SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


miércoles, 24 de diciembre de 2025

¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

  


 

Amados míos, la Pequeña Obra de la Divina Providencia debe ser como una Familia en Jesucristo. Estrechados por la caridad, unidos de corazón indivisible en este cuerpo moral que es nuestra Congregación, ¡oh! ¡cuántas ayudas mayores tendremos de la mano de Dios, y cómo nos sentiríamos contentos, felices y fuertes! La Congregación prosperará y será bendecida por el mérito de todos los que contribuirán a mantener la unión y la paz porque nuestra fuerza, oh amadísimos, está en la unión, cuyo vínculo es Cristo. ¡Oh! con que alegría y expansión del corazón entonces cantaremos el “Ecce quam bonum et quam incundum habitare fratres in unum!”.

La caridad está toda dirigida al bien de la Iglesia y de las almas, esta es la divisa de los discípulos de Cristo y de la Iglesia. San Pablo escribió: “La fe, la esperanza, la caridad: la más grande de las tres es la caridad”. Tratemos, entonces, con ardor de tener a la caridad, Este es el camino a seguir, hijos míos, que vale inmensamente más que cualquier otra cosa. El espíritu de la Pequeña Obra es el espíritu de caridad: que la más humilde caridad guíe nuestros pasos, oh hermanos míos: in ómnibus cháritas!

Aquí debo terminar, pues mi carta no les llegaría para Navidad, deberé ser breve. Yo le ruego humildemente al Niño Jesús que quiera infundir en mi y en todos ustedes la dulcísima caridad suya; y en la caridad de Cristo los abrazo, ¡oh mis amados Sacerdotes, in osculo sacto, y les doy el Feliz Navidad! Dios sabe cuánto los pienso y cuanto los amo: recuérdenme en el Altar, especialmente en la Santa Noche. Y a ustedes, mis Clérigos y mis buenos Ermitaños, alegría, esperanza y corona mía, ¡Feliz Navidad!

¡Feliz Navidad a las Hermanas de las varias Familias Religiosas! A todos y a cada uno me encomiendo yo y la Congregación, a cada uno y a todos, desde los más ancianos y desde el más pequeño, mando Augurios con la santa bendición de Navidad y todo voto de bien para el Año Nuevo.

Adiós, oh mis queridos hermanos e hijos, y ustedes, buenas Hermanas, rueguen por mi: recuerden al padre lejano. ¡Yo rogaré tanto por ustedes! Démonos una cita a los pies de Jesús: allá nos encontraremos unidos siempre en la íntima unión de la caridad: ¡y juntos alrededor de Jesús, quam bonum et quam jucundum habitare fratres in unum!

¡Que nuestra alegría y unión sean completas en el Corazón de Jesús en la tierra, en el Corazón de Jesús en el cielo! Nuestros Hermanos de aquí y las Hermanas se encomiendan vivamente a sus oraciones, los saludan y les manden los más santos Augurios. Ellos me tratan con mucha caridad, respeto sin fin e indulgencia: ¡ayúdenme a rogarle a Dios que los compense mucho! Que el Señor de la caridad y de la paz nos de El mismo, continuamente su caridad y su paz. ¡Que el Señor y la Santa Virgen estén con todos ustedes!

Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Los bendigo una vez más: ¡vivamente en Cristo humildes y fieles a los pies del Papa y de la S. Iglesia, y Feliz Navidad! Los bendigo en el Niño Jesús y en María Inmaculada. No nos cansemos de hacer el bien y consumirnos en la caridad del Señor: ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad!

Vuestro afectuosísimo.

Sac. Luis Orione

de la Divina Providencia

"La bondad vence siempre:tiene un culto secreto aún en los
corazones más fríos,más
solitarios y alejados.El amor vence al odio,el bien vence al mal,la luz
vence a las tinieblas y qué son frente a la luz de esta santa noche de
navidad?:Nada!.Realmente nada frente a Niño Jesús!.Jesús permanece y
vence pero en la misericordia".Feliz y Santa
Navidad

martes, 23 de diciembre de 2025

LA CARIDAD HACIA DIOS Y EL PRÓJIMO


 LA CARIDAD HACIA DIOS Y EL PRÓJIMO FRUTO PRINCIPAL DE LA SANTA NAVIDAD

A los Religiosos y a las Religiosas de la Pequeña Obra de la Divina Providencia.

