SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


sábado, 9 de enero de 2021

LOS MAGNIFICOS 33




La lista de los 33 hermanos más antiguos de la congregación Orión.

 

EL MAGNÍFICO 33

 los Magníficos 33 Hermanos Mayores que comenzaron 2021.

Todos forman parte de la historia de la Congregación de la que han escrito páginas importantes.

Todos continúan su compromiso con el apostolado, en particular, en el de la oración por las vocaciones de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. De hecho, nuestras Normas (Art. 65), indican que una de las formas de favorecer la respuesta vocacional es a través de la participación de los ancianos y los hermanos enfermos para una oración segura y constante al Maestro de la cosecha. Sin embargo, si la salud lo permite, muchos también continúan realizando actividades y servicios importantes y estratégicos para el apostolado de orionita.

Sabemos que la venerable era una gran gracia del Señor para estos hermanos y un gran don para la Congregación y para las muchas personas que han sido parte de sus vidas y de sus apostolados. Pero también implica cierta molestia y dificultad. Estamos cerca de estos hermanos con particular admiración y gratitud, expresamos el deseo y la oración de toda la Familia Orionina y para ellos invocamos la bendición del Señor para la intercesión de San Luis Orione.

 Nombre                                    Nacido el                                 Reside                                 Años en 2021

1.            Fr.           POLYDORI En el 02/03/1921         Milán-PCDO (IT)                                             100

2.            Sac.        VITI Aldo              17/04/1923         GE-Paverano (IT)                                            98

3.            Sac.        PARAVANI Ettore             03/03/1924         Venta de Roma-Sette (IT)             97

4.            Sac.        DALMASSO Antonio        28/12/1925         Sanremo-PCDO (IT)                       96

5.            Sac.        BORTOLATE Ivone           21/05/1926         Trebaseleghe (IT)                           95

6.            Fr.           FAUSTINO Affonso          31/08/1926         Señor Curitiba-Fil. (BR-S)               95

7.            Sac.        GRAMOLAZZI Giorgio     27/03/1927         Sanremo-PCDO (IT)                       94

8.            Sac.        BATTISTOTTI Luigi             11/05/1928         GE-Castagna (IT)                            93

9.            Sac.        MARCHESANI Gino          11/06/1928         Boston(Estados Unidos)                93

10.          Sac.        CAPRAI Ivo          02/09/1929         GE-Castagna (IT)                                             92

11.          Sac.        PIETROBON Bruno           13/03/1930         Departamento Quintero (RCH)   91

12.          Fr.           PRIMEROS SASTRES        25/05/1930         GE-Castagna (IT)               91

13.          Sac.        FERRINI Pietro   03/06/1930         Departamento Quintero (RCH)   91

14.          Fr.           KUNCE  Edmund               21/04/1931         Warszawa-Lind (PL)         90

15.          Sac.        MOLTENI Luciano             19/07/1932         Bérgamo (IT)      89

16.          Sac.        FREICHER Stanislaw         20/09/1932         Drajleya (PL)       89

17.          Sac.        VICENTE José     21/01/1933         Valena (BR-N)    88

18.          Sac.        PAWLINA Stanislaw         19/03/1933         Warszawa-Lind (PL)         88

19.          Fr.           ZOCCARATO Renzo         31/08/1933         VE-Mestre (ES) 88

20.          Sac.        PAWLAK  Leonard            11/10/1933         Zdunska Wola  (PL)          88

21.          Mons.   DE PINHO ALOISIO I.       14/01/1934         Río Claro (BR-S)                 87

22.          Sac.        FRISON Elio         29/01/1934         Río d. Janeiro (BR-N)                    87

23.          Sac.        SZUREK Ryszard S.            30/07/1934         Kalisz (PL)                         87

24.          Sac.        PARODI Alberto 13/09/1934         GE-Paverano (IT)                             87

25.          Sac.        BATTISTELLA Massimiliano           08/05/1935         Humo (ES)           86

26.          Sac.        VAZZOLER Peter               16/05/1935         Bérgamo (IT)                     86

27.          Sac.        CAMPOS Geraldo Laisl.  27/06/1935         Belo Horizonte (BR-N)    86

28.          Sac.        ZANATTA Sergio               21/08/1935         Milán-PCDO (IT)                86

29.          Sac.        CORDISCHI Angelo           03/09/1935         Roma-M. Mario (IT)        86

30.          Sac.        DIAS Geraldo     05/11/1935         Belo Horizonte (BR)                        86

31.          Sac.        FERREIRA DA S. José Nascim.       23/12/1935         San José SC (BR) 86

32.          Sac.        DIDON Severino               01/01/1936         Trebaseleghe (IT)             85

33.          Sac.        JERANÁ Antonio               30/07/1936         Herculano (IT)                     85

 

 

               

NUEVA PROVINCIA RELIGIOSA DE LAS PHMC, NUEVO NOMBRE, NUEVA SUPERIORA




 TODAS SOMOS HERMANAS ...BIENVENIDAS A NUESTRAS VIDAS.!!!!!!!

Nueva Provincia Religiosa


En la solemnidad de María Madre de Dios, da inicio la nueva Provincia de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, que acoge a las Hermanas, obras y servicios de Perú, Chile, Paraguay, Uruguay y Argentina. La nueva realidad latinoamericana de habla hispana nace bajo la protección de Ntra. Sra. de Guadalupe. La Superiora Provincial es la Hna. Ma. Adriana Zbicajnik.


La Virgen guarde entre sus manos maternales a la Hna. Ma. Adriana, a las Hermanas de su Consejo y a cada Hermana de la nueva Provincia.

Desde el Cottolengo Femenino les auguramos la bendición que hoy, providencialmente nos propone la Palabra de Dios: "El Señor te bendiga y te guarde, haga resplandecer su rostro sobre ti y te tenga misericordia, vuelva a ti su rostro y te conceda la paz."
"AVE MARÍA Y ADELANTE" Maria Rossana Sanchez Mardones PHMC 

EN VICTORIA LO ESPERABA LA VIRGEN

 


En Victoria lo esperaba la Virgen de la Guardia

Mons Alberti, entre otros lugares, le ofrece el templo de Victoria, construido hacía pocos años (1913 ), pero sin sacerdote residente, por lo que ya empezaba a parecer medio abandonado

En compañía del párroco de San Fernando, de donde dependía Victoria, P. Maximino Pérez, del Sr. Tomás Cullen y de Mons Silvani, Don Orione llega a visitar el templo Él mismo lo cuenta en varias cartas a los suyos de  Italia.

El 1° de diciembre, escribe a todos los suyos de Italia:

“mis queridos hijos en Jesucristo: (...) La Divina Providencia abre sus puertas también en Argentina () En la iglesia nueva, hermosa y ya equipada con todo, que me entregó el Obispo, situada en un suburbio de Buenos Aires, llamado Victoria, encontré la estatua de la Virgen de la Guardia, hermosa, con su Benito Pareto, y obtuve del Sr. Obispo que la iglesia (que no había sido dedicada todavía) sea la Iglesia de la Guardia. Hay también una hermosa Casa con 6.500 metros cuadrados de terreno alrededor () Espero ayuda de sacerdotes y seminaristas lo más pronto posible () Ánimo, queridos hijos míos, vengan a ayudarme y les haremos un gran bien a las almas! Mañana vuelvo a Brasil, y a mediados de enero vuelvo aquí – También acepté la atención espiritual de unos 1000 huérfanos abandonados, en parte sin bautizar: se trata de un Instituto nacional”.

Será sin embargo su amigo e “introductor”, Mons. Silvani, quien agrega algunos sabrosos detalles a la tan conocida anécdota de ese “encuentro” providencial; transcribimos del libro de Papasogli:

“Mientras nosotros observábamos y admirábamos las bellas líneas de la iglesia, pareció perder el conocimiento; vimos que se separaba de nosotros, levantando los brazos y lo escuchamos gritar, como nunca lo habíamos escuchado, de alegría y entusiasmo; y lo vimos correr gritando como un niño, siempre hacia la imagen de la Virgen que había llamado su atención, y arrodillarse y rezar, conmovido y casi transfigurado... No entendíamos y le preguntamos por qué tanto entusiasmo; él, señalando a la Virgen de la Guardia en el altar, dijo: ‘Pero ¿acaso no lo ven? ¡Es la Virgen de la Guardia! Vine a Argentina con la intención de edificar una iglesia a la Virgen; pero la Virgen fue más diligente que yo y ya me la dio hecha... Cuando partí de Génova prometí consagrarle todas mis obras en América y ahora me siento feliz de verla honrada aquí’. Y dijo que aceptaba la iglesia sin pensarlo más”53

viernes, 8 de enero de 2021

PARTE IV, INICIATIVA PERSONAL Y UNA SOLIDARIDAD CADA VEZ MAYOR



AUTONOMÍA DE LA INICIATIVA Y LIBERTAD DE ACCIÓN

Para la enorme empresa de rescate y asistencia llevada a cabo después del terremoto de Calabro-Sicilio, Don Orione no podía contar inmediatamente con recursos institucionales previamente asegurados, ni civiles ni eclesiásticos. No es que haya actuado porque lo había hecho. Actuó porque tenía corazón, comenzó con humildad, concretamente. A continuación, se movió la solidaridad de otros que ponen a disposición muchos recursos personales, económicos y organizativos.

