SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


martes, 31 de marzo de 2026

EL SANTO DE LO IMPREVISTO




Cosas del otro mundo

Salió hacia América Latina el 24 de septiembre de 1934.En verdad ya había estado en 1921. Tampoco allí había pasado inadvertido este cura no clasificable, emprendedor, con maneras a veces explosivas, que no usa medias palabras cuando se trata de denunciar los abusos y la injusticia social y predica que la verdadera revolución se hace de rodillas ante el tabernáculo.En Brasil había dejado atónito al clero local con su “pastoral de los negros”. Una vez más se había adelantado simplemente a su época. La que había insistido para que fuera era una hija espiritual suya, la madre Teresa Michel, otra “loca” como él, que no le iba a la zaga en lo tocante a la fe en la Providencia y a la que don Orione estaba agradecido por haber recibido consejos y consuelo en circunstancias difíciles.Esta vez en la nave “Conte Grande” que lo lleva a Argentina está también el futuro Pío XII, que va al país latinoamericano para el Congreso eucarístico internacional. El cardenal Pacelli, durante la travesía tuvo modo de manifestarle su estima. Don Orione conocía a su hermano, el abogado Francesco Pacelli, que había tomado parte en las negociaciones oficiales del Concordato. Pero “el confesor del Conte Grande”, como le llamaban en la nave, reacio a las glorificaciones, al llegar a Buenos Aires vio un panorama enorme de miseria. Recuerda don Dutto: «Comienza a rebuscar en los tugurios, en las callejuelas, en los barrios bajos, en busca de impedidos, lisiados, incurables, alcoholizados, dementes: los elige como sus patronos, les lava con sus manos las heridas, los sirve». En Buenos Aires va a vivir en la calle Carlos Pellegrini, en una casa que le regaló un dama, y que él comparte con un ex cura, un niño sordomudo con su hermana enferma y su madre viuda. A la puerta de esta casa llega la gente más variada: pobres, latifundistas, profesionales, religiosos, militares. En 1936 pasa una temporada en la casa Jacques Maritain. En ella tiene reuniones con el arzobispo Copello, con el nuncio, e incluso se entrevista con el jefe de Estado. Sus noviciados, sus casas, se abren una tras otra, como si nada, como florecen siempre las obras que deja a su paso: un gesto concreto, una respuesta inmediata, una intuición, un encuentro, una circunstancia azarosa, y se realizan con el dinero que parece salir directamente de la barba de san José y de los bolsillos de esos ricos que llenos de confianza ponen al seguro su dinero en sus bolsillos rotos. En aquella tierra de amplios espacios y vastos horizontes, parece haber echado raíces y no atiende a los que cada vez más insistentemente le invitan a volver a Italia. Impertérrito sigue abriendo puertas. Pide más personal. El bueno de don Sterpi, que desde la otra parte del océano dirigía la Congregación, no sabe dónde echar mano, y le suplica e implora que vuelva. Además comienzan a soplar vientos de guerra y hay problemas con el obispo de Tortona. Al final, tras agotar todas las argumentaciones convincentes, le escribe: «Aunque mucho estimo sus cartas, le ruego que no me vuelva a escribir, porque dándome noticia siempre de nuevas casas, usted me mata». En tres años recorre una distancia diez veces superior a la que hay entre Italia y Argentina, «rogando al Señor que multiplique Sus obras», en una inmersión continua en la realidad que no conoce obstáculos: «¡Ojalá tuviera cien, mil brazos y llegar allí donde nadie quiere!», y dar vida a ese fuego que indomable le quema dentro. Argentina no lo olvidará nunca. Un cura y bastaLlega al puerto de Nápoles en agosto de 1937.A su regreso le invitan a dar conferencias. Por lo demás, no tenía ninguna intención de esconder las obras de la Providencia. Alérgico a los honores, escondía, en cambio, su propia persona. Durante una intervención en el Aula magna de la universidad Católica de Milán, no tuvo más remedio que oír al orador oficial alabar sus méritos. Los que estaban a su lado ven que se cubre la cara con las