¡Qué la gracia del Señor y Su paz, cantada por los Ángeles sobre la gruta de Belén, estén siempre con nosotros!

Amadísimos Sacerdotes hermanos míos y ustedes que son mis hijos en Cristo, y también ustedes, oh Religiosas, buenas hijas de Dios, he aquí que me dirijo a todos en el Nombre del Señor,con motivo de las dulces solemnidades de la Santa Navidad. Voy a decirles la buena palabra que los encienda siempre más de amor de Dios,en la caridad recíproca y los anime en el servicio de Dios y de las almas. Quiero presentarle los mejores augurios de una completa  alegría serena y santa, y darles la bendición de Navidad que es, este año, la bendición del hermano y del padre lejano, el cual desea que estén ciertos de que piensa en ustedes y los lleva en el corazón; que ruega por todos y que jamás se ha sentido tan espiritualmente unido y cerca como en estos santos días.

  ¡Estamos en Navidad! Hermanos e hijos míos, y ustedes, buenas Hermanas, purifiquemos las almas nuestras y preparémonos para la Santa Navidad con fervor especial y espíritu de oración, como hacía Cottolengo. 

Preparemos los senderos del Señor que viene: humillemos los montes de nuestro orgullo, llenemos los valles de nuestro egoísmo, enderecemos los caminos tortuosos de nuestra vida religiosa, tal vez poco recta, poco regular, poco edificante.

Con el hecho de habernos llamado a la perfección, Dios nos ha dado una gran gracia, pero desea de nosotros grandes cosas, exige una gran correspondencia. El religioso debe velar sobre su corazón, debe romper todos los afectos terrenos y no dejarse engañar por ese sentimiento de familia que ciega: debe buscar sólo el honor y la gloria de Dios y consagrarse enteramente al Señor, sin limitación ni excepción alguna. 

Sólo así no seremos del todo indignos de ver la salvación y recibir al gran Dios y Salvador del mundo: Jesucristo.

 “Instaurare omnia in Christo!” es el lema y programa nuestro, con la ayuda divina y a las órdenes de la Iglesia, nosotros debemos ocuparnos de renovarlos a todos en la caridad de Dios. Pero, ante todo, debemos en Cristo renovarnos a nosotros mismos en lo íntimo del espíritu. Ahora, ninguna ocasión mejor que esta, oh amados míos.

 Jesús, en su Navidad, nos invita a vivir como religiosos humildes, y a cumplir en nosotros la voluntad del Padre celeste, en una obediencia hecha de amor. Un Dios que nace en la pobreza para vivir en el dolor, nos enseña a amar a la pobreza y a los inconvenientes pues “vita boni religiosi crux est...”, dice la imitación de Cristo: la vida del buen religioso es cruz...

 Jesús nació como un pobre es una gruta desnuda, abierta a los vientos, y, no nacido aún ya era abandonado por el consorcio civil; El fue mandado fuera, a campo abierto: ¡fueron más piadosos con El el buey y el asno! ¡Más su amor triunfa! 

La navidad nos hace sentir algo de la infinita caridad de Jesús, que trata de hacerse amar con una bondad suprema y una delicadeza infinita, desde su nacimiento. 

¡Cuántas lecciones de humildad, de fe, de simplicidad, de pobreza, de obediencia, de abandono a la Divina Providencia nos da Jesús desde el pesebre!

Sobre todo Jesús desde el pesebre nos grita: “¡Caridad! ¡Caridad! ¡Caridad!” Vida de caridad: todo el Evangelio está aquí, toda la vida y el Corazón de Jesús están aquí: Todo Dios está aquí: Deus charitas est! 

De la caridad Dios ha hecho el cimiento de nuestra santa Religión: ella es la más noble y excelente de todas las virtudes: es el principio y la fuente de todos nuestros méritos. 

La caridad, infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo, es la virtud por la cual amamos a Dios por Sí mismo y al prójimo por el amor de Dios.

Esta es la nota distintiva de los discípulos de Jesucristo, es el precepto máximo y propio de Cristo. 

Y la Navidad nos manifiesta “la gran caridad de Dios hacia nosotros, que ha mandado a su Unigénito al mundo para que nosotros vivamos por El”. (1 Juan 4, 6).

