SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


lunes, 31 de julio de 2023

CARTA DE DON ORIONE 1 DE AGOSTO DE 1936 AL ABAD EMANUELE CARONTI

 


Una carta personal fechada el 1 de agosto de 1936; Don Orione desde la capital argentina, ignorando los motivos de la intervención pontificia del Abad Emanuel Caronti, relaciona ésta con los acontecimientos por los que había escrito, dos años atrás, a Mons. Simón Pietro Grassi; entonces explicó al Abad las motivaciones profundas que lo llevaron a venir a América Latina:

[...] Y aquí me parece conveniente manifestar en forma reservada a su Excelencia, que, cuando dejé Italia, no vine a América sólo con la intención de visitar las casas que la Pequeña Obra de la Divina Providencia ya poseía aquí, sino que sin confesárselo a nadie, ni siquiera a Don Sterpi, para no causarle un dolor todavía más grave, me he arrojado al mar, como si fuese un Jonás, con la esperanza de que mi alejamiento, calmase las olas furiosas, y salvado la barca de mi pobre Congregación. Y además era necesario que yo me alejara para interponer un acto claro, en salvaguarda de mi buen nombre. Desde hace cuatro años que vengo esperando en vano, en silencio, en oración y confianza, que se dijese una palabra de defensa de una horrible calumnia, divulgada en la Diócesis y fuera de ella, semejante a la del vicioso Sacerdote Florencio. Viendo que, entonces, era inútil esperar, he creído que debía seguir el ejemplo de San Benito, que abandonó Subiaco, y se retiró a Montecassino. Por lo que desaparecí silenciosamente de Tortona, aprovechando la ocasión del Congreso Eucarístico. Y, dejando la Congregación en buenas manos, puse mi causa en las manos de Dios[1].

El horizonte de sentido existencial aparece cuando en mi rostro están los rostros de quienes son los destinatarios de mi existencia, llamado y vocación. Cuando en mi rostro están tallados los rostros de mis hermanos del Pequeño Cottolengo, de los hogares, de las escuelas y misiones en las que vivimos entregando nuestras vidas. Porque no peregrinamos a lugares: peregrinamos a los hermanos y hermanas y en ellos peregrinamos al Otro, que es Dios.

Y así como la novedad del Reino se pone de manifiesto en el amor a los pobres y en su liberación, esta caridad es la confesión de fe más profunda de la presencia salvífica de Cristo en la historia. En esta perspectiva entendemos la intensidad heroica con la que Don Orione vivió su pasión apostólica en favor de los hombres. Su ardor, por hacer que todos sean alcanzados por este amor de Jesús, lo llevó a pedirle la gracia de alcanzar a los más alejados; los excluidos; los que son considerados por el mundo como desperdicios: y Luis Orione peregrinó a los otros, abrazando la condición de Jesús; tallando en su rostro el sufrimiento de sus hermanos en su propio corazón: Orione, L., a E. Caronti, 01.08.1936, Summ., § 563; se conserva también de esta carta una minuta, donde se agrega en este párrafo: «[...] en buenas manos, las de Don Sterpi, me refugié». Idem, a E. Caronti, 01.08.1936, mi., ADO, Scr., 19,91-92; con otra carta al mismo destinatario, fechada el 19 de agosto, explicita la causa de la calumnia: «En cuanto al hecho doloroso que me afecta y que, en un primer momento pensé que hubiera provocado la visita suya, es cosa un poco extensa para contar. No quisiera resultar demasiado prolijo [...] Un día llega el correo, y Don Sterpi no estaba en casa; [...] leo. En un primer momento no entendía de qué se trataba. La cosa me parecía extraña. Después caí en la cuenta. Él [Mons. Bacciarini] enviaba a Don Sterpi el testimonio jurado de un Párroco suyo, el de Melide (no era Don Bornaghi) el cual contaba que supo tener en su casa a dos sacerdotes de la Diócesis de Tortona, de los cuales uno era Arcipreste, y que había escuchado que Don Orione , cuando estuvo en Messina en calidad de Vicario General, después del terremoto habría frecuentado un prostíbulo, y que se encontró su nombre en los registros de la casa [...]» Orione, L, a E. Caronti, 19.08.1936, Summ., § 564. Scritti

69, 320. Don Orione tuvo también algunos problemas por esto de pensar y hablar de modo humilde de    mismo  y  de  la  Congregación.  Había  quienes  miraban  más  el  orden  que  la  sustancia.

