
Fiat! Una palabra corta que el buen Dios ha erigido
como dulce refugio en este desierto tan árido y difícil de atravesar que se
llama la vida.
Fiat! refleja el gesto del niño que se arroja con amor
en los brazos del padre hasta que pase el huracán; el gesto del niño abandonado
que después de largos años de vida triste y solitaria reencuentra a su madre;
el gesto del exiliado que vuelve a la casa paterna, y reviviendo todo lo que
había amado tanto no atina a decir otra cosa más que: quiero morir aquí!
Fiat! Pronuncien esta palabra, corazones traspasados
por el sufrimiento y la lucha o angustiados por el sufrimiento de sus seres
queridos, y será para ustedes un bálsamo que los curará. Fiat! Pronuncien esta
palabra, corazones tímidos que no saben qué camino tomar ni a quién recurrir, y
encontrarán la luz que les mostrará el camino.
Fiat! Pronuncien esta palabra ustedes que quieren
alejar el temor o el mal que amenaza a aquéllos a quienes aman; ella los
acogerá bajo sus alas, y el huracán pasará sin tocarlos.
Fiat! Pronuncien esta palabra tan suave, hijos y
amigos míos; pronúncienla en cada respiro, en cada latido del corazón, en cada
movimiento de los labios. Dios la interpretará siempre como ustedes quieren:
como acto de fe en los momentos de duda, como acto de esperanza en el temor, y
siempre como acto de amor.
Fiat! Esta palabra no se puede decir más que a Ti,
Dios mío, porque sólo a Ti podemos confiarnos plenamente, dedicarnos y
abandonarnos totalmente. Fiat! En tus manos, pues; en tus manos, Dios mío!
Fiat! Fiat! En estos días de tristeza mortal te la
grito desde el fondo de mi alma desconsolada; me sumerjo en esta palabra
suprema con todo lo que más amo: Fiat! Fiat!
Plasma este barro, Dios mío, dale una forma y vuélvelo
a romper: pertenece a ti y a quien te representa, y ya no tendrá nada más que
criticar. Cuántos esfuerzos, Señor, para llegar a este punto! Cuánto de humano
hubo que abatir y pisotear! Ahora te agradezco desde lo profundo del corazón!
Fiat! Fiat! En medio de sufrimientos, ensalzado,
humillado, útil para algo o inútil para todos, yo te seguiré adorando siempre y
seré siempre tuyo, Dios mío! Nadie me apartará de Ti!
En las alegrías y en los dolores seré siempre tuyo,
Dulcísimo Jesús amor mío.
Solitario e ignorado, como la flor del desierto,
errante como el pájaro sin nido, siempre, siempre, Señor y Amor suavísimo de mi
alma, saldrá de mis labios la palabra sumisa de aquélla que me has dado por
Madre: Fiat! Fiat!
Hágase en mí según tu palabra!