SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


jueves, 9 de octubre de 2025

10 DE OCTUBRE 1934,RECORDANDO LA INAUGURACIÓN DEL CONGRESO EUCARÍSTICO

 El 32º Congreso Eucarístico Internacional fue uno de los grandes hitos en la Iglesia de nuestro país.

El 9 de octubre de 1934, junto al Cardenal Pacelli y la comitiva oficial que arribó para la celebración, Don Orione volvió a estas tierras para ser testigo de esa gran manifestación de gran fe. Pero esta vez tenía una dimensión de cruz y exilio, puesto que no solo vino a visitar a sus misioneros, sino también para alejarse de las calumnias y mentiras que lo perseguían en su Italia natal.

El gobierno dispuso feriado a partir del miércoles 10 de octubre​ y ese día se realizó la apertura del Congreso en el escenario de la Cruz de Palermo con la lectura de una bula papal y la manifestación de que Argentina fue consagrada al Corazón de Jesús.


10 de octubre - Primera Jornada - Día de la inauguración

- Por la mañana, desde muy temprano, comenzó el arribo de la multitud de fieles, luego llegaron las autoridades civiles, eclesiales y militares, cerca de las 10 llegó el legado papal, y se leyó la Bula pontificia, que lo nombra representante del Papa, para el Congreso Eucarístico Internacional. Al finalizar esto, se celebró la misa de apertura presidida por el Arzobispo de Buenos aires, Mons. Santiago L. Copello.

- Al mediodía comenzó la desconcentración.

- Durante el resto del día, el Card. Pacelli, realizó una serie de visitas oficiales.

Don Orione participó de las celebraciones centrales del Congreso Eucarístico, dio una conferencia para los peregrinos de lengua italiana y fue testigo de un espectáculo grandioso que quedaría marcado en su corazón: “El Congreso Eucarístico fue un milagro; más de dos millones de fieles participantes sintieron que el Papa estaba ahí (…) La grandiosa celebración pública de fe, de amor, de adoración a Jesús Eucaristía en la Argentina superó todos los Congresos Internacionales Eucarísticos (...) ¡Hemos entrevisto y gustado por anticipado del Paraíso!...”.