manos, no está quieto en la silla, como si estuviera sufriendo una tortura. Sin la mínima ostentación, con toda la vehemencia de su carácter impetuoso, saltó y dijo: «¡Pero qué don Orione, qué don Orione campesino de Pontecurone! ¡No le crean! ¡No le crean!». Otra vez, en la inauguración del instituto San Felipe Neri de Roma, le toca el mismo suplicio. Acurrucado en la tercera fila, con la frente fruncida, escucha las palabras que el senador Cavazzoni usa para alabarle. Mira a su alrededor buscando una salida. Imposible. La gente abarrota el salón, está también el presidente del Senado, a su lado el cardenal Salotti y numerosas autoridades. Al final, le llaman al escenario. Su voz deja entrever la timidez sincera y el esfuerzo que hace para que no le salgan palabras poco oportunas, dice: «Yo no sé hablar. Sólo sé hacer chapuzas… y estoy seguro que de todos los sacerdotes aquí presentes no hay uno más pecador que yo». Y luego dirigiéndose al orador: «Mi querido senador, pero ¿quién le ha dicho todas estas bobadas de mí?». Y levantando la voz para ser oído: «La verdad es esta, y quiero que todos se enteren, yo no soy el fundador de nada. Yo no tengo nada que ver». Y como acababa de volver de Argentina recurre al español de san Juan de la Cruz: «¡Nada! ¡Nada! [en español]… Si he tenido que dar la vuelta a medio mundo, hasta la lejana América, es porque así se hace con un mono y con un macaco cualquiera». No se comporta así cuando se trata de asumir la responsabilidad de alguna falta, para esto no era reacio, reconociendo incluso públicamente sus errores. Decía: «Si hay algo bueno en la Pequeña congregación es todo obra y bondad de la divina Providencia. Si hay algo imperfecto y deforme es culpa mía, y quizá también de algunos de vosotros, mis queridos hijos». Si las alabanzas lo herían, también las injurias; éstas, sin embargo, las consideraba un bien. Refiere el sacerdote De Paoli: «Un joven, en el momento de abandonar la Congregación lo llenó de insultos y groserías. Yo estaba presente. Don Orione quiso darle dinero, lo abrazó con ternura, lo besó en la frente con cariño, le deseó todo el bien y quiso que rezáramos por él como por un benefactor».Escribe al pie de una fotografía que lo inmortaliza durante la subida al monte Soratte, mientras se dirige a lomos de un asno a visitar a sus eremitas: «Él y yo somos dos». Para recordar, con su genuina ironía, que no se tenía en mucha consideración. En Tortona, mientras tanto, la situación vuelve a agitarse. El obispo se queja. Infamias, habladurías, acusaciones, calumnias. Una vez más hostilidad y tormentos. A un amigo de Roma le manda un billete: «Perdono a todos y estoy muy contento de estar lejos de las tretas y del alboroto de Tortona. Mis sacerdotes rezan, callan y esperan conmigo, fidentes in Domino… Que los enemigos me saquen los ojos, basta que me dejen el corazón para amarles…». Un religioso de la orden, al que había dado cargos de confianza, le escribe una carta «malvada y mendaz». Le sienta mal. Don Cribellati quiere hablar con él para tomar medidas y don Orione le dice: «Nada… Para estas personas: a) se reza a Dios; b) se perdona; c) se ama». «Nuestra caridad es un dulce y loco amor de Dios y de los hombres que no es de la tierra», había escrito al ir a Argentina. Su corazón empieza a gastarle bromas. En 1939 padece un grave ataque de angina de pecho y en febrero de 1940, otro. El 8 de marzo, en la casa general de Tortona, pide los últimos sacramentos y se despide de todos con su último “buenas noches”. El día siguiente sale hacia Sanremo, sabía que no volvería, va hacia la muerte como para abrir una puerta: «Jesús, Jesús… voy». Y esto en el fondo es la broma más sonada que su corazón nos ha gastado: para hablar con él es necesario abrir a Otro. Maravilloso es Dios en sus santos. En lo que se refiere a sí mismo, el epígrafe esculpido en su tumba dice: Aloysius Orione Sacerdos. Te Christus in Pace. Nada más. Sacerdos. Quizá el único elogio que hubiera aceptado, lo que simplemente es y fue: un cura, y basta. Que san Luis Orione nos perdone 