Ahora bien, mis amados, mantengámonos detrás de la caridad y estaremos detrás de Jesús; vivamos de sus Mandamientos, sigámoslo desde cerca en la práctica de sus Consejos evangélicos, y caminemos en el amor de Dios y del prójimo, encendidamente, imitando a Cristo, que ha sido el primero en amarnos y tanto nos amó que murió por darnos a nosotros la vida.

 ¡Caridad! ¡Caridad! ¡Caridad!

 Esto sólo debe interesarnos, oh hijos, pues sólo en la caridad llegaremos a la santidad, que es la voluntad del Señor: “haec est voluntas Dei, sanctificatio vestra”. 

¡Sí, ¡Te amaremos, oh Señor, ¡Dios de amor, nuestra fortaleza y nuestro refugio, corazón de nuestro corazón, único latido de nuestra vida!

 Cuídanos, oh Señor, para que las muchas amarguras y desengaños, las muchas aguas no extingan en nosotros el fuego de tu caridad. Jesús, Tú eres nuestro Dios, nuestro Salvador, nuestra misericordia, Tú la Caridad.

“¿Quién nos separará, oh hijos míos, de la caridad de Cristo? ¿Tal vez la tribulación? ¿tal vez la angustia? ¿tal vez el hambre? ¿tal vez la persecución? ¿tal vez la espada?”.

 No, por la virtud de Cristo, que tanto nos ha amado, y sólo por su divina gracia, no: ni la muerte con sus angustias, ni la vida con sus encantos, ni altura de honores, ni profundidad de dolores, ni amarguras, ni tinieblas podrán nunca separarnos de la caridad de Cristo y de Su Iglesia, Madre dulcísima de nuestras almas, Maestra infalible de nuestra Fe.

¡Hijos y hermanos, es el Santo Niño que viene, es el Niño Jesús sobre la paja por nuestro amor! ¿Qué nos dice? ¡Caridad! ¡Caridad! ¡Caridad! Dilatemos nuestro corazón a los efectos más tiernos, y arrojémonos en adoración a los pies de Jesús; que se encienda de su amor nuestra vida, pues su amor es suave y divino, y es la vida; es vida y fruto de su caridad es la paz, mejor dichoes la belleza misma de la paz: in pulchritúdine pacis!

fuente: fragmentos de una carta circular como "aguinaldo" sobre la caridad. Navidad 1934 ( primera parte) la segunda se puede ver en la publicación del día  23/12/22

lunes, 22 de diciembre de 2025

EL LLAMADO DE DIOS , NAVIDAD

 