miércoles, 8 de octubre de 2025

DON ORIONE Y LOS LAICOS EN EL SIGLO XIX



            Don Luis Orione ha sido un gran protagonista de la Iglesia y de la sociedad italiana y del mundo por la originalidad de sus opciones espirituales e intuiciones pastorales relativas a un “servicio” eficaz y a la participación del laicado en la obra de “caridad” propuesta y realizada por él.
            El análisis de sus escritos y de su compromiso social y religioso lo confirma plenamente, poniendo de relieve la vigorosa relación que existía entre su espiritualidad y su acción, y el carácter prevalentemente cristológico  de su espiritualidad que vivificaba su “servicio” - totalmente de piedad - como la de un contemplativo itinerante que amaba a Dios vigorosamente y con un amor habitual. Su obra era, en efecto, fruto de una piedad extraordinaria y, por supuesto, de una excepcional capacidad organizativa.
            La vida de Don Orione, impregnada de espiritualidad y piedad, constittuyó un punto de referencia y, al mismo tiempo, una invitación para eclesiásticos y laicos al valor de la relación intensa con Dios, condición indispensable para el buen éxito de una acción cristiana en el mundo, aunque más no fuera para no ceder a la tentación de aprovecharse de la obra con el fin de obtener ventajas personales o hegemónicas. En la agitada historia de la Iglesia y del movimiento católico de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, el testimonio orionino representó una especie de metodología ética y operativa que aseguró éxitos a veces notables, y despejó el terreno de posibles equívocos sobre la acción de los cristianos en el mundo, que no debe tomarse como pura filantropía sino como una consagración total a un auténtico servicio a los hermanos. Obviamente, en esta misma línea actuaron otros protagonistas de la santidad “social” (por ejemplo, en Francia, y Don Bosco, Scalabrini, Cusmano) que nunca perdieron de vista sus opciones espirituales y alcanzaron una vigorosa contemplación que vivificaba su compromiso caritativo, pastoral y social en el mundo.
               Don Orione se ubica en este grupo de santos “sociales” y opta por el vasto mundo de los marginados, logrando ser realmente un pobre entre los pobres en búsqueda del rostro de Cristo en los abandonados. Es evidente que su “servicio” ha sido un mensaje fascinante para las comunidades cristianas, particularmente para sacerdotes y laicos de las distintas instituciones del movimiento católico, poco sensibles a realizar programas de promoción humana y, a veces, más ocupados en protestas ineficaces sobre la cuestión romana y en discusiones no pocas veces estériles.
              La obra de las nuevas congregaciones religiosas  y de protagonistas como don Orione, así como las asociaciones del laicado promovidas por los institutos de vida consagrada, distintas de las tradicionales “Terceras Ordenes”, ha sensibilizado a los laicos creyentes en Cristo con testimonios de gran valor cívico.
             En efecto, no se deben subestimar las iniciativas promovidas sobre todo en los centros menores o aislados (a veces por falta de medios de comunicación) en pro de los huérfanos, de los pobres, de los incapacitados y de los marginados a quienes ni los organismos asistenciales de los entes públicos ni los eclesiales prestaban la debida atención. Don Orione se ha movido siempre en esa dirección, acentuando por ejemplo, con el Pequeño Cottolengo y sus congregaciones, la opción por los “últimos” para realizar el proyecto de Dios. Los “últimos” eran también, los nobles y notables venidos a menos, las masas populares afectadas por los grandes procesos de urbanización y tecnificación que llevan a la pérdida de la fe y de la identidad, el subproletariado esclavizado por el patronato, los marginados que definía como “muy queridos y amados” (enero 57) y, además, los huérfanos, deficientes, inválidos y aquéllos a quienes llamaba “el desecho de la sociedad” (ivi, 60-61). Un programa demasiado lleno de perspectivas fascinantes que no podía menos de sugestionar a las almas deseosas de perfección, dispuestas a dar en el mundo un testimonio realmente cristiano, fiel al evangelio, y en sintonía con las exigencias de la gente.

            Se percibía, además, en sus exhortaciones el ansia - como él mismo escribía - de “estar a la vanguardia de los tiempos y de los pueblos, y no quedarse en la retaguardia dejándose arrastrar. Para poder arrastrar y llevar a los pueblos y a la juventud a la Iglesia y a Cristo hay que ir a la vanguardia. Así podremos cubrir el abismo que se va abriendo entre el pueblo y Dios, entre el pueblo y la Iglesia” (ivi, 130-131).
            Esta es una lección de metodología pastoral muy importante, que el sacerdote de Tortona trasmitía al mundo católico para que no hubiera rémoras en el anuncio de la Palabra de Dios y se utilizaran comportamientos y tácticas operativas eficaces para “ir a la vanguardia”, con el objeto de evitar también el peligro de irreparables fracturas “entre el pueblo y Dios, entre el pueblo y la Iglesia”.
            La variedad de los intereses apostólicos y sociales de Don Orione, pero sobre todo sus propuestas operativas, la opción por los marginados impregnada de un amor entrañable y sin límites, brotaban de su espiritualidad y acción social, como se desprende de sus escritos y de sus obras.
            Fueron un modo de vida y al mismo tiempo una auténtica catequesis que captaron de lleno a creyentes y no creyentes (por ejemplo Gallarati Scotti y Silone, exponentes y socios del movimiento católico) para su proyecto de amor. Como las páginas de alta espiritualidad o las afirmaciones, por ejemplo, sobre la “soledad sin Dios” que “podrá ser un descanso para el espíritu pero exaspera el corazón” (Piemme, 24).
            Era de todos conocido su cristocentrismo, su repetición constante de que Cristo es el Maestro que camina sobre las aguas turbulentas de este mundo. “Sufrir, callar, orar, amar, crucificarse y adorar. El es la paz del corazón” (Petrocchi 135-136).
            Era realmente pobre. Una vez escribió una frase muy significativa al respecto: “nosotros no somos de aquéllos que siguen a Jesús hasta la fracción del pan” sino que “llegamos hasta beber el cáliz de la Pasión para estar con Cristo” (ivi 136).