En primer lugar, su pequeña y temblorosa congregación todavía estaba en su infancia("un recinto ferial",lo llamó), un gran número de congregaciones religiosas y eclesiásticos (entre ellos, recordamos el Catanoso, el canónigo De Lorenzo, Padre Aníbal de Francia), asociaciones e instituciones laicas y eclesiásticas, obtuvo ayuda sustancial de innumerables benefactores "en nombre de la santa caridad". También el obispo de Cassano Ionio, Pietro La Fontaine puso a disposición parte del episcopio para dar la bienvenida a los huérfanos.

La autonomía de la iniciativa, que tiene su condición en la autonomía de la financiación, sigue siendo un factor esencial de esperanza y progreso social. Fue en la época de Don Orione y lo es hoy. Luego vino la ayuda pública, dutiful y justicia, pero la esperanza fue encendida primero por la caridad que da su propia, en términos de recursos personales, intelectuales, espirituales, relacionales, operativos e incluso económicos.

Don Orione llegó a Reggio y luego Mesina en la condición de Pedro frente al lisiado que le pidió ayuda: "Se volvió hacia ellos, esperando recibir algo. Pero Pedro le dijo: "¡No tengo plata ni oro, sino lo que tengo, os lo doy: en el nombre de Jesucristo, el Nazareno, camina!" Y, tomándolo de la mano derecha, lo levantó y saltó a sus pies, caminó y entró en el templo con ellos, saltando y alabado a Dios. Toda la gente lo vio caminando... y de su asombro vino..." (Hechos 3, 1-11).

 Hoy la Iglesia ha vuelto a esta condición de Pedro y Don Orione. Desde finales del siglo XVII, con la nacionalización del patrimonio eclesiástico, la supresión de las órdenes religiosas, la nacionalización de los hospitales, la Iglesia perdió en Francia y más tarde en Europa las herramientas que durante siglos le habían servido para hacer caridad. Desde 1700, y hoy con nuevas formas, la base normal de su economía ya no son los subsidios puestos a disposición de los pobres por el Estado y gestionados por la Iglesia, sino que son las ofrendas de los cristianos dadas a la Iglesia para que pueda utilizarlos en favor de los necesitados. [5]

Hoy en día, el protagonismo del Estado en el campo del bienestar y el bienestar ha crecido, y debemos estar satisfechos por esto porque es una expresión de justicia social. La Iglesia gana en libertad, aunque sea con dificultades para encontrar recursos. Gestionar los servicios en nombre del Estado -esto es lo que hacen hoy muchas obras católicas en Italia- tratar al menos de poner "calidad humana y religiosa" en él es una tarea cada vez más difícil porque la asistencia estatal está fuertemente ideizada culturalmente (según objetivos, valores y personas a menudo dominantes) y económicamente (ayuda económica subordinada a los objetivos dominantes).

Por lo tanto, la iniciativa personal y la búsqueda de una solidaridad cada vez mayor (incluida la del Estado) es la primera lección dada por Don Orione en su acción en el rescate de las víctimas del terremoto.

[5] Cf. Giuseppe Butturini, Breve Historia de la Caridad. La Iglesia y los pobres. Gregoriana, Editrice, Padua, 1989.

fuente messaggi Don Orione, Don Flavio Peloso


PARTE III AYUDA A LAS POBLACIONES DEL TERREMOTO




SECULARIZACIÓN DE LA ATENCIÓN Durante la ayuda a las poblaciones del terremoto de Calabro-Siculo, Don Orione consideró que la solidaridad y la asistencia no eran un campo de actividad reservado a la Iglesia o realizado principalmente por instituciones religiosas. La secularización de la sociedad que comenzó ampliamente con los franceses fue seguida, aunque con cierto retraso, por la secularización o secularización de la asistencia social. La Iglesia italiana reaccionó a este fenómeno con una actitud de oposición intransigente, "protestando -como nos refieren Pietro Borzomati y Maria Mariotti con respecto a Calabria- contra el cambio político que se apartó de la influencia de las instituciones y áreas de la Iglesia a través de las cuales en el pasado había hecho sentir más su presencia en la sociedad: educación, educación, asistencia a los pobres, enfermos, presos, etc.". [13]

Sobre los escombros de las ciudades destruidas conoció las actividades del Patronato "Regina Elena", una institución humanitaria secular bajo la égida de la Casa Real y con la condesa Gabriella Spalletti Rasponi como presidenta. El Interior tenía sus propios funcionarios como oficiales de ayuda estatal. Traer ayuda llegaron los cuerpos seculares completamente extraños, y a veces en contraste militante, con las motivaciones religiosas. Entró en contacto con la Asociación Nacional para el Mezzogiorno de Italia que recogió la flor de personalidades de la cultura italiana (Zanotti-Bianco, Gallarati Scotti, Von Hughel, Franchetti ["Si todos los sacerdotes fueran como Don Orione, yo también sería cristiano"[14]], protestantes y asociaciones masónicas. Muchos de estos protagonistas seculares de la solidaridad acabarán entrando no sólo en la órbita caritativa de Don Orione, sino también en la de la fe católica.

Don Orión encontró una realidad de asistencia muy secular y diversa, donde la religiosa era una de muchas. Pío X le dijo: "Harás el signo de la cruz dos veces, y luego irás a Spalletti y se llevarán a sushuérfanos" [15].

Don Orione no sólo comenzó a colaborar ajetreadamente y "como sacerdote" con toda la gente en el campo, sino que se convirtió en su referencia moral. Se convirtió en el primer colaborador de Spalletti tanto que entonces Pío X felicitó a Don Orione: "Te convertiste en el primer santo en el calendario de Spalletti". Y Don Orione comentó:"La expresión me hizo temblar porque Spalletti tiene pocos santos católicos en su calendario". [16]

 a reina Helena fue incluso nombrada Vicepresidenta de Messina y Marsica. Cooperó intensamente con el estado. En Messina, atrajo muchos problemas y sospechas opuestas por su asistencia con exponentes del pensamiento modernista. Se convirtió en el coordinador del socorro del mundo eclesial, fue el referente de la caridad del Papa, movilizó numerosas congregaciones religiosas para ayudar a aquellos que lo habían perdido todo, en ayudar a los heridos, en la educación de los huérfanos. Pío X lo nombró Vicario General de Messina, donde permaneció durante 3 años.

 Bueno, lo que pasó en ese contexto de Reggio y Messina tiene algo que decir incluso hoy. En comparación con esos días, la asistencia se ha vuelto cada vez más secularizada: la asistencia estatal ha tenido un gran desarrollo legislativo y práctico; hoy en día hay innumerables organizaciones laico públicas y privadas, con muchos medios y personas.

Debemos superar la actitud perjudicial de rechazo y controversia hacia la asistencia secular centrada teóricamente en la oposición de la filantropía-caridad: la llevada a cabo por cualquiera, esta por la Iglesia.

Debe fomentarse una relación seria con el Estado y su legislación,para asumirla, corregirla y promoverla con valentía. Don Orione no tenía miedo de aceptar subsidios estatales o de encajar en sus estructuras, aunque estaba muy celoso de la libertad de enfoque y de la calidad cristiana del servicio. De lo contrario, también dejó buenas oportunidades.

Debemos tener una confrontación seria con todas las instituciones de bienestar. Don Orione sabía "aprender" y tomar métodos y medios en el campo de la atención y la educación que provenían del mundo secular. "Incluso esas formas, aquellas costumbres que pueden parecer demasiado a nosotros, respetarlas y adoptarlas, necesitando, sin escrúpulos, sin pequedad de mente: ¡salvar la sustancia debe ser salvado! Eso es todo. Los tiempos corren rápido, y han cambiado un poco y nosotros, en todo lo que no toca la moral, la doctrina y la vida de la Iglesia, debemos ir y caminar con los tiempos y caminar a la cabeza de los tiempos y de los pueblos, y no en la cola, y no dejarnos arrastrar para tirar de los pueblos y llevar y los jóvenes y los pueblos a la Iglesia y a Cristo, debemos caminar hacia la cabeza. Y luego eliminaremos el abismo que se está haciendo entre Dios y el pueblo". [17] En su relación con las instituciones seculares y seculares Don Orione no tenía miedo de contaminarse a sí mismo, al contrario, vio la oportunidad de poner allí el buen fermento del Evangelio. Fue la caridad la que transformó las relaciones con los pobres y con los que cuidaban a los pobres y sus hogares se convirtieron en"balizas de fe y civilización".

[13] Maria Mariotti, La Chiesa a Reggio Calabria fra ottocento e Novecento,p.13, en Aa.Vv., La figura e l'opera del canonico Salvatore De Lorenzo,Reggio Calabria 1993; cf. Pietro Borzomati, Aspetti religiosi e storia del Movimento Cattolico en Calabria (1860-1919),Rubbettino, Soveria Mannelli 1992.

[14] DESPUÉS,VI, 425.

[15] Proceso Apostólico de Pío X, XVIII, p. 648.

[16] DESPUÉS, V, 77.

[17] Escritos 20, 97b.

