estado por largos siglos abandonada aún manteniendo el aspecto de los fastos antiguos. El lugar es encantador por naturaleza y por arte. Don Orione lo restituyó a la primitiva finalidad poblándolo de almas laboriosas y orantes, sus ermitaños precisamente.

Don Domenico Sparpaglione, primer biógrafo de Don Orione, narra la profesión, en manos de don Orione, de uno de ellos, fray Basilio, en el siglo Sebastiano Bibanel, acaecída a fines de julio o a principios de agosto de 1900.

“Entre los primeros frailes que debían tomar el hábito en San Alberto, estaba el rudo y simple fray Basilio, de cejas tupidas negras y largas, entre las cuales brillan dos ojos fríos como una hoja de acero, que harían de él un terrible compañero de caminos solitarios, mientras es el hombre más pacífico de este mundo.

Don Orione, el día establecido para la toma del hábito, se había dirigido a Varzi con el propósito de subir a San Alberto por la tarde, y fray Basilio debía esperarlo en la ruta provincial frente a Pizzocorno para hacer juntos la subida. Estaba naturalmente vestido de civil, pero bajo el brazo, envuelta no se si en un diario o en otra cosa, cuatodiaba celosamente su hábito de un hermoso color beige claro.

Pasan las primeras horas de la tarde y Don Orione no se ve. Los compromisos lo demoran. Finalmente aparece, al atardecer. Y ve a su futuro fraile y constata la imposibilidad de hacer esa subida que no requiere menos de dos horas. Pero no se desalienta  por tan poco. El buen Basilio está tan ansioso y turbado por tener que diferir la ceremonia deseada durante tanto tiempo, que da pena verlo. La decisión está tomada. Se hará la vestición en  la calle, al no poder subir al ermitorio. No quisiera ser mal entendido. No se trata de una burla. Todo se cumple con la máxima seriedad y no sabría decir quién estaba más serio si fray Basilio o Don Orione. Ambos descienden el borde de la calle y se encuentran en un prado, reparados de las miradas de los que pasan por una larga fila de árboles. Don Orione recita de memoria la fórmula ritual, luego, llegado el momento, le quita la chaqueta al novicio y le coloca el hábito santo. Desgraciadamente Fray Basilio había venido sin el cordón, pues confiaba en las reservas del ermitorio.

“Buscan en los bolsillos una cuerda o un hilo y no encuentran. Entonces Don Orione tiene una idea luminosa. Arranca de una morera una rama flexible y con eso ciñe devotamente la cintura de Fray Basilio que esa misma tarde emprende la subida de San Alberto y llega recibido festivamente por sus cohermanos a los cuales narra la singular y franciscana aventura” (Sp. 266).

lunes, 13 de julio de 2026

SAN CAMILO DE LELIS, PATRONO DE LOS ENFERMOS



Nació en Abruzos (Italia) en 1550. Siguió la carrera militar, igual que su padre. Le apareció una llaga en un pie, que lo hizo dejar la carrera de las armas e irse al Hospital de Santiago en Roma para que lo curaran. En el hospital de Roma se dedicó a ayudar y atender a otros enfermos, mientras buscaba su propia curación. Pero en esa época adquirió el vicio del juego.
Fue expulsado del hospital y en Nápoles perdió todos los ahorros de su vida en el juego, quedando en la miseria.
Tiempo atrás, en un naufragio, había hecho a Dios la promesa de hacerse religioso franciscano, pero no lo había cumplido. Estando en la más completa pobreza se ofreció como obrero y mensajero en un convento de los Padres Capuchinos, donde escuchó una charla espiritual que el padre superior les hacía a los obreros, y sintió fuertemente la llamada de Dios a su conversión. Empezó a llorar y pidió perdón por sus pecados, con la firme resolución de cambiar su forma de actuar por completo. Tenía 25 años.
Pidió ser admitido como franciscano, pero en el convento se le abrió de nuevo la llaga en el pie, y fue despedido. Se fue al hospital y se curó, y logró que lo admitieran como aspirante a capuchino. Pero en el noviciado apareció de nuevo la llaga y tuvo que irse de allí también. De nuevo en el hospital de Santiago, se dedicó a atender a los demás enfermos, por lo que fue nombrado asistente general del hospital. Dirigido espiritualmente por San Felipe Neri, estudió teología y fue ordenado sacerdote. En 1575 se dio cuenta que ante la gran cantidad de peregrinos que llegaban a Roma, los hospitales eran incapaces de atender bien a los enfermos que llegaban. Fue entonces que decidió fundar una comunidad de religiosos que se dedicaran por completo a los hospitales.
San Camilo trataba a cada enfermo como trataría a Nuestro Señor Jesucristo en persona. Aunque tuvo que soportar durante 36 años la llaga de su pié, nadie lo veía triste o malhumorado. Con sus mejores colaboradores fundó la Comunidad Siervos de los Enfermos el 8 de diciembre de 1591. Ahora se llaman Padres Camilos. Murió el 14 de julio de 1614, a los 64 años. 
fuente: Aciprensa