            La coherencia de los cristianos en el testimonio del Jesús pobre, del Jesús de la Pasión, y el ejemplo de total donación (escribe) son patrimonio de su vida interior y objeto de su “servicio”. Auspiciaba una ”unificación espiritual de todo el mundo bajo la Cruz” (Piemme 28) que hubiera podido realizarse no con “una espiritualidad tísica” y, mucho menos, sin “esa verdadera vida de fe y de Cristo en nosotros que lleva en sí toda la aspiración a la verdad y al progreso social que penetra todo y a todos hasta llegar a los más humildes trabajadores” (ivi, 31).
            Es evidente que con estas afirmaciones don Orione ha querido aclarar ulteriormente que no se podría hacer ningún apostolado en el mundo sin la fe y la intención de Cristo que vivifica las aspiraciones a la verdad y al progreso social, comprometiendo en la acción a todos los protagonistas, mayores y menores, doctos y no doctos. La Fe y la plena sintonía con el Maestro son el fruto de la contemplación, la piedad, la caridad.
            El sacerdote de Tortona ha afirmado, además: “Si tenemos una gran Caridad, tendremos una gran renovación católica” (ivi, 39); y aclaraba: “nosotros no hacemos política: nuestra política es la caridad grande y divina” (ivi, 41).
            Estos y otros escritos, sus realizaciones y su acción indefensa, constituían algo excepcional, y a veces una novedad en una Iglesia y un movimiento católicos que practicaban casi siempre la promoción humana por mero proselitismo y, con menor convicción, por razones eminentemente espirituales y de piedad. Don Orione quiere de sus hijos espirituales “un adiós para siempre a la vida del mundo” y la “renuncia a todos los intereses de aquí abajo”, llegar a ser realmente pobres “por amor de Jesucristo, el cual es nuestro ejemplo divino, que nació pobre, vivió pobre, y murió pobre sobre una cruz, sin siquiera un poco de agua” (Lo spirito di don O. vol. I, 95-96).
            Estos conceptos, expresados tal vez con palabras distintas de las de otros protagonistas de la santidad, fueron compartidos y plasmados en obras, sobre todo después del Vaticano II, por las asociaciones de voluntariado, y todavía constituyen la “raíz” de tantos éxitos.
            Pero estas metas se alcanzaron después de las nobles experiencias de verdadero servicio de las almas consagradas y de un laicado católico que supo conjugar espiritualidad y acción, siguiendo las huellas de la enseñanza y el testimonio de personalidades como la de don Orione, don Guanella, la Madre Cabrini, en quienes la actividad y la contemplación iban unidas, y el desprecio del mundo se conjugaba con las obras en favor de los hermanos que estaban en el mundo.
            Don Orione recomendaba, además, que la piedad “fuera una verdadera vida interior, una religiosidad profunda..... (Piemme, 125).
            El pensamiento y la obra del Beato tenían una connotación particular, la de un compromiso social que, como ya se ha dicho, surgía de la espiritualidad y piedad que caracterizaban su vida; una riqueza interior que lo indujo a opciones audaces, por ejemplo, en la tutela de los intereses de los trabajadores. Indudablemente, como se desprende de un estudio del Don Flavio Peloso, tuvo una parte importante en esta obra social el obispo de Tortona, Mons. Igino Bandi, en los años en que don Orione era muy joven. Es evidente que esa experiencia ha tenido su “peso” en la opción por el “servicio” a los pobres y por la promoción de la Pequeña Obra de la Divina Providencia.
            En 1894 Bandi invitaba a salir “de la sacristía, para salvar la familia y la sociedad, organizándose conjuntamente, el clero y el laicado, para una acción concorde y restauradora por medio de las Asociaciones Católicas, la Educación e Instrucción Católicas, y la Buena Prensa”. (Peloso, 28).