[18] Scritti 48, 166.

miércoles, 6 de enero de 2021

PARTE II PRIMERA AYUDA Y PROMOCIÓN

 


SIEMPRE EMPEZANDO POR LOS MÁS POBRES

Es otra característica de la obra solidaria en Don Orione. Significa dar prioridad ante todo a los más débiles, los últimos, los más abandonados y dar prioridad a la ayuda en las necesidades primarias cuando faltan (vida, pan, techo, salud, familia, etc.)

Al llegar a las zonas del terremoto es interesante ver los primeros movimientos de Don Orione. Los primeros días y semanas muy difíciles fueron de "primeros auxilios": heridos, moribundos, personas enloquecidas por el dolor, huérfanos, hambrientos, personas en el frío y sin refugio, indefensos por los "chacales" que robaron bienes y huérfanos (esto también estaba allí) e indefensos por los lobos que descendían hambrientos en los países.

Al principio, no se movió como inspector u organizador de la solidaridad; quién sabe cuántos otros habrían muerto o enloquecido mientras tanto!

Es una clara indicación para la solidaridad cristiana: "partiendo del último", "opción preferencial de los pobres", como a menudo leemos hoy en día en un idioma que ha entrado en el vocabulario común. "Los más abandonados y rezagados", insistieron Cottolengo, Don Bosco y Murialdo en Turín. "Los más necesitados", dijeron Don Mazza y Comboni en Verona y luego en Africa. Para "aquellos que nadie quiere y todos los rechazan, la iglesia incluida" [6] abrió sus casas de don Orione. "A los pobres entre los más pobres, nuestras hermanas y hermanos irán", escribe la madre Teresa de Calcuta en las constituciones. [7]

Servir a los más pobres es una elección permanente y renovarse con continuas "re-salidas". "Los que tienen protección por otro lado, para ellos ya está la providencia de los hombres, somos de la Providencia divina, es decir, sólo estamos para compensar a los desaparecidos y han agotado toda providencia humana." [8]

PROMOCIÓN DE LOS MÁS POBRES Y LA ESPECIALIZACIÓN DE LA CARIDAD

Después de las primeras semanas de emergencia, en los trabajos de rescate en Messina y Marsica, Don Orione pasa de la labor de primeros auxilios de los primeros  auxilios de los bienes primarios en favor de los más pobres y débiles a una obra de promoción de los pobres. Se pone en contacto con otros ; promueve la sensibilización a través de periódicos, se ocupa de los derechos de propiedad y de las casas de las víctimas del terremoto; pensar en el futuro de los huérfanos proporcionando escuela, educación, trabajo; reorganiza iglesias y estructuras de la Iglesia local, etc. Abre iglesias, colegios, instituciones caritativas. Desde las chozas de San Próspero y Tre Mulini, dejadas por Mons. Cottafavi a Don Orione, pasamos a lo que se convertirá en la Obra Antoniana delle Calabrie y las otras iniciativas caritativas de Reggio.

Fue capaz de combinar la caridad como "primera ayuda" caridad "promoción de los pobres", como el estudio de los problemas, la socialización y organización de soluciones, la promoción de la justicia, la educación en la autonomía de las personas, etc. Mejora todo lo que la ciencia y el progreso pueden ofrecer. Citando a Pasteur, Don Orione afirma: "La salvación, no sólo de los hospitales sino del mundo, se encuentra debajo delas dos grandes alas: la caridad y la ciencia." [9] Lo llamó"ciencia caritativa"[10] para decir interpenetration in content and purpose between science and charity. Don Orione ama una"caridad iluminada que nada rechazará de lo que es ciencia,de lo que es progreso, de lo que es libertad, de lo que es hermoso, que es grande y que marcó la elevación de las generaciones humanas". [11]

Son dos dinámicas diferentes e interdependientes. Partiendo de las necesidades primarias de los más pobres, asegura el anclaje existencial a la necesaria "especialización en caridad". De hecho, no existe un problema social de la sociedad de los siglos XIX y XX en el que no ha entrado la caridad de la Iglesia, y a menudo empleando a muchos de sus miembros en el estudio y también en la solución científica de los problemas. Para el historiador alemán Erwin Gatz, los religiosos de las diferentes órdenes no sólo entendieron la necesidad de este desarrollo, "sino que ayudaron a imponerlo decisivamente alas naciones industriales" [12].

[7] Esta caridad de "primeros auxilios" se conoce como primaria en Don Orione, aunque no es exhaustiva. Don Bosco y Murialdo eran conscientes de los límites de sus decisiones de primera respuesta, pero estaban igualmente convencidos de que eran necesarios: los chicos no pueden esperar, si no los recojo hoy, mañana acabarán en prisión. Esta elección fue rehecha radicalmente hoy por la Madre Teresa de Calcuta: "En el mundo hay quienes luchan por la justicia y los derechos humanos. No tenemos tiempo, porque estamos en contacto diario con hombres que siguen morir de hambre o de enfermedades que se curan fácilmente. Si luchara por la justicia, los necesitados que hoy vienen a mi casa morirían por no tomar un vaso de leche. Para mí lo más importante es los más necesitados de hoy; en la Iglesia algunos tienen una vocación, otros tienen otra. Lo que importa es estar unidos en el Señor en obediencia al Papa de Roma". Para Don Bosco, cf. P. Stella, Don Bosco nella storia..., II, 382-386; para Don Murialdo: Castellani, Il beato Leonardo Murialdo..., II, 237-241; para la Madre Teresa: González-Balado, Mi vida..., 124.).

[8] Scritti 97, 251.

[9] Escritos 61, 169. Hablando del principal instituto de caridad de Génova, destinado a los discapacitados mentales y mentales, escribe: "¡Me gustaría hacer de Paverano un Instituto del que la Provincia y Génova tienen cadavez más para honrarse a sí mismos: la caridad y la ciencia!" (47, 245).

[10] Scritti 57, 169.

[11] Scritti 111, 125.

[12] E. Gatz, Charitable Activity, en Church History (Jedin, editado por) X/1,394.

El compromiso solidario en los tiempos actuales también debe tenerse en cuenta y en relación con la caridad de "primeros auxilios" y la caridad de la "promoción especializada". Nuestra Congregación busca equilibrar las dos formas de "caridad" con nuevas salidas de las necesidades primarias de los más pobres y con su promoción especializada.

martes, 5 de enero de 2021

JORNADA MUNDIAL DE LA PAZ 2021

 


DIA MUNDIAL DE PAZ. EL PAPA: "NO HAY PAZ SIN UNA CULTURA DE CUIDADO"

El Mensaje del Papa Francisco para la 54.ma Jornada Mundial de la Paz, que se celebró el 1 de enero de 2021, se titula "La cultura del cuidado como camino de paz.

La cultura del cuidado, como "compromiso común, solidaridad y participación para proteger y promover la dignidad y el bien de todos", y "una posición para interesarse, prestar atención, compasión y sanación, respeto mutuo y aceptación mutua", constituye un camino privilegiado para la construcción de la paz, para "erradicar la cultura de la indiferencia, el rechazo y la confrontación, que a menudo prevalece hoy". El Papa Francisco lo escribe en su Mensaje para la 54.ma Jornada Mundial de la Paz, celebrada el 1 de enero de 2021, solemnidad de María Santísima, Madre de Dios.

El Papa "se dirige a los Jefes de Estado o de Gobierno, a los líderes de las organizaciones internacionales, a los líderes espirituales y a los fieles de las diversas religiones, hombres y mujeres de buena voluntad". Les recuerda lo que se escribió en su última encíclica, Hermanos Todos: "En muchas partes del mundo necesitamos caminos de paz que conduzcan a heridas sanadoras, hay una necesidad de artesanos de paz dispuestos a iniciar procesos de sanación y encuentro renovado con ingenio y audacia".

Alienta a todos a convertirse en "profetas y testigos de la cultura del cuidado, para salvar las muchas desigualdades sociales".

Porque el barco de la humanidad, donde "nadie se salva a sí mismo", puede "navegar con una ruta segura y común" sólo con el "timón de la dignidad de la persona" y la "brújula de los principios sociales fundamentales". Francisco mira a los acontecimientos de 2020, marcados "por la gran crisis de salud de Covid-19", que ha agravado crisis muy relacionadas, "como el clima, la alimentación, las crisis económicas y migratorias, y ha causado fuertes sufrimientos e inconvenientes". Piensen en primer lugar "en aquellos que han perdido a un familiar o a un ser querido, pero también en aquellos que se han quedado sin trabajo". Recuerda de manera especial médicos, enfermeros, farmacéuticos, investigadores, voluntarios, capellanes y personal de hospitales y centros de salud, "que han trabajado duro y lo siguen haciendo, con grandes esfuerzos y sacrificios, hasta el punto de que algunos de ellos han muerto en un intento de estar al lado de los enfermos, de aliviar su sufrimiento o de salvar sus vidas".

