SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


miércoles, 2 de agosto de 2023

EL JUBILEO EXTRAORDINARIO DE 1933





Pío XI, el 6 de enero de 1933, mediante la bula papal Quod Nuper, también proclamó un Jubileo Extraordinario, conmemorando el 1900 aniversario de la muerte y resurrección de Jesús. La naturaleza extraordinaria de este evento se debe a que Pío XI vinculó el período jubilar no al criterio de veinticinco años ni a un tema específico, sino a la memoria del 1900 aniversario de la Redención. Por esta razón, se calificó de extraordinario, no, por así decirlo, en términos de contenido, sino de recurrencia. En consecuencia, su inauguración y clausura coincidieron, respectivamente, con el Domingo de Ramos y el Lunes de Pascua. El Jubileo de 1933 se celebró con especial grandeza. El Papa pronunció 620 discursos y más de dos millones de peregrinos acudieron a Roma. Se utilizaron más de 500 vagones de tren para transportar a los fieles de todo el mundo.

Además, durante el Año Santo extraordinario de 1933, la reliquia de la Santa Cruz y la imagen del Salvador, Acheiropoieta, se exhibieron en la Basílica de San Juan de Letrán para un triduo de preparación para la fiesta de la Ascensión, y llevado triunfalmente a la Capilla del Sancta Sanctorum al concluir las celebraciones. Radio Vaticano transmitió por primera vez la ceremonia de apertura de la Puerta Santa.

 Como ocurrió ocho años antes, también en este Año Santo los religiosos orioninos trabajan para acoger en la Casa de la Via delle Sette Sale, que entretanto se había convertido en propiedad de la Congregación, a los sacerdotes pobres que peregrinarían a Roma. Para este Jubileo extraordinario, Don Orione anhelaba una nueva reunión de sacerdotes en la ciudad de San Pedro, que tuvo lugar en julio gracias a una combinación de circunstancias extraordinarias e íntimamente relacionadas. Un buen número de religiosos orioninos pudieron participar en los retiros espirituales, la audiencia papal y alcanzar el objetivo del Santo Jubileo. Don Orione también tuvo la alegría de ser recibido por el Santo Padre en audiencia privada, como él mismo relata:

"En la mañana del 14 de julio, tuve el gran consuelo de ser recibido en audiencia privada por el Santo Padre.El Augusto Pontífice (¡que Dios preserve por muchos años el bien de la Iglesia universal!) se dignó recibirme con la más afectuosa amabilidad.

¡Después de Dios! Antes de abandonar la audiencia privada, Su Santidad se dignó impartir de corazón una especial Bendición Apostólica a los Hijos de la Divina Providencia, especialmente a nuestros Misioneros: a las Hermanas Misioneras de la Caridad, a los Ermitaños, a nuestros estudiantes, a los internos, a todos nuestros meritorios Cooperadores y celosas Benefactoras y a sus familias. ¡Deo gratias! ¡Deo gratias!

A la audiencia privada le siguió una audiencia con el Santo Padre, Don Orione y sus hermanos, durante la cual el Papa expresó su gratitud a Don Orione «por haberle traído la alegría más entrañable de su corazón paternal: la de ver a tantos hijos amados haber alcanzado o estar en camino hacia una meta elevada. Hablar de una 'Pequeña Obra de la Divina Providencia' es ahora hablar de algo que ya no es pequeño. Y esto puede ser juzgado y muy apreciado por quienes conocen a quienes forman parte de esta Obra. Es justo que, en nombre mismo de la 'Pequeña Obra de la Divina Providencia', conserven la expresión del sentimiento de humildad que siempre los acompaña y que debe acompañar a todos, de hecho, en las obras por realizar».

Tras la audiencia, de regreso a Via delle Sette Sale, Don Orione confesó a sus hermanos toda la alegría que le había traído la audiencia papal, destacando la gran paternidad que el Papa había mostrado hacia él y hacia todos los Hijos de la Divina Providencia. «No pudo decir nada más», informaron sus religiosos, «pero era evidente que la suya había sido una audiencia de especial importancia también para nuestra Congregación».

3 DE AGOSTO 1921, DON ORIONE DESDE GÉNOVA...


En 1921, al fin, Don Orione está listo para viajar hacia Brasil. El día antes de la partida, el 3 de agosto, le escribía a todos los suyos: “Hace sólo algunas horas que celebré la última Santa Misa a los pies de Ntra. Sra. de la Divina Providencia, en la Casa de Tortona, y ahora salgo hacia Brasil, adonde tenía pensado ir hace ya algunos años, para encontrarme con los Hijos de la Divina Providencia que la mano del Señor ha trasplantado allá.

