SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


martes, 25 de febrero de 2025

MISIÓN COMPARTIDA CON ESPIRITU ORIONITA

 


Desde los inicios, Don Orione pensó en la Pequeña Obra de la Divina Providencia, como una planta única con diversas ramas, corriente de agua viva que se derrama en muchos canales, una familia unida en Cristo.

Para eso fundó una congregación de Religiosos, los Hijos de la Divina Providencia, y otra de Religiosas, las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad. Pero también creyó en los laicos, y los consideró parte fundamental de esta familia.

De ese modo, Religiosos y Laicos orionitas, aunque desde vocaciones distintas, están llamados a dar vida al mismo carisma del Fundador en las nuevas circunstancias históricas. “¿Son tiempos nuevos? Fuera los miedos. No dudemos. Lancémonos en las formas nuevas, en los nuevos métodos… No nos fosilicemos: basta conseguir sembrar, basta poder arar a Jesucristo en la sociedad y fecundarla de Cristo”, decía Don Orione con suma convicción.

Don Orione creyó en los laicos, pensó en los laicos como parte importante de su familia. Basta leer y releer la carta que escribió a las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad sobre la colaboración de los laicos en el Pequeño Cottolengo de Génova. Rescato algunos trozos sueltos: “En cierto momento, como le pasó a S. Vicente de Paúl y al mismo beato Cottolengo, ya no basta el servicio de las personas que trabajan en instituciones de caridad – como ésta en la que nos hemos embarcado nosotros en Génova, en nombre de la Divina Providencia y confiados en ella – y, por más religiosas que tuviéramos, o nunca serían suficientes o, por otros motivos válidos que sería largo enumerar, tendríamos que tener siempre otras personas, incluso no religiosas, pero de buen espíritu y también –Dios lo quiera- de buena familia, es decir, de buena educación, para que nos ayuden y hagan, dentro y fuera, lo que nosotros ya no podemos hacer, ya sea porque por diversas razones no es conveniente que lo hagamos o bien porque no sabemos hacerlo. Y, entonces, si estáis solas vosotras, se resentirá el ministerio de la Caridad y sufrirán los pobres de Jesucristo…Hay muchas almas buenas, tanto en los sectores humildes, o sea del pueblo de Génova, como entre las señoras ricas, a las que bastará confortarlas un poco, animarlas y alentarlas a que vengan a ayudar al Cottolengo, a hacer el bien y, en fin, a interesarse y trabajar en casa y afuera, para formar con ellos una categoría de ayudantes suplementarios, que asuman por turno algunos cargos en la Casa y afuera; y muchas terminarán siendo hermanas vuestras y hasta auténticas religiosas. Hay muchas que sólo esperan que se les dé un empujón.

La comunión entre Religiosos y Laicos se construye y se expresa en la misión compartida de transformar el mundo según el Evangelio. Se enriquece a través de espacios de pertenencia y participación; se acrecienta en una corresponsabilidad en el servicio cada vez mayor.

No pocos laicos trabajan en las iniciativas orionitas de acción social y eclesial. Algunos, desde un profundo sentido cristiano, mientras que otros, más que por motivación religiosa, lo hacen por razones humanitarias, poniendo al servicio todo su esfuerzo y capacidad profesional.

Otros tantos laicos, en sintonía con la espiritualidad del Fundador, están presentes en otros ambientes, mediante diferentes formas de compromiso.

Por último, están aquellos que se acercan a la Obra para colaborar, visitar, o asumir alguna forma de voluntariado, cosas que ya en su tiempo, Don Orione valoraba: “Cuántos hay que estarían muy felices de poder consagrar al Pequeño Cottolengo algunas horas de la semana –adentro y afuera sea para el Cottolengo, o sirviendo a nuestros enfermos en Casa o buscando ayuda afuera…”

lunes, 24 de febrero de 2025

MISIÓN DE LA OBRA DON ORIONE

 

