
El 13 de abril de 1895, Luis Orione fue
ordenado sacerdote y, al mismo tiempo, el Obispo impuso el hábito clerical a
seis alumnos de su colegio. En poco tiempo, Don Orione abrió nuevas casas en
Mornico Losana (Pavía), en Noto (Sicilia), en Sanremo, en Roma.
Alrededor del joven Fundador crecieron
clérigos y sacerdotes que formaron el primer núcleo de la Pequeña Obra de la
Divina Providencia. En 1899 inició la rama de los ermitaños de la Divina
Providencia. El Obispo de Tortona, Mons. Igino Bandi, con Decreto del 21 de
marzo de 1903, reconoció canónicamente a los Hijos de la Divina Providencia
(sacerdotes, hermanos coadjutores y ermitaños), congregación religiosa masculina
de la Pequeña Obra de la Divina providencia, dedicada a “colaborar para llevar
a los pequeños, los pobres y el pueblo a la Iglesia y al Papa, mediante las
obras de caridad”, profesando un IV voto de especial “fidelidad al Papa”.En las
primeras Constituciones de 1904, entre los fines de la nueva Congregación
aparece el de trabajar “para alcanzar la unión de las Iglesias separadas”.
Animado por una gran pasión por la iglesia
y por la salvación de las almas, se interesó activamente por los problemas
emergentes en aquel tiempo, como la libertad y la unidad de la Iglesia, la
“cuestión romana”, el modernismo, el socialismo, la cristianización de las
masas obreras.
Socorrió heroicamente a las poblaciones
damnificadas por los terremotos de Reggio y de Messina (1908) y por el de la
Marsica (1915). Por deseo de Pío X fue Vicario General de la diócesis de
Messina durante tres años.
A los veinte años de la fundación de los
Hijos de la Divina Providencia, como en “una única planta con muchas ramas”, el
29 de junio de 1915 dio inicio a la Congregación de las Pequeñas Hermanas
Misioneras de la Caridad, animadas por el mismo carisma fundacional y, en el
1927, las Hermanas adoratrices Sacramentinas invidentes, a las que se añadirán
después las Contemplativas de Jesús Crucificado.
Organizó a los laicos en las asociaciones
de las “Damas de la Divina Providencia”, los “Ex Alumnos” y los “Amigos”.
Después tomará cuerpo el Instituto Secular Orionino y el Movimiento Laical
Orionino.
Después de la primera guerra mundial
(1914-1918) se multiplicaron las escuelas, colegios, colonias agrícolas, obras
caritativas y asistenciales. Entre las obras más características, creó los
“Pequeños Cottolengos”, para los que sufren y los abandonados, surgidos en la
periferia de las grandes ciudades como “nuevos púlpitos” desde los que hablar
de Cristo y de la Iglesia, “faros de fe y de humanidad”.
El celo misionero de Don Orione, que ya se
había manifestado con el envío a Brasil en 1913 de sus primeros religiosos, se
extendió después a Argentina y Uruguay (1921), Inglaterra (1935) y Albania
(1936). En 1921-1922 y en 1934-1937, él mismo realizó dos viajes a América
Latina, Argentina, Brasil y Uruguay, llegando hasta Chile.
Gozó de la estima personal de los Papas y
de las autoridades de la Santa Sede, que le confiaron numerosos y delicados
encargos para resolver problemas y curar heridas tanto dentro de la Iglesia
como en las relaciones con el mundo civil. Fue predicador, confesor y
organizador infatigable de peregrinaciones, misiones, procesiones, “belenes
vivientes” y otras manifestaciones populares de la fe. Muy devoto de la Virgen,
promovió su devoción por todos los medios y, con el trabajo manual de sus
clérigos, construyó los santuarios de la Virgen de la Guardia en Tortona y de
la Virgen de Caravaggio en Fumo.
En el invierno de 1940, intentando aliviar
los problemas de corazón y pulmones que sufría, fue a la casa de Sanremo,
aunque, como decía, “no es entre las palmeras donde deseo vivir y morir, sino
entre los pobres que son Jesucristo”. Después de tan sólo tres días, rodeado
del afecto de sus hermanos, Don Orione falleció el 12 de marzo de 1940,
suspirando “!Jesús! !Jesús! Voy”.
Su cuerpo, intacto en el momento de la
primera exhumación en 1965, fue puesto en un lugar de honor en el santuario de
la Virgen de la Guardia de Tortona, después de que, el 26 de octubre de 1980,
Juan Pablo II inscribiera su nombre en el elenco de los Beatos.
Su Santidad Juan Pablo II lo canonizó el 16
de Mayo de 2004
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