Pero no puedo dejarlos, amados míos en Jesucristo, sin dirigirles una vez más una palabra de afecto paternal, sin mandarles un último saludo, una bendición muy especial. ¡Sólo la caridad de Jesucristo salvará al mundo!

¡Debemos llenar con caridad los surcos de odio y egoísmo que dividen a los hombres!”

Esta es una Carta circular desde Génova, dirigida “a los queridos Hijos de la Divina Providencia, sacerdotes, seminaristas, ermitaños, postulantes; a las Hermanas Misioneras de la Caridad; a mis bienhechores y bienhechoras; a los queridos huérfanos, a los ancianos internados, a los ciegos y a todos los jóvenes que se educan en las casas e institutos de la Providencia del Señor” (Scritti 62, 12).------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

 

Hace cien años, unas horas después de su partida de Génova a Brasil, Don Orione nos envió una carta que informamos a continuación.

Hace cien años, unas horas después de su partida de Génova a Brasil, Don Orione nos envió una carta que informamos a continuación. Lo envió a todos sus "Queridos Hijos de la Divina Providencia: ...". Es una carta llena de Fe y humanidad. Se puede ver claramente el fuerte deseo de Don Orione de hacer este viaje, pero al mismo tiempo el esfuerzo por separarse de sus seres queridos. Pero todo sentimiento va acompañado de fe. Como bien sabemos y se ve claramente también en esta carta Don Orione no sabe cómo formular una oración sin involucrar a Dios o a Nuestra Señora, sin embargo, su actitud no desmerece su parte humana, del afecto paterno, de la preocupación por todos, de las recomendaciones para la santidad.

Génova el 3 de agosto de 1921, desde Casa Gambaro.

A los amados hijos de la Divina Providencia:

Sacerdotes, clérigos, ermitaños, probands;

a las hermanas "Misioneras de la Caridad";

a mis benefactores y benefactores;

a los queridos huérfanos, a los ancianos hospitalizados, a los ciegos y a todos los jóvenes

educados en las Casas e Instituciones de la Providencia del Señor.

¡Que la paz de Jesucristo esté con ustedes!

Hace unas horas celebré la última Santa Misa a los pies de nuestra Señora de la Divina Providencia, en la Casa de Tortona, y ahora me voy a Brasil, donde, desde hace algunos años, ya tenía que ir a ver a esos Hijos de la Divina Providencia, a quienes la mano del Señor ha trasplantado allí.

Pero no sé cómo dejaros, oh mis queridos en Jesucristo, sin dirigirles aún una palabra de afecto paterno, sin enviaros un saludo final, una bendición muy especial. Ya os he bendecido a todos y he bendecido a cada uno de ustedes de los pies de nuestra querida Virgen, y también he ido a bendecir a nuestros queridos Muertos y os he puesto en manos de la Santísima Virgen, y he orado mucho por ustedes y en estos días y esta mañana; pero no es suficiente para mí. Siento que debo agradecerles nuevamente por todo lo que siempre han hecho por mí y por las obras de caridad que Dios ha venido levantando, de Su misericordia, siguiendo mis pasos, y ruego a Dios que los recompense enormemente por esto. Que Dios te premie también por todas tus expresiones, llenas de tanto amor filial, y testimonios de apego que has querido darme. Les agradezco especialmente las oraciones que han hecho y siempre querrán hacer por mí, como por estos hermanos suyos, que se van conmigo, P. Mario Ghiglione y P. Camillo Secco, y por los demás por Don Adaglio y por los otros nuestros, a quienes Nuestra Señora dirigirá en este mismo mes en Tierra Santa, donde fuimos llamados por el Patriarca Latino de Jerusalén, para la plantación de una vasta Colonia Agrícola; porque ahí vamos con una bendición especial del Santo Padre.

¡Que el Ángel del Señor nos acompañe a todos! Siempre estaremos cerca en oración y al pie del Tabernáculo y, aunque lejos, pensaremos en ti con nuestro corazón, y siempre y a cada hora oraremos por ti.

Y por eso siempre quiero orar por las pobres Hermanas llamadas "Misioneras de la Caridad", que ya hacen tanto bien, con ayuda divina, en varias partes de Italia, en beneficio de los niños, los enfermos de los viejos, los pobres. ¡Que Dios los prospere y bendiga sus trabajos sagrados!

