SABÍAS ?
¿SABÍAS?MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS
SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA
¿ Y SU ORIGEN? :
El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".
¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...
¿Cuál es el fìn del MLO?
Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.¿Cómo lograr esto?
A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.
¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.
Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.
Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias
viernes, 1 de marzo de 2024
DON ORIONE NOS INSPIRA A LA COMPASIÓN ACTIVA
martes, 27 de febrero de 2024
SOLIDARIDAD : PARA RECONSTRUIR UN NUEVO MUNDO
Fragmento de "La vida después de la Pandemia" del Papa Francisco
A estas horas, a causa del COVID-19 hemos comprendido que todos estamos involucrados e implicados: la desigualdad, el cambio climático y la mala gestión nos amenazan a todos. Hemos de entender también que se deberían cambiar los paradigmas y sistemas que ponen en riesgo el mundo entero. Nuestra vida tras la pandemia no debe ser una réplica de lo que fue antes, sin importar quién solía beneficiarse desproporcionadamente. «Seamos misericordiosos con el que es más débil.
Sólo así reconstruiremos un mundo nuevo».
El COVID-19 nos ha permitido poner a prueba el egoísmo y la competición, y la respuesta es la siguiente: si seguimos aceptando, e incluso exigiendo, una competición implacable entre intereses individuales, corporativos y nacionales, en la que los perdedores son destruidos, entonces al final los ganadores también perderán como los otros, porque este modelo es insostenible a cualquier escala: desde el virus microscópico hasta las corrientes oceánicas, desde la atmósfera a las reservas de agua dulce. Una nueva era de solidaridad debe poner a todos los seres humanos en el mismo plano de dignidad, cada uno asumiendo su propia responsabilidad y contribuyendo para que todos —uno mismo, los demás y las generaciones futuras— puedan prosperar.
Junto a la visión, el compromiso y la acción, el Papa
Francisco ha mostrado hasta qué punto la oración es fundamental para redirigir
nuestra mirada a la esperanza, sobre todo cuando la esperanza se hace débil y
lucha por sobrevivir. «Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien
de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras». Mientras guiaba el mundo en la Adoración del
27 de marzo, el Santo Padre enseñó que orar significa:
• Escuchar,
dejar que lo que estamos viviendo nos preocupe, afrontar el viento y el
silencio, la oscuridad y la lluvia, permitir que las sirenas de las ambulancias
nos turben;
• reconocer
que no somos autosuficientes y, por tanto, encomendarnos a Dios;
• contemplar
el Cuerpo del Señor para ser permeados por su modo de obrar, dialogar con Él
para acoger, acompañar y sostener, como Él hizo;
• aprender
de Jesús a tomar la cruz y abrazar junto a Él los sufrimientos de muchos; •
imitarlo en nuestra fragilidad para que, a través de nuestra debilidad, la
salvación entre en el mundo; • y mirar a María, “Salud de su Pueblo y Estrella
del mar tempestuoso”, y pedirle que nos enseñe a decir “sí” cada día y a ser
disponibles concreta y generosamente.
La oración se convierte en la vía para descubrir cómo
ser discípulos y misioneros hoy, encarnando en una amplia variedad de
circunstancias el amor incondicional por todo ser humano y por todas las
criaturas. Este camino puede conducirnos a una visión distinta del mundo, de
sus contradicciones y sus posibilidades; puede enseñarnos día tras día cómo
dirigir nuestras relaciones, nuestros estilos de vida, nuestras expectativas y
nuestras políticas hacia el desarrollo humano integral y la plenitud de la
vida. Por tanto, la escucha, la contemplación y la oración son parte integrante
de la lucha contra las desigualdades y las exclusiones, y a favor de
alternativas que sostengan la vida.
lunes, 26 de febrero de 2024
BANDERA ARGENTINA, ENARBOLADA POR PRIMERA VEZ EN 1812
La bandera argentina fue enarbolada por primera vez por el General Manuel Belgrano el 27 de febrero de 1812, en las barrancas del río Paraná, en Rosario, Provincia de Santa Fé. El objetivo fue sustituir por los colores patrios los que hasta entonces llevaban los ejércitos en su lucha por la independencia.