Don Orione en el monte Soratte visita a sus eremitas en septiembre de 1934. Al pie de la foto la curiosa frase autógrafa: «Él y yo somos dos»foto

 

lunes, 30 de marzo de 2026

AYUDAME ,,,, A PENSAR EL MAÑANA





Don Orione nos inspira… a pensar el mañana
Muchos definen esta gran experiencia como una guerra. Si es así, habrá un después de la guerra y debemos prepararnos para reconstruir, no tanto los puentes o las calles, y tampoco hacer resurgir los edificios o las casas, sino las personas; recuperar actitudes sociales de fraternidad, de compartir, de participación en las actividades de la Iglesia. Hay también quien ve este período como una “ocasión propicia” para reaprender valores como el uso del tiempo, el estar en familia, la sobriedad de vida, etc. Después de la crisis, habrá que correr para reavivar la economía, restablecer las escuelas, reprogramar las manifestaciones culturales y deportivas, y tal vez también recuperar todas aquellas “fiestas” que se perdieron. ¿No sea el caso que olvidemos, una vez más, esos valores aprendidos a un alto precio? Nos toca a nosotros, orionitas, hacer el trabajo de acompañamiento y de formación de las conciencias sobre las prioridades. Comencemos ya hoy a construir el mañana. Es lindo recordar lo que el joven Ignacio Silone, en un momento de desánimo, escribe a Don Orione.
Era el 29 de julio de 1918: “En ciertos momentos de la vida se salva solamente quien tiene un hijo, quien tiene un padre, o quien cree en una vida próxima. Me acorde que un día Ud. escribiéndome me llamaba hijo y yo, padre. (…) Padre, mi salud está arruinada, mis estudios están arruinados, yo quiero aún recomenzar, recomenzar, ¡recomenzar! ¡Ayúdeme!
Repítame las palabras de esperanza, recondúzcame a las aguas vivas de la vida”. Era como si alguno hoy nos dijese: ¡Padre, dame un futuro! ¡Una razón para seguir creyendo! Un empujón para salir de este callejón oscuro y ciego. Después de esta Cuaresma así diferente y así dura, ¡ayúdame a celebrar la Pascua!

domingo, 29 de marzo de 2026

LA CARICIA DE LA CARIDAD

Recordar nuestros orígenes, es un volver a la fuente que nos invita a renovar esa pasión orionita por hacer el bien. Y nos llama a acercarnos a Don Orione, para conocer su corazón y comprender el sueño y la misión que nos dejó. Entonces, ¿que sucedió luego de la respuesta del P. Sterpi?

“Cuando llegó la respuesta, Don Orione ya estaba en Argentina y escribía: «abriré aquí dos casas. En una hay 700 huérfanos... que en marzo serán 1.000». Era la Colonia de Don Orione junto a su “hermano y amigo” Don Sterpi

Los orionitas de hoy estamos llamados a estar en cada lugar donde hace falta la caricia de la caridad que reconforta, comprende, da la bienvenida; caricia que incluye y que camina al lado. Marcos Paz y la otra casa era Victoria, que Don Orione ya había aceptado, con el programa de abrir junto a la Iglesia, una casa de formación para las nuevas vocaciones: «En Victoria abrimos la casa de formación para Argentina» escribirá” (ver libro “Esperando contra toda esperanza, pág. 21).

Sí, eso pasó luego del pedido del P. Sterpi, angustiado por las grandes necesidades en Italia. Don Orione llegó a la Argentina y siguieron abriéndose casas y dándose nuevos pasos. Escuchemos al mismo Don Orione, que en una de sus cartas nos comparte lo que sentía su corazón:

“Carta inédita escrita desde Brasil, entre su 1ª y 2ª estadía en Argentina y dirigida a Mons. Simón Grassi (Obispo de Tortona)

+ ¡Almas y Almas!