EL LLAMADO DE DIOS
La Navidad despierta en todos una alegría e impulso de bondad que embellece la vida. La Navidad suscita el deseo de aquel “reino” de paz, de justicia y de fraternidad del cual habla el Evangelio, patria amada, aunque estemos alejados de él o le seamos casi extraños.
Para entender qué sucedió con la Navidad de Jesús y qué nos sucede cada año, hago referencia a un fenómeno de la naturaleza, a lo que le sucede al cuclillo o también a las perdices.
Los huevos de estos pájaros a menudo son colocados en un nido ajeno. Los pichones crecen y se familiarizan en el nido donde nacieron, ignorando su origen. Pero sucede que cuando la verdadera madre se encuentra cerca y hace un reclamo con su canto, el pichón rápidamente la reconoce, se despierta en él una sintonía natural por lo que deja el nido y la sigue.
“No es diverso lo que sucede con nuestro corazón”, observó San Francisco de Sales. “A pesar de que nuestro corazón sea incubado, nutrido y criado en medio de las cosas de este mundo, materiales y efímeras, y, por decirlo así, bajo las alas de la naturaleza, sin embargo, ante la primera mirada que Dios nos da, al primer conocimiento de él que recibe, la natural y originaria inclinación a amar a Dios, que se había adormecido y vuelto imperceptible, se despierta en un instante y aparece de improviso, como una chispa en medio de las cenizas. Y esta inclinación, actuando sobre nuestra voluntad, le imprime un impulso de aquel amor”.
Jesús es “el llamado de Dios”. Vino en medio de nosotros despertando nuestra naturaleza divina, inexpresiva pero viva. Aún hoy, mirando al “Niño que se nos ha dado” sentimos una vibración de verdad y de connaturalidad que nos sorprende con un impulso inesperado del corazón, con un movimiento de simpatía hacia Jesús y su “reino”, tan humano como divino, que sentimos nuestro.
Dios continúa mandándonos llamados de su presencia, como una mamá que por días y semanas cuida y sonríe a su niño, inconsciente, hasta que llega el día en el que el niño le responde con una sonrisa, reconociéndola y reconociéndose a sí mismo en relación a ella.
Cada acto de amor es un llamado de Dios que despierta en nosotros la humanidad de hijos de Dios.
Don Orione concibió su Pequeña Obra “para hacer experimentar a todos la Divina Providencia mediante la caridad… que abre los ojos de la fe y enciende los corazones con el amor a Dios”.
Feliz Navidad y próspero Año nuevo, queridos hermanos, Hijos de la Divina Providencia: “Es necesario que a cada uno de nuestros pasos se cree y florezca una obra de fraternidad, de humanidad, de caridad purísima y santísima. ¡Y todos les creerán!”
Feliz Navidad  y feliz año, a las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, a las que Don Orione explicó que “Misioneras quiere decir ir a evangelizar el mundo con la caridad”.
Feliz Navidad y feliz año , a los tantos laicos y laicas del Instituto Secular Orionita y del Movimiento Laical Orionita: “Eviten las palabras: de palabras tenemos llenos los bolsillos. La faz de la tierra de renovará al calor de la primavera; pero el mundo moral sólo tendrá vida nueva al calor de la caridad”.
Llegue mis augurios de Feliz Navidad y feliz año a cuantos habitan o frecuentan nuestras casas, las escuelas, las parroquias y las misiones: “¡Que la fe crezca vigorosa en todos ustedes! Fe acompañada de buenas obras, de una conciencia libre de pecado, santificada por la presencia de los Sacramentos”.
A los Amigos y Bienhechores de la Pequeña Obra de la Divina Providencia repito con Don Orione: “todo es grande cuando es grande el corazón que lo da, y es la caridad de Jesús la que mueve a dar”.
Y la bendición de Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Este mensaje nos ha enviado Don Flavio, entonces Superior General , en el año 2016
P. Flavio Peloso FDP

domingo, 21 de diciembre de 2025

MÍSTICA NOCHE DE NAVIDAD CARTA 1920


Fragmento de la carta "Regalo de Navidad" escrita por Don Orione en 1920. Aquí, la contemplación de la Navidad se hace poesía. 

¡La claridad celestial

de esta mística noche de Navidad

atrae hasta a las almas más alejadas

-peregrinos descarriados o perdidos-,

como la luz de la casa paterna

en la oscuridad del bosque!

 

Oh, luz divina del Niño Jesús!

suave y santa bondad de Dios

y de la Iglesia de Dios!

 

Hermanos,

obremos con la bondad del Señor,

y así no tendrán que tener miedo

de que se pierda la obra que realizan:

toda palabra buena es un soplo de Dios:

todo acto, santo y grande,

de amor a Dios y a los hombres,

es inmortal!

 

La bondad vence siempre:

tiene un culto secreto

aún en los corazones más fríos,

y más solitarios y alejados.

 

El amor vence al odio;

el bien vence al mal;

la luz vence a las tinieblas!

Todo el odio y todo el mal,

y las tinieblas todas de este mundo,

¿qué son frente a la luz

de esta noche de Navidad?

Nada! realmente nada

frente a Jesús,

frente al Niño Jesús!

 

Consolémonos y exultemos en el Señor!

Los males de la tierra

no tienen que hacernos perder

la efusión del Corazón de Dios;

la victoria final será suya,

del Señor!

Y el Señor vence siempre en la misericordia!

 

Todo pasa:

¡sólo Cristo permanece!

¡Es Dios, y permanece!

Permanece entre nosotros para iluminarnos,

para consolarnos,

permanece en su vida terrenal,

para darnos su misericordia!

 

¡Jesús permanece y vence,

pero en la misericordia!

viernes, 19 de diciembre de 2025

CONSUELO DE LOS AFLIGIDOS.