DANOS MARIA UN CORAZÓN GRANDE... DON VINCENZO ALESIANI
viernes, 23 de febrero de 2024
DON ORIONE Y LA REALIDAD ARGENTINA / P. FACUNDO MELA
Su amor por Argentina
Luego de haber recorrido algunos escritos de nuestro
Padre Fundador y otras fuentes, se puede apreciar como vivió su encuentro con
la cultura y realidad argentina, y también su visión de aquellas cosas nuevas
que iba conociendo y experimentando.
Nos encontramos con un Don Orione extranjero que no
logra entender algunas cosas, que tiene problemas de pronunciación, que explica
la novedad que va viviendo. Pero, también con un Don Orione que logra captar
algo del genio argentino, llegando a tener un gran amor por esta tierra.
No siempre sucede que el extranjero o el visitante
consiguen entablar un buen vínculo con su nuevo destino, las personas y los
usos y costumbres del lugar. Claramente no fue el caso de Don Luis Orione,
quien amará profundamente a la Argentina, su “segunda patria”, como el mismo
solía decir.
Este amor lo llevará
-incluso- a decir que quiere morir en Argentina y que sus cenizas
descansen en el Cottolengo de Claypole. “Pues bien, a todos quiero decirles y
confirmarles que en la Argentina he hallado para siempre mi segunda patria, y
que, Dios mediante, volveré a ella vivo o muerto, pues quiero que mis cenizas
descansen en el Pequeño Cottolengo Argentino de Claypole,…”.
Hablando de algunos problemas de salud dirá en una de
sus cartas: “Esta fue una advertencia una gracia de Dios. Ahora me ocuparé de
poner en orden algunos asuntos, si el Señor me da tiempo. No se necesita mucho
y así que tengo la intención –Deo adiuvante– de ir a Argentina: desearía tanto
morir en Argentina”.
Ese afecto profundo por nuestro país y su gente
también se expresará en su deseo que el primer camión del Cottolengo lleve los
colores de la bandera nacional. “Ayer su Excelencia Rvma., el Nuncio se dignó a
bendecir el nuevo y primer camión del Pequeño Cottolengo Argentino, que lleva
los colores blanco y azul de la purísima de Luján y de la bandera nacional
argentina…”. Y enviará una bandera argentina para que sea colocada al lado de
la imagen de la Virgen, junto a la bandera italiana, en el Santuario de la
Guardia en Tortona. “La cortesía del buen matrimonio Corna (…), me ofreció el
modo de enviar al santuario de la Virgen de la Guardia en Tortona una bandera
argentina que deseo sea bendecida e izada a lado de la estatua de la Ssma. Virgen,
junto a la bandera italiana”.
En suma, la experiencia de Don Luis Orione nos muestra
la experiencia del misionero que se abre a otras culturas y dialoga con ellas,
y que como hombre de Dios se deja conducir por la Providencia hacia nuevos
horizontes, a los que el Apóstol de la Caridad aprendió a amar incondicionalmente.
jueves, 22 de febrero de 2024
DON ORIONE Y LA NUEVA LENGUA, EL CASTELLANO/ P. FACUNDO MELA
Don_Orione_encuentra_la_Argentina-
La nueva lengua: el castellano
A su llegada a la Argentina, Don Luis Orione se
encontrará con una nueva lengua, la cual buscará de aprender, llegando a tener
-con el correr de los años- un cierto dominio de la misma, como él mismo
atestigua en algunos de sus escritos: “Ahora empiezo a hacer algo porque ya
hablo en español”. Y también: “Ahora ya hablo y predico en español”.
Pero, al mismo tiempo, experimentará la vergüenza de
no saber hablar bien el nuevo idioma: “Traté de hacer mis cumplidos con frases
españolas pero, éstas, muchas veces no me salían y entonces me la pasé haciendo
unas reverencias ¡Qué feo no saber hablar! Si hubiera venido acá hablando el
español ¡cuánto más bien habría podido hacer!”.