 
 la misión carismática de la Congregación.
Si bien es cierto que el tiempo, especialmente de la capacitación inicial, tiende a dar prioridad a los itinerarios de conocimiento de los candidatos, de iniciación en el estilo de vida y contenido de los programas y proyectos de capacitación, para ofrecer a los candidatos espacios concretos (a menudo demasiado protegido), para el autoconocimiento, para la oración y el estudio, no debemos olvidar que nos formamos para la misión. La vida consagrada no es un refugio o una guardería, sino un laboratorio de vida que tiene como objetivo enviar a la misión, a los pobres, al mundo.
El corazón apasionado de Don Orione y la identidad carismática que quiere para sí, también se destacan en esta carta escrita a los Clérigos de Villa Moffa en 1927: "¡Ah! que ninguno de nosotros tiene que reprochar las palabras que están en un salmo "Dormí y me quedé dormido" (...) Entonces, si alguno de ustedes entendió que sus deberes los atrofiaron un poco, que vivieron en la indolencia, vean que tiemblan y se entregan para honrar a Dios y seguirlo con el ardor y el ardor de los santos religiosos ... Amamos verdaderamente a nuestro Señor, que nos amó tanto, amamos nuestra santificación, la Santa Iglesia y nuestra Congregación y los preparamos para nosotros. indigno, pero más digno de quien podemos honrar. (...) Sentimos en Domino la caridad de Jesús que nos insta y nos presiona: "¡Charitas Christi urget nos!" Quien no siente esta caridad que es el amor de Jesús y el espíritu del apostolado, es mejor dejar la Congregación, ya que no tendría el espíritu ". [dieciséis]
Los programas de formación inicial deben pensarse en una clave apostólica y misionera. Todo lleva a la misión, al servicio de la caridad y este horizonte que finalmente da sentido a la existencia de la Congregación nunca debe perderse. Ciertamente, esta perspectiva misionera nos mantendrá vigilantes para no caer en la autorreferencia, la sobreprotección, el idealismo y ni siquiera en el escapismo y el cierre. La "caridad", el contacto con los pobres, la realidad del pueblo, el apostolado, son formas de formación.
El Papa, entonces cardenal Bergoglio, dijo al FDP en Argentina: " es mejor tener una congregación de accidentes, que está harta de cierre y de autorreferencia ". Esto se aplica a las casas de formación: ¡mejor chocado que enfermo de cierre! La pasión apostólica es una parte vital del llamado vocacional de un Orionita y la formación no puede sofocarlo, por el contrario, debe darle profundidad, contenido, orientación, pero nunca alejar a los jóvenes de la misión y la vida apostólica.
Entonces la pasión por proclamar el Evangelio a los pobres, la disponibilidad misionera madurará y, desde el principio, uno saldrá de la tentación de sentarse y convertirse en estudiantes eternos. Sí, la preparación profesional y técnica es importante, pero nuestra primera escuela y universidad es caridad, son los pobres. Esto sigue siendo una gran responsabilidad de los formadores porque, lo que no se enciende desde el principio, existe el riesgo de que nunca se encienda.
 El desafío de formar fraternidad, comunión y relaciones interpersonales.
El elemento fraterno y comunitario es constitutivo de la vida religiosa y hoy representa un gran desafío, dada la fragilidad que la cultura global ha generado en las personas, especialmente en las nuevas generaciones. Nuestros jóvenes provienen de estos contextos, donde se promueve principalmente la autosuficiencia, la rivalidad, la exaltación del yo egocéntrico e individualista, la descalificación y división de la familia y la cultura de una comunicación virtual exasperada. Además, la violenta irrupción de ideologías que tienden a relativizar la identidad y los valores fundamentales del ser humano. Este equipaje natural que llevan los jóvenes no puede ser ignorado en el momento de la capacitación. Equipaje que convive con auténticos deseos de fraternidad, amistad sincera, relaciones verdaderas.
Es importante ayudar a los jóvenes a crecer en la entrega de sí mismos, ser constructores de la comunidad y no consumidores, que esperan todo de la comunidad, pero no se involucran. Debemos ayudarlos a no idealizar la vida fraterna y aceptar el conflicto y la crisis como una oportunidad para madurar en el conocimiento de sí mismos, de los demás y en el amor mutuo, por los discípulos convocados por el mismo Maestro.
Don Orione tenía un gran corazón fraterno y siempre instó a sus hijos a " amarse " y " unirse como los dedos de la misma mano ". [17]
El formador llevará a los jóvenes a descubrir la belleza de las relaciones fraternales y la amistad también con el sexo opuesto, la comunicación y el diálogo, compartiendo dones y perdón mutuo (formación de afectos); lo llevará a descubrir la belleza de las relaciones " reales " y " virtuales " y a tomar decisiones libres y de calidad. El documento "Para vino nuevo ..." dice: la comunidad es el lugar donde se inicia la iniciación en el esfuerzo y la alegría de vivir juntos; en la fraternidad uno aprende a recibir a otros como un regalo de Dios ... donde uno aprende a compartir los dones recibidos para la construcción de todos ... donde uno aprende la dimensión misionera de la consagración ... [18]. También el amor y la aceptación de toda diversidad como riqueza: cultural, generacional, de carácter, espiritual ...

domingo, 23 de febrero de 2025

ACTITUD MISIONERA

ABANDONARSE, ARREMANGARSE Y CONFIAR...