              


 

El corazón de María, más que ningún otro, es un corazón humilde y capaz de acoger los dones de Dios. Y Dios, para hacerse hombre, la eligió precisamente a ella, a una simple joven de Nazaret, que no vivía en los palacios del poder y de la riqueza, que no había hecho obras extraordinarias. Preguntémonos ―nos hará bien― si estamos dispuestos a recibir los dones de Dios o si, por el contrario, preferimos encerrarnos en las seguridades materiales, en las seguridades intelectuales, en las seguridades de nuestros proyectos.

 De los escritos de Don Orione [2]

La tarde del 12 de marzo de 1940, escribía.

“Cómo quisiera, Beatísimo Padre, con mis lágrimas, con mi sangre y con mi amor, hacer un bálsamo para aliviar sus dolores y echar sobre llagas de mis hermanos! Cómo quisiera, al final ya de esta pobre vida, ofrecerte también los últimos latidos, en holocausto ardiente de veneración, a tus pies!

Venga entonces la Santa Virgen a tomarme por la mano!

Y, si el Señor me tiene misericordia, entraré a la paz del paraíso, quiero entrar cantando el Christus vincit, el Magnificat y el Tu es Petrus, que es mi credo, el cántico de mi Fe y de mi amor!”

   Oración :

Concédenos ver en el cielo la cantidad de todos los testimonios victoriosos para encontrar coraje y fuerza en el combate de este mundo

Ruega por nosotros, María

 

Acoge nuestra oración, María, unida a la nuestra en la comunión de los Santos. Ruega por nosotros, María

 

            

[1] DOLM Vol. III, pág. 1563 – vol. IV, pág. 2145

[2] DOLM Vol. IV, pág. 2160


jueves, 18 de diciembre de 2025

ESTABA ....


 

Estaba. (Jn 19, 25-27).

Cerca de la cruz de Jesús estaba su madre, con María, la hermana de su madre, esposa de Cleofás, y María de Magdala.  La palabra «Estaba» marca la existencia de la Virgen que sigue a su Hijo hasta el final, bajo la cruz. 

María que, con maternal solicitud, cuidó de que no faltara el vino en las bodas de Caná, compartió con su Hijo la misión de salvación, hasta el pie de la Cruz. En ese momento, en el dolor agonizante experimentado en el Calvario, comprendió la profecía de Simeón: «Una espada atravesará también tu alma». El sufrimiento del Hijo moribundo, que tomó sobre sí los pecados y las aflicciones de la humanidad, la traspasó también a Ella. Jesús lacerado en la carne, el Varón de dolores desfigurado por el mal; María, lacerada en el alma, la Madre compasiva que recoge nuestras lágrimas y al mismo tiempo nos consuela, indicándonos la victoria definitiva en Cristo.

Y María de los Dolores, bajo la cruz, simplemente permanece. Permanece bajo la cruz. No huye, no intenta salvarse, no utiliza artificios humanos ni anestésicos espirituales para escapar del dolor. Esta es la prueba de la compasión: permanecer bajo la cruz. Permanecer con el rostro marcado por las lágrimas, pero con la fe de quien sabe que en su Hijo Dios transforma el dolor y vence la muerte.

Y también nosotros, mirando a la Virgen Madre de los Dolores, nos abrimos a una fe que se hace compasión, que se hace compartir la vida hacia los que están heridos, los que sufren y los que se ven obligados a llevar sobre sus hombros pesadas cruces. Una fe que no se quede en lo abstracto, sino que nos haga entrar en la carne y nos haga compadecernos de los necesitados. Esta fe, con el estilo de Dios, humildemente y sin clamores, levanta el dolor del mundo e irriga de salvación los surcos de la historia.  (Papa Francisco, Homilía, 15/09/2021)

 