Mar de Espanha, 1º de enero de 1922

A mi querido y venerado Obispo y padre en Jesucristo (…). Me estoy preparando para abrir la casa en San Pablo, y después, con la ayuda de nuestro Señor, regresaré a la Argentina… cuatro o, como máximo, en cinco días de mar y estaré allí. Son pasos que los míos en Italia no los comprenden, y otros de allí junto con ellos tampoco los entienden, yo mismo no entiendo lo que estoy haciendo y lo que me está sucediendo aquí. Trato de rezar, y rezo más con el deseo y con el afecto del corazón, que como se reza normalmente. Luego, cada tanto, levantó los ojos a Nuestro Señor o a alguna imagen de la Santísima Virgen, y trato de desconfiar de mí y confiar en el Señor.

¡Veo y siento bien toda mi debilidad y de la pequeña Congregación, pero si nos arrojamos en Dios y lo buscamos a Él y a las almas, siento que Él no nos dejará postrados, sino que nos levantará en su corazón, cuando verá que nosotros, para amarlo y servirlo, quedaremos reducidos hasta no poder más! […]

Pero a su Excelencia, como Obispo y como padre de mi alma… puedo decirle que algunas veces, después de haber rezado y de haberme abandonado en los brazos de la Divina Providencia, siento como una mano que parece conducirme… ¡me parece que es la Santísima Virgen que me conduce, con amor, con amor, con amor!, que yo no sé cómo expresar. Y entonces tengo una gran paz en mi que me consuela. […] Entonces diré que muchas cosas también yo las entiendo poco, pero pienso que trabajo en el campo de la Divina Providencia, y por cuenta de Ella, y trato de avanzar en el Señor… y así voy adelante sin buscar otra  cosa… […] ¡Y me arrojo en Nuestro Señor Jesucristo crucificado, y deseo perderme en su corazón! (Scritti 45, 176- 178 (en: Lanza, 39-40).

Esta carta es un tesoro para los orionitas, nos ayuda a descubrir el significado de lo que celebraremos el año próximo. Entonces brindaremos porque nuestro Padre se jugó por nosotros y se dejó conducir por la Providencia, porque la Virgen lo trajo a nuestra casa.

Y celebraremos cómo Dios “dispone todo para el bien de los que lo aman” (Rom 8, 28). Daremos gracias por el regalo maravilloso que recibimos: el carisma de Don Orione. Un dar gracias que nos llama a comprometernos y a entregarnos como Él nos enseñó:

“Me parece que nuestro Señor Jesucristo me está llamando a un alto nivel de caridad, por lo que en algunas ocasiones el Señor oprime mi corazón y entonces necesito que llore o ría de gran caridad y corra. Es algo que no puede expresarse bien, pero es un fuego grande y suave que tiene necesidad de extenderse y de encender toda la tierra” (Don Orione. Carta al P. Carlos Perosi del 4 de abril de 1897. Scritti 115, 142 s., en: Lo Spirito di Don Orione I, 27-28).

Ese llamado que él sentía, hoy se actualiza y resuena en nuestros corazones: hace falta que nosotros demos ese paso de confianza y amor hacia nuevas misiones, nuevos desafíos. Sabemos que no será fácil, pero la Providencia y nuestra Madre nos siguen acompañando. Don Orione no descansa, sigue avivando el fuego de la caridad en sus hijos.

 Cada vez falta menos para que comencemos a celebrar los 100 años de la llegada de Don Orione a la Argentina, en el marco de su primer viaje a Latinoamérica. Es un buen momento para preguntarnos que llevó a Don Orione a dar ese paso de amor, que solo un corazón misionero sabe dar.   

Grupo de Estudios Orionitas (GEO)

sábado, 28 de marzo de 2026

DON ORIONE EN MAR DELPLATA

 Don Orione, en marzo de 1922, visita Mar del Plata, específicamente la barriada del Puerto.

El 16 de febrero, escribía desde Victoria: “tengo que afeitarme y correr a Buenos Aires, para

arreglar la apertura de una casa (para el año próximo) en Mar del Plata, a 500 km. de Buenos Aires, será una casa para los hijos de los marineros del puerto dos secciones, las hermanas de la Madre Michel se ocuparán de las chicas.

Y el 29 de marzo: “Estuve en Mar del Plata donde me han ofrecido una casa con iglesia pública, en el puerto, que se abrirá el año próximo...”.

Cuando Don Orione visitó Mar del Plata por primera vez, la ciudad no contaba más de 20.000 habitantes. Y el puerto, completamente separado de la ciudad balnearia.