Pensando en ellos, el Pontífice renueva su llamamiento a los líderes políticos y al sector privado,

"tomar las medidas adecuadas para garantizar el acceso a las vacunas Covid-19 y a las tecnologías esenciales necesarias para ayudar a los enfermos a todos los más pobres y frágiles". Desgraciadamente, el Papa Francisco lamenta, "junto a numerosos testimonios de caridad y solidaridad", "diferentes formas de nacionalismo, racismo, xenofobia e incluso guerras y conflictos que siembran muerte y destrucción" están ganando un nuevo impulso. La pandemia, y los otros acontecimientos que marcaron el camino de la humanidad en 2020, subraya el Papa... "Nos enseñan la importancia de cuidarnos unos a otros y de crear, de construir una sociedad basada en relaciones de fraternidad. Así que elegí como tema de este mensaje: La cultura del cuidado como camino de paz". El Papa fundó entonces los cimientos de la "cultura del cuidado" y la vocación humana de cuidarse a sí mismo, del otro y de la creación, en Dios Creador, el primer modelo a seguir, junto con el hijo Jesús y sus seguidores, y finalmente la doctrina social de la Iglesia. Ya en el plan de Dios para la humanidad, Francisco escribe, el cuidado y el cuidado son fundamentales. El Libro del Génesis, en el relato de la creación, describe a Dios que confía el jardín del Edén a Adán, con la tarea de "cultivarlo y custodiarlo", luego "hacer la tierra productiva" pero también "protegerla y hacerla preservar su capacidad de sostener la vida".

Cuatro principios básicos que Francisco analiza uno por uno, partiendo de la defensa "de la dignidad y los derechos de la persona", un concepto "nacido y madurado en el cristianismo", que "ayuda a perseguir plenamente el desarrollo humano". Persona, de hecho, "siempre dice relación, no individualismo, afirma inclusión y no exclusión, dignidad única e inviolable y no explotación". Toda persona humana, subraya, "está creada para vivir juntas en la familia", "en la sociedad, donde todos los miembros son iguales en dignidad". Una dignidad que trae derechos pero también deberes, como "acoger y ayudar a los pobres, a los enfermos, a los marginados, a cada uno de nuestros vecinos".

El bien común para servir y cuidar,

entonces aclara al Pontífice, es, escribir los padres conciliares en gaudium et spes, el "conjunto de las condiciones de la vida social que permiten" la comunidad a los individuos, "alcanzar su perfección más plenamente y más rápidamente" y también se refiere a las generaciones futuras. La pandemia Covid-19 nos mostró que estamos "en el mismo barco, todos frágiles y desorientados, pero al mismo tiempo importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos", como dijo el Papa Francisco en la oración del 27 de marzo, en una plaza de San Pedro desierta, porque "nadie se salva a sí mismo" y ningún estado nacional aislado "puede asegurar el bien común de su población".

Por lo tanto, la solidaridad es, reitera el Papa, compromiso por el bien de todos y de cada uno: "La solidaridad nos ayuda a ver al otro, tanto como persona como, en un sentido amplio, como pueblo o nación, no como un hecho estadístico, o un medio para ser explotado y luego descartado cuando ya no es útil, sino como nuestro vecino, compañero del camino, llamado a participar, como nosotros, en el banquete de la vida al que todos son igualmente invitados por Dios".

Desde escuchar atentamente al "grito de los necesitados y los de la creación",

como Francisco pidió en El Laudato si', "un cuidado eficaz de la tierra", hogar común, "y de los pobres" puede nacer, teniendo en cuenta que el sentimiento de "unión íntima con otros seres de la naturaleza" no puede ser auténtico a menos que vaya acompañado de ternura "para los seres humanos".

Francisco invita, por tanto, a "los líderes de las organizaciones y gobiernos internacionales, el mundo económico y científico, la comunicación social y las instituciones educativas", ante "la profundización de las desigualdades dentro y entre las naciones", a hacerse cargo de la "brújula" de los principios de la doctrina social de la Iglesia, a fin de dar al proceso de globalización, un curso común, "verdaderamente humano", como ya se indica en los hermanos y hermanas todos. Esto permitiría "actuar juntos y solidarios por el bien común, levantando a los que sufren de pobreza, enfermedad, esclavitud, discriminación y conflicto".

A través de esta brújula, animo a todos a convertirse en profetas y testigos de la cultura del cuidado, para llenar tantas desigualdades sociales. Esto sólo será posible con un protagonismo fuerte y generalizado de las mujeres, en la familia y en todas las esferas sociales, políticas e institucionales.

Una brújula también útil para las relaciones entre naciones, "que debe inspirarse en la fraternidad, el respeto mutuo, la solidaridad y el respeto del derecho internacional". Promover los derechos humanos fundamentales y respetar el derecho humanitario, "especialmente en esta etapa en la que los conflictos y las guerras se suceden sin interrupción". El Papa Francisco lamenta que "muchas regiones y comunidades han dejado de recordar una época en la que vivían en paz y seguridad".

Muchas ciudades se han convertido en epicentros de la inseguridad: sus habitantes luchan por mantener sus ritmos normales, porque son atacados y bombardeados indiscriminadamente por explosivos, artillería y armas ligeras. Los niños no pueden estudiar. Los hombres y las mujeres no pueden trabajar para apoyar a las familias. La hambruna echa raíces donde antes era desconocida. La gente se ve obligada a huir, dejando atrás no sólo sus hogares, sino también la historia familiar y las raíces culturales.

Entonces se convierte en un "proceso educativo" fundamental para la cultura del cuidado, nacido en la familia" donde se aprende a vivir en relación y en respeto mutuo", y se desarrolla en la escuela y la universidad, y a través de la comunicación social. Sujetos llamados a apoyar "un sistema de valores basado en el reconocimiento de la dignidad de cada persona, de toda comunidad linguística, étnica y religiosa, de cada pueblo y de los derechos fundamentales que se derivan de ella".

El Papa concluye su mensaje subrayando que no puede haber paz "sinla cultura del cuidado", un compromiso común de "proteger y promover la dignidad y el bien de todos", para interesarse, "en la compasión, la reconciliación y la sanación, el respeto mutuo y la aceptación mutua".

La cultura del cuidado como camino de paz. Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz de LA LIV

lunes, 4 de enero de 2021

PARTE I, DON ORIONE NOS INVITA A SER CONSTRUCTORES DE ESPERANZA , DEL TERREMOTO DE REGGIO CALABRIA

REGGIO CALABRIA DESPUES DEL TERREMOTO DE 1908

En el telegrama enviado con motivo de la muerte de Don Orione, Pío XII lo define como "Padre de los pobres, insigne benefactor de la humanidad dolorida y abandonada".

Desde la historia ejemplar de Don Orione me gustaría tratar de hacer algunas indicaciones para aquellos que quieren ser, como él, "constructor de esperanza" hoy comprometiéndose a caminos de solidaridad y “caridad que sólo la caridad salvará al mundo".

"Toda acción seria y justa es esperanza en progreso... Nuestro trabajo da lugar a esperanza para nosotros y para los demás; pero es la gran esperanza basada en las promesas de Dios lo que, en los buenos y malos tiempos, nos da valor y guía nuestra acción", recordó Benedicto XVI en la encíclica Spe Salvi,n.35.

La esperanza verbal se combina con el acto del verbo auxiliar. Don Orione nos ofrece muchos ejemplos claros de creatividad y puntualidad en la atención a los más pobres y necesitados de su tiempo y formas concretas de ayuda, además de satisfacer una necesidad, de transmitir esperanza.

Entre las muchas páginas de la vida del "estratega dela caridad", la labor de rescate con motivo de los terremotos de Reggio y Messina ofrece muchas noticias sobre la acción de Don Orione, con indicaciones ricas en estímulos y pensamientos para nuestra acción de hoy. [1]

DON ORIONE EN LOS LUGARES DEL TERREMOTO

El terremoto calabro-siciliano de 1908 causó con su fuerza destructiva unas 80.000 muertes en la ciudad de Messina y 15.000 en Reggio Calabria.

Don Orione, después de haber oído las noticias en los periódicos, dejó inmediatamente Tortona, dejando sus frágiles instituciones en manos de sus colaboradores.

Dejó Tortona el 4 de enero para ir a Roma. Estuvo en el Vaticano, por direcciones, y el mismo día se fue a Calabria, donde llegó en la mañana del 6 de enero. En primer lugar, fue a Cassano Ionio para preparar con el obispo Mons. Pietro La Fontaine la recepción de los primeros huérfanos y para que se emitieron cartas encomiendas para las autoridades civiles y eclesiásticas de Reggio y Messina.

En la mañana del día 7 se encuentra en La marina de Catanzaro. Desde allí se dirige a Reggio, pero después de unos sesenta kilómetros el tren se detiene en Roccella Jonica. Desde aquí se desplaza 4 horas para llegar a la primera estación donde operaban los trenes, después de unos setenta kilómetros, el tren se detiene en Bova Marina y el viaje se interrumpe de nuevo. Los últimos 45 km., de Bova a Reggio, fueron los más problemáticos y sólo después de un día y una noche, Don Orione podría llegar a Reggio, el 9 de enero de la mañana.

Inmediatamente se dirige al palacio del arzobispo que encuentra derrumbado. Como sabemos, la Diócesis no tenía obispos -el arzobispo Portanova llevaba muerto unos meses- y todo se refiere al Vicario Mons. Dattola que le da la bienvenida con la exclamación entusiasta:"¡Alabado sea la Providencia de Dios!"