La Palabra y la Vida de Don Orione

Cuando se abrió la primera Casa en San Bernardino, Don Orione y sus primeros alumnos colocaron en la capilla una estatua de Nuestra Señora, que había sido donada por un benefactor de Novi Ligure, el abogado Serra. Era una estatua de Nuestra Señora de los Dolores. Don Orione nos dice: «... el primer día que marcó el nacimiento de nuestra Congregación, el primer grupo de jóvenes, reunidos bajo los auspicios de la Divina Providencia, fue ofrecido de manera especial a Nuestra Señora de los Dolores... Nuestra Señora de los Dolores suele ser representada vestida de rojo, porque el rojo simboliza el dolor y el amor, con las manos juntas, la mirada dirigida al cielo y la espada atravesando su corazón. Esta estatua cruza los brazos sobre el pecho y levanta los ojos al cielo: así debía de estar María al pie de la Cruz, cuando Jesús agonizaba, en aquel momento sagrado y solemne en que Jesús nos dio el derecho de llamarla Madre María, la Madre de Dios... Cuando los chicos vieron que la Virgen tenía una espada clavada en el corazón, se volvieron hacia mí y me dijeron: «¿Cómo es que tenemos que tener una estatua de la Virgen con una espada clavada en el corazón? No, ¡no queremos que tenga una espada en el pecho!». ... Rompieron, pues, su espada y, habiéndose hecho traer cerillas, la quemaron allí, en medio del jardín, y dijeron: «Así sean quemados nuestros pecados...». ... Y en lugar de espada le pusieron un corazón de plata. Esta vieja estatua es la primera Madre de la Divina Providencia. Siempre ha permanecido así. Todo cambia en esta Casa, todo pasa: sólo una cosa no cambia aquí y no cambiará: la imagen de nuestra querida Madre de la Divina Providencia».

Rezamos con Don Orione

Siempre, oh Nuestra Señora, hablaremos de Ti, narraremos Tus glorias, difundiremos Tu devoción, daremos a conocer las maravillas de Tu bondad como Madre. Bendícenos a nosotros y a nuestro trabajo, bendice a todos tus devotos, a todas las almas buenas. Bendícenos a nosotros, tus siervos, tus hijos, sedientos de tu amor. Que tu gracia descienda como rocío, como lluvia benéfica sobre nosotros y sobre todos, cercanos y lejanos, amigos y enemigos, buenos y malos: tú, oh María, eres la Madre de todos, de todos quieres ser la luz, el consuelo y la salvación.

Y nosotros, humildes y fieles a tus pies y a los de la Iglesia, elevaremos todavía y siempre himnos de amor y de acción de gracias a ti, ¡oh Santa Madre de la Guardia!

 


 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

AQUÍ ESTOY... (Lc 1, 30-38).



AQUÍ ESTOY. QUE SE CUMPLA... (Lc 1, 30-38)

María está en oración, cuando el arcángel Gabriel viene a traerle el anuncio a Nazaret. Su “he aquí”, pequeño e inmenso, que en ese momento hace saltar de alegría a toda la creación, ha estado precedido en la historia de la salvación de muchos otros “he aquí”, de muchas obediencias confiadas, de muchas disponibilidades a la voluntad de Dios. No hay mejor forma de rezar que ponerse como María en una actitud de apertura, de corazón abierto a Dios: “Señor, lo que Tú quieras, cuando Tú quieras y como Tú quieras”. Es decir, el corazón abierto a la voluntad de Dios. Y Dios siempre responde. ¡Cuántos creyentes viven así su oración! Los que son más humildes de corazón, rezan así: con la humildad esencial, digamos así; con humildad sencilla: “Señor, lo que Tú quieras, cuando Tú quieras y como Tú quieras”. Una oración sencilla, pero es poner nuestra vida en manos del Señor: que sea Él quien nos guíe. Todos podemos rezar así, casi sin palabras. (Papa Francisco, Audiencia general, miércoles 18 de noviembre de 2020).

 

LA PALABRA Y LA VIDA DE DON ORIONE

No basta amar, honrar a la Virgen con cantos y alabanzas: debemos honrarla, imitarla en sus virtudes, en sus prerrogativas: así nuestro amor será verdadero y mereceremos su ayuda, su patrocinio, no sólo para nosotros, sino para las almas que se nos confían. Prometamos ser verdaderos devotos de María, esforcémonos por imitar sus virtudes: humildad, pureza, caridad, santidad de vida. Pongamos en María Santísima, nuestra Madre celestial, toda la confianza, la mayor confianza, y dirijámonos continuamente a Ella y descansemos tranquilos en sus manos inmaculadas. Seamos sinceros devotos de la Santísima Virgen, imitando sus virtudes con la ayuda divina, observando cada vez con mayor empeño la ley de su Hijo, Redentor y Dios nuestro, Jesucristo. (DOLM, p. 1999).

