2 DE JULIO, ANIVERSARIO COTTOLENGO DON ORIONE AVELLANEDA
En 1935 San Luis Orione en persona abrió las
puertas del Pequeño Cottolengo de Avellaneda. Desde entonces sostiene el
compromiso de recibir a las personas que tengan un dolor, atendiendo sus
necesidades, brindando techo, educación, fe y amor
El 2 de julio, el Pequeño Cottolengo Don Orione
de Avellaneda cumple 88 años de vida. Aunque el Pequeño Cottolengo de
Avellaneda inició su obra de amor y caridad fraterna en 1935, esta casa fue
pensada mucho tiempo antes por el mismo Don Orione, quien durante su primer viaje
a Argentina (1921-1922) manifiesta en una de sus cartas “Estuve en Avellaneda
(...) Lo que la Providencia podrá hacer, no lo sé claramente, pero me gustaría
tanto abrir en aquel centro de obrero pobres, una casa de oración, de servicio
y caridad, que pudiese recibir y restaurar en Jesucristo a todos los pobres y
los más abandonados de la Argentina. Años más tarde, las Damas Vicentinas -al
enterarse del proyecto del Cottolengo- ofrecieron a Don Orione la propiedad
donde hoy viven los residentes con discapacidad entre 3 y 82 años.
Ubicado en un lugar estratégico de Avellaneda,
Estévez al 600, el Cottolengo sirvió en sus primeros años como una especie de
“guardería” que daba respuesta a muchas familias que trabajaban en los
frigoríficos de la zona y que no tenían dónde dejar a sus chicos.
Don Orione vio esa necesidad, por eso comenzó
como una guardería de alguna manera, además de alojar a personas con
discapacidad. El mismo Don Orione estuvo allí junto al P. José Zanocchi –quien
fuera el primer Superior Provincial en nuestro país– y las nacientes Pequeñas
Hermanas Misioneras de la Caridad.
Sólo en cuestión de escasos días, las Damas de
San Vicente le habían ofrecido una casa en la localidad de Avellaneda, que
inauguró el 2 de julio de 1935 como Cottolengo, poniéndolo bajo el cuidado de
las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad.
Los Inicios
La transcripción del diario de la casa permite reconstruir
cómo fueron aquellos primeros días de la obra.
1° de julio La Sociedad de San Vicente de Paul
entrega la casa al reverendo P.Orione, nuestro superior, para abrir el
Cottolengo, la entrega fue realizada por el Señor Antonio Caridi al Reverendo
P.José Zanocchi, reverendo P.Miguel Tiburcio
y al Reverendo clérigo Tomás Alonzo.
2 de julio de Floresta parten dos hermanas
italianas: Sor María Lucía y Sor María Lucilla, y una asistida que se
encontraba también ella en Floresta. Primero fueron a la dirección central de
la Carlos Pellegrini para recibir la bendición de nuestro venerado Superior
Padre Orione, el cual tiene palabras de aliento, animándonos a la caridad y al
sacrificio...
7 de julio vino a visitarnos nuestro Superior
Don Orione, confortándonos con su bendición.
Hoy 10 de julio hoy hemos iniciado el Jardín de
Infantes con 13 niños.
La Hna María Lucía superiora del lugar, dejó
escrito su recuerdo de aquellos días: " al día siguiente (3 de julio)
llegó en auto el primer asistido, era un compatriota que se encontraba en el
Hospital Italiano. Tenía una pierna de pésimas condiciones, me parece con gangrena.
Lo llevamos arriba Don Orione y yo, mientras decía: ¡Quién sabe cuántas veces
San José Benito Cottolengo habrá llevado en brazos a sus enfermos!" y no quiso
que lo hiciéramos nosotras.