Don Orione se trasladó para ver el impresionante paisaje de la ciudad destruida. No había más calles ni edificios en pie. La gente vagaba inerte  ante el shock y el dolor. Le escribe a Don Sterpi:"Aquí todas las iglesias destruidas.los Sacramento aún no han sido sacado de debajo de los escombros de la Catedral ni de ninguna otra iglesia. Ninguna ayuda ha llegado aquí hasta ahora, excepto la de los soldados... Hoy llueve. Las paredes y los truenos caen. Los temblores continúan. Me voy a Gioia Tauro esta noche. El lunes en el día estaré de vuelta en Reggio. Oren." [2]

Don Orione comenzó inmediatamente la agitada actividad en ayuda del pueblo de Calabria y luego, según la indicación de la Santa Sede, más permanentemente en Messina, donde será nombrado Vicario General de la Diócesis. En Reggio Calabria, Mons. Emilio Cottafavi encabezará la Delegación Pontificia, que tenía su sede en el barrio de Trabocchetto. Entre los dos nació una preciosa y beneficiosa amistad y colaboración.

Don Orione, que había llegado a los lugares del desastre, trabajó para recoger, ayudar y salvar a tantos huérfanos como fuera posible; Inicialmente colocó a 400 niños encomendándolos a la Santa Sede, de 600 a 1000 los dirigirá entre varios institutos en colaboración con el Patronato "Regina Elena", otros 600 en institutos de su confianza, otros todavía entre sus hogares en Tortona, SanRemo, Cuneo, Bra, Roma, Noto y Cassano Jonio.

Fundamental fue su conexión entre las obras de relieve laico, en particular del Patronato "Regina Elena", y la Santa Sede, en nombre de Pío X.

Del "Patronato Regina Elena", una institución humanitaria secular bajo la égida de la Casa Real y con la condesa Gabriella Spalletti Rasponi como Presidenta, Don Orione fue nombrado Vicepresidente para la coordinación del rescate de Messina.

El Papa Pío X quería que Don Orione permaneciera en los sitios del cataclismo incluso después de la heroica epopeya de los primeros auxilios para coordinar la reconstrucción y lo nombró Vicario General de la Diócesis de Messina. Era una cruz más que una gloria. "No me des el título de Monseñor, porque no lo soy, y nunca lo fui: era absurdo quería a cualquier precio darme por los Messines, tal vez por miedo, que sin ese título, su Curia sería deshonrada." [3]

En Messina permaneció más de tres años, hasta abril de 1912. Sabiendo en qué situación de dificultad y adversidad estaba Don Orione, Pío X dijo de él :"¡Es un mártir! ¡Es un mártir!"

En reconocimiento a su incansable actividad, el Ministro Secretario de Estado de Asuntos Interiores, Presidente del Consejo de Ministros, le otorgó un real decreto de 5 de junio de 1910 la Medalla de Plata y el diploma por "el trabajo que dio con motivo del terremoto del 28 de diciembre de 1908 en Calabria y Sicilia".

Como es bien sabido, Don Orione desplegó una preparación con caridad y eficiencia de rescate similares con motivo de otro terrible terremoto, del 13 de enero de 1915, que devastó toda la región de Marsica y donde los muertos representaban el 80% de la población y había unos 30.000.

Las palabras que Juan Pablo II dijo durante su visita a Marsica el 24 de marzo de 1984, recordando las obras del santo de la caridad bien pueden ser referidas también al pueblo de Reggio y Messina: "Nuestros pensamientos van a una de las figuras más brillantes que han permanecido en su memoria desde el terremoto de hace 70 años: Luis Orione. Este humilde y pobre sacerdote, intrépido e incansable, se convirtió para vosotros en un testimonio vivo del amor de Dios por vosotros.

Dejando a los demás la reconstrucción histórica más directa de la epopeya del rescate de Don Orione a los terremotos, [4] quiero acercar esta página de la historia con una pregunta muy específica: ¿qué indicaciones podemos derivar para nuestra forma de experimentar la solidaridad hoy?

¿Qué lecciones podemos tomar de Don Orione para ser constructores de esperanza hoy en día, en una sociedad que hace alarde de solidez y seguridad, pero también de muchos signos de colapso, escombros, fragmentación y desolación?

jueves, 24 de diciembre de 2020

SALUDO NAVIDEÑO DEL MLO BARRANQUERAS


 

¡ ESTAMOS  EN NAVIDAD “

…..PREPARÉMONOS A RECIBIR  LA SANTA NAVIDAD  CON ESPECIAL FERVOR  Y ESPÍRITU DE ORACIÓN , COMO HACIA EL COTTOLENGO, PREPAREMOS LOS CAMINOS DEL SEÑOR QUE VIENE:

HUMILLEMOS LOS MONTES DE NUESTRO ORGULLO, RELLENEMOS LOS VALLES DE NUESTRO EGOISMO, ENDERECEMOS LOS SENDEROS  TORTUOSOS DE NUESTRA VIDA….JESÚS NOS GRITA DESDE SU LECHO DE PAJA : “ CARIDAD” “CARIDAD” “CARIDAD”

EL MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS, EL DESEA ¡¡ MUY FELIZ NAVIDAD!!!              QUE EL NIÑITO JESÚS, PERMANEZA POR SIEMPRE EN SUS CORAZONES.GRACIAS POR ACOMPAÑARNOS.

martes, 15 de diciembre de 2020

miércoles, 9 de diciembre de 2020

PATRIS CORDE ( CON CORAZÓN DE PADRE)

 

 


 

CARTA APOSTÓLICA

PATRIS CORDE

DEL SANTO PADRE FRANCISCO

CON MOTIVO DEL 150.° ANIVERSARIO
DE LA DECLARACIÓN DE SAN JOSÉ
COMO PATRONO DE LA IGLESIA UNIVERSAL

 

Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José»[1].

Los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, refieren poco, pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fuese y la misión que la Providencia le confió.

Sabemos que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc 2,22.27.39) y a través de los cuatro sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22). Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que representaban respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos.

Tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel: «Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Como se sabe, en los pueblos antiguos poner un nombre a una persona o a una cosa significaba adquirir la pertenencia, como hizo Adán en el relato del Génesis (cf. 2,19-20).

En el templo, cuarenta días después del nacimiento, José, junto a la madre, presentó el Niño al Señor y escuchó sorprendido la profecía que Simeón pronunció sobre Jesús y María (cf. Lc 2,22-35). Para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como extranjero (cf. Mt 2,13-18). De regreso en su tierra, vivió de manera oculta en el pequeño y desconocido pueblo de Nazaret, en Galilea —de donde, se decía: “No sale ningún profeta” y “no puede salir nada bueno” (cf. Jn 7,52; 1,46)—, lejos de Belén, su ciudad de origen, y de Jerusalén, donde estaba el templo. Cuando, durante una peregrinación a Jerusalén, perdieron a Jesús, que tenía doce años, él y María lo buscaron angustiados y lo encontraron en el templo mientras discutía con los doctores de la ley (cf. Lc 2,41-50).

Después de María, Madre de Dios, ningún santo ocupa tanto espacio en el Magisterio pontificio como José, su esposo. Mis predecesores han profundizado en el mensaje contenido en los pocos datos transmitidos por los Evangelios para destacar su papel central en la historia de la salvación: el beato Pío IX lo declaró «Patrono de la Iglesia Católica»[2], el venerable Pío XII lo presentó como “Patrono de los trabajadores”[3] y san Juan Pablo II como «Custodio del Redentor»[4]. El pueblo lo invoca como «Patrono de la buena muerte»[5].

Por eso, al cumplirse ciento cincuenta años de que el beato Pío IX, el 8 de diciembre de 1870, lo declarara como Patrono de la Iglesia Católica, quisiera —como dice Jesús— que “la boca hable de aquello de lo que está lleno el corazón” (cf. Mt 12,34), para compartir con ustedes algunas reflexiones personales sobre esta figura extraordinaria, tan cercana a nuestra condición humana. Este deseo ha crecido durante estos meses de pandemia, en los que podemos experimentar, en medio de la crisis que nos está golpeando, que «nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. […] Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos»[6]. Todos pueden encontrar en san José —el hombre que pasa desapercibido, el hombre de la presencia diaria, discreta y oculta— un intercesor, un apoyo y una guía en tiempos de dificultad. San José nos recuerda que todos los que están aparentemente ocultos o en “segunda línea” tienen un protagonismo sin igual en la historia de la salvación. A todos ellos va dirigida una palabra de reconocimiento y de gratitud.

1. Padre amado

La grandeza de san José consiste en el hecho de que fue el esposo de María y el padre de Jesús. En cuanto tal, «entró en el servicio de toda la economía de la encarnación», como dice san Juan Crisóstomo[7].

San Pablo VI observa que su paternidad se manifestó concretamente «al haber hecho de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la Encarnación y a la misión redentora que le está unida; al haber utilizado la autoridad legal, que le correspondía en la Sagrada Familia, para hacer de ella un don total de sí mismo, de su vida, de su trabajo; al haber convertido su vocación humana de amor doméstico en la oblación sobrehumana de sí mismo, de su corazón y de toda capacidad en el amor puesto al servicio del Mesías nacido en su casa»[8].