Estas tres actitudes marcaron toda la vida misionera de Don Orione. Vale que nos detengamos en cada una de ellas durante su primera estadía latinoamericana.

    Abandonarse: Don Orione, siendo fiel a su estilo de fundador, en el transcurso de dos meses, ya tenía en marcha nuevas obras. Pero el impulso misionero de los primeros religiosos se apagaba: después de nueve años del primer grupo de misioneros a Brasil, no se llegó a concretar ninguna actividad más de la que se tenía: la presencia de su “instituto” -escribía desanimado Don Orione- “lo  encontré  conformado  por:  el  P.  De Paoli, el P. Ballino, el P. Casa, el seminarista Dondero y un monaguillo de 13 años; ¡esto es todo el Instituto Barão de San Gerardo!”.

¿Cuál será la actitud de Don Orione ante la desanimadora presencia con la que se encuentra? La de

abandonarse en la mano de la Providencia, dejarse conducir por la presencia del Espíritu presente en la vida de tantos hermanos que clamaban por pastores que alivien sus penas, sus dolores.

Arremangarse:  Antes de  llegar  a  Mar  de  Espanha (Brasil), Don Orione había iniciado tratativas con la Nunciatura Apostólica de Rio de Janeiro para asumir la gestión de la Casa de Preservação, una especie de “reformatorio” con 260 jóvenes. Para sostener las obras del Brasil y estas nuevas iniciativas era necesario arremangarse. Don Orione sabía perfectamente que, si quería sacar adelante la frágil presencia de la obra, el camino sería la del trabajo y el sacrificio, poner el cuerpo a las circunstancias: ese era el único camino conocido por nuestro fundador.

Mientras  tanto,  sin  mucho  entusiasmo  el  P.  Carlo Sterpi, a cargo del gobierno de la congregación, seguía con los planes de reforzar la frágil presencia de la congregación en Brasil, siendo consciente de la escasez de fuerzas de las obras en Italia.

Confiar: ¿Desde dónde se encuadra la misión de Don Orione en Latinoamérica? Para ensayar una respuesta tendríamos que posar la mirada sobre el mismo Don Orione: fue un hombre pragmático, más que especulativo, y desde aquí encontramos la razón profunda de su accionar, su inclinación hacia los más alejados y vulnerables de la sociedad. Su carisma se sintetiza en el programa de la misma congregación: Instaurare omnia in Christo / Poner todo en Cristo, como don de Dios que se irá explicitando en su amor a la Iglesia, el Papa y las personas.

El proyecto misionero orionita surge desde su experiencia fundacional tortonesa y de las enseñanzas del magisterio pontificio de León XIII, captados en forma original gracias al sensus  ecclesiae, esto es el sentir, pensar y querer dentro de la Iglesia, del que Don Orione estaba imbuido. La adhesión al Papa sugiere la apertura hacia nuevas culturas. Desde esta perspectiva, cobra sentido la apertura misionera congregacional, confiándose a la Divina Providencia.


sábado, 22 de febrero de 2025

VIDA FRATERNA Y MISIÓN








 Juan Pablo II, en Vida consecrata 45, afirma explícitamente que “Para presentar a la humanidad de hoy su verdadero rostro, la Iglesia tiene urgente necesidad de semejantes comunidades fraternas. Su misma existencia representa una contribución a la nueva evangelización, puesto que muestran de manera fehaciente y concreta los frutos del «mandamiento nuevo».

 Es la característica que tiene que inspirar nuestro compromiso misionero. Sobre la vida comunitaria ha insistido mucho nuestro último Capítulo General.

Es en Vida fraterna en comunidad [VFC] que el tema es tratado muy relacionado a situaciones y a los valores de la misión de los religiosos.

" Al mismo tiempo que el Señor envía a sus discípulos a predicar el Evangelio a toda criatura (cf Mt 28,19-20), los llama a vivir unidos «para que el mundo crea» que Jesús es el enviado del Padre, al que se debe prestar la plena adhesión de la fe (Jn 17,21). El signo de la fraternidad es, por lo mismo, sumamente importante, porque es el signo que muestra el origen divino del mensaje cristiano y posee la fuerza para abrir los corazones a la fe. Por eso «toda la fecundidad de la vida religiosa depende de la calidad de la vida fraterna en común»" (n.54).