Sabemos  que  el Visitador apostólico, el abad Emanuele Caronti, fue enviado en 1934 “para poner orden” en la Congregación.

Don  Orione,  refiere  a  Don  Sterpi:  “Esta  mañana  él [el  Visitador] fue  llamado  por  los  Religiosos [la Congregación de la  Santa Sede] Por un artículo aparecido en el Corriere della Domenica, donde se dice que yo mismo llamo a nuestra Congregación  «un  gran lio». Me ha preguntado si es cierto. Le he respondido que si,  y  que  se  lo  digo  especialmente  a  los  Obispos  de  la  Iglesia  para  que  no  se dejen  embaucar  por  mí,  y  a nuestros sacerdotes y clérigos para que no se llenen de soberbia si la Divina Providencia se sirve de nuestros trapos para hacer un poco el bien, no porque queramos  hacer las cosas mas o menos”;

carta del 12.1.1939,

Scritti  19, 309. 1 Scritti 45, 60.

 

 

 

 

 

 

 

CARTA DE DON ORIONE 1 DE AGOSTO DE 1936 AL ABAD EMANUELE CARONTI


Abate CARONTI Emanuele (Benedettino), da Subiaco (Roma), muerto en Noci (Bari) en 1966, a los 83 años de edad , 68 de  Profesión y  61 de Sacerdocio. Visitador  Apostólico de la Pequeña Obra de la Divina Providencia desde el 10 julio 1936 al 21 octubre de 1946.

10 de julio: la Santa Sede nombra Visitador Apostólico de la Obra al Abad Emanuel Caronti.

Una carta personal fechada el 1 de agosto de 1936; Don Orione desde la capital argentina, ignorando los motivos de la intervención pontificia del Abad Emanuel Caronti, relaciona ésta con los acontecimientos por los que había escrito, dos años atrás, a Mons. Simón Pietro Grassi; entonces explicó al Abad las motivaciones profundas que lo llevaron a venir a América Latina:

[...] Y aquí me parece conveniente manifestar en forma reservada a su Excelencia, que, cuando dejé Italia, no vine a América sólo con la intención de visitar las casas que la Pequeña Obra de la Divina Providencia ya poseía aquí, sino que sin confesárselo a nadie, ni siquiera a Don Sterpi, para no causarle un dolor todavía más grave, me he arrojado al mar, como si fuese un Jonás, con la esperanza de que mi alejamiento, calmase las olas furiosas, y salvado la barca de mi pobre Congregación. Y además era necesario que yo me alejara para interponer un acto claro, en salvaguarda de mi buen nombre. Desde hace cuatro años que vengo esperando en vano, en silencio, en oración y confianza, que se dijese una palabra de defensa de una horrible calumnia, divulgada en la Diócesis y fuera de ella, semejante a la del vicioso Sacerdote Florencio. Viendo que, entonces, era inútil esperar, he creído que debía seguir el ejemplo de San Benito, que abandonó Subiaco, y se retiró a Montecassino. Por lo que desaparecí silenciosamente de Tortona, aprovechando la ocasión del Congreso Eucarístico. Y, dejando la Congregación en buenas manos, puse mi causa en las manos de Dios[1].

El horizonte de sentido existencial aparece cuando en mi rostro están los rostros de quienes son los destinatarios de mi existencia, llamado y vocación. Cuando en mi rostro están tallados los rostros de mis hermanos del Pequeño Cottolengo, de los hogares, de las escuelas y misiones en las que vivimos entregando nuestras vidas. Porque no peregrinamos a lugares: peregrinamos a los hermanos y hermanas y en ellos peregrinamos al Otro, que es Dios.

