
SAN JUAN BOSCO (1815-1888) tiene una vida llena de anécdotas
sobre la providencia.
En el día de su nacimiento recordemos de sus anécdotas.
A principios de 1858, Don Bosco tenía que pagar una gruesa
deuda para el 20 de enero y no poseía ni un céntimo. Estaban ya a 12 del mes y
no se veía ninguna solución. En tales estrecheces, Don Bosco dijo a algunos
jóvenes: “Hoy iré a Turín y vosotros, durante el tiempo que esté fuera, turnaos
uno a uno delante del sagrario rezando”. Mientras Don Bosco caminaba por Turín,
se le acercó un desconocido y tras el saludo le preguntó:
- Don Bosco, ¿necesita Ud. dinero?
- Ya lo creo.
- Si es así, tome; y le ofreció un sobre con varios billetes
de mil, alejándose con premura. Era un rasgo de la providencia y Don Bosco mandó
inmediatamente que se pagara a su acreedor .
Un día de 1859, Don Bosco bajó al refectorio, no para comer,
sino para salir. Les dijo: “Hoy no puedo comer a la hora acostumbrada. Necesito
que, cuando salgáis del comedor, haya siempre uno de vosotros hasta las tres
con algún chico escogido entre los mejores, rezando ante el Santísimo
sacramento. Esta tarde, si obtengo la gracia que nos es necesaria, os explicaré
la razón de mis plegarias”.
Don Bosco volvió al atardecer y dijo, respondiendo a las
preguntas: “Hoy a las tres, vencía un compromiso serio con el librero Paravia
de 10.000 liras. También urgían otras deudas, que alcanzaban también otras
10.000 liras. He salido en busca de la providencia sin saber a dónde iba.
Al llegar a la Consolata, entré y rogué a la Virgen que me
consolara. Al llegar a la iglesia de santo Tomás, se me acerca un señor muy
bien vestido que me dice:
- ¿Usted es Don Bosco?
- Sí, para servirle.
- Mi patrón me ha encargado que le entregue este sobre.
Hubo suficiente para que pagara todas las deudas
urgentísimas” .
Un día de 1860, después de la misa, no había para dar a cada
chico el panecillo para el desayuno. Ese día, no había pan en casa y el
panadero ya no quería fiar más hasta que no le pagaran lo que le debían.
Entonces, Don Bosco dijo a dos chicos:
- Id a la despensa y juntad todo el pan que encontréis y
todo lo que podáis hallar en los comedores.
Había muy poquitos panecillos y no alcanzaban para todos.
Don Bosco, después de confesar, se dirigió a distribuir los panecillos. El cesto
del pan tenía unos quince panecillos. Y Don Bosco se puso a distribuirlos a
unos cuatrocientos jóvenes. Al terminar, quedaba la misma cantidad que al
principio. Éste es el milagro de la multiplicación de los panes. En otra
oportunidad, fue la multiplicación de las castañas o la multiplicación de las
hostias consagradas hasta en 4 oportunidades. En todos estos milagros, Dios,
con su providencia, premiaba la fe de Don Bosco y lo socorría en sus
necesidades.
En julio de 1885, el cardenal Alimonda, que era su amigo,
fue a visitarlo a Mathi y le preguntó:
- ¿Cómo andan sus finanzas?
- Hoy mismo debo pagar 30.000 liras y no las tengo.
- ¿Cómo se las arreglará?
- Espero en la providencia. Acaba de llegarme una carta
certificada, veamos lo que hay dentro.
Abierto el sobre, apareció un talón bancario de 30.000
liras. Al cardenal se le saltaron las lágrimas .
El 23 de febrero de 1887, el terremoto castigó a la casa de
Vallecrosia. Un ingeniero hizo la evaluación de las reparaciones, que hacían
falta, y presentó un presupuesto por 6.000 liras. Don Bosco confió en la
providencia. Después de comer, entró el conde Maistre, antiguo bienhechor de
Don Bosco, y le dijo:
- Mi tía me ha encomendado darle para sus obras 6.000 liras.
Don Bosco, conmovido, presentó al conde el informe del
ingeniero diciendo:
- Vea cómo María Auxiliadora ha inspirado a su tía.
Transmítale nuestra gratitud por la generosa providencia.
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