            El magistero de Mons. Bandi y sus primeras experiencias en Tortona con el oratorio festivo que había fundado como seminarista constituyen el primer contacto con una realidad social dolorosa caracterizada por las prepotencias del sector patronal, la explotación de los menores, la desconfianza generalizada del proletariado incluso respecto a los sacerdotes, y la miseria general y aislamiento total de los rechazados por la sociedad.
            Posteriormente, a raíz de sus muchos viajes y numerosas experiencias realizadas en Italia y en otras partes del mundo, don Orione no tuvo ya dudas, aceptó la voluntad divina y el proyecto que Dios le había reservado, y llevó a cabo aquellas pequeñas, aunque en realidad grandes empresas destinadas a un rescate a fondo de los desheredados.
            El plan y programa de la Pequeña Obra, por ejemplo, es un auténtico tratado, una obra maestra de doctrina social cristiana rica de intuiciones operativas interesantes y eficaces, destinadas “a introducir un orden perfecto en la nueva sociedad para gloria de Dios “(Carisma 233), pero, “realizando también la caridad, tendiendo fraternalmente la mano y el corazón especialmente a las clases del proletariado, a los obreros pobres, a los más humildes y desdichados” (ivi, 232, 236).
            Propósitos nobilísimos y de una gran solidaridad alimentada por un amor sin límites por los marginados más marginados del mundo..
            Su posición era sustancialmente diversa de la de otros proyectos filantrópicos, por otra parte muy válidos, de muchas instituciones sobre todo civiles porque él vivificaba el “servicio” a los marginados con actos de verdadero amor, hechos con el corazón, inclinándose con gestos de gran caridad  y con alegría ante aquéllos que habían sido rechazados por muchos, viendo en ellos al mismo Cristo. Su obra ha sido un ejemplo y una invitación para los creyentes, las asociaciones del laicado católico, las Pías Uniones, los movimientos sindicales, a los valores del espíritu en los que arraigaban esos gestos de amor animados por Dios, que es Amor.
            No debe sorprender que invitara, por ejemplo, a los arroceros a la rebelión, adoptando términos y expresiones típicos de las proclamas sindicales, como por ejemplo: “Proletariado de los arrozales, en pie”, “no os dejéis explotar por los principales”, “reuníos contra los esquiroles”, hay patrones que son unos “explotadores infames”. (Piemme, 32/33).
            Lenguaje insólito en el mundo católico, y hasta revolucionario y subversivo se podría decir, en una Iglesia dominada por la lógica de los conservadores o de algunos patrones que asigna escaso interés a los trabajadores tratados como esclavos por los contratistas. Don Orione se pone en una actitud diversa e incita a los trabajadores a la rebelión “en el nombre de Cristo, que nació pobre, vivió pobre, y murió pobre” (Piemme 32); el sacerdote de Tortona da testimonio de Cristo con hechos y palabras que no tienen nada que ver con los gestos o el lenguaje diplomáticos o curiales y eclesiásticos, sino con el evangelio, y por eso son palabras de esperanza y apoyo: “os defenderemos en todo lo que es justo” ; “toda esclavitud debe abolirse, debe terminar, y terminar para siempre” (ivi, 33).
            El llamamiento tiene fecha del 1919, un año especial, de crisis económica y social, en un momento de postguerra dominado por la incertidumbre, sobre todo política, que comprometía todo intento de evolución en Italia y el mundo: Don Orione estaba convencido de que la doctrina social cristiana y la acción de los católicos en  los entes centrales y periféricos del Estado eran indispensables para lograr la justicia en favor del proletariado y, por lo tanto, no dudaba en urgir a los católicos más propensos a hacer alianza con los grandes y a estar sometidos a ellos o que consideraban un sacrilegio utilizar términos o métodos de lucha de los partidos de los trabajadores o de las organizaciones sindicales, como si profanasen la vida de la Iglesia y del laicado católico.