Quiero orar por nuestros Benefactores y Benefactores, quienes generosamente, y con un gran espíritu cristiano, siempre me han ayudado. No dudo que querrán continuar su caridad a nuestros Institutos, más aún ahora que Don Orione está lejos; tendrán cien veces de Dios, gracias especiales sobre sus familias y la vida eterna.

Nuestros huérfanos y huérfanas, los ciegos, las ciegas, los pobres viejos, todos los hospitalizados por la Providencia orarán por ellos junto conmigo: ¡la voz de los inocentes, los pequeños y los pobres siempre es escuchada por Dios!

Incluso lejos, pensaré con frecuencia y oraré por los jóvenes que han comenzado sus estudios, que vinieron o serán enviados a nosotros por sus familias, para que tengan que ser educados cristiana y civilmente; y así pensaré y rezaré por aquellos que, en las Colonias Agrícolas o en nuestros Talleres, crecen hasta convertirse en un arte, que les dará un pan de honor. ¡Que Dios siempre esté con todos! ¡Que Dios los guarde, oh mis hermanos, hijos y benefactores, los defienda, los salve de todo mal: que él los ilumine en sus deberes, los consuele en los caminos de la virtud y la bondad, los sostenga y los consuela en los dolores de la vida!

Están muy cerca de mi corazón que todos, que viven o trabajan a la sombra de la Divina Providencia, se preserven a sí mismos, se comporten siempre en su conducta y en todo como verdadero, como dignos Hijos de la Providencia del Señor, para que el ojo del Padre Nuestro, que está en el cielo, siempre tenga que estar por encima de nosotros.

Que nuestro espíritu sea un gran espíritu de humildad, de fe, de caridad; que nuestra vida se teja enteramente de oración, de piedad activa, de sacrificio; que sea en todos una carrera para hacer el bien asiduamente a las almas, las inteligencias, los corazones e incluso los cuerpos enfermos de nuestros hermanos y hermanas por el amor de Dios, y ver en nuestro prójimo a nuestro Dios y a los más queridos de nuestro Señor.

¡Sólo con la caridad de Jesucristo se salvará el mundo! Debemos llenar de caridad los surcos que dividen a los hombres llenos de odio y egoísmo.

Que reine entre vosotros, oh queridos hijos míos, esa gran, más dulce y sobrehumana caridad, que siempre os ha hecho a todos como un solo corazón y alma, así que Dios nos ha bendecido tanto, que era posible, para este gran espíritu de unión y caridad, aunque pocos, hacer, con la ayuda divina y la bendición de la Iglesia, de bueno a un número consolador de almas, y mantener muchas obras.

Que Dios aleje de todos nosotros el espíritu de orgullo y vanidad, y que todos sean para Su mayor gloria.

Les recomiendo la dedicación a Jesús en el Santísimo Sacramento, a Jesús Crucificado y al adorable Corazón de Jesús. Ustedes, sacerdotes, clérigos y ermitaños, tienen mucho cuidado en los jóvenes, así como en las personas hospitalizadas, la frecuencia de los sacramentos, el espíritu de trabajo, la templanza y la hermosa virtud.

Se encariñan mucho con Nuestra Señora, y difunden su adoración, amor y la devoción más tierna y filial.

¡Sean más devotos al Papa, a los Obispos y a la Santa Iglesia de Roma! Sean siempre hijos humildes y fieles a los pies de la Iglesia, del Papa, de los Obispos.

Amar y hacer del amor nuestra querida patria; amar y hacer amar a toda Autoridad, y orar por ellos. Espero volver pronto, pero, sin embargo, se hace de mí de acuerdo con la voluntad del Señor Después de Dios, a la Virgen Más Importante y a la Iglesia Mayor, te confío, oh queridos mis sacerdotes, clérigos, probandos, huérfanos y hospitalizados, te encomiendo a Don Sterpi, y sé que te pongo en buenas manos; tener toda la confianza en él, que se lo merece bien. Si Dios me dijera: "Quiero darte un continuador que esté según tu corazón", le respondería: "Vete, oh Señor, porque ya me lo has dado en Don Sterpi". Denle, oh hijos míos, consuelos, y tenle toda consideración, todo cuidado, y así sed fieles en vuestra vocación, sed unidos y fuertes en docilidad y obediencia a los ancianos sacerdotes y al Concilio de nuestra naciente Congregación. Lo que harás por Don Sterpi y por los sacerdotes, que ya han trabajado tan duro en las Casas de la Divina Providencia, tendré más que si me lo hiciste a mí mismo.