Por su papel en la historia de la salvación, san José es un padre que siempre ha sido amado por el pueblo cristiano, como lo demuestra el hecho de que se le han dedicado numerosas iglesias en todo el mundo; que muchos institutos religiosos, hermandades y grupos eclesiales se inspiran en su espiritualidad y llevan su nombre; y que desde hace siglos se celebran en su honor diversas representaciones sagradas. Muchos santos y santas le tuvieron una gran devoción, entre ellos Teresa de Ávila, quien lo tomó como abogado e intercesor, encomendándose mucho a él y recibiendo todas las gracias que le pedía. Alentada por su experiencia, la santa persuadía a otros para que le fueran devotos[9].

En todos los libros de oraciones se encuentra alguna oración a san José. Invocaciones particulares que le son dirigidas todos los miércoles y especialmente durante todo el mes de marzo, tradicionalmente dedicado a él[10].

La confianza del pueblo en san José se resume en la expresión “Ite ad Ioseph”, que hace referencia al tiempo de hambruna en Egipto, cuando la gente le pedía pan al faraón y él les respondía: «Vayan donde José y hagan lo que él les diga» (Gn 41,55). Se trataba de José el hijo de Jacob, a quien sus hermanos vendieron por envidia (cf. Gn 37,11-28) y que —siguiendo el relato bíblico— se convirtió posteriormente en virrey de Egipto (cf. Gn 41,41-44).

Como descendiente de David (cf. Mt 1,16.20), de cuya raíz debía brotar Jesús según la promesa hecha a David por el profeta Natán (cf. 2 Sam 7), y como esposo de María de Nazaret, san José es la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento.

2. Padre en la ternura

José vio a Jesús progresar día tras día «en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52). Como hizo el Señor con Israel, así él “le enseñó a caminar, y lo tomaba en sus brazos: era para él como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer” (cf. Os 11,3-4).

Jesús vio la ternura de Dios en José: «Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen» (Sal 103,13).

En la sinagoga, durante la oración de los Salmos, José ciertamente habrá oído el eco de que el Dios de Israel es un Dios de ternura[11], que es bueno para todos y «su ternura alcanza a todas las criaturas» (Sal 145,9).

La historia de la salvación se cumple creyendo «contra toda esperanza» (Rm 4,18) a través de nuestras debilidades. Muchas veces pensamos que Dios se basa sólo en la parte buena y vencedora de nosotros, cuando en realidad la mayoría de sus designios se realizan a través y a pesar de nuestra debilidad. Esto es lo que hace que san Pablo diga: «Para que no me engría tengo una espina clavada en el cuerpo, un emisario de Satanás que me golpea para que no me engría. Tres veces le he pedido al Señor que la aparte de mí, y él me ha dicho: “¡Te basta mi gracia!, porque mi poder se manifiesta plenamente en la debilidad”» (2 Co 12,7-9).

Si esta es la perspectiva de la economía de la salvación, debemos aprender a aceptar nuestra debilidad con intensa ternura[12].

El Maligno nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo, mientras que el Espíritu la saca a la luz con ternura. La ternura es el mejor modo para tocar lo que es frágil en nosotros. El dedo que señala y el juicio que hacemos de los demás son a menudo un signo de nuestra incapacidad para aceptar nuestra propia debilidad, nuestra propia fragilidad. Sólo la ternura nos salvará de la obra del Acusador (cf. Ap 12,10). Por esta razón es importante encontrarnos con la Misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la Reconciliación, teniendo una experiencia de verdad y ternura. Paradójicamente, incluso el Maligno puede decirnos la verdad, pero, si lo hace, es para condenarnos. Sabemos, sin embargo, que la Verdad que viene de Dios no nos condena, sino que nos acoge, nos abraza, nos sostiene, nos perdona. La Verdad siempre se nos presenta como el Padre misericordioso de la parábola (cf. Lc 15,11-32): viene a nuestro encuentro, nos devuelve la dignidad, nos pone nuevamente de pie, celebra con nosotros, porque «mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado» (v. 24).

También a través de la angustia de José pasa la voluntad de Dios, su historia, su proyecto. Así, José nos enseña que tener fe en Dios incluye además creer que Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades, de nuestra debilidad. Y nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca. A veces, nosotros quisiéramos tener todo bajo control, pero Él tiene siempre una mirada más amplia.

3. Padre en la obediencia

Así como Dios hizo con María cuando le manifestó su plan de salvación, también a José le reveló sus designios y lo hizo a través de sueños que, en la Biblia, como en todos los pueblos antiguos, eran considerados uno de los medios por los que Dios manifestaba su voluntad[13].

José estaba muy angustiado por el embarazo incomprensible de María; no quería «denunciarla públicamente»[14], pero decidió «romper su compromiso en secreto» (Mt 1,19). En el primer sueño el ángel lo ayudó a resolver su grave dilema: «No temas aceptar a María, tu mujer, porque lo engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21). Su respuesta fue inmediata: «Cuando José despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado» (Mt 1,24). Con la obediencia superó su drama y salvó a María.

En el segundo sueño el ángel ordenó a José: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y huye a Egipto; quédate allí hasta que te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2,13). José no dudó en obedecer, sin cuestionarse acerca de las dificultades que podía encontrar: «Se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, donde estuvo hasta la muerte de Herodes» (Mt 2,14-15).

En Egipto, José esperó con confianza y paciencia el aviso prometido por el ángel para regresar a su país. Y cuando en un tercer sueño el mensajero divino, después de haberle informado que los que intentaban matar al niño habían muerto, le ordenó que se levantara, que tomase consigo al niño y a su madre y que volviera a la tierra de Israel (cf. Mt 2,19-20), él una vez más obedeció sin vacilar: «Se levantó, tomó al niño y a su madre y entró en la tierra de Israel» (Mt 2,21).

Pero durante el viaje de regreso, «al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí y, avisado en sueños —y es la cuarta vez que sucedió—, se retiró a la región de Galilea y se fue a vivir a un pueblo llamado Nazaret» (Mt 2,22-23).

El evangelista Lucas, por su parte, relató que José afrontó el largo e incómodo viaje de Nazaret a Belén, según la ley del censo del emperador César Augusto, para empadronarse en su ciudad de origen. Y fue precisamente en esta circunstancia que Jesús nació y fue asentado en el censo del Imperio, como todos los demás niños (cf. Lc 2,1-7).

San Lucas, en particular, se preocupó de resaltar que los padres de Jesús observaban todas las prescripciones de la ley: los ritos de la circuncisión de Jesús, de la purificación de María después del parto, de la presentación del primogénito a Dios (cf. 2,21-24)[15].

En cada circunstancia de su vida, José supo pronunciar su “fiat”, como María en la Anunciación y Jesús en Getsemaní.

José, en su papel de cabeza de familia, enseñó a Jesús a ser sumiso a sus padres, según el mandamiento de Dios (cf. Ex 20,12).

En la vida oculta de Nazaret, bajo la guía de José, Jesús aprendió a hacer la voluntad del Padre. Dicha voluntad se transformó en su alimento diario (cf. Jn 4,34). Incluso en el momento más difícil de su vida, que fue en Getsemaní, prefirió hacer la voluntad del Padre y no la suya propia[16] y se hizo «obediente hasta la muerte […] de cruz» (Flp 2,8). Por ello, el autor de la Carta a los Hebreos concluye que Jesús «aprendió sufriendo a obedecer» (5,8).

Todos estos acontecimientos muestran que José «ha sido llamado por Dios para servir directamente a la persona y a la misión de Jesús mediante el ejercicio de su paternidad; de este modo él coopera en la plenitud de los tiempos en el gran misterio de la redención y es verdaderamente “ministro de la salvación”»[17].

4. Padre en la acogida

José acogió a María sin poner condiciones previas. Confió en las palabras del ángel. «La nobleza de su corazón le hace supeditar a la caridad lo aprendido por ley; y hoy, en este mundo donde la violencia psicológica, verbal y física sobre la mujer es patente, José se presenta como figura de varón respetuoso, delicado que, aun no teniendo toda la información, se decide por la fama, dignidad y vida de María. Y, en su duda de cómo hacer lo mejor, Dios lo ayudó a optar iluminando su juicio»[18].

Muchas veces ocurren hechos en nuestra vida cuyo significado no entendemos. Nuestra primera reacción es a menudo de decepción y rebelión. José deja de lado sus razonamientos para dar paso a lo que acontece y, por más misterioso que le parezca, lo acoge, asume la responsabilidad y se reconcilia con su propia historia. Si no nos reconciliamos con nuestra historia, ni siquiera podremos dar el paso siguiente, porque siempre seremos prisioneros de nuestras expectativas y de las consiguientes decepciones.

La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Sólo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo. Parecen hacerse eco las ardientes palabras de Job que, ante la invitación de su esposa a rebelarse contra todo el mal que le sucedía, respondió: «Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?» (Jb 2,10).

José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Sólo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia.

La venida de Jesús en medio de nosotros es un regalo del Padre, para que cada uno pueda reconciliarse con la carne de su propia historia, aunque no la comprenda del todo.