            En este contexto se comprenden sus teorías sobre una verdadera valorización de la mujer (“los católicos - ha escrito en los años veinte - hemos tratado el feminismo con una ligereza lamentable (Piemme, 36),que desde 1898 no vacila ni promueve una colonia agrícola en Noto en Sicilia, cuidando de no promover juicios indebidos y muy severos sobre el Sur y las Iglesias del sur a raíz de una tradición consolidada empapada en prevenirnos de las regiones del norte de Italia o que nunca ha dejado, en tiempos desprevenidos, de expresar sentimientos de lealtad a su patria convencido de la eficacia de la unidad de Italia, precisando, sin embargo, que "el mundo entero es una patria" (Carisma, 266).
            Ha sido, y es, un maestro de santidad para los laicos; se ha expresado el deseo - y es algo importante - de que la santidad “no pertenezca sólo al culto de los fieles, ni esté sólo en la Iglesia, sino que trascienda y proyecte sobre la sociedad un esplendor de luz tan grande, y tanta vida de amor de Dios y de los hombres, que más que santos de la Iglesia lo sean del pueblo y del bienestar social” (Carisma 313).

martes, 7 de octubre de 2025

LLAMADO MISIONERO A LOS LAICOS



             El impulso misionero desarrolla y enriquece la catolicidad de la Iglesia y de la Congregación. “La participación a la misión universal es un signo de la madurez de fe y de vida cristiana que da frutos. Así el creyente expande el límite de su caridad, manifestando la solicitud por aquellos que son lejanos, como por aquellos  cercanos.: reza por las misiones y por las vocaciones misioneras, ayuda a los misioneros, sigue sus actividades con interés y, cuando vuelven, los reciben con aquella alegría con la cual las primeras comunidades cristianas escuchaban de los apóstoles las maravillas que Dios había hecho mediante sus predicaciones. (Hc 14,27)" (RM 77c).

             Sin pasión misionera – de la cual los misioneros ad gentes son el signo más claro – es fácil caer en la introversión apostólica, verdadera asfixia de la comunidad cristiana y religiosa. Lo dice con absoluta claridad Benedicto XVI: “ la nueva evangelización es lo contrario de la autosuficiencia y del replegarse en sí mismo, de la mentalidad del “status quo” y de una concepción pastoral  que retiene como suficiente el continuar haciendo como se ha hecho siempre. Es tiempo que la Iglesia llame a las propias comunidades cristianas a una conversión pastoral en sentido misionero de sus acciones y de sus estructuras.” [17]

             Esta indicación fue actualizada para nosotros, Orionitas, por Juan Pablo II: “Su Familia religiosa encontrará, estoy convencido, si sabrá abrirse a una auténtica conciencia misionera, razones ideales y estímulos concretos para un constante crecimiento y un vivo renacimiento evangélico. Siendo fieles, de tal modo, a la herencia espiritual dejada por Don Orione, ustedes serán en este tiempo los continuadores de su servicio a la causa de Cristo y del mensaje salvífico”. [18]

     CORRESPONSABILIDAD Y PARTICIPACIÓN DE LOS LAICOS.

             El punto de partida de la corresponsabilidad de los laicos en la misión está dado por el hecho de que “Los fieles laicos, en razón de su participación en la misión profética de Cristo, son plenamente integrados en este deber de la Iglesia” (Crhistifideles laici, 34) y, de hecho, “el compromiso evangelizador de los laicos está cambiando la vida eclesial” (RM 2) y esto representa un gran signo de esperanza para la Iglesia.

             “ Los sectores de presencia y de acción misionera de los laicos son muy amplios” (RM 72) en toda la Iglesia y también en la misión orionita, en la cual las obras caritativas y sociales para los pobres no sólo acompañan la acción misionera, sino que son en sí mismas misioneras, del momento que “nuestra prédica es la caridad” y “ las obras de caridad son la mejor apología de la fe católica”. En una misión orionita hay muchos puestos para los laicos: para catequistas y para albañiles; para quien da clases, para quien hace de comer, para quien es enfermero; para quien sabe guiar un grupo y para quien sabe conducir vehículos; para quien – hombre o mujer – sabe cuidar la casa, sabe dar acogida y ofrecer una ayuda en las pequeñas necesidades cotidianas de la misión.