“La Iglesia valora tanto la vida fraterna de las comunidades religiosas. Cuanto más intenso es el amor fraterno, mayor es la credibilidad del mensaje anunciado y mejor se percibe el corazón del misterio de la Iglesia … La vida fraterna, sin serlo «todo» en la misión de la comunidad religiosa, es un elemento esencial de la misma. La vida fraterna es tan importante como la acción apostólica. No es lícito, pues, invocar las necesidades del servicio apostólico para admitir o justificar comunidades mediocres." (n.55).

Son pensamientos claros e incisivos. En la misión de la Iglesia a los religiosos algo es preguntado de específico. VFC 66: “La vida fraterna en común tiene un valor especial en los territorios de misión "ad gentes", porque demuestra al mundo, sobre todo no cristiano, la «novedad» del cristianismo; o sea, la caridad que es capaz de superar las divisiones creadas por toda raza, color y tribu... Pero no pocas veces, es precisamente en los territorios de misión donde se encuentran notables dificultades prácticas para formar comunidades religiosas estables y consistentes. Mencionadas otras razones que pueden obstaculizar la vida comunitaria, concluye: “Lo importante es que los miembros del instituto sean conscientes del carácter excepcional de estas situaciones, cultiven la comunicación frecuente entre sí, faciliten encuentros comunitarios y, cuanto antes, se formen comunidades religiosas fraternas con un vigoroso sentido misionero, a fin de que se pueda ofrecer el signo misionero por excelencia: «Que todos sean uno, para que el mundo crea» (Jn 17,21).

 En dos textos de Juan Pablo II dirigidos a la Familia orionina.

El primero es del 1987: "vuestro Instituto está mostrando una fervorosa vitalidad, llena de promesas, y alabo de ello el señor que en ustedes manifiesta su potencia". Entre estas señales de "vitalidad", el Papa luego indicó el "fortalecimiento del impulso misionero". [3]

Seis años después: "Vuestra Obra, que va ampliando sus tiendas misioneras en cada continente, conserve siempre el espíritu de los orígenes. Sea siempre como el Fundador la quiso: una familia humilde, alegre, completamente dedicada al servicio de los pobres, para unir estrechamente a todos, con amor dulcísimo, a Cristo en la Iglesia. Los acompañe en tal misión la materna ayuda de María, "Madre" y celeste fundadora de vuestra Congregación, como amaba repetir a Don Orione". [4]

 [1] En el Angelus del 2.10.2005.

[2] Homilía en la Parroquiia de Ognissanti, Roma, 3.3.1991. Hermosa y  sintética es también otra expresión: “Don Orione quizo hacer de Cristo el corazón del mundo después de haber hecho de aquél, el corazón de su corazón”; Carta en el  50° de la muerte de Don Orione, 12.3.1990.

[3] Al IX Capítulo General FDP, 20.5.1987.

[4] Al IX Capítulo General FDP, 16.5.1992.

 

 

viernes, 21 de febrero de 2025

SANTIDAD PARA LA MISIÓN

 


LA SANTIDAD ES PRESUPUESTO Y CONDICIÓN FUNDAMENTAL DE LA MISIÓN

La misión "se arraiga y se vive ante todo en el estar personalmente unido a Cristo: sólo si se está unido a él, como el sarmiento a la viña (cf. Jn 15, 5), se pueden producir buenos frutos. La santidad de vida permite a cada cristiano ser fecundo en la misión de la Iglesia" (RM 77, Ad Gentes 36).

 A nosotros religiosos se nos pide "La aportación específica que los consagrados y consagradas ofrecen a la evangelización está, ante todo, en el testimonio de una vida totalmente entregada a Dios y a los hermanos, a imitación del Salvador que, por amor del hombre, se hizo siervo" (VC 76).

"La santidad es un presupuesto fundamental y una condición insustituible para realizar la misión salvífica de la Iglesia... No basta renovar los métodos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo «anhelo de santidad» entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana" (RM 90).

Son palabras claras que van al corazón de la misionariedad y que nos advierten de no confundirla con protagonismo humano y activismo. Existe un riesgo: “no se puede dar una imagen reductiva de la actividad misionera, como si fuera principalmente ayuda a los pobres, contribución a la liberación de los oprimidos, promoción del desarrollo, defensa de los derechos humanos. La Iglesia misionera está comprometida también en estos frentes, pero su cometido primario es otro: los pobres tienen hambre de Dios, y no sólo de pan y libertad; la actividad misionera ante todo ha de testimoniar y anunciar la salvación en Cristo, fundando las Iglesias locales que son luego instrumento de liberación en todos los sentidos. (RM 83).