Otro problema que encontrará será la pronunciación:
“Ayer a la tarde, fiesta de Don Bosco, le hable a los argentinos por radio, y
en lengua española, pero la jota no logro pronunciarla bien, es necesario haber
nacido aquí.”
Acerca de este párrafo, dirá el P. Enzo Giustozzi,
gran investigador de los escritos de nuestro Padre Fundador: “Se refiere a la
consonante aspirada ‘jota’, difícil de pronunciar para casi todos los
italianos”, pues es un sonido ajeno a dicha lengua.
Pero, Don Orione no solo intentará hablar en
castellano, incluso en varias cartas, tanto escritas a puño y letra, como en
telegramas o circulares, escribirá su nombre es castellano, firmando algunas
veces como “Luis Orione”, como por ejemplo, en una carta al Presidente de la
Nación, Gral. Agustín P. Justo.
En otras ocasiones firmará “Sac. Luis Orione della
Divina Provvidenza”, o “Juan Luis Orione. Pequeña Obra de la Divina
Providencia”.
Junto con esto, también experimentará la confusión de
palabras italianas y castellanas, como también otros problemas lingüísticos.
Así, refiriéndose al Hno. Jorge Valle escribirá su nombre de diversos modos:
“Jorge” (Carta al P. Zanocchi. Desde el “Neptunia”, 20 de agosto de 1937);
“George” (Carta al P. Zanocchi. Tortona, 27 de agosto de 1937); “Giorgio” (como
se escribe en italiano. Carta al P. Don Montagna. Buenos Aires, 1° de marzo de
1936); y “Gorge” (carta al P. Zanocchi. Tortona, 10 de septiembre de 1937).
El clima, las épocas del año y algunas costumbres
Otro elemento que resultó nuevo para Don Orione fue la
diferencia de las estaciones. En el borrador de un saludo navideño destinado a
Italia, dirá que “hace calor” en Argentina y se lamentará que la Navidad se
celebre de un modo distinto que en Italia. “Aquí hace calor: la Navidad no se
festeja, ni se siente como la sentimos nosotros, en nuestra Italia”.
Hablando de un retiro que se realizará en Argentina,
en un acta del 26 de agosto de 1937, señala que el mismo será durante el
invierno: “Allá es invierno y este año hacen los Ejercicios Espirituales en la
casa de formación, en el Colegio Apostólico”.
En una carta a Don Sterpi, solicitando el envió de
algunos clérigos para dar clase, le explicará que el ciclo lectivo comienza en
marzo: “Volviendo a los clérigos (…) Si tuviera cuatro o cinco clérigos aquí,
que hubiesen hecho la filosofía, en cuatro o cinco meses aprenden la lengua, y
podrían dar clase sin necesidad de ningún título (…) Aquí el ciclo lectivo
comienza en marzo, ellos podrían venir al terminar el ciclo lectivo en Italia y
estarían aún a tiempo”.
La referencia al clima aparecerá en otras
oportunidades: “Las escuelas en Argentina comienzan en marzo: ahora el verano
es muy caloroso aquí”.
En varías cartas también resaltará que el mes de María
en Argentina se celebra en noviembre: “Aquí el mes de la Virgen es del 8 de
Noviembre al 8 de Diciembre, en Brasil como en Argentina, éste es el mes de las
flores, el mes de María, ahora, en enero, o mejor dicho, en febrero, tendremos
la uva madura”. Es necesario recordar que en Europa el mes de María se celebra
en mayo.
Hablando de las vacaciones y los peligros que estas
presentan para los clérigos, Don Orione hablará de los yacarés (escribiendo en
italiano: sciaccaré ) que abundan en Itatí: “Fuera del instituto se debe andar
con temor y caminar como los perros que se lamen y corren cuando tienen sed, y
están cerca del Nilo para no dejarse atrapar por los yacarés (sciaccaré ),
especie de cocodrilos que abundan cerca de Itatí”.
lunes, 19 de febrero de 2024
DON ORIONE DE LA IGLESIA Y DEL PAPA
fuente: 30 giorni
En 1904 don Orione fue quizá el primero que
intervino ante el recién elegido Pío X para animarle a instruir la causa de
canonización de su predecesor: «Mi Beatísimo Padre, postrado a vuestros pies
benditos humildemente os suplico que os dignéis poner en marcha la Causa del
Santo Padre Pío IX y os animo a glorificarlo» (ibídem). La causa se abrió y
durante algún tiempo don Orione fue el vicepostulador. San Pío X fue sin duda
el Papa más determinante en la vida de don Orione, que decía: «El Santo Padre
Pío X será siempre nuestro Sumo Benefactor, nuestro Papa» (Scritti, 82, p. 98).