 

Rezamos con Don Orione

Salve, oh Madre amantísima, que ves y oyes incluso desde lejos.

Recibe mi saludo, humilde, reverente, filial; siente el ferviente latido de este corazón

¡que traspasa los mares y llega a tu corazón!

Exulta, oh alma Donna del Cielo, ¡y acepta mi agradecimiento por tus muchas bendiciones y maravillas! Te invoco, te suplico por mí y por todos,

«¡Oh Virgen, oh Señora, oh Toda Santa!

A tus pies pongo mi corazón y toda mi pobre vida:

¡mil veces te bendigo, mil y mil veces te amo!

(DOLM III p. 1739).

martes, 16 de diciembre de 2025

HAGAN TODO LO QUE ÉL LES DIGA.


 Hagan. (Jn 2, 1-5). 

«Hacer» es la invitación que María dirige a los criados de Caná, después de haber hablado con Jesús

La Virgen se da cuenta del problema y lo señala con discreción a Jesús. Y Él interviene sin clamor, casi sin que se note. Todo se desarrolla reservadamente, “detrás del telón... Es bello pensar que el primer signo que Jesús cumple no es una curación extraordinaria o un prodigio en el templo de Jerusalén, sino un gesto que sale al encuentro de una necesidad simple y concreta de gente común, un gesto doméstico, un milagro —digámoslo así— “de puntillas”, discreto, silencioso.

Jesús, en cambio, hace que la fiesta termine con el mejor vino. Simbólicamente esto nos dice que Dios quiere lo mejor para nosotros, nos quiere felices. No se pone límites y no nos pide intereses.… No, la alegría que Jesús deja en el corazón es alegría plena y desinteresada Probemos hoy a buscar entre nuestros recuerdos los signos que el Señor ha realizado en nuestra vida. Que cada uno diga: en mi vida, ¿qué signos ha realizado el Señor?: … Cada uno de nosotros ha vivido estos momentos en su historia. Revivamos los momentos en los que hemos experimentado su presencia y la intercesión de María. Que ella, la Madre, que como en Caná está siempre atenta, nos ayude a atesorar los signos de Dios en nuestra vida.  (Papa Francisco, Angelus, 16 de enero de 2022).

La Palabra y la Vida de Don Orione

 La compra del internado «S. Giorgio» en Nueva Liguria

 «¡Recen a la Virgen! Mañana, 1 de mayo, firmaré el acuerdo en Novi...». Mientras tanto, Don Orione había ido a menudo a rezar a la Lacrimosa, el antiguo retrato de la Virgen, que guarda - por antigua dedicación - las llaves de plata de la ciudad. ...

Mons. Remotti recuerda: «Una tarde de noviembre de 1923, Don Orione vino al colegio, donde yo era coadjutor; entró en la sacristía, me tomó de la mano y me llevó ante la Santísima Virgen de la Lacrimosa; allí rezó durante una media hora... Luego me dijo: “Debo decirte algo en confianza; he decidido comprar San Giorgio... quiero revivirlo..., será un centro vivo de cultura y de fe...”.

Las negociaciones fueron muy laboriosas, y a veces parecían a punto de naufragar; los tiempos eran difíciles, la oposición fuerte, el ambiente frío y hostil. Pero el espíritu de fe del P. Orione se sobrepuso a todo y a todos. Así que aquí están, todos los miembros del consejo municipal, y frente a Don Orione, reunidos en el gran salón del municipio. Se trata de proyectar el compromiso y firmarlo, y hacer un compromiso de vida, para una ruina, gloriosa como quieras, pero una ruina, sin alma...

El momento es solemne. Don Orione se levanta, pide misericordia: - Soy un pobre sacerdote, dice, soy un trapo de Dios; no puedo hacer nada sin su ayuda. Permitidme invocar a Nuestra Señora, vuestra Lacrimosa. Invoquémosla juntos, antes de firmar, vuestra patrona: vuestros mayores pusieron en sus manos las llaves, las llaves de plata de vuestra ciudad... Así diciendo, se levanta y, ante la mirada de todos, se persigna: y los que están fascinados, se levantan y se persignan; y luego, arrodillándose y reclinando la cabeza sobre el antebrazo derecho apoyado en la mesa, entona el Ave María, y los, conquistados, le ríen con humor. -Ahí está bien -añade, empuñando la pluma-, ¡ahora firmo seguro! ...». La Virgen Lacrimosa había respondido a la ferviente plegaria del Siervo de Dios. (DOLM, 781-783)