Benito XVI ha iniciado poco menos de un año su ministerio petrino, pero no pierde ocasión para afirmar el fundamento místico (la Gracia - la acción providente de Dios) de cada empeño y acción pastoral de la Iglesia. En el año de la Eucaristía, sacramento de la íntima unión con Cristo, ha recordado que ella "es el centro propulsor de la entera acción evangelizadora de la Iglesia, como el corazón lo es en el cuerpo humano. El fuego del amor, que el Espíritu infunde en los corazones, empuja a interrogarse constantemente sobre las necesidades de la humanidad y sobre cómo responderlas, sabiendo bien que sólo quién reconoce y vive la primacía de Dios realmente puede contestar a las verdaderas necesidades del hombre, imagen de Dios." [ 1[

Juan Pablo II exhorto como Orioninos a "Hacer de Cristo el centro de vuestras existencias, el corazón del apostolado: éste es el compromiso misionero que os anima; éste es el programa apostólico que Don Orione ha conducido y que conserva todavía hoy, su plena actualidad." [2]

jueves, 20 de febrero de 2025

¡¡¡ NUESTRA POLITICA ES LA CARIDAD !!!



Nuestra política es la caridad    Recuerdo haber leído, en el epistolario de Rosmini, una sabia y seria carta que aquel filósofo y santo fundador escribía a sus religiosos, enviados a Inglaterra para hacer allí el bien. Como hombre habilísimo, piísimo y doctísimo que era, él escribía a los suyos que se hagan y se vuelvan ingleses perfectos, por la caridad de Jesucristo.

¡Y les suplicaba que asumieran modales, vestimenta y lenguaje y que hicieran todo precisamente como los ingleses, en sus modos y en sus costumbres, y hacerlo todo para atraer a las almas y eso in viscéribus Christi!

 En todo lo que no es un mal evidente, escribía Rosmini, “acepten y adopten, en lugar de crear mal humor o ponerse en la posición de no poder hacer todo el bien que puedan hacer”. Cada pueblo tiene sus costumbres y son buenas a sus ojos –añadía– y en todo aquello que evidentemente, que claramente no es pecado, ¡háganse ingleses! ¡Inculturación! Y los Santos, los grandes Santos Cirilo y Metodio a fin de convertir a los eslavos, ¿no hicieron eslava también la liturgia? Y llamados a Roma, para defenderse, fueron con humildad de Santos y el Papa aprobó y bendijo lo que habían hecho, y Roma los recibió triunfantes, y luego el Vicario de Jesucristo los proclamó Santos y les dio como tumba una de las basílicas más veneradas de Roma; San Clemente.