Al subir al solio en 1903, el patriarca Giuseppe Sarto eligió el lema
“Instaurare omnia in Christo”, que don Orione había elegido para su
Congregación hacía diez años. Esta fortuita coincidencia era señal de la afinidad
espiritual de estas dos grandes almas y tomará cuerpo en la sucesiva historia
de sus relaciones.
Su primer encuentro tiene el sabor de la
leyenda. El patriarca Giuseppe Sarto había llamado a Venecia al joven músico
don Lorenzo Perosi, coetáneo y paisano de don Orione. Le honraba con su
amistad, le había invitado a comer varias veces y lo había tenido por compañero
en algunas partidas de cartas. El padre de Lorenzo, temiendo que el cardenal
viciara a su hijo, confesó sus temores a don Orione. Este, sin pararse a
pensar, escribió una carta al patriarca, rogándole que no encaminara al
prometedor “maestrillo” hacia la perdición. Enviada la carta, pensaba que su
“sermoncillo”, respetuoso pero audaz, se olvidaría pronto. Pero… lo escrito
queda. Cuando unos diez años después fue recibido por primera vez en audiencia
por el ex patriarca de Venecia, recién elegido Papa, se sintió desfallecer al
ver que el Papa sacaba de su breviario la famosa carta. Al santo Pontífice no
le había parecido mal; al contrario, le aseguró que había sido un bien: «Una
lección de humildad es buena también para el Papa», comentó (E. Pucci, Don
Orione, p. 71s.).
Sería largo enumerar los servicios que don Orione prestó a Pío X y las demostraciones de confianza y afecto de Pío X para con don Orione. Después de esa audiencia se instauró entre el Santo Padre y el joven sacerdote tortonés una relación de confianza a prueba de bombas. Don Orione aceptó sin vacilar mínimamente las incumbencias, a menudo delicadas y difíciles, que le dio Pío X, como la de vicario general plenipotenciario de la diócesis de Messina en los cuatro turbulentos años que siguieron al terremoto de 1908, o la de continuar la acción del Pontífice respecto a los modernistas, a menudo severa en nombre de la verdad, pero siempre rebosante de caridad fraternal.
Por este acuerdo recto, leal y discreto, que se
estableció entre los dos santos, don Orione se encontró en situaciones
personales llenas de dificultades e incomprensiones. «¡Es un mártir!», dijo Pío
X de don Orione al final del periodo pasado en Messina (Summarium, p. 524). Es
significativo otro episodio de leyenda, pero verdadero y dramático. Llegó un
momento en que la relación de don Orione con los modernistas que habían
recibido censuras eclesiásticas infundió sospechas sobre su plena ortodoxia.
Pío X quiso ocuparse personalmente de la cuestión. Lo convocó en audiencia sin
motivo aparente, escrutó su rostro, escuchó con atención sus palabras. En un
momento determinado le pidió que se arrodillara y rezase el Credo. «Estaban
frente a frente el Supremo Pastor de la Iglesia, inquieto por su
responsabilidad –refirió luego el escritor Tommaso Gallarati Scotti–, y don
Orione, inocente, con la fe sencilla de su primera comunión, pero que llevaba
las tribulaciones y las culpas nuestras». Terminado el rezo del Credo, tan
devota e interiormente vivido, el rostro del Santo Padre parecía tranquilizado.
Y despidió a don Orione diciéndole: «Vete, hijo, vete… No es verdad lo que
dicen de ti» (Papasogli, p. 227).


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