Domingo 10 de marzo 1940
Don Orione se levanta alrededor de las 6. Así hará los tres días que
pase en San Remo. Luego de haber hecho media hora de meditación, utilizando las
“Meditaciones de la buena muerte” de San Alfonso, a las 8 celebra la Santa Misa
en la capilla de Villa Santa Clotilde, ayudado por el clérigo Modesto. Además
de la pequeña comunidad de las Hermanas, hay otras personas, especialmente
mujeres y benefactores informados de la llegada de don Orione a San Remo. En
total, alrededor de cincuenta personas. Las Hermanas y el personal de la casa
deciden no recibir de él la Santa Comunión, para no aumentar su cansancio.Terminada la Misa don Orione va a su banco para la acción de gracias;
primero de rodillas y luego sentado. Reza como abstraido, con los codos en el
apoya brazo y el rostro entre las manos.
Después de media hora se le ofrece el desayuno: café, leche, y algunos
bizcochos. Don Orione comenta: “No, un poco de pan. Se necesita pan, es más
sustancioso. Una vez no teníamos ni siquiera pan”. Finalmente toma una taza de
café con leche y un poco de pan, iniciando y terminando con la señal de la
cruz.
Don Orione sigue el horario de comunidad. Reza y escribe mucho. Durante
los tres días pasados en San Remo (10 – 12 marzo) don Orione se queda siempre
dentro de la Villa Santa Clotilde, entre su habitación, la iglesia, el
locutorio y el comedor. No sale ni siquiera al jardín ni al parque de atrás.
Los libros que utiliza esos días son: el Breviario, la Divina Comedia, El
prometido, Las meditaciones de la buena muerte y la Vida de San Francisco.
A media mañana recibe en su habitación al Dr. José Panizzi, director del
hospital de San Remo, que va por una visita médica. El fundador le relata
algunos hechos pasados en relación a su salud, y al concluir la vista, se
retira. Al salir, le dice al clérigo Modesto que quiere realizar análisis de
orina y de sangre, y prescribe el siguiente tratamiento: una inyección de Resyl
por la mañana, después de la Misa, y una por la noche, antes de la cena; 20
gotas de Coramina tres veces al día, antes de las comidas; 14 o 15 gotas de
Strofanto, tres veces al día.
Don Orione retoma el trabajo en su habitación, hasta la hora del
almuerzo. Cada tanto el clérigo Modesto lo ve interrumpir el trabajo y
exclamar: “Jesús! Jesús!” y luego continúa escribiendo. A las 12 reza el
Angelus y va al locutorio para el almuerzo.
Terminado el almuerzo, don Orione va a la capilla para la visita
Eucarística. En la pequeña capilla están también algunas hermanas. Al salir, el
clérigo Modesto insiste para que vaya a la habitación a descansar. Responde:
“Pero... dejame un poco... Ya vamos a descansar en el Paraíso!”
Don Orione retoma el trabajo en el locutorio y escribe otras cartas.
Durante los tres días pasados en San Remo escribe alrededor de sesenta cartas.
Sábado 9 de marzo: quince cartas. Domingo 10 de marzo: dieciocho o diecinueve
cartas. Lunes 11 de marzo: veintidós o veintitrés cartas, más el telegrama al
Papa. Martes 12 de marzo: cinco cartas. De a ratos, apoya los anteojos sobre la
mesa y coloca su rostro entre las manos, repitiendo su jaculatoria: “Jesús!
Jesús!” Por la tarde recibe personas. Vienen: el P. Bariani, el P. Ghiglione y
algunos residentes.
A las 18 horas el canónigo P. Alejandro Gazzaniga, residente en Villa
Santa Clotilde, celebra la bendición Eucarística, presente don Orione, quien se
arrodilla en la balaustrada. Inmediatamente después comienza el rezo del
Rosario que don Orione reza de rodillas.
A las 19 se sirve la cena; está presente también el P. Bariani. La
conversación es alegre y serena, a tal punto que en cierto momento don Orione
dice: “Fijate qué enfermo que estoy yo! Fijate si me tenían que mandar aquí
para recuperar la salud!”
Después de la cena van a la capilla para rezar las oraciones de la
noche. El P. Bariani da las buenas noches y luego todos se retiran. Don Orione
trabaja todavía un poco sobre la mesa, luego va a la cama y lee la vida de San
Francisco. Casi media hora después apaga la luz y duerme plácidamente.