Escribía
desde Buenos Aires:
"Hermanos míos muy queridos y amados, me
parece escuchar las campanas de mi patria lejana que suenan a gloria por las
ciudades y pueblos: su himno evoca en mí los más santos recuerdos: ellas cantan
la resurrección de Cristo y me hacen llorar de fe, de alegría, de amor a Dios,
de amor a ustedes, de amor a nuestra Italia".
Ordenó que en todas las casas de su
Congregación hubiera una Biblia, la Suma de Santo Tomás, la Imitación de Cristo
y el Dante. A los jóvenes alumnos escribía: “Defiendan con valor el bien y la
educación católica recibidos.
Difundan el espíritu de bondad: perdonen
siempre: amen a todos; sean humildes, trabajadores, francos y leales en todo:
el mundo tiene suma necesidad de fe, de virtud, de honestidad".
Pero las palabras mejores las reservas para los
pobres; mientras que las más duras las usa para sí mismo. Los pobres son sus
"patrones predilectos", nuestros patrones. Decía así, pero en
realidad eran su corazón.
"En la puerta del Pequeño Cottolengo
argentino, a los que entren no se les preguntará cómo se llaman, sino solamente
si tienen algún sufrimiento."
El mismo fue pobre. "Pobre
sacerdote", como se califica una vez. Otra vez se dice un changador de
Cristo. Estropajo, era una expresión que solía aplicarse a sí mismo y a los
suyos.
De su vida escribe con una humildad y una
dignidad que hace recordar a San Pablo: "Sostenido por la gracia del
Señor, he evangelizado a los pequeños, a los humildes, al pueblo, al pueblo
pobre al que han envenenado con teorías perversas y arrebatado a Dios y a la
Iglesia; en el nombre de la Divina Providencia he abierto los brazos y el
corazón a sanos y enfermos, de toda edad, de toda religión, de toda
nacionalidad: a todos habría querido dar, junto con el pan corporal, el divino
bálsamo de la Fe, pero especialmente a nuestros hermanos que más sufren y están
más abandonados.
Tantas veces he sentido a Jesucristo cerca de
mí, tantas veces me pareció ver a Jesús en los más desdichados y los que están
más abandonados".
Pero esto no le bastaba, y rezaba a la Virgen:
"Vivir, palpitar, morir a los pies de la Cruz con Cristo. Beatísima Madre,
haz que tus pequeños hijos, los hijos de la Divina Providencia, tengan amor;
dales amor, ese amor que no es tierra sino fuego de caridad y locura de la
Cruz.
Danos, María, un alma grande, un corazón grande
y magnánimo que llegue a todos los dolores y a todas las lágrimas. Haz que
seamos verdaderamente como nos quieres tú: ¡los padres de los pobres! Que toda
nuestra vida esté consagrada a dar a Cristo al pueblo, y el pueblo a la Iglesia
de Cristo; que arda y resplandezca de Cristo: y en Cristo se consuma, en una
luminosa evangelización de los pobres: que nuestra vida y nuestra muerte sean
un cántico dulcísimo de caridad, y un holocausto al Señor".
En la actualidad, el Cottolengo Don Orione
funciona como un hogar para personas con discapacidades y como Centro de Día.
Este último es un servicio que funciona en doble jornada en el que se brindan
actividades de taller, de rehabilitación y de terapéutica. Siguiendo las
palabras de Don Orione, en el Pequeño Cottolengo de Avellaneda intentamos
“estar a cabeza de los tiempos” adaptándonos a los nuevos paradigmas y
situaciones sociales.
El Cottolengo no es solo una institución, es
familia: residentes, familiares, personal, voluntarios, bienhechores, amigos,
religiosos, tienen su lugar en nuestra historia y nuestra vida de todos los
días.
87 años después la Hna María Silvina recupera
el significado de aquella presencia de Don Orione en Avellaneda." Fue muy
querido, ya que él mismo abrió las puertas del Cottolengo. Cuando se recogieron
testimonios para su canonización nos dimos cuenta que Don Orione era muy
conocido en Avellaneda".