¡ah! Veo que no tengo más tiempo, pero también quiero dar estos últimos momentos para ustedes que aman tanto en la caridad de Jesucristo.

El sábado 30 de julio, fui recibido en una audiencia privada y consoladora por el Santo Padre. Ustedes saben bien lo que pienso, lo que siento por el Papa; No quería, no podía irme sin llevar mi vida y todo mi amor a Sus benditos pies, sin recibir su Bendición Apostólica por mí, por los Hijos de la Divina Providencia, por los Benefactores, por todos ustedes, cerca y lejos.

Ahora debo limitarme a decirles que el Santo Padre no podría ser padre más dulce y más divinamente Vicario de Jesucristo que este, ¡ya que quería estar conmigo pobre hombre! Y su bendición, impartida con la mayor efusión de corazón, todavía me fue confirmada el domingo 31 de julio, cuando me llegó una carta certificada expresa de la Secretaría de Estado, justo cuando estaba a punto de salir de Roma. Y la carta que les comuniqué aquí, y que con pensamiento lleno de amabilidad se quería que recibiera antes de salir de Roma, por lo que me la enviaron para expresarla. Todo comentario se echaría a perder: bendigamos juntos al Señor, y que sea de gran consuelo para nosotros en esta hora de doloroso desapego.

Y ahora, ¡adiós! Adiós, oh queridos mis sacerdotes, que el Señor siempre y luego siempre esté con ustedes y cerca de ustedes y bendiga sus sudores. Recientemente ha querido dibujar un Obispo de entre vosotros; este hecho debe ser de consuelo para ti en todos los sentidos, en todo momento; una señal es que caminamos, por gracia divina, por el camino recto del Señor. Oremos, y luego: ¡Ave María y sigamos adelante! Mis queridos sacerdotes, los abrazo en mi corazón Christi.

Queridos Clérigos y Probandos, esperanza de nuestra humilde Congregación, más querida para mí que la niña de mis ojos, ¡adiós! Oren, sean fieles, sean fuertes, sean humildes, trabajen humildes, y luego: ¡Ave María y adelante!

Buenas hermanas, también las bendigo mucho; oren y oren por los Misioneros de la Divina Providencia; oraremos por unos y otros y vamos a prepararles dónde vivir y dónde morir por la caridad de Jesucristo, ¡no solo aquí, sino también más allá de los mares! A ti también: ¡Ave María y adelante!

¡Adiós, oh queridos huérfanos, oh viejos caídos, que soís parte de mi corazón y de mi vida! ¡despedida!

Benefactores y Benefactoras, siempre por delante en el bien: una gran mercancía prepara al Señor. ¡Adiós a todos! Vamos a seguir la voz de Dios, que es la caridad, vamos con la bendición del Papa y de nuestro venerable Obispo de Tortona, Mons. Simón Pietro Grassi, confiando en que Dios estará en nuestros pasos y bendecirá nuestros pobres trabajos.

De ese mucho bien que queremos hacer, que haremos, con la ayuda divina, también seremos parte de ustedes, especialmente de ustedes, o de nuestros Benefactores. Que Nuestra Señora de la Divina Providencia extienda su manto celestial sobre nosotros y sobre todos; y que la bendición del Papa nos consuele a todos y sea para toda la promesa de esas bendiciones que les ruego y que, espero, serán comunes en el Cielo. ¡despedida!

Su aff.mo en Jesucristo y en Nuestra Señora

Don Orione

lunes, 31 de julio de 2023

CARTA DE DON ORIONE 1 DE AGOSTO DE 1936 AL ABAD EMANUELE CARONTI

 


Una carta personal fechada el 1 de agosto de 1936; Don Orione desde la capital argentina, ignorando los motivos de la intervención pontificia del Abad Emanuel Caronti, relaciona ésta con los acontecimientos por los que había escrito, dos años atrás, a Mons. Simón Pietro Grassi; entonces explicó al Abad las motivaciones profundas que lo llevaron a venir a América Latina:

[...] Y aquí me parece conveniente manifestar en forma reservada a su Excelencia, que, cuando dejé Italia, no vine a América sólo con la intención de visitar las casas que la Pequeña Obra de la Divina Providencia ya poseía aquí, sino que sin confesárselo a nadie, ni siquiera a Don Sterpi, para no causarle un dolor todavía más grave, me he arrojado al mar, como si fuese un Jonás, con la esperanza de que mi alejamiento, calmase las olas furiosas, y salvado la barca de mi pobre Congregación. Y además era necesario que yo me alejara para interponer un acto claro, en salvaguarda de mi buen nombre. Desde hace cuatro años que vengo esperando en vano, en silencio, en oración y confianza, que se dijese una palabra de defensa de una horrible calumnia, divulgada en la Diócesis y fuera de ella, semejante a la del vicioso Sacerdote Florencio. Viendo que, entonces, era inútil esperar, he creído que debía seguir el ejemplo de San Benito, que abandonó Subiaco, y se retiró a Montecassino. Por lo que desaparecí silenciosamente de Tortona, aprovechando la ocasión del Congreso Eucarístico. Y, dejando la Congregación en buenas manos, puse mi causa en las manos de Dios[1].

El horizonte de sentido existencial aparece cuando en mi rostro están los rostros de quienes son los destinatarios de mi existencia, llamado y vocación. Cuando en mi rostro están tallados los rostros de mis hermanos del Pequeño Cottolengo, de los hogares, de las escuelas y misiones en las que vivimos entregando nuestras vidas. Porque no peregrinamos a lugares: peregrinamos a los hermanos y hermanas y en ellos peregrinamos al Otro, que es Dios.

Y así como la novedad del Reino se pone de manifiesto en el amor a los pobres y en su liberación, esta caridad es la confesión de fe más profunda de la presencia salvífica de Cristo en la historia. En esta perspectiva entendemos la intensidad heroica con la que Don Orione vivió su pasión apostólica en favor de los hombres. Su ardor, por hacer que todos sean alcanzados por este amor de Jesús, lo llevó a pedirle la gracia de alcanzar a los más alejados; los excluidos; los que son considerados por el mundo como desperdicios: y Luis Orione peregrinó a los otros, abrazando la condición de Jesús; tallando en su rostro el sufrimiento de sus hermanos en su propio corazón: Orione, L., a E. Caronti, 01.08.1936, Summ., § 563; se conserva también de esta carta una minuta, donde se agrega en este párrafo: «[...] en buenas manos, las de Don Sterpi, me refugié». Idem, a E. Caronti, 01.08.1936, mi., ADO, Scr., 19,91-92; con otra carta al mismo destinatario, fechada el 19 de agosto, explicita la causa de la calumnia: «En cuanto al hecho doloroso que me afecta y que, en un primer momento pensé que hubiera provocado la visita suya, es cosa un poco extensa para contar. No quisiera resultar demasiado prolijo [...] Un día llega el correo, y Don Sterpi no estaba en casa; [...] leo. En un primer momento no entendía de qué se trataba. La cosa me parecía extraña. Después caí en la cuenta. Él [Mons. Bacciarini] enviaba a Don Sterpi el testimonio jurado de un Párroco suyo, el de Melide (no era Don Bornaghi) el cual contaba que supo tener en su casa a dos sacerdotes de la Diócesis de Tortona, de los cuales uno era Arcipreste, y que había escuchado que Don Orione , cuando estuvo en Messina en calidad de Vicario General, después del terremoto habría frecuentado un prostíbulo, y que se encontró su nombre en los registros de la casa [...]» Orione, L, a E. Caronti, 19.08.1936, Summ., § 564. Scritti

69, 320. Don Orione tuvo también algunos problemas por esto de pensar y hablar de modo humilde de    mismo  y  de  la  Congregación.  Había  quienes  miraban  más  el  orden  que  la  sustancia.

Sabemos  que  el Visitador apostólico, el abad Emanuele Caronti, fue enviado en 1934 “para poner orden” en la Congregación.

Don  Orione,  refiere  a  Don  Sterpi:  “Esta  mañana  él [el  Visitador] fue  llamado  por  los  Religiosos [la Congregación de la  Santa Sede] Por un artículo aparecido en el Corriere della Domenica, donde se dice que yo mismo llamo a nuestra Congregación  «un  gran lio». Me ha preguntado si es cierto. Le he respondido que si,  y  que  se  lo  digo  especialmente  a  los  Obispos  de  la  Iglesia  para  que  no  se dejen  embaucar  por  mí,  y  a nuestros sacerdotes y clérigos para que no se llenen de soberbia si la Divina Providencia se sirve de nuestros trapos para hacer un poco el bien, no porque queramos  hacer las cosas mas o menos”;

carta del 12.1.1939,

Scritti  19, 309. 1 Scritti 45, 60.