Y así como la novedad del Reino se pone de manifiesto en el amor a los pobres y en su liberación, esta caridad es la confesión de fe más profunda de la presencia salvífica de Cristo en la historia. En esta perspectiva entendemos la intensidad heroica con la que Don Orione vivió su pasión apostólica en favor de los hombres. Su ardor, por hacer que todos sean alcanzados por este amor de Jesús, lo llevó a pedirle la gracia de alcanzar a los más alejados; los excluidos; los que son considerados por el mundo como desperdicios: y Luis Orione peregrinó a los otros, abrazando la condición de Jesús; tallando en su rostro el sufrimiento de sus hermanos en su propio corazón: Orione, L., a E. Caronti, 01.08.1936, Summ., § 563; se conserva también de esta carta una minuta, donde se agrega en este párrafo: «[...] en buenas manos, las de Don Sterpi, me refugié». Idem, a E. Caronti, 01.08.1936, mi., ADO, Scr., 19,91-92; con otra carta al mismo destinatario, fechada el 19 de agosto, explicita la causa de la calumnia: «En cuanto al hecho doloroso que me afecta y que, en un primer momento pensé que hubiera provocado la visita suya, es cosa un poco extensa para contar. No quisiera resultar demasiado prolijo [...] Un día llega el correo, y Don Sterpi no estaba en casa; [...] leo. En un primer momento no entendía de qué se trataba. La cosa me parecía extraña. Después caí en la cuenta. Él [Mons. Bacciarini] enviaba a Don Sterpi el testimonio jurado de un Párroco suyo, el de Melide (no era Don Bornaghi) el cual contaba que supo tener en su casa a dos sacerdotes de la Diócesis de Tortona, de los cuales uno era Arciprete, y que había escuchado que Don Orione , cuando estuvo en Messina en calidad de Vicario General, después del terremoto habría frecuentado un prostíbulo, y que se encontró su nombre en los registros de la casa [...]» Orione, L, a E. Caronti, 19.08.1936, Summ., § 564. Scritti

69, 320. Don Orione tuvo también algunos problemas por esto de pensar y hablar de modo humilde de  sí  mismo  y  de  la  Congregación.  Había  quienes  miraban  más  el  orden  que  la  sustancia.

Sabemos  que  el Visitador apostólico, el abad Emanuele Caronti, fue enviado en 1934 “para poner orden” en la Congregación.

Don  Orione,  refiere  a  Don  Sterpi:  “Esta  mañana  él [el  Visitador] fue  llamado  por  los  Religiosos [la Congregación de la  Santa Sede] Por un artículo aparecido en el Corriere della Domenica, donde se dice que yo mismo llamo a nuestra Congregación  «un  gran lio». Me ha preguntado si es cierto. Le he respondido que si,  y  que  se  lo  digo  especialmente  a  los  Obispos  de  la  Iglesia  para  que  no  se dejen  embaucar  por  mí,  y  a nuestros sacerdotes y clérigos para que no se llenen de soberbia si la Divina Providencia se sirve de nuestros trapos para hacer un poco el bien, no porque queramos  hacer las cosas mas o menos”;

carta del 12.1.1939,

Scritti  19, 309. 1 Scritti 45, 60.


sábado, 29 de julio de 2023

SAN PEDRO CRISÓLOGO





Pedro, llamado Crisólogo (que significa 'palabra de oro'), (380 o 406-450) sacerdote italiano, arzobispo de Rávena (433-450), santo, Padre de la Iglesia y proclamado Doctor de la Iglesia por el papa Benedicto XIII en 1729. Nació en la ciudad de Imola, en la Emilia, en una fecha indeterminada, entre 380 y 406. Su padre había sido obispo de su ciudad y, tras su muerte, fue bautizado y educado por el nuevo obispo, Cornelio de Imola. Su educación concluye con su ordenación como diácono hacia el 430

Murió en su ciudad natal, en Imola, cercana a Rávena, en 450, y su fama de santidad se fijó al poco tiempo, siendo reconocidas sus virtudes por el propio papa León I.

San Pedro Crisólogo, conocido como el hombre de las palabras de oro, atrajo innumerables multitudes a la fe con hermosas y profundas homilías

San Pedro Crisólogo es el doctor decimotercero en una serie cronológica de los Doctores de la Iglesia y uno de los primeros en ser honrado en el ciclo litúrgico anual. Al igual que sus colegas predecesores en la gran academia de Médicos, se esforzó con cada aliento de su vida y con su magnífica habilidad de oratoria, en afianzar y preservar el Sagrado Depósito de la Fe. Tan grande fue su elocuencia en la transmisión de la fe en toda su belleza y sencillez que se le recuerda, a pesar de que algunos de sus sermones han sobrevivido a los anales de la historia, como "el Doctor en Homilías", el "hombre de las palabras de oro".

