¡Almas y almas!
Tortona, 6 de marzo de 1940
Fiesta de San Marciano,
Primer Obispo de Tortona y Mártir.
A los queridos Clérigos, alumnos del Instituto
Filosófico Angélico de nuestra Congregación en Villa Moffa de Bra.
¡Que la gracia de Dios y esa suave paz que supera todo
sentido, estén siempre con nosotros!
Estoy felicísimo de poderles escribir, mis queridos
hijos en Jesucristo, por primera vez después de mi enfermedad, en la fiesta de
nuestro San Marciano; y quisiera que estas líneas les lleguen mañana, fiesta de
S. Tomás de Aquino, del cual ese Instituto desea retomar espíritu y doctrina,
como ha tomado el nombre de él. Santo Tomás de Aquino, el Ángel de las escuelas
y de la Teología católica, nuestro Maestro y Príncipe!
Con sumo respeto y con la mayor veneración, la Pequeña
Obra de la Divina Providencia acepta la Encíclica “Aeternis Patris”, y adhiere,
toto corde, a los principios expuestos en ella por el sapientísimo Papa León
XIII, y a lo que especialmente, en materia de estudios filosóficos y
teológicos, han ordenado y propuesto o aconsejado los Sumos Pontífices, antes y
después del Papa León XIII y la Sacra Congregación de los Estudios.
Por eso, mis amados hijos, en las cuestiones
filosóficas, teológicas, nos atendremos fielmente a la doctrina del gran Doctor
Santo Tomás de Aquino y a sus más fieles comentaristas.
El curso filosófico será de tres años, no menos, y,
para aquellos designados para la enseñanza de la filosofía, algunos años más;
el curso Teológico será de, por lo menos, cuatro años, y para los designados a
la licenciatura, algún año más.
Como dije en otra oportunidad, una grande y grave
necesidad de nuestros tiempos, oh hijos míos, es la de curar las mentes
infundiendo en ellas ideas justas, una filosofía sana, verdaderamente cristiana,
teórica y práctica, como nos es dada por la Iglesia, dice S. Tomás de Aquino.
Nada ayudará más a la causa de la religión, como
también ningún fundamento será más firme y granítico para todas las ciencias y
máxime para la sacra teología, que una filosofía pura, sana y profunda, sobre
la piedra eterna y divina que es Cristo: “petra autem erat Christus”; filosofía
que sea animada por un gran amor de Dios.
Todos los estudios, oh queridos míos, se deben tomar
por nosotros como medio para elevar la mente al Señor, “Deus scientiarum
Dominus”, para servir mejor a Dios mismo y a la Iglesia, para santificarnos
mejor a nosotros mismos y favorecer a nuestro prójimo.
Toda ciencia humana, y por lo tanto también
filosófica, sería insulsa, aun cuando se envanecería, si el amor de Dios no le
da el justo sabor espiritual y no la dirige a un recto fin.
Que Santo Tomás nos venga a confortar en este camino,
en este correcto camino, y aumente en nosotros, oh hijos míos, este espíritu
tradicional de la Iglesia, nuestra Madre.
Bien escribió el Eminentísimo Card. Schuster,
Arzobispo de Milán, en el “Liber Sacramentorum”, que la gloria particular de S.
Tomás de Aquino y su virtud más eminente, fue el profundo amor que el nutrió
por la sacra tradición de la Iglesia. El casi se transforma allí, por lo cual
se transformó en el más autorizado representante.
Es muy difícil en efecto encontrar en los anales del
cristianismo una mente más iluminada y que retraiga las perfecciones de los
espíritus angélicos mejor que Aquino, el cual, fundándose en los Padres
Antiguos, con una precisión admirable, dio forma definitiva a nuestra ciencia
de Dios.
La Iglesia, por lo tanto, considera al Angélico Doctor
como el exponente más autorizado y oficial de la propia doctrina y de la
ciencia de Dios. Y en la fiesta del Santo nos hace rezar así: “Oh Dios, que
ilustraste a tu Iglesia con la maravillosa sabiduría de tu Beato Confesor Tomás
y has querido hacer esta doctrina también fecunda de virtudes santas, concédenos
la gracia no sólo de penetrar con la mente en sus enseñanzas, sino de imitar
las obrar”.
Deseo que, en el estudio y en las aulas escolásticas
de ese Instituto filosófico nuestro haya una hermosa imagen de Santo Tomás y
que el 7 de marzo -día en el cual el gran Doctor se durmió en el Señor, después
de haber hecho la más amplia profesión de Fe y de amor hacia la Santa Iglesia
Romana y recibidos los últimos sacramentos, extendido humildemente en el suelo
sobre las cenizas- deseo, digo, que el 7 de marzo en ese querido Instituto se
haga una grande y devotísima fiesta a nuestro Maestro.
Quisiera decirles más, oh mis amados hijos, mas hoy
estoy cansado y mañana deberé ponerme en camino. Concluiré recomendándoles que
el estudio vaya siempre unido al espíritu de humildad, de oración, de recta
intención y la simplicidad del corazón. Manténganse siempre en la presencia de
Dios y recordemos lo que dijo el mismo Santo Tomás: “que se aprende más a los pies
de un Crucifijo que en los libros”.
Continúen rezando por la Congregación y por mí.
Saludo, conforto y bendigo de gran corazón a Don Cremaschi, al Director
espiritual o Confesor, a los otros amados sacerdotes, a todos ustedes, a los
Novicios y a todos los que están en la Moffa.
¡Nuestro Señor y María Santísima los bendigan siempre!
Vuestro como Padre en Jesucristo.
Don Luis Orione
de la Divina Providencia