            Con este espíritu fue lanzado un especial llamado misionero a los laicos. No pocos laicos son ya protagonistas también en la missio ad gentes: laicos del lugar, ante todo, pero también laicos que van a la misión. [20] Es necesaria una formación, una coordinación. Son apenas una primicia, por ahora, pero hay grandes posibilidades.Hay que “favorecer experiencias misioneras de voluntariado laical” (n. 118). [21]

             Debemos pedir y valorizar aquello que es específico de ellos en el sentido de la indicación dada por Juan Pablo II en la carta al Movimiento Laical Orionita: “Invito a los laicos que eligieron compartir el carisma orionita viviendo en el mundo a ser celosos y generosos para ofrecer a la Pequeña Obra de la Divina Providencia “la contribución preciosa” de su secularidad y de su específico servicio. El Movimiento Laical Orionita favorecerá de esta manera la irradiación espiritual de su Familia religiosa... para una siempre más eficaz actuación de su específica misión en la Iglesia y en el mundo” [22]

lunes, 6 de octubre de 2025

EL 7 DE OCTUBRE DE 1971, LA AUXILIADORA, DE DON BOSCO Y DON ORIONE

 

Ana Villaverde Amieva

El 7 de octubre de 1971, conforme consta en el diario, llegó al Seminario Don Orione de  Frómista en la  provincia de Palencia (España), la imagen de María Auxiliadora, la Madonna de Don Bosco y Don Orione.

Así detalla el suceso: “Fiesta del Santo Rosario”. Nos llega la buena noticia de que ya está en Frómista la estatua que tanto se ansiaba: la de don Bosco y la que don Orione tanto cariño tenía. Llegó por la mañana temprano. Por la tarde, se rezó el Santo Rosario delante de su imagen”.

El viaje había comenzado años antes. Permaneció guardada celosamente en el Museo de Don Bosco junto a las Camerette en Valdocco  (Turín)  hasta el año 1964,  en que fue solicitada para la congregación orionista por el sacerdote D. Lorenzo Nicola Forcherio, impulsor, no solo de la congregación en tierras españolas, sino también  de las obras del seminario que tenía previsto inaugurarse en Frómista (Palencia) al año siguiente, coincidiendo con el veinticinco aniversario del fallecimiento del fundador.

Esta bella imagen dorada, que en origen lucía los colores blanco y azul en  vestido y manto, fue moldeada en Pontecurone por el canónigo Michelle Castañeo, hombre de grandes cualidades humanas y artísticas, y al que el joven Luigino Orione acompañó perfilando en aquellos días, los  valores que le acompañarían y cimentarían  su vida posterior. La imagen, de la cual no conocemos la fecha exacta de creación, estaba lista para ser enviada a Turín  en el año en que se inauguró la gran obra basilical salesiana ,  según lo atestiguó el relato que don Orione compartió con los jóvenes  durante  una “Buona notte” en el Paterno. En aquélla  rememoró con deleite historias de  las gentes de su país natal  que le  hablaban siendo niño  de una imagen salida  en carreta , allá por el año 1968.

Sería con motivo de la estancia del joven Orione en Valdocco, cuando se encuentra con la Madonna  y a ella acude repetidamente  en su época  juvenil turinesa.

Sabedor de la fuerte vinculación de la imagen con el fundador y de su paradero en la casa salesiana, el Padre Lorenzo Nicola dirige desde la Parroquia delle Valette en Turín, petición al Rector Mayor de los Salesianos, Don Renato Ziggiotti a la sazón, la petición de la imagen para su envío al futuro seminario que la Congregación tenía previsto inaugurar en Frómista en el año posterior, coincidiendo con el 25 aniversario del fallecimiento del fundador.

La petición de don Lorenzo tiene respuesta favorable en la carta firmada por don  Renato Ziggiotti  en fecha 3 de junio de 1964,  quien tras consultar con  el  Consejo de Padres Capitulares, concede  a la congregación orionista  el “regalo” solicitado , disponiendo en la misma  la autorización  para ser retirada. Dice así:

“Reverendo Padre, después de haber pedido el parecer a mis padres Capitulares, tengo el placer de comunicarle que con gran satisfacción cedemos a su Instituto, la estatua de María, esculpida por el Can. Cattaneo y actualmente conservada en nuestro museo de Valdocco. Me complace que esta imagen de la Virgen, pueda encontrar digna sede en el nuevo Seminario de Frómista. Pueden retirarlo en el momento que lo crean conveniente. Aprovecho esta ocasión para saludarlo  afectuosamente al igual que a sus Cohermanos y desear a su Familia Religiosa, cuantiosas bendiciones del cielo. Considere su dev. mo Sac. Renato Ziggiotti”.

