La estatua de María Auxiliadora del P. Miguel Cattaneo
La imagen en escayola de María Auxiliadora,
que se encuentra a la entrada del Centro Don Orione (Asturias), fue
construida por el P. Michele Filippo Cattaneo, capellán del hospital San
Antonio Abad y canónigo de la Colegiata de Santa María de Pontecurone
(Italia), probablemente en el año 1868. Es decir unos 4 años antes de
nacer San Luis Orione en su mismo pueblo. Ese mismo año el 9 de junio se
inauguró el Santuario de María Auxiliadora en el barrio de Valdocco en
Turín. Con este motivo el P. Miguel regaló a su amigo Don Bosco esta
imagen para el nuevo santuario. Es por tanto una de las primeras
auxiliadoras veneradas por los salesianos.
El mismo Don Orione nos cuenta una simpática anécdota ocurrida en el traslado de la estatua: Acabada,
por tanto, aquella estatua, narra Don Orione, el Canónigo no sabía si
trasladarla por tren o con un carro, temía que se rompiese. Para mayor
seguridad la colocó cerrada en una caja sobre un carro y se la dio en
custodia al sacristán de Pontecurone, un cierto Bautista, y al carretero
para que la llevasen a Turín; y él les precedió, probablemente en tren.
Los conductores, llegados a un cierto punto, tenían que atravesar un
pequeño torrente: pero el puente que conducía al otro lado, se había
hundido. A nosotros no nos falta coraje, dijo entonces el carretero;
nosotros con nuestros caballos, pasaremos. Llegados sin embargo hacia la mitad del torrente, los caballos se pararon y la carreta se empezó a hundir cada vez más en la arena. Los dos conductores se encontraron perdidos. Pero en ese
momento pensaron en la estatua que transportaban e invocaron a la
Virgen. Entonces ocurrió un hecho: se sintieron como elevados y llegaron
fácilmente a la otra ribera: y prosiguieron el viaje hasta Turín. En el
pueblo después y, especialmente el sacristán, hablaban mucho de este
suceso, que no se encuentra registrado en ningún libro. Yo no habría
pensado nunca encontrarme con esa estatua; pero, después de dos años en
los que oí contar estas cosas, ingresé en Valdocco, con Don Bosco, donde
estaba aquella estatua famosa.
Cuentan que Don Orione le tenía mucha confianza a esta imagen y le decía, que tú eres de mi pueblo. Probablemente
ante esta imagen hizo Don Orione sus primeros votos privados y en enero
de 1888 estando Don Bosco muy enfermo, junto con otros alumnos, ofreció
la vida por su gran bienhechor.
¿Pero quién era el P. Miguel Cattaneo?
El
Capellán del hospital de Pontecurone, el P. Michele Filippo Cattaneo y
canónigo de la Colegiata de Santa María, además de su afición a realizar
humildes imágenes piadosas que solía regalar a las parroquias del
entorno tuvo una influencia importante sobre el pequeño Luis Orione.
Empezó a interesarse por Luis desde que éste tenía unos 8 años,
teniéndolo con gusto cerca de sí en el tiempo en que la mamá no le
necesitaba. Don Orione definía a este piadoso sacerdote como verdadera sal de la tierra,
hablando a menudo de él como de quien obtuvo ayuda de todo tipo,
especialmente para su formación moral, lo cuenta el P. Sterpi. El P.
Miguel tenía por entonces sesenta y cinco años. Vivía en el número 52 de
la Vía Maestra, al lado de la casa de los Marchese, donde vivía Luis.

Hombre ejemplar, de familia noble y bastante rica, recuerda Don Orione, se
había dado de tal manera al ejercicio de la caridad que era el amigo de
los pobres, tanto que daba incluso la carne que sus familiares
preparaban para él; visitaba siempre a los enfermos del pueblo y
especialmente del hospital, les asistía y les ayudaba de cualquier modo.
En invierno les ofrecía su cuadra para que se cobijasen. Hizo construir
en Pontecurone con su propio dinero algunas casitas que dejaba
gratuitamente para que las habitasen familias necesitadas. Mientras él
se iba a vivir en casa de otros, pagando el alquiler. Todos en el pueblo
tenían por él una grandísima estima. Seguramente con él Luis sintió los primeros gérmenes de la vocación. Tendría ocho o nueve años; y sin embargo tengo todavía en los ojos y en el alma la imagen de aquel Sacerdote.
El
P. Miguel murió el 14 de junio de 1886. El joven Orione por entonces
enviado a casa por motivos de salud por los padres franciscanos de
Voghera, estuvo presente en los funerales. Recuerdo todavía, narra el Santo, que
cuando murió el Canónigo Cattaneo yo volvía a casa de los Frailes el
día en el que se hacían los funerales; y me parece oír aún todas las
campanas de los cuatro campanarios y toda la gente que se invitaba
diciendo, vayamos a la sepultura del Canónigo Cattaneo. Su memoria
después de cincuenta años perdura aún en el pueblo en bendiciones y se
la transmiten de padres a hijos. El Cattaneo fue el último Canónigo que
hubo en mi pueblo, un santo canónigo, que llenó de virtudes a los demás.
Cuando murió, no tenía absolutamente nada, había dado todo a los
pobres, y todo el pueblo, hasta los masones, fueron a su funeral. Yo de
niño, viendo a ese Santo Canónigo, decía para mí: ¡Yo seré también como
él!
Fuente p. Facundo Mela