 

Rezamos con Don Orione

Oh, que Nuestra Santísima Señora esté siempre en nuestras mentes, en nuestros corazones, en nuestros estudios, en nuestro trabajo, en todas nuestras acciones. Es la Iglesia católica la que nos lo dice, nos lo recomienda, nos lo enseña y nos lo inculca en su venerable liturgia de todos los pueblos que viven en la fe. ¡María, siempre María! María en la tribulación, María en la alegría; María en la salud, María en la enfermedad; María en la pobreza, María en la abundancia; María en la humillación, María en los honores; María en la gracia, María en el pecado; María en la juventud, María en la vejez; María en la vida, María en la muerte, María en la eternidad. ¡María, siempre María!   (Don Orione en La luz de María, vol. 1)

 


 

 

 

domingo, 14 de diciembre de 2025

"AQUELLA QUE CUSTODIA"


 Custodiaba. (Lc 2, 46-51).

 María se nos presenta  como la que guarda en su corazón todo lo que se refería a su hijo, en actitud de profunda meditación, iluminada por la oración, para descubrir en ello las huellas ocultas del cumplimiento de la promesa de Dios.

 y no fue fácil: ¡cuántas dificultades tuvieron que superar! No era una familia artificial, no era una familia irreal. La familia de Nazaret nos compromete a redescubrir la vocación y la misión de la familia, de cada familia. Y, como sucedió en esos treinta años en Nazaret, así puede suceder también para nosotros: convertir en algo normal el amor y no el odio, convertir en algo común la ayuda mutua, no la indiferencia o la enemistad. No es una casualidad, entonces, que «Nazaret» signifique «Aquella que custodia», como María, que —dice el Evangelio— «conservaba todas estas cosas en su corazón» (cf. Lc 2, 19.51). Desde entonces, cada vez que hay una familia que custodia este misterio, incluso en la periferia del mundo, se realiza el misterio del Hijo de Dios, el misterio de Jesús que viene a salvarnos, que viene para salvar al mundo. Y esta es la gran misión de la familia: dejar sitio a Jesús que viene, acoger a Jesús en la familia, en la persona de los hijos, del marido, de la esposa, de los abuelos... Jesús está allí.  (Papa Francisco)

La Palabra y la Vida de Don Orione

Nuestra Congregación quiere ser y es todo sobre María...

¿Por qué? Porque Ella es la «Theotokos», la «Deìpara», la «Mater Dei», la inmaculada «Madre de Dios».

He aquí, pues, nuestra tarea: asociar a María con Jesucristo en todo acto religioso, y confesar su divinidad...

Repetimos, con las aclamaciones del Concilio de Éfeso, nuestra fe en la divinidad de Cristo y en la maternidad divina de María...

Al grito de «Maria Mater Dei» profesamos nuestra fe; profesamos, en Cristo, la unión de la divinidad con la humanidad y, en el hombre, la elevación de la humanidad asumida por la divinidad; en María, pues, profesamos la más alta dignidad a que puede ser elevada una criatura, y la más alta prerrogativa, la más poderosa: la Maternidad Divina... (con Don Orione hacia María pg.188/189)

Rezamos con Don Orione

Dios te salve, Santa Madre de Dios,

Madre de la Divina Providencia y Madre nuestra, a ti, benigna y misericordiosa, omnipotente sobre el corazón de tu Hijo Jesús, confiadamente nos dirigimos.

Ven, oh Madre, ven y cuida de nosotros.

He aquí, toma la llave de nuestros corazones: ven a gobernar y custodiar, ven a defender nuestra casa,

la Iglesia y el mundo entero.

Danos, oh María, un alma grande y magnánima, paciente en la prueba, fuerte en la esperanza ardiente en el amor a Dios y a nuestros hermanos.

Santa Madre, acuérdate de nosotros ante los ojos de Dios, cuida los pasos de nuestra vida hasta el santo Paraíso, cerca de Ti, María, siempre con Jesús, siempre contigo, Santa Madre del Señor.