 

 

 

 

 

 

 

CARTA DE DON ORIONE 1 DE AGOSTO DE 1936 AL ABAD EMANUELE CARONTI


Abate CARONTI Emanuele (Benedettino), da Subiaco (Roma), muerto en Noci (Bari) en 1966, a los 83 años de edad , 68 de  Profesión y  61 de Sacerdocio. Visitador  Apostólico de la Pequeña Obra de la Divina Providencia desde el 10 julio 1936 al 21 octubre de 1946.

10 de julio: la Santa Sede nombra Visitador Apostólico de la Obra al Abad Emanuel Caronti.

Una carta personal fechada el 1 de agosto de 1936; Don Orione desde la capital argentina, ignorando los motivos de la intervención pontificia del Abad Emanuel Caronti, relaciona ésta con los acontecimientos por los que había escrito, dos años atrás, a Mons. Simón Pietro Grassi; entonces explicó al Abad las motivaciones profundas que lo llevaron a venir a América Latina:

[...] Y aquí me parece conveniente manifestar en forma reservada a su Excelencia, que, cuando dejé Italia, no vine a América sólo con la intención de visitar las casas que la Pequeña Obra de la Divina Providencia ya poseía aquí, sino que sin confesárselo a nadie, ni siquiera a Don Sterpi, para no causarle un dolor todavía más grave, me he arrojado al mar, como si fuese un Jonás, con la esperanza de que mi alejamiento, calmase las olas furiosas, y salvado la barca de mi pobre Congregación. Y además era necesario que yo me alejara para interponer un acto claro, en salvaguarda de mi buen nombre. Desde hace cuatro años que vengo esperando en vano, en silencio, en oración y confianza, que se dijese una palabra de defensa de una horrible calumnia, divulgada en la Diócesis y fuera de ella, semejante a la del vicioso Sacerdote Florencio. Viendo que, entonces, era inútil esperar, he creído que debía seguir el ejemplo de San Benito, que abandonó Subiaco, y se retiró a Montecassino. Por lo que desaparecí silenciosamente de Tortona, aprovechando la ocasión del Congreso Eucarístico. Y, dejando la Congregación en buenas manos, puse mi causa en las manos de Dios[1].

El horizonte de sentido existencial aparece cuando en mi rostro están los rostros de quienes son los destinatarios de mi existencia, llamado y vocación. Cuando en mi rostro están tallados los rostros de mis hermanos del Pequeño Cottolengo, de los hogares, de las escuelas y misiones en las que vivimos entregando nuestras vidas. Porque no peregrinamos a lugares: peregrinamos a los hermanos y hermanas y en ellos peregrinamos al Otro, que es Dios.

Y así como la novedad del Reino se pone de manifiesto en el amor a los pobres y en su liberación, esta caridad es la confesión de fe más profunda de la presencia salvífica de Cristo en la historia. En esta perspectiva entendemos la intensidad heroica con la que Don Orione vivió su pasión apostólica en favor de los hombres. Su ardor, por hacer que todos sean alcanzados por este amor de Jesús, lo llevó a pedirle la gracia de alcanzar a los más alejados; los excluidos; los que son considerados por el mundo como desperdicios: y Luis Orione peregrinó a los otros, abrazando la condición de Jesús; tallando en su rostro el sufrimiento de sus hermanos en su propio corazón: Orione, L., a E. Caronti, 01.08.1936, Summ., § 563; se conserva también de esta carta una minuta, donde se agrega en este párrafo: «[...] en buenas manos, las de Don Sterpi, me refugié». Idem, a E. Caronti, 01.08.1936, mi., ADO, Scr., 19,91-92; con otra carta al mismo destinatario, fechada el 19 de agosto, explicita la causa de la calumnia: «En cuanto al hecho doloroso que me afecta y que, en un primer momento pensé que hubiera provocado la visita suya, es cosa un poco extensa para contar. No quisiera resultar demasiado prolijo [...] Un día llega el correo, y Don Sterpi no estaba en casa; [...] leo. En un primer momento no entendía de qué se trataba. La cosa me parecía extraña. Después caí en la cuenta. Él [Mons. Bacciarini] enviaba a Don Sterpi el testimonio jurado de un Párroco suyo, el de Melide (no era Don Bornaghi) el cual contaba que supo tener en su casa a dos sacerdotes de la Diócesis de Tortona, de los cuales uno era Arciprete, y que había escuchado que Don Orione , cuando estuvo en Messina en calidad de Vicario General, después del terremoto habría frecuentado un prostíbulo, y que se encontró su nombre en los registros de la casa [...]» Orione, L, a E. Caronti, 19.08.1936, Summ., § 564. Scritti

