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1920: EL JOVENCITO CESAR PISANO , FUTURO FRAY AVE MARÍA INGRESA AL PATERNO, TORTONA, COMO ASPIRANTE A LA VIDA RELIGIOSA.
Fray Ave María siempre escribe "ex
abundantia cordis" de lo que él vive, y comunica con sencillez, casi con
ingenuidad tanto las pequeñas noticias de crónica cotidiana como sus
pensamientos y afectos más íntimos, porque todo lo convertía en un argumento
para la alabanza a la Divina Providencia.
César Pisano - éste es su nombre y apellido -
nace en Pogli de Ortovero, pequeño pueblo en la llanura de Albenga (Savona), el
24 de febrero de 1900. Fue bautizado el 3 de marzo siguiente. (1)
Es el primero de cinco hijos, cuatro varones y
una hembra, de una familia cristiana, robusta y trabajadora. El papá, César,
panadero, vivió por mucho tiempo lejos del pueblo, emigrado a Sudamérica - lo
seguirá después también el hermano Adolfo - para proveer de mejores condiciones
a la familia. La ausencia del padre de la familia se hace sentir. Fray Ave
María muchas veces le pedirá que vuelva a casa definitivamente. Le escribe en
1927: "Oh, querido papá, vuelve a la familia y no te alejes más, y díselo
a los hermanos también, que vale más la paz que se respira en el seno de una
familia cristiana que todas las riquezas del mundo". (2)
A los 13 años queda ciego, se incorpora al
instituto para ciegos "David Chiossone" de Génova, para intentar
prepararse para la vida; la vida de un mañana un tanto inseguro. Para César son
sólo tiempos de crisis, de pocas ganas de vivir, de desolación que le empuja
hasta la desesperación. En la escuela ya no se aplica como podría; sin embargo,
aprende el método de escritura y lectura para ciegos "Braille";
aprende un poco de música con resultados mediocres; se le prepara para algunos
pequeños oficios como empajar sillas, confeccionar coronas, etc. Pero el
adolescente desorientado arrastra desganado sus días. Se vuelve apático para
todo.
¿Cómo
afrontar una vida en la oscuridad de todo bien terreno, conservando aquella luz
y aquella paz? Estar sólo con Dios, solo Dios. Un día César, se confía a sor
Teresa: tenía en mente la idea de convertirse en fraile o monje, de consagrarse
a Dios. Aquella buena monja no se maravilla del hecho, y lo ayuda a volver
concreta y realizable esa buena inspiración. "Sor Teresa me habló de Don
Orione de tal modo que me hizo desear conocerlo, de oírlo, de hablarle, de
hacerle ver mis miserias físicas y morales, todas, todas, y después escucharlo
aún si por caso tuviese alguna palabra de consolación, de conforto, de
esperanza también para mí". (12) Sor Teresa piensa precisamente en Don
Orione porque conoce una comunidad de hermanas Sacramentinas adoradoras ciegas
instituidas por él, y conoce también la existencia de una rama de Eremitas. Tal
vez haya un puesto también para César.
Y el encuentro tan decisivo se produce. Le
seguirán otros. Las palabras de consuelo de Don Orione son apasionadas y
concretas, enraizadas en una iluminada confianza en la Divina Providencia.
"Este pobrecillo - recuerda de sí mismo Fray Ave Maria - fue a Don Orione
empujado por el deseo de conquista de las riquezas eternas, hacia la verdadera
luz, la sabiduría divina que, dejándolo desesperado (graciosa desesperación),
le llenó el corazón de jubilosa y luminosa esperanza y la certeza en la
posibilidad y facilidad de conseguir también él la verdadera felicidad en la
verdadera vida inmortal, a la que cada corazón humano aspira y se siente
atraído". (14)
La idea de César de consagrarse a Dios, se
vuelve con la ayuda de Don Orione en una decisión, en un proyecto: entrar en su
Congregación.
"El 18 de marzo de 1920 (¡tenía 20 años!)
la Pequeña Obra de la Divina Providencia me abrió la puerta". (15)
Acompañado por su papá, llegó a la 'casa madre' de la Pequeña Obra en Tortona.
Don Orione no estaba allí cuando él llegó a Tortona, pero todo hablaba de él:
Los cohermanos, los ambientes, los horarios, las costumbres, los ejercicios de
piedad. Siente que Don Orione es muy amado por todos y seguido con la confianza
de quienes saben que han encontrado una guía segura, un padre del alma.
Después de algún tiempo, finalmente Don Orione
llega y el encuentro se vuelve costumbre. "En la medida en que los días
van pasando yo iba encariñándome con Don Orione, tanto que hubiese deseado
estar siempre con él, escuchar su Misa, recibir de él la comunión, oírlo
predicar, hacer con él todas las demás prácticas de piedad, porque todo en él
ayudaba al recogimiento, a meditar, a orar". (16)
César encontró la pasión por vivir; transcurren
sus días con un empuje nuevo, humilde, confiado. Reencuentra la paz e incluso
aquella felicidad serena que parecía cerrada para siempre en su rostro.
"Un día estaba con los demás en el recreo. Y sin saberlo yo, llega Don
Orione, se pone a mis espaldas, y apoya en ellas sus brazos, y con sus manos me
tapa los ojos. Yo, creyendo que fuese un compañero deseoso de bromear, tomé la
cosa como chanza, y para hacer reír más a los acompañantes, exclamé: '¿Cómo
quieres que pueda conocerte si me tienes tapados los ojos con las manos?'.
Entonces también Don Orione sonrió benévolamente". (17) ¡Qué lejanas
quedaban las horas de la desesperación por la vista perdida!
Extracto de Messaggi Di Don Orione, autor
Flavio Peloso
18 DE MAYO 1947, ANIVERSARIO DE PROFESIÓN PERPETUA DE FRAY AVE MARÍA.