Fiesta: 30 de julio

Martirologio romano: San Pedro, llamado Crisólogo, obispo de Rávena y Doctor de la Iglesia, que siendo el portador del nombre del bendito Apóstol, sostuvo su ministerio con tal maestría y dedicación, que atrajo a innumerables multitudes a la fe con la red de su doctrina celestial, saciándolas con la dulzura de su elocuencia divina. Su tránsito tuvo al Reino de los Cielos tuvo lugar el 31 de julio de 451, en Imola en Romaña. Fue sepultado en la iglesia de San Casiano.

Biografía de San Pedro Crisólogo


P. MARIO CABRI UN CORAZÓN GENEROSO Y DISPONIBLE 30 julio

P. Mario Cabri: un corazón generoso y disponible

Permanece grabada en mi memoria la frase que escuché el 30 de Julio de 2006, al terminar de almorzar en el Hogar Sacerdotal del Cottolengo de Claypole: “el P. Cabri acaba de partir a la casa del Padre”. Todos sabíamos que el P. Cabri estaba delicado de salud, pero la noticia nos golpeo a todos, pues moría un hombre de Dios, un patriarca…

 Con el correr de los días, comenzaron a llegar recuerdos, muestras de afectos y anécdotas sobre el querido P. Mario Cabri.
Para los jóvenes religiosos que no hemos alcanzado a conocer a Don Orione la imagen de ‘Don Mario’ se nos aparece, sin duda, como la más cercana a nuestro padre fundador. Con estas palabras definía el P. Aníbal Quevedo la figura del P. Mario Cabri en un mensaje escrito en la página web de la Congregación.
Mons. Rubén Di Monte, arzobispo de Mercedes-Luján, recordaba al P. Cabri con estas palabras: San Luís Orione tiene que ver mucho con este Arzobispo y con Mercedes-Luján. Cuando Monseñor Serafini concretó el sueño de un Seminario, lo comenzó en el hogar Torello. Allí funcionó el primer año del futuro Seminario Pío XII. Uno de los primeros confesores que tuvimos, quienes lo elegimos, fue el P. Mario Cabri que murió, hace muy poco a los 92 años. Sacerdotes que vinieron en aquellos años muy sacrificados y generosos

 Don Orione le pidió que venga a América dado algunos problemas y la necesidad de hijos dignos…”:
Querido Cabri, siempre encontré en ti un corazón muy generoso y disponible, por esto, luego de haber rezado, vengo a pedirte un grande y generoso sacrificio.
La Congregación tiene la necesidad que tú, por algún año, permanecieras en América, donde tengo urgente necesidad de hijos dignos de confianza y de religiosos no solo de nombre, sino de hechos (…) Mándame, una buena palabra donde sienta toda tu generosidad de tu corazón de buen religioso”.[1]

Misioneros orionitas en el "Neptunia", Abril de 1940

La idea original de Don Orione era que el P. Cabri, entonces un joven sacerdote, venga por dos o tres años y luego volviese a Italia a terminar su doctorado en la Universidad Gregoriana, dos años que se transformarán en 66 años de entrega generosa en nuestro país.
Su ejemplo misionero labraría los corazones de muchos jóvenes y religiosos.
Para quienes tuvimos la dicha de participar en la ordenación sacerdotal del P. Mariano Zapico, misionero en la India, permanece imborrable la imagen del P. Cabri caminando lentamente hacia Mariano, para imponerle las manos y luego darle el saludo de la paz… en ese momento todos sentimos que le pasaba el espíritu misionero, como diciendo: “ahora es tu turno, seguí mi legado”.  

 A fines de los años noventa, se discutía mucho dentro de la Congregación acerca del uso de los teléfonos celulares, los cuales no estaban tan difundidos como ahora. Se buscaba de discernir su utilidad, si eran un signo de status o no, si convenía que fuese personal o comunitario, etc., etc.; en síntesis, la discusión era si éstos iban contra el espíritu de la pobreza o no, y si eran necesarios o superfluos.
En una reunión de comunidad, mientras se esgrimían diferentes argumentos a favor y en contra del uso de los teléfonos celulares, el P. Cabri, compartió con gran sencillez lo que pensaba: “Don Orione uso el teléfono, el disco, la radio, el coche, el avión, y hoy usaría el celular”. Una respuesta que dejo atónitos a quienes estaban presentes en esa reunión, por la simplicidad y sabiduría de la misma.