Se muestra en esta carta el generoso y fraterno proceder salesiano y más aún si se consulta el bellísimo relato de la partida de la imagen de Valdocco:

“Se desplazaron a Turín nuestros compañeros de Villa Moffa acompañando a  Don Lorenzo, para recoger la preciosa donación. Entre ellos se encontraban el clérigo Faustino Huidobro de Frómista, los sacerdotes Don Bertuzzo y Don Boselli, y dos alumnos de la Casa di Giovane Operaio. Está también allí  presente  el Rector Mayor D.Ziggiotti, para la entrega de  la gran Estatua de Maria obra del Can. Cattaneo de Pontecurone, y ya que la fuerza de los nuestro no bastaba, el mismo  llamó a tres albañiles que estaban trabajando en el interior del Oratorio, además de a un Coadjutor Salesiano. De esta manera, la imagen, abandonó  las estancias de Don Bosco. Con gran ternura, el señor Don Ziggiotti, llevaba en su mano el cetro de la Madonna. Una vez en el patio, la imagen fue acomodada en el pequeño camión  del  San Fogliano, que finalmente la transportó hasta el Instituto. El Sr. Don Ziggiotti bendijo a todos  los allí presentes, y en agradecimiento se le ofreció que el primer Rosario que se rezase en Frómista delante de la Madonna de Don Bosco y Don Orione, sería ofrecido por sus intenciones y por la Obra Salesiana. La noticia de la donación por parte de la Familia Salesiana a la de Don Orione , ha llenado nuestro corazón de alegría y de enardecida devoción a San Juan Bosco y a sus queridos hijos espirituales, los Salesianos, a los que siempre y en cualquier lugar nos sentimos tan unidos en  respetuosa amistad  por la tradición de agradecimiento arraigada en el corazón de Don Orione y encomendada por él  a nosotros sus hijos.”

Aparecen  en estas líneas  algunos momentos destacables de la entrega y recepción por parte de los orionistas de Turín, de la insigne imagen. Los datos de la llegada  de la misma a España, pasan por las vicisitudes que se narran en las cartas de D. Nicola a algunos cohermanos: D. Borile, D.Cesaro entre otros  y alguna referencias al  viaje y estancia en Tortona con motivo de la fiesta de la Guardia, en agosto de 1965, y que finalmente no se pudo realizar. El interés sumo de don Lorenzo, se evidencia en el tono entusiasta  y emocionado para  la realización de estampas con la imagen  y oración de la Madonna, fotografiada para tal cometido por D. Giuseppe Pollarolo. Es sin duda de reseñar el esmerado empeño en construir una estructura de hierro y madera para que pudiera ser trasladada sin sufrir daño  alguno, y colocar en la parte frontal de la estructura un  cristal o panel trasparente que permitiese contemplar el rostro de la Madre y del Niño, sin ser removida de su peana.

La historia dio un destino diferente a lo previsto y la imagen no acudió a su cita en Tortona el día 29 de agosto. Tampoco D. Lorenzo pudo alargar su estancia en este mundo mucho más de dos semanas de aquella  y el día 13 de septiembre siguiente, falleció en Génova sin poder ver cumplido su deseo de que la “ Madonna di Don Bosco y don Orione” acompañase a sus “ragazzi” en el Seminario Don Orione en la histórica y serena villa palentina.

Seis años más tarde, en la festividad del Rosario el jueves 7 de octubre de 1971, los jóvenes del Seminario Don Orione, rezaron  el Rosario frente a la imagen recién llegada, aquel Rosario que el  Padre Lorenzo prometió a don Ziggiotti en Valdocco, y que sin duda pudo rezar desde estancias celestes con la emoción y entusiasmo que siempre  le acompañaron a lo largo y ancho de su vida sacerdotal”.