domingo, 12 de julio de 2026

DON ORIONE Y LOS MISERABLES DE VICTOR HUGO


Las puertas de la Providencia: Don Orione y Víctor Hugo

San Luis Orione (1872-1940) es un santo a quien consideramos auténticamente argentino.
En efecto, su vida contribuyó a hacer que nuestra patria sea una realidad con lugar para todos, especialmente para aquellos que sufrían el desamparo. En este artículo acercamos la figura del Fundador a la famosa obra escrita en el siglo XIX por el novelista francés Víctor Hugo, llamada “Los Miserables”, una de las expresiones literarias del romanticismo, que comportó una crítica a la sociedad burguesa de aquellos tiempos.

En la nota preliminar a una de las versiones castellanas se puede leer que “Ningún escritor del siglo proporcionó mayor servicio que Hugo a la causa de la justicia social. Nadie, en ningún país obró con más grande independencia política y desinterés personal para crear una conciencia de solidaridad humana” y más adelante, “Víctor Hugo, fue bajo todas las formas de gobierno, el abogado de todos los desheredados, de todos los infortunados, de todos los oprimidos, naciones o individuos; una gran piedad fue siempre el infalible impulso con que propuso o sostuvo reformas sociales”.

Los desamparados de todos los tiempos


A medida que se entra en la trama de “Los Miserables”, se pueden encontrar expresiones fascinantes, tanto por su estilo literario como por su mensaje. Pero existe una escena en el libro segundo de la novela, que indudablemente inspiró a Don Orione a escribir una de sus más hermosas páginas sobre el “Pequeño Cottolengo Argentino”. Se trata de la escena del diálogo que tiene monseñor Myriel con el convicto Juan Valjean; éste último buscando un refugio después de haber quedado libre, no encuentra más que gestos agresivos y rechazo en los habitantes de aquel poblado: “[...] destrozado por el cansancio, y no esperando ya nada, se echó sobre el banco de piedra que estaba a la puerta de aquella imprenta. Una anciana salía de la iglesia en aquel momento, y vio a aquel hombre tendido en la oscuridad.
–¿Qué hacéis, buen amigo? –le preguntó.
–Ya lo veis, buena mujer, me acuesto –le contestó con voz colérica y dura.
La buena mujer, bien digna de este nombre, era la marquesa de R.
–¿En ese banco? –replicó. [...]–He llamado a todas las puertas.
–¿Y qué?
–De todas me han arrojado.
La “buena mujer” tocó en el hombro al viajero, y le señaló al otro extremo de la plaza una puerta pequeña al lado el palacio arzobispal.
–¿Habéis llamado –repitió– a todas las puertas?
–Sí.
–¿Habéis llamado a aquélla?
–No.
–Pues llamad a ella.
Y fue así que nuestro amigo, se dirigió al lugar indicado por la anciana. El obispo, que estaba por cenar con su hermana y el ama de llaves, escuchó que golpeaban la puerta de su casa, y sin preguntar quien lo hacía, dio el permiso de entrar. Las mujeres, ante la figura que salía de la oscuridad, quedaron mudas e inmóviles como estatuas.
El obispo, con mirada tranquila, escuchó de boca del presidiario todas las peripecias que había sufrido buscando un lugar para dormir. Después de esto, ordenó que prepararan un cuarto para el visitante recién llegado. Y, dirigiéndose a su ama de llaves, indicó:
–Señora Magloire
[...], poned un cubierto más [...] Mientras hablaba, el obispo se había levantado a cerrar la puerta que había quedado completamente abierta. La señora Magloire volvió, y trajo un cubierto que puso en la mesa.
–Señora Magloire –dijo el obispo–, poned ese cubierto lo más cerca posible de la lumbre. –y volviéndose hacia su huésped: El viento de la noche es muy crudo en los Alpes: ¿tenéis frío, caballero?
Cada vez que pronunciaba la palabra caballero con su voz dulcemente grave, se iluminaba la fisonomía del huésped. Llamar caballero a un presidiario, es dar un vaso de agua a un naufrago de la Medusa. La ignominia está sedienta de consideración.
–Mal alumbra esta luz –dijo el obispo–. La señora Magloire lo oyó; trajo de la chimenea del cuarto de Su Ilustrísima los dos candelabros de plata, y los puso encendidos en la mesa.
–Señor cura –dijo el hombre–, sois bueno; no me despreciáis. Me recibís en vuestra casa. Encendéis las velas para mi. Y sin embargo, no os he ocultado de dónde vengo, y que soy un miserable.
El obispo que estaba sentado a su lado, le tocó suavemente la mano:
–Podéis escusaros el decirme quién sois. Esta no es mi casa, es la casa de Jesucristo. Esa puerta no pregunta al que entra por ella si tiene un nombre, sino si tiene algún dolor. Padecéis; tenéis hambre y sed: pues seáis bienvenido. No me lo agradezcáis; no me digáis que os recibo en mi casa. Aquí no está en su casa más que el que necesita un asilo. Así debo decíroslo a vos que pasáis por aquí: estáis en vuestra casa más que yo en la mía. Todo lo que hay aquí es vuestro. ¿Para qué necesito saber vuestro nombre? Además, tenéis un nombre que antes que le dijéseis lo sabía yo.
El hombre abrió sus ojos asombrado.
–¿De veras? ¿Sabéis cómo me llamo?
–Sí –respondió el obispo–
¡os llamáis mi hermano!” Efectivamente, cómo no ver en este texto de Víctor Hugo, la inspiración del famoso escrito de Don Orione sobre el “Pequeño Cottolengo Argentino”, que dice:
“Confiados en la Divina Providencia, en el gran corazón de los argentinos y en cada persona de buena voluntad, se inicia en Buenos Aires, en el Nombre de Dios y con la bendición de la Iglesia, una humildísima Obra de fe y de caridad, que tiene como objetivo dar asilo, pan y consuelo a “los desamparados”, que no han podido encontrar ayuda y refugio en otras Instituciones de beneficencia.
La Obra extrae vida y espíritu de la caridad de Cristo, y su nombre de San José Benito Cottolengo, que fue Apóstol y Padre de los pobres más infelices. La puerta del Pequeño Cottolengo no preguntará a quien entra si tiene un nombre, sino solamente si tiene un dolor. “Charitas Christi urget nos” ¡Cuántas bendiciones tendrán de Dios y de nuestros queridos pobres aquellos generosos, que nos darán ayuda para aliviar tantas miserias, para mitigar los dolores de aquellos que son como el deshecho de la sociedad!”
Hay otros testimonios que demuestran, no solamente que Don Orione leyó “Los Miserables”, sino que tenía admiración por algunas de las expresiones de la novela francesa. Escribiendo una carta, de la cual se conserva sólo una parte, tal vez dirigida a una madre sufriente y preocupada por la situación de su hijo, la anima a permanecer firme en la fe, para reconocer el consuelo de Dios. Y a renglón seguido, hace una analogía entre su situación y aquella descrita en el libro del escritor francés:
“[...] Siempre ha quedado impresa en mí, la figura venerada de aquel obispo, que Victor Hugo describe en los dos primeros libros de ‘Los Miserables’, que supo librar del abismo y dar consuelo y liberación al condenado Juan Valjean, evitando de sermonearlo con alguna palabra que sonase a un reto, adornada de moral y de admonición. ¡Cuán sublime y divina caridad de Jesucristo! ¡Y qué grande es la iglesia en aquel obispo! [...]”
Y en otro lugar, Don Orione da un paso más, porque en el episodio del encuentro de Mons. Myriel con Juan Valjean en aquella casa, nuestro Fundador, identifica al obispo con José Benito Cottolengo, el fundador de la “Pequeña Casa”, la casa de todos:
“En ‘Los Miserables’ de Victor Hugo, la escena del presidiario: - echado de uno y otro albergue: ve cerrarse precipitadamente todas las puertas; implora un vaso de agua y obtiene la amenaza de un escopetazo; hasta un perro lo echa de su canil. Finalmente, siguiendo el consejo de una anciana, que salía de la iglesia, golpea la puerta de Mons. Myriel: ‘¡Entrad!’ Y el obispo, que lo saluda, lo abraza, le brinda la más fraterna y dulce hospitalidad. “Pero no le he dicho mi nombre – grita el condenado – mi nombre que a todos da miedo. ¿Y Ud. no me rechaza? Y Mons. Myriel responde: Esta no es mi casa, es la casa de Jesucristo. Esa puerta no pregunta al que entra por ella si tiene un nombre, sino si tiene algún dolor.
‘Los Miserables’ salía a la luz en 1866, pero desde hacía 35 años, Turín, tenía esa puerta. Victor Hugo la había descrito como un ideal, como un sueño. [Pero ya] era una realidad: en el Cottolengo no se pregunta si [alguno] tenga un nombre, sino solamente si tiene un dolor. Y delante a aquella puerta Victor Hugo hubiese ciertamente repetido la frase del condenado: ‘Qué hermoso, es un buen sacerdote!’ ¡Y el Beato [José Benito] Cottolengo fue [ese] buen sacerdote!”
Desde joven, Don Orione tuvo admiración por la figura y la obra de José Benito Cottolengo (1786-1842). De hecho, cuando aún estaba en el Oratorio Salesiano de Valdocco solía pasar por “La Pequeña Casa” de Turín, lugar que le atraía muy especialmente.