  Durante mi tirocinio en Claypole, mientras hablábamos de las cartas de Don Orione, el P. Cabri nos dijo que era muy importante leerlas para conocer lo que pasaba por el corazón del Fundador. Nos decía que a pesar de haber conocido personalmente a Don Orione, leyendo sus cartas descubría cosas nuevas del pensamiento y los sentimientos del Fundador. “Nosotros éramos jóvenes, y había cosas que Don Orione no nos decía. Leyendo sus cartas descubro muchos de sus sufrimientos y problemas que vivió, cosas que nosotros en aquel tiempo no sabíamos, ni nos dábamos cuenta”.
Por último, recuerdo que cuando éramos seminaristas, estabamos mirando algunas imágenes de Don Orione y el P. Cabri se nos acercó, miro las estampas y nos dijo: “Este es Don Orione, siempre sonriendo”.
 Gracias, P. Cabri por reflejarnos la imagen de Don Orione y por ser “un corazón muy generoso y disponible”.

P. Facundo Mela fdp
Payatas (Filipinas), 3 de junio de 2012
Solemnidad de la Santisima Trinidad

lunes, 24 de julio de 2023

25 de JULIO, CARTA AL PADRE ENRIQUE CONTARDI

 

Parroquia de Pres. Roque Sáenz Peña


(Chaco Argentino)


¡Almas y Almas!


25 de Julio de 1937
P. FACUNDO MELA

Muy querido P. José Opessi
 Su carta escrita hace tiempo ya, la he recibido, no en Buenos Aires, sino en el gran Chaco (se lee chacco) donde me encuentro desde el 1° de marzo. Es un territorio inmenso y la única parroquia era Resistencia capital del Chaco y solo el 1° de marzo fue creada la de Roque Sáenz Peña, segunda capital que dista de la primera seis horas de tren. El primer y único obispo del Chaco y Formosa (otro territorio) fue nombrado hace un año y medio atrás. Fue en sus comienzos lugar de misión de los Franciscanos, que por falta de personal, y dado el gran desarrollo poblacional, se retiraron a otros centros. Esta parroquia se extiende hasta 300 kilómetros, en algunos puntos. De esta distancia y de 200 a 150 km, vienen hasta aquí por bautismos y otras cosas; me invitan también a ir por algunos días a los centros más poblados, que no ven un misionero desde hace 6, 8 ó 10 años. Pero no puedo aceptar: aquí estoy solo, y vienen de todas partes, y a toda hora, sabiendo que aquí me encuentro fijo. Una anciana de 78 años, vino acompañada de su hijo, recorriendo 200 Km.: 100 a caballo y el resto con el tren. Deseaba hacer, como ella mismo me dijo, su segunda y última comunión. Con estas distancias cada casa tiene su cementerio; o sea que sepultan a sus propios muertos cerca de sus casas.
Es difícil encontrar aquí gente que esté casada por la Iglesia; o sea con el sacramento del matrimonio: únicamente aquellos que provienen de afuera están casados. Existe solo el matrimonio civil y el concubinato, que es lo mismo. Pero ¡ante Dios! Pobre gente, ¡qué culpa tienen si no veían un sacerdote; y si lo veían, era solo de paso! Y ¡cuántos sin bautismo! La Confesión y la Comunión, casi no se conocen. De todo esto puede imaginar el arduo trabajo que me ha tocado ahora que ya me siento viejo.
A doscientos kilómetros de aquí, están los aborígenes; pero un poco civilizados. En estos días, obligados por el hambre, se acercan a pedir limosna debido a la gran sequía y a la plaga de langostas que han destruido las cosechas. Ahora debo estudiar su lengua, para entenderlos y hacerme entender. Le envío una foto con un grupo de ellos. Estamos haciendo un camión capilla; para llevar a cabo misiones en los centros más poblados, apenas me envíen otro sacerdote. Entre tanto hago lo que puedo. Enseño el catecismo todos los días; mañana y tarde, a los chicos y a los grandes y cada mes hay numerosas primeras Comuniones.
Para preparar a los adultos a la primera Comunión, haga novenas predicadas a la tarde y de esta manera vienen numerosas personas. Para atraer muchos jóvenes, hice un campo de deportes con variedad de juegos y he formado una hermosa Compañía de Exploradores. En la ciudad tengo 15.000 habitantes y otro tanto en las colonias [de la zona rural]. Y soy el primer párroco de toda esta gente; y de un párroco ¡que nunca ha tenido vocación de párroco! Ud. ¿Por qué no viene a ayudarme? ¡Figúrese si yo voy a poder ir para San José a predicar para las misiones! Y sin embargo iría de buena gana a visitar a mis siempre queridos compañeros. No los puedo olvidar, aun si me hayan hecho sufrir un poco por sus resistencias a la Gracia: se iban los días de fiesta a dar vueltas por ahí.