69, 320. Don Orione tuvo también algunos problemas por esto de pensar y hablar de modo humilde de  sí  mismo  y  de  la  Congregación.  Había  quienes  miraban  más  el  orden  que  la  sustancia.

Sabemos  que  el Visitador apostólico, el abad Emanuele Caronti, fue enviado en 1934 “para poner orden” en la Congregación.

Don  Orione,  refiere  a  Don  Sterpi:  “Esta  mañana  él [el  Visitador] fue  llamado  por  los  Religiosos [la Congregación de la  Santa Sede] Por un artículo aparecido en el Corriere della Domenica, donde se dice que yo mismo llamo a nuestra Congregación  «un  gran lio». Me ha preguntado si es cierto. Le he respondido que si,  y  que  se  lo  digo  especialmente  a  los  Obispos  de  la  Iglesia  para  que  no  se dejen  embaucar  por  mí,  y  a nuestros sacerdotes y clérigos para que no se llenen de soberbia si la Divina Providencia se sirve de nuestros trapos para hacer un poco el bien, no porque queramos  hacer las cosas mas o menos”;

carta del 12.1.1939,

Scritti  19, 309. 1 Scritti 45, 60.


sábado, 29 de julio de 2023

SAN PEDRO CRISÓLOGO





Pedro, llamado Crisólogo (que significa 'palabra de oro'), (380 o 406-450) sacerdote italiano, arzobispo de Rávena (433-450), santo, Padre de la Iglesia y proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Benedicto XIII en 1729. Nació en la ciudad de Imola, en la Emilia, en una fecha indeterminada, entre 380 y 406. Su padre había sido obispo de su ciudad y, tras su muerte, fue bautizado y educado por el nuevo obispo, Cornelio de Imola. Su educación concluye con su ordenación como diácono hacia el 430

Murió en su ciudad natal, en Imola, cercana a Rávena, en 450, y su fama de santidad se fijó al poco tiempo, siendo reconocidas sus virtudes por el propio papa León I.

San Pedro Crisólogo, conocido como el hombre de las palabras de oro, atrajo innumerables multitudes a la fe con hermosas y profundas homilías

San Pedro Crisólogo es el doctor decimotercero en una serie cronológica de los Doctores de la Iglesia y uno de los primeros en ser honrado en el ciclo litúrgico anual. Al igual que sus colegas predecesores en la gran academia de Médicos, se esforzó con cada aliento de su vida y con su magnífica habilidad de oratoria, en afianzar y preservar el Sagrado Depósito de la Fe. Tan grande fue su elocuencia en la transmisión de la fe en toda su belleza y sencillez que se le recuerda, a pesar de que algunos de sus sermones han sobrevivido a los anales de la historia, como "el Doctor en Homilías", el "hombre de las palabras de oro".

Fiesta: 30 de julio

Martirologio romano: San Pedro, llamado Crisólogo, obispo de Rávena y Doctor de la Iglesia, que siendo el portador del nombre del bendito Apóstol, sostuvo su ministerio con tal maestría y dedicación, que atrajo a innumerables multitudes a la fe con la red de su doctrina celestial, saciándolas con la dulzura de su elocuencia divina. Su tránsito tuvo al Reino de los Cielos tuvo lugar el 31 de julio de 451, en Imola en Romaña. Fue sepultado en la iglesia de San Casiano.