Los desamparados argentinos

En octubre de 1934 Don Orione se embarcó desde Génova hacia Buenos Aires, permaneciendo en el continente latinoamericano hasta agosto de 1937. Durante ese largo periodo de tiempo desarrolló una intensa actividad en favor de los desamparados y marginados de la sociedad argentina, de entre las que se destaca la fundación en Buenos Aires del “Pequeño Cottolengo Argentino” en abril de 1935. Así lo comprendía:
“Jesús, en verdad has sido él desecho del mundo y en esto nuestros queridos pobres del Pequeño Cottolengo se asemejan un poco a ti. ¡Jesús, tu primer pueblo te ha rechazado y no quiso recibirte! Te convertiste en el gran Repudiado. No has tenido otra cosa que una gruta abierta a la intemperie: Tú eres el Primero de los pobres del Cottolengo”
Por ello, el “Pequeño Cottolengo” y sus “desechos”, son la metáfora del entero amor de Dios, que abraza toda la historia; que toca y transforma a todos los seres humanos, constituyéndolos, de una muchedumbre en su pueblo: el Pueblo de Dios.
Ser “del Cottolengo” constituye como una parábola del estado de sufrimiento que vive toda persona, pero que en Cristo, es transformado radicalmente en fuente de vida.
Y la Iglesia se ha hecho instrumento de la Providencia de Dios para estar junto a todo el que sufre, misión que nunca tendrá que abandonar.
Don Orione, especialmente, en los años transcurridos en Argentina lo comprendió tan bien que no vaciló en dar la vida por ello. Para él, todo aquel que quiera participar en la construcción de una humanidad nueva, no sólo tendrá que servir a Jesús en los pobres, sino querer vivir como su Señor, corriendo la suerte de los “desamparados y excluidos”.
El rostro providencial de Dios, es como aquella “buena mujer” que saliendo de la iglesia observó al hombre tendido en la oscuridad, rechazado por todos, e indicó la puerta de la casa del arzobispo, como un lugar seguro.
Esa misma Providencia es la que nos indicara las puertas que, como argentinos, deberemos abrir a fin de asumir en nuestra existencia el modo paternal y maternal del amor, y ser verdaderamente una patria para todos
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