Don Bosco decía habitualmente: ¡entremos con la de ellos, para salir con la nuestra!, es decir, adoptemos sus sistemas, donde apenas se puede, para salvar sus almas. San Pablo llegó a escribir que hubiese deseado ser anatema, o sea excomulgado, con tal de salvar las almas. Y yo les digo, ¡oh hijos míos!: si están en Venecia, y desean hacer el bien háganse venecianos lo más que puedan, y hasta que se pueda, y hagan eso por la caridad de Jesucristo; y háganse venecianos para mejor lograr educar y salvar a los huérfanos venecianos. Más aun, cuando haya ocasión, exalten a Venecia, que verdaderamente lo merece y fue siempre católica, también en la época de Paolo Sarpi, y fue la fortaleza de la fe de Italia contra la herejía de Lutero. Y verán que harán el bien. En Piamonte sean piamonteses, en Roma, romanos, en Sicilia, sicilianos. En los años que estuve en Messina aprendí, o traté de aprender de inmediato, el lenguaje y las costumbres de Messina y en Messina yo vestía el «robbone» (hábito) a la siciliana. No se puede ser perfectos en la caridad, sino con la condición de despojarnos de los particularismos y de los egoísmos finos de pueblo. En los partidos, nosotros no debemos nunca entrar, en absoluto, y así no ponernos en política. Nuestra política deberá consistir en llevar a Dios y a la Iglesia a la pobre juventud y a las almas, Pero, para lograr mejor, salvar almas, es preciso saber adoptar ciertos métodos, y no fosilizarnos en las formas, si las formas no agradan más, si se vuelven, o se han vuelto, anticuadas y fuera de uso. Hagamos cristiana la vida, hagamos cristiana el alma de los huérfanos y de los jóvenes confiados a nosotros: esto es lo que Dios y la Iglesia nos piden a nosotros. ¡Y empleemos todas las estrategias santas, todas las artes más gratas y más aptas para llegar a esto! Cuando lleguemos a una ciudad o a una Casa, cuidémonos de hacer cambios inmediatos porque correríamos el peligro de destruir y no de arreglar, de perdernos en tonterías y, por la veleidad de cambiar, de ofender a quien estaba antes que nosotros y, peor, por «exterioridades», perder las almas. ¡Atentos a estos peligros! También esas formas, esas costumbres, que nos pueden parecer un poco laicas, respetémoslas y adaptémoslas, si es preciso, sin escrúpulos, sin pequeñeces de cabeza; ¡es necesario salvar la sustancia! Esto es todo. Los tiempos corren velozmente y están bastante cambiados, y nosotros, en todo lo que se refiera a la doctrina, la vida cristiana y de la Iglesia, debemos ir y caminar a la cabeza de los tiempos, y no a la cola, y no al final, y no hacernos remolcar. Para poder ir adelante y llevar los pueblos y la juventud a la Iglesia y a Cristo es preciso caminar a la cabeza. Entonces quitaremos el abismo que se va formando entre el pueblo y Dios, entre el pueblo y la Iglesia. ¡Trabajo, trabajo, trabajo! Nosotros somos los hijos de la fe y del trabajo. Y debemos amar y ser los apóstoles del trabajo y de la fe. Nosotros debemos correr siempre, para trabajar y trabajar siempre más. En Reggio Calabria nos llaman los curas que corren. Tener cuidado con la salud, pero trabajar siempre, con fervor, con ardor, por la causa de Dios, de la Iglesia, de las almas. ¡Mirar al cielo, orar, y luego... adelante con coraje y a trabajar! Ave María y adelante, le decía a Bartolo Longo ese santo y seráfico fraile que fue el Padre Ludovico de Casoria. ¡Siempre adelante!, ¡hijos míos in Domino, pero siempre adelante! Adelante con la Virgen. ¡Ave María y adelante! ¡Adelante in Domino

 Para nosotros el compromiso es: laicos cristianos, la “paternidad” de Dios se convierte en un compromiso para hacer actual el Reino: El compromiso por la construcción de la civilización del amor, el compromiso para la realización de un proyecto cultural con orientación cristiana, el compromiso por la difusión de una fraternidad universal que es el corazón de nuestra inspiración carismática para un mundo mejor.   

miércoles, 19 de febrero de 2025

DAR TESTIMONIO DE LA DIVINA PROVIDENCIA

    



Dar testimonio de la Divina Providencia en tiempos de secularismo.

“La Divina Providencia parece escondida al hombre, porque el hombre la ve y muchas veces no la ama, la toca y muchas veces no lo cree; ella lo viste mejor que a los lirios del campo y le da de comer, y él cree estar desnudo y con hambre. Ella gobierna el mundo con leyes armónicas y eternas, se esconde y no se hace ver a los que les falta la fe, no obstante sea rico de medios materiales, de inteligencia y de mucha cultura”.[16]

En las páginas de Don Orione hay numerosos ecos de la desorientación de las masas populares confundidas por ideologías y costumbres que llevan a la “apostasía de la fe”.

El concepto y la actitud de confianza en la Divina Providencia estaba y está aún hoy en crisis. El secularismo invade. Constituye la más globalizada amenaza de la fe cristiana. Al inicio del siglo pasado, Robert Hugh Benson, en su romance Lord of the world (el patrón del mundo) había previsto la disminución de la fe cristiana, no por causa de una cruenta persecución pública, sino a través del humanismo secularista.  Para usar las palabras de Benson, la caridad sería sustituída por la filantropía, la fe sería colocada fuera de la cultura, la esperanza, en la satisfacción.

Sin entrar en el análisis de las raíces y de los factores psicológicos, culturales y sociales que alimentan el secularismo, podemos constatar simplemente que hoy el concepto de Divina Providencia está en crisis y, con ello está en crisis el mensaje salvífico cristiano y, en consecuencia, el rol sacramental de la Iglesia.

El actual contexto secularizado estimula, más que desanimar, a quien es hijo de la Divina Providencia: “Nos sentimos, en Cristo, hijos del Padre celestial y nos abandonamos con fe a su amorosa Providencia; hijo de la Divina Providencia, de hecho, quiere decir hijo de la fe”[17]. Un carisma sirve propiamente cuando aquél valor evangélico está en crisis. Como sirve un reconstituyente, sobre todo cuando el cuerpo está débil. 