Biografía de San Pedro Crisólogo


P. MARIO CABRI UN CORAZÓN GENEROSO Y DISPONIBLE 30 julio

P. Mario Cabri: un corazón generoso y disponible

Permanece grabada en mi memoria la frase que escuché el 30 de Julio de 2006, al terminar de almorzar en el Hogar Sacerdotal del Cottolengo de Claypole: “el P. Cabri acaba de partir a la casa del Padre”. Todos sabíamos que el P. Cabri estaba delicado de salud, pero la noticia nos golpeo a todos, pues moría un hombre de Dios, un patriarca…

 Con el correr de los días, comenzaron a llegar recuerdos, muestras de afectos y anécdotas sobre el querido P. Mario Cabri.
Para los jóvenes religiosos que no hemos alcanzado a conocer a Don Orione la imagen de ‘Don Mario’ se nos aparece, sin duda, como la más cercana a nuestro padre fundador. Con estas palabras definía el P. Aníbal Quevedo la figura del P. Mario Cabri en un mensaje escrito en la página web de la Congregación.
Mons. Rubén Di Monte, arzobispo de Mercedes-Luján, recordaba al P. Cabri con estas palabras: San Luís Orione tiene que ver mucho con este Arzobispo y con Mercedes-Luján. Cuando Monseñor Serafini concretó el sueño de un Seminario, lo comenzó en el hogar Torello. Allí funcionó el primer año del futuro Seminario Pío XII. Uno de los primeros confesores que tuvimos, quienes lo elegimos, fue el P. Mario Cabri que murió, hace muy poco a los 92 años. Sacerdotes que vinieron en aquellos años muy sacrificados y generosos

 Don Orione le pidió que venga a América dado algunos problemas y la necesidad de hijos dignos…”:
Querido Cabri, siempre encontré en ti un corazón muy generoso y disponible, por esto, luego de haber rezado, vengo a pedirte un grande y generoso sacrificio.
La Congregación tiene la necesidad que tú, por algún año, permanecieras en América, donde tengo urgente necesidad de hijos dignos de confianza y de religiosos no solo de nombre, sino de hechos (…) Mándame, una buena palabra donde sienta toda tu generosidad de tu corazón de buen religioso”.[1]

Misioneros orionitas en el "Neptunia", Abril de 1940

La idea original de Don Orione era que el P. Cabri, entonces un joven sacerdote, venga por dos o tres años y luego volviese a Italia a terminar su doctorado en la Universidad Gregoriana, dos años que se transformarán en 66 años de entrega generosa en nuestro país.
Su ejemplo misionero labraría los corazones de muchos jóvenes y religiosos.
Para quienes tuvimos la dicha de participar en la ordenación sacerdotal del P. Mariano Zapico, misionero en la India, permanece imborrable la imagen del P. Cabri caminando lentamente hacia Mariano, para imponerle las manos y luego darle el saludo de la paz… en ese momento todos sentimos que le pasaba el espíritu misionero, como diciendo: “ahora es tu turno, seguí mi legado”.  

 A fines de los años noventa, se discutía mucho dentro de la Congregación acerca del uso de los teléfonos celulares, los cuales no estaban tan difundidos como ahora. Se buscaba de discernir su utilidad, si eran un signo de status o no, si convenía que fuese personal o comunitario, etc., etc.; en síntesis, la discusión era si éstos iban contra el espíritu de la pobreza o no, y si eran necesarios o superfluos.
En una reunión de comunidad, mientras se esgrimían diferentes argumentos a favor y en contra del uso de los teléfonos celulares, el P. Cabri, compartió con gran sencillez lo que pensaba: “Don Orione uso el teléfono, el disco, la radio, el coche, el avión, y hoy usaría el celular”. Una respuesta que dejo atónitos a quienes estaban presentes en esa reunión, por la simplicidad y sabiduría de la misma.

  Durante mi tirocinio en Claypole, mientras hablábamos de las cartas de Don Orione, el P. Cabri nos dijo que era muy importante leerlas para conocer lo que pasaba por el corazón del Fundador. Nos decía que a pesar de haber conocido personalmente a Don Orione, leyendo sus cartas descubría cosas nuevas del pensamiento y los sentimientos del Fundador. “Nosotros éramos jóvenes, y había cosas que Don Orione no nos decía. Leyendo sus cartas descubro muchos de sus sufrimientos y problemas que vivió, cosas que nosotros en aquel tiempo no sabíamos, ni nos dábamos cuenta”.
Por último, recuerdo que cuando éramos seminaristas, estabamos mirando algunas imágenes de Don Orione y el P. Cabri se nos acercó, miro las estampas y nos dijo: “Este es Don Orione, siempre sonriendo”.
 Gracias, P. Cabri por reflejarnos la imagen de Don Orione y por ser “un corazón muy generoso y disponible”.

P. Facundo Mela fdp
Payatas (Filipinas), 3 de junio de 2012
Solemnidad de la Santisima Trinidad