Como Dios dijo a nuestro santo: «José, hijo de David, no temas» (Mt 1,20), parece repetirnos también a nosotros: “¡No tengan miedo!”. Tenemos que dejar de lado nuestra ira y decepción, y hacer espacio —sin ninguna resignación mundana y con una fortaleza llena de esperanza— a lo que no hemos elegido, pero está allí. Acoger la vida de esta manera nos introduce en un significado oculto. La vida de cada uno de nosotros puede comenzar de nuevo milagrosamente, si encontramos la valentía para vivirla según lo que nos dice el Evangelio. Y no importa si ahora todo parece haber tomado un rumbo equivocado y si algunas cuestiones son irreversibles. Dios puede hacer que las flores broten entre las rocas. Aun cuando nuestra conciencia nos reprocha algo, Él «es más grande que nuestra conciencia y lo sabe todo» (1 Jn 3,20).

El realismo cristiano, que no rechaza nada de lo que existe, vuelve una vez más. La realidad, en su misteriosa irreductibilidad y complejidad, es portadora de un sentido de la existencia con sus luces y sombras. Esto hace que el apóstol Pablo afirme: «Sabemos que todo contribuye al bien de quienes aman a Dios» (Rm 8,28). Y san Agustín añade: «Aun lo que llamamos mal (etiam illud quod malum dicitur[19]. En esta perspectiva general, la fe da sentido a cada acontecimiento feliz o triste.

Entonces, lejos de nosotros el pensar que creer significa encontrar soluciones fáciles que consuelan. La fe que Cristo nos enseñó es, en cambio, la que vemos en san José, que no buscó atajos, sino que afrontó “con los ojos abiertos” lo que le acontecía, asumiendo la responsabilidad en primera persona.

La acogida de José nos invita a acoger a los demás, sin exclusiones, tal como son, con preferencia por los débiles, porque Dios elige lo que es débil (cf. 1 Co 1,27), es «padre de los huérfanos y defensor de las viudas» (Sal 68,6) y nos ordena amar al extranjero[20]. Deseo imaginar que Jesús tomó de las actitudes de José el ejemplo para la parábola del hijo pródigo y el padre misericordioso (cf. Lc 15,11-32).

5. Padre de la valentía creativa

Si la primera etapa de toda verdadera curación interior es acoger la propia historia, es decir, hacer espacio dentro de nosotros mismos incluso para lo que no hemos elegido en nuestra vida, necesitamos añadir otra característica importante: la valentía creativa. Esta surge especialmente cuando encontramos dificultades. De hecho, cuando nos enfrentamos a un problema podemos detenernos y bajar los brazos, o podemos ingeniárnoslas de alguna manera. A veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener.

Muchas veces, leyendo los “Evangelios de la infancia”, nos preguntamos por qué Dios no intervino directa y claramente. Pero Dios actúa a través de eventos y personas. José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los comienzos de la historia de la redención. Él era el verdadero “milagro” con el que Dios salvó al Niño y a su madre. El cielo intervino confiando en la valentía creadora de este hombre, que cuando llegó a Belén y no encontró un lugar donde María pudiera dar a luz, se instaló en un establo y lo arregló hasta convertirlo en un lugar lo más acogedor posible para el Hijo de Dios que venía al mundo (cf. Lc 2,6-7). Ante el peligro inminente de Herodes, que quería matar al Niño, José fue alertado una vez más en un sueño para protegerlo, y en medio de la noche organizó la huida a Egipto (cf. Mt 2,13-14).

De una lectura superficial de estos relatos se tiene siempre la impresión de que el mundo esté a merced de los fuertes y de los poderosos, pero la “buena noticia” del Evangelio consiste en mostrar cómo, a pesar de la arrogancia y la violencia de los gobernantes terrenales, Dios siempre encuentra un camino para cumplir su plan de salvación. Incluso nuestra vida parece a veces que está en manos de fuerzas superiores, pero el Evangelio nos dice que Dios siempre logra salvar lo que es importante, con la condición de que tengamos la misma valentía creativa del carpintero de Nazaret, que sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia.

Si a veces pareciera que Dios no nos ayuda, no significa que nos haya abandonado, sino que confía en nosotros, en lo que podemos planear, inventar, encontrar.

Es la misma valentía creativa que mostraron los amigos del paralítico que, para presentarlo a Jesús, lo bajaron del techo (cf. Lc 5,17-26). La dificultad no detuvo la audacia y la obstinación de esos amigos. Ellos estaban convencidos de que Jesús podía curar al enfermo y «como no pudieron introducirlo por causa de la multitud, subieron a lo alto de la casa y lo hicieron bajar en la camilla a través de las tejas, y lo colocaron en medio de la gente frente a Jesús. Jesús, al ver la fe de ellos, le dijo al paralítico: “¡Hombre, tus pecados quedan perdonados!”» (vv. 19-20). Jesús reconoció la fe creativa con la que esos hombres trataron de traerle a su amigo enfermo.

El Evangelio no da ninguna información sobre el tiempo en que María, José y el Niño permanecieron en Egipto. Sin embargo, lo que es cierto es que habrán tenido necesidad de comer, de encontrar una casa, un trabajo. No hace falta mucha imaginación para llenar el silencio del Evangelio a este respecto. La Sagrada Familia tuvo que afrontar problemas concretos como todas las demás familias, como muchos de nuestros hermanos y hermanas migrantes que incluso hoy arriesgan sus vidas forzados por las adversidades y el hambre. A este respecto, creo que san José sea realmente un santo patrono especial para todos aquellos que tienen que dejar su tierra a causa de la guerra, el odio, la persecución y la miseria.

Al final de cada relato en el que José es el protagonista, el Evangelio señala que él se levantó, tomó al Niño y a su madre e hizo lo que Dios le había mandado (cf. Mt 1,24; 2,14.21). De hecho, Jesús y María, su madre, son el tesoro más preciado de nuestra fe[21].

En el plan de salvación no se puede separar al Hijo de la Madre, de aquella que «avanzó en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su unión con su Hijo hasta la cruz»[22].

Debemos preguntarnos siempre si estamos protegiendo con todas nuestras fuerzas a Jesús y María, que están misteriosamente confiados a nuestra responsabilidad, a nuestro cuidado, a nuestra custodia. El Hijo del Todopoderoso viene al mundo asumiendo una condición de gran debilidad. Necesita de José para ser defendido, protegido, cuidado, criado. Dios confía en este hombre, del mismo modo que lo hace María, que encuentra en José no sólo al que quiere salvar su vida, sino al que siempre velará por ella y por el Niño. En este sentido, san José no puede dejar de ser el Custodio de la Iglesia, porque la Iglesia es la extensión del Cuerpo de Cristo en la historia, y al mismo tiempo en la maternidad de la Iglesia se manifiesta la maternidad de María[23]. José, a la vez que continúa protegiendo a la Iglesia, sigue amparando al Niño y a su madre, y nosotros también, amando a la Iglesia, continuamos amando al Niño y a su madre.

Este Niño es el que dirá: «Les aseguro que siempre que ustedes lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron» (Mt 25,40). Así, cada persona necesitada, cada pobre, cada persona que sufre, cada moribundo, cada extranjero, cada prisionero, cada enfermo son “el Niño” que José sigue custodiando. Por eso se invoca a san José como protector de los indigentes, los necesitados, los exiliados, los afligidos, los pobres, los moribundos. Y es por lo mismo que la Iglesia no puede dejar de amar a los más pequeños, porque Jesús ha puesto en ellos su preferencia, se identifica personalmente con ellos. De José debemos aprender el mismo cuidado y responsabilidad: amar al Niño y a su madre; amar los sacramentos y la caridad; amar a la Iglesia y a los pobres. En cada una de estas realidades está siempre el Niño y su madre.

6. Padre trabajador

Un aspecto que caracteriza a san José y que se ha destacado desde la época de la primera Encíclica social, la Rerum novarum de León XIII, es su relación con el trabajo. San José era un carpintero que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo.

En nuestra época actual, en la que el trabajo parece haber vuelto a representar una urgente cuestión social y el desempleo alcanza a veces niveles impresionantes, aun en aquellas naciones en las que durante décadas se ha experimentado un cierto bienestar, es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro santo es un patrono ejemplar.

El trabajo se convierte en participación en la obra misma de la salvación, en oportunidad para acelerar el advenimiento del Reino, para desarrollar las propias potencialidades y cualidades, poniéndolas al servicio de la sociedad y de la comunión. El trabajo se convierte en ocasión de realización no sólo para uno mismo, sino sobre todo para ese núcleo original de la sociedad que es la familia. Una familia que carece de trabajo está más expuesta a dificultades, tensiones, fracturas e incluso a la desesperada y desesperante tentación de la disolución. ¿Cómo podríamos hablar de dignidad humana sin comprometernos para que todos y cada uno tengan la posibilidad de un sustento digno?

La persona que trabaja, cualquiera que sea su tarea, colabora con Dios mismo, se convierte un poco en creador del mundo que nos rodea. La crisis de nuestro tiempo, que es una crisis económica, social, cultural y espiritual, puede representar para todos un llamado a redescubrir el significado, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva “normalidad” en la que nadie quede excluido. La obra de san José nos recuerda que el mismo Dios hecho hombre no desdeñó el trabajo. La pérdida de trabajo que afecta a tantos hermanos y hermanas, y que ha aumentado en los últimos tiempos debido a la pandemia de Covid-19, debe ser un llamado a revisar nuestras prioridades. Imploremos a san José obrero para que encontremos caminos que nos lleven a decir: ¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!