Aún en nuestros ambientes cristianos es más fácil hablar de la trascendencia de Dios; y se tiene miedo y casi pudor para indicar la providencia de Dios que ocurre en los hechos y en las personas[18]. Más aún, con dudosa insistencia, se afirma que la religión debe ser “en espiritu y en verdad”. Casi se renuncia a reconocer e interpretar los signos de la presencia de Dios y su importancia en la existencia cotidiana y en la historia[19]. Para Don Orione, a su vez, la confianza en la Divina Providencia fue el centro dinámico de su (nuestra) experiencia personal de Dios, fue el motivo inspirador de su apostolado y de su Fundación. “Sí, Obra de la Divina Providencia: proclamar contra el materialismo histórico “Que tu Providencia todo lo gobierna”. La Providencia Divina es la continua creación de las cosas”[20]. Hoy, tal vez, se deberia decir: “Sí, Pequeña Obra de la Divina Providencia: proclamar en el desierto del sin sentido que Dios ama el mundo”,  “Oh Padre, cuida de nosotros”[21].

Benedicto XVI, en la Carta Apostólica Ubicumque et sempre (21.9.2010)[22], después de haber elencado las actuales desoladoras consecuencias de la vida vivida “como si Dios no existiese” (“etsi Deus non daretur”), afirma que “para proclamar de modo fecundo la Palabra del Evangelio, se pide antes que nada que se haga una profunda experiencia de Dios”. De hecho, como ya había dicho, “Dios no se puede hacer conocer sólo con las palabras. No se conoce una persona, si se sabe de esta persona sólo por otros[23].

Anunciar a Dios es introducirse en la relación con Dios. Sólo en la experiencia de la vida con Dios aparece también la evidencia de su existencia”.

En estas palabras encontramos la sólida voluntad de Don Orione: “vivir y hacer experimentar la Providencia de Dios” y adquiere para nosotros, orionitas, nueva actualidad como la más eficaz respuesta al secularismo en el movimiento de la nueva evangelización.

“Para Don Orione – observó en un discurso suyo Juan Pablo II – el celo sacerdotal se conjugaba con el abandono en la Providencia divina, así, el secreto de su existencia y de su múltiple actividad descansaba en una iluminada confianza en el Señor, porque “el último en vencer es El, Cristo, y Cristo vence en la caridad y en la misericordia” (Carta II, 338). En sus institutos, revive el genio de la caridad de Don Orione que se traduce , como peculiar carisma, en la confianza en la Divina Providencia. Los hombres de nuestro tiempo, sedientos de verdad y de amor, tienen necesidad de encontrar testigos”[24].

Esta es la palabra clave: “testigos” , “hijos” de la Divina Providencia.

“La fe no es sólo la divina virtud fundamental y teologal, sino que es también, para nosotros, religiosos – y, además Hijos de la Divina Providencia – la base de todo el edificio religioso. Hijo de la Divina Providencia, quiere decir  hijo de la fe”[25].

[16] Lettere scelte, p.20-21.

[17]Art. 9 de las Constituciones. Igual concepto es repropuesto por el art. 69: “Jamás seremos Hijos de la Divina Providencia sin una vida toda de fe y de confianza en Dios”. Cfr mi conferencia al Forum de los jóvenes de Río de Janeiro en el  2006: Figli della Divina Provvidenza in un mondo che non sogna più, “Messaggi di Don Orione”, n. 121,  anno 38, 2006, p.65-76.

[18] Eclaro que no se responde al secolarismo con formas mágicas e infantiles de concebir la providencia de Dios, diversa pero igualmente antropocéntricas y seculares.

[19] "Al atardecer, ustedes dicen: 'Va a hacer buen tiempo, porque el cielo está rojo como el fuego'.

Y de madrugada, dicen: 'Hoy habrá tormenta, porque el cielo está rojo oscuro'. ¡De manera que saben interpretar el aspecto del cielo, pero no los signos de los tiempos!”; Mt 16, 2-4. El tema del discernimiento de los signos de los tiempos (y de los lugares) está hoy muy presente en la reflexión eclesial. Evidentemente no es sólo una acción intelectural, sino relazional. Benedicto XVI ha observado que “en la así llamada visión moderna del mundo el dogma fundamental es que Dios no puede, en efecto, actuar en la historia, y por lo tanto, todo lo que se refiere a Dios debe ser colocado en el ámbito subjetivo”. Pero con este prejuicio subjetivo, “la Biblia no habla más de Dios, del Dios viviente, sino que hablamos solo nosotros mismos y decidimos qué cosa puede hacer Dios y qué cosa queremos y debemos hacer nosotros” Gesù di Nazaret, Rizzoli, Milano 2007, p.58.