 

Así hablaba del tema el Dr. Rómulo Garona Carbia, fundador de los “Amigos de Don Orione” en Argentina, en uno de sus discursos:

“En su primer viaje Don Orione llegó a Mar del Plata. Vino especialmente a visitar la colonia de pescadores formada en torno al puerto. Abandonados por todos, hostiles a cuanto allí llegaba, los pobres pescadores arrastraban un vivir indigno de su condición humana. Si alguna vez levantaban sus ojos, era para mirar rencorosos a quienes, con sus excesos, con sus derroches, con sus vanidades, con sus frivolidades, desafiaban la estrechez, la miseria y el clamor de sus estómagos vacíos. Si alguna vez movían sus labios, húmedos aún por el aguardiente con el que trataban algunos de aplacar vanamente su insatisfecha sed de justicia, no era para bendecir, ni para rezar, sino para maldecir sordamente a sus explotadores.

A aquel ambiente hostil, que ardía en rebeldía apenas contenida, llegó Don Orione con oportunidad providencial. Porque su visita de 1922 al Puerto de Mar del Plata marcó el comienzo de la redención social de los sufridos trabajadores del mar”

A sugerencia de las Damas Vicentinas, Don Orione aceptó mandar a sus sacerdotes a la paupérrima barriada, para atenderla humana, pastoral y educativamente.

En abril escribirá:

“Ayer a la noche fui recibido por el Gobernador de La Plata (...) Él hará de padrino de la bendición de la 1ª piedra de un nuevo Instituto que surgirá en Mar del Plata sufragado por un grupo de Señoras, y que nos será entregado completamente terminado y equipado”.

En conclusión: cuando en 1922 Don Orione parte de Argentina (10 de mayo) y de Brasil (18 de junio), de regreso a Italia adonde llega el 4 de julio, quedan en Argentina dos presencias: Victoria y Marcos Paz; y el compromiso con las Damas Vicentinas de enviar, al año siguiente, sus religiosos al Puerto Mar del Plata. Y en Brasil quedan Mar de Espanha, Río de Janeiro y San Pablo. Con esta realidad Don Orione cierra su primer viaje Latinoamericano

 

viernes, 27 de marzo de 2026

A LOS PIES DE MARÍA


 

-Palabras de Don Orione:

La Iglesia está segura de la victoria porque lo ha dicho el Señor, pero Dios quiere que sea una victoria conquistada por todos sus hijos. El arma mejor, y que todos podemos emplear, sigue siendo siempre la oración…

Recemos, pues, hermanos; acudamos a los pies de la Virgen desde donde fluyen sobre toda la tierra las aguas vivas de la piedad y del amor suavísimo de Dios. Vengan a los pies de la Virgen, almas oprimidas por el dolor y amenazadas por las adversidades. ¡Vengan a Ella, que es la suavidad, la mansedumbre, la gracia, la Madre de la divina misericordia!

La voz que nos invita a levantar los corazones, rezar, amar a la Virgen, es siempre como una onda de bálsamo... es la voz de la caridad, que anuncia a la gente que no se ha apagado la llama encendida por Jesús entre los hombres.

¡Ánimo, pues, recemos a la Virgen! Acudamos a los altares de nuestra santísima y queridísima Madre del Paraíso, y recemos. El mundo se burlará de nosotros, pues ésa es su función; nosotros, rezando cumpliremos nuestro deber; nos fortaleceremos en el espíritu, nos formaremos para una vida y una acción católica verdadera y duradera, y apresuraremos el día de la restauración cristiana y de la paz.

Dios ha confiado especialmente a la Virgen la obra de la paz universal del mundo. Nadie podría realizarla mejor que Ella. Invoquémosla, pues, con todo el impulso del alma; invoquémosla llenos de confianza filial y sin cesar…

Pidamos por los cristianos perseguidos en el mundo, para que por medio de la fe y el buen testimonio y de la mano de María podamos vencer el odio y la violencia, y reine la tolerancia y la paz entre los distintos credos.

Fuente Pequeña Obra de la Divina Providencia Centro Pastoral Juvenil Vocacional