7. Padre en la sombra

El escritor polaco Jan Dobraczyński, en su libro La sombra del Padre[24], noveló la vida de san José. Con la imagen evocadora de la sombra define la figura de José, que para Jesús es la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta jamás de su lado para seguir sus pasos. Pensemos en aquello que Moisés recuerda a Israel: «En el desierto, donde viste cómo el Señor, tu Dios, te cuidaba como un padre cuida a su hijo durante todo el camino» (Dt 1,31). Así José ejercitó la paternidad durante toda su vida[25].

Nadie nace padre, sino que se hace. Y no se hace sólo por traer un hijo al mundo, sino por hacerse cargo de él responsablemente. Todas las veces que alguien asume la responsabilidad de la vida de otro, en cierto sentido ejercita la paternidad respecto a él.

En la sociedad de nuestro tiempo, los niños a menudo parecen no tener padre. También la Iglesia de hoy en día necesita padres. La amonestación dirigida por san Pablo a los Corintios es siempre oportuna: «Podrán tener diez mil instructores, pero padres no tienen muchos» (1 Co 4,15); y cada sacerdote u obispo debería poder decir como el Apóstol: «Fui yo quien los engendré para Cristo al anunciarles el Evangelio» (ibíd.). Y a los Gálatas les dice: «Hijos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes» (4,19).

Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir. Quizás por esta razón la tradición también le ha puesto a José, junto al apelativo de padre, el de “castísimo”. No es una indicación meramente afectiva, sino la síntesis de una actitud que expresa lo contrario a poseer. La castidad está en ser libres del afán de poseer en todos los ámbitos de la vida. Sólo cuando un amor es casto es un verdadero amor. El amor que quiere poseer, al final, siempre se vuelve peligroso, aprisiona, sofoca, hace infeliz. Dios mismo amó al hombre con amor casto, dejándolo libre incluso para equivocarse y ponerse en contra suya. La lógica del amor es siempre una lógica de libertad, y José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. Supo cómo descentrarse, para poner a María y a Jesús en el centro de su vida.

La felicidad de José no está en la lógica del auto-sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe en este hombre la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza. El mundo necesita padres, rechaza a los amos, es decir: rechaza a los que quieren usar la posesión del otro para llenar su propio vacío; rehúsa a los que confunden autoridad con autoritarismo, servicio con servilismo, confrontación con opresión, caridad con asistencialismo, fuerza con destrucción. Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio. También en el sacerdocio y la vida consagrada se requiere este tipo de madurez. Cuando una vocación, ya sea en la vida matrimonial, célibe o virginal, no alcanza la madurez de la entrega de sí misma deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio, entonces en lugar de convertirse en signo de la belleza y la alegría del amor corre el riesgo de expresar infelicidad, tristeza y frustración.

La paternidad que rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos está siempre abierta a nuevos espacios. Cada niño lleva siempre consigo un misterio, algo inédito que sólo puede ser revelado con la ayuda de un padre que respete su libertad. Un padre que es consciente de que completa su acción educativa y de que vive plenamente su paternidad sólo cuando se ha hecho “inútil”, cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida, cuando se pone en la situación de José, que siempre supo que el Niño no era suyo, sino que simplemente había sido confiado a su cuidado. Después de todo, eso es lo que Jesús sugiere cuando dice: «No llamen “padre” a ninguno de ustedes en la tierra, pues uno solo es su Padre, el del cielo» (Mt 23,9).

Siempre que nos encontremos en la condición de ejercer la paternidad, debemos recordar que nunca es un ejercicio de posesión, sino un “signo” que nos evoca una paternidad superior. En cierto sentido, todos nos encontramos en la condición de José: sombra del único Padre celestial, que «hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos» (Mt 5,45); y sombra que sigue al Hijo.

* * *

«Levántate, toma contigo al niño y a su madre» (Mt 2,13), dijo Dios a san José.

El objetivo de esta Carta apostólica es que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución.

En efecto, la misión específica de los santos no es sólo la de conceder milagros y gracias, sino la de interceder por nosotros ante Dios, como hicieron Abrahán[26] y Moisés[27], como hace Jesús, «único mediador» (1 Tm 2,5), que es nuestro «abogado» ante Dios Padre (1 Jn 2,1), «ya que vive eternamente para interceder por nosotros» (Hb 7,25; cf. Rm 8,34).

Los santos ayudan a todos los fieles «a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad»[28]. Su vida es una prueba concreta de que es posible vivir el Evangelio.

Jesús dijo: «Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt 11,29), y ellos a su vez son ejemplos de vida a imitar. San Pablo exhortó explícitamente: «Vivan como imitadores míos» (1 Co 4,16)[29]. San José lo dijo a través de su elocuente silencio.

Ante el ejemplo de tantos santos y santas, san Agustín se preguntó: «¿No podrás tú lo que éstos y éstas?». Y así llegó a la conversión definitiva exclamando: «¡Tarde te amé, belleza tan antigua y tan nueva!»[30].

No queda más que implorar a san José la gracia de las gracias: nuestra conversión.

A él dirijamos nuestra oración:

Salve, custodio del Redentor
y esposo de la Virgen María.
A ti Dios confió a su Hijo,
en ti María depositó su confianza,
contigo Cristo se forjó como hombre.

Oh, bienaventurado José,
muéstrate padre también a nosotros
y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía,
y defiéndenos de todo mal. Amén.

Roma, en San Juan de Letrán, 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, del año 2020, octavo de mi pontificado.

Francisco

 


 

[1] Lc 4,22; Jn 6,42; cf. Mt 13,55; Mc 6,3.

[2] S. Rituum Congreg., Quemadmodum Deus (8 diciembre 1870): ASS 6 (1870-71), 194.

[3] Cf. Discurso a las Asociaciones cristianas de Trabajadores italianos con motivo de la Solemnidad de san José obrero (1 mayo 1955): AAS 47 (1955), 406.

[4] Exhort. ap. Redemptoris custos (15 agosto 1989): AAS 82 (1990), 5-34.

[5] Catecismo de la Iglesia Católica, 1014.

[6] Meditación en tiempos de pandemia (27 marzo 2020): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (3 abril 2020), p. 3.

[7] In Matth. Hom, V, 3: PG 57, 58.

[8] Homilía (19 marzo 1966): Insegnamenti di Paolo VI, IV (1966), 110.

[9] Cf. Libro de la vida, 6, 6-8.

[10] Todos los días, durante más de cuarenta años, después de Laudes, recito una oración a san José tomada de un libro de devociones francés del siglo XIX, de la Congregación de las Religiosas de Jesús y María, que expresa devoción, confianza y un cierto reto a san José: «Glorioso patriarca san José, cuyo poder sabe hacer posibles las cosas imposibles, ven en mi ayuda en estos momentos de angustia y dificultad. Toma bajo tu protección las situaciones tan graves y difíciles que te confío, para que tengan una buena solución. Mi amado Padre, toda mi confianza está puesta en ti. Que no se diga que te haya invocado en vano y, como puedes hacer todo con Jesús y María, muéstrame que tu bondad es tan grande como tu poder. Amén».

[11] Cf. Dt 4,31; Sal 69,17; 78,38; 86,5; 111,4; 116,5; Jr 31,20.

[12] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 88, 288: AAS 105 (2013), 1057, 1136-1137.

[13] Cf. Gn 20,3; 28,12; 31,11.24; 40,8; 41,1-32; Nm 12,6; 1 Sam 3,3-10; Dn 2; 4; Jb 33,15.

[14] En estos casos estaba prevista la lapidación (cf. Dt 22,20-21).

[15] Cf. Lv 12,1-8; Ex 13,2.

[16] Cf. Mt 26,39; Mc 14,36; Lc 22,42.

[17] S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Redemptoris custos (15 agosto 1989), 8: AAS 82 (1990), 14.

[18] Homilía en la Santa Misa con beatificaciones, Villavicencio – Colombia (8 septiembre 2017): AAS 109 (2017), 1061.

[19] Enchiridion de fide, spe et caritate, 3.11: PL 40, 236.

[20] Cf. Dt 10,19; Ex 22,20-22; Lc 10,29-37.

[21] Cf. S. Rituum Congreg., Quemadmodum Deus (8 diciembre 1870): ASS 6 (1870-71), 193; B. Pío IX, Carta ap. Inclytum Patriarcham (7 julio 1871): l.c., 324-327.

[22] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 58.

[23] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 963-970.

[24] Edición original: Cień Ojca, Varsovia 1977.

[25] Cf. S. Juan Pablo II, Exhort. ap. Redemptoris custos, 7-8: AAS 82 (1990), 12-16.

[26] Cf. Gn 18,23-32.

[27] Cf. Ex 17,8-13; 32,30-35.

[28] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 42.

[29] Cf. 1 Co 11,1; Flp 3,17; 1 Ts 1,6.

[30] Confesiones, 8, 11, 27: PL 32, 761; 10, 27, 38: PL 32, 795.