[20] Scritti 68, 418.

[21] Nuestra Congregación promovió el Encuentro Internacional dedicado a la Divina Providencia, con el título: “O Pai cuida de nós”, en San Pablo, en 1999. Participaron representantes de  22 Congregaciones religiosas.

[22] Con esta carta, Benedicto XVI constituyó el Pontificio Consiglio para la promoción de la Nueva Evangelización.

[23] Catequesis de J. Ratzinger en el Encuentro de catequistas y profesores de religión, Roma, 10.12.2000.

[24] Sui passi di Don Orione, p.33.

[25] Lettere II, 453-454.


martes, 18 de febrero de 2025

INSTRUMENTOS DE LA PROVIDENCIA DE DIOS.

 

Confirmando esta específica dinámica carismática, me vienen a la mente las palabras escuchadas al obispo griego-católico de Oradea, Vasile Hossu, después de la caída del régimen comunista en Rumania. Tienen el valor de una parábola carismática. “Un día, viajando en auto con Don Lazzarin – nos contaba el Obispo - , nos detuvo la policía, quien nos trató mal,  y al saber que yo era el Obispo, el desprecio fue mayor. Don Lazzarin , después de algunos intentos de mejorar la relación con el policía hostil, dijo que tenía necesidad urgente de llegar a Oradea, donde los esperaban los cohermanos y los chicos del oratorio. “¿Oratorio? ¿Van a lo de Don Luis, el cura del oratorio?” – preguntó el policía. ‘Si, somos sus cofrades’. El policia cambió el tono con nosotros y se puso a hablarnos con benevolencia del oratorio, de los chicos.  Miren? – concluyó Mons. Hossu dirigiéndose a mí – la obra que ustedes hicieron en el oratorio, para los chicos y para los pobres está volviendo amada y estimada toda la Iglesia de Oradea”.

Hechos como éstos revelan el dinamismo específico del carisma orionita en la vida ordinaria: volver  la Iglesia amada y estimada con el fin de que pueda cumplir con su misión providencial de unir a Cristo.

 Otro insigne pastor de la Iglesia, el cardenal Paulo Evaristo Arns, arzobispo de San Pablo del Brasil, hace años indicó nuestro Pequeño Cottolengo como destinatario de las ofrendas “de la Campaña de la Fraternidad” organizada por la Conferencia Episcopal. Definió aquella gran obra de caridad como “la abre puerta de la Iglesia católica en la ciudad” porque ella creaba simpatía y acercaba el pueblo a la Iglesia y sus Pastores.

Igual aprecio lo escuché en el mes de marzo pasado a Mons. Anselmo Pecorari, Nuncio Apostólico en Uruguay. Animando el camino del Pequeño Cottolengo orionita de Montevideo, me dijo: “El Pequeño Cottolengo es conocido y apreciado en todo el Uruguay. Eso constituye una buena carta de crédito de la Iglesia católica en una sociedad muy laica”.[14]

Todo esto responde a las intenciones de Don Orione: “Hijos de la Divina Providencia, nosotros debemos palpitar y hacer palpitar miles y miles de corazones alrededor del corazón del Papa: debemos llevar especialmente a él los pequeños y los humildes trabajadores, tan perseguidos; llevar al Papa los pobres, los afligidos, los rechazados, que son los más queridos de Cristo y los verdaderos tesoros de la Iglesia de Jesucristo”.[15]

El artículo 118 de las Constituciones señala bien esta dinámica apostólica. Después de haber insistido en la Providencia de Dios, en la centralidad de la caridad de Cristo, en la preocupación de formar los pequeños, los humildes, el pueblo en Cristo, propone de nuevo la expresión querida por Don Orione: “llevemos sus corazones al Romano Pontifice, eje de la obra de la Divina Providencia en el mundo”.

El CG 13 actualiza estas indicaciones pidiendo “obrar como instrumentos de la Providencia de Dios para los pobres y presentándose al pueblo como signo concreto de la maternidad de la Iglesia” (n.13) y de “vivir la comunión con la Iglesia de la que proviene y a la que se dirige nuestra caridad apostolica (n.9)”