El 6 de agosto parte nuestro querido Superior Don Orione de regreso a Italia; de él tendrá noticias abundantes. Vino a visitarme aquí y ha visto lo que es el Chaco.
Saludo y bendigo todos, todos. Hágalos rezar por el buen éxito de esta gran misión. A Ud. y a los cohermanos de allí y de Roma, cordiales saludos.

El Señor nos bendiga
P. Enrique Contardi O.D.P

miércoles, 19 de julio de 2023

DON ORIONE AMA LA ARGENTINA, SU SEGUNDA PATRIA

Por Facundo Mela

 Don Orione visitó por primera vez la  Argentina entre 1921 y 1922, oportunidad en la que funda la comunidad orionita de Victoria (Buenos Aires).

En 1934 regresa a la Argentina y durante tres años desarrolla una incansable tarea apostólica, pastoral y social. En 1935 funda el Pequeño Cottolengo Argentino en Claypole y la sociedad ya reconoce en él al "Apóstol de la caridad".

La admiración y el afecto que su figura despierta se ve correspondida por el profundo amor que Don Orione siente hacia nuestro país y su gente: "Ama Señor a la Argentina, porque la Argentina ama a tus pobres".

El amor recíproco entre Don Orione y el pueblo argentino se traduce en innumerables gestos de bondad y solidaridad que el mismo Don Orione y los suyos convierten en obras para los niños, los jóvenes y los más débiles de nuestra patria.

El mensaje de Don Orione es una invitación a mirar la realidad para transformarla con la caridad. Una caridad que se realiza no como paliativo asistencial, sino como promoción de justicia, de dignidad humana y de salvación integral del hombre y de la sociedad.

 En noviembre de 2021 se cumplieron 100 años de la llegada de Don Luis Orione por primera vez a nuestro país, su tan querida Argentina a la que llamó insistentemente “mi segunda patria”. Un viaje que para nuestro querido Padre Fundador fue el comienzo de una larga tarea de misión que lo alejó durante largos períodos de su Italia natal.
Esta experiencia viajera, apostólica, misionera de Don Orione tiene un costado al que no siempre le hemos prestado mucha atención: el impacto que genera en una persona el encuentro con una realidad distante a la conocida cotidianamente. Mucho más distante aún en aquella época, donde los medios de transporte y las comunicaciones apenas tendían puentes entre sociedades y personas que poco se conocían entre sí.
Para quien vive en su propia cultura, hay realidades y elementos que son cotidianos y obvios, pero que resultan completamente nuevos para un extranjero, para quien la experiencia resulta un encuentro… o un desencuentro.
Todo esto nos permite pensar en Don Orione y preguntarnos como vivió el encuentro con otras culturas y realidades durante sus dos estadías en Sudamérica, donde visitó Brasil, Uruguay, Argentina y Chile.
En el caso específico de nuestro país, el fundador de Pequeña Obra de la Divina Providencia permaneció unos pocos meses en su primer viaje, y luego casi tres años durante su segunda estadía. En suma, un tiempo más que importante inmerso en una cultura ajena a la suya.
Por ello, buscando en sus escritos las veces en las que habla acerca de los nuevos elementos y realidades que encontró en Argentina, podemos descubrir las impresiones y vivencias que su mirada de pastor captó sobre su “segunda patria”.
Una nueva realidad eclesial
Al llegar a nuestro país, Don Orione encontró una Iglesia con problemas muy distintos a los de Italia: falta de clero, grandes extensiones geográficas y ciudades enteras sin sacerdote, como lo testimonia en algunos escritos.
En una carta escrita a Mons. Pablo Albera (rector Mayor de los Salesianos), el Fundador le habla sobre este contraste: la falta de sacerdotes en algunos lugares de la Argentina y la gran cantidad de sacerdotes que había en Italia. Una realidad que lo cuestiona al punto de querer terminar sus días trabajando en nuestro país. Por eso le pide un consejo de amigo: “A veces pienso: ¿estará bien que prolongue esto, y que termine mis días entre estos pobres, o predicando el Evangelio en la Pampa donde hay tanta necesidad? Ahora ya hablo este idioma, podría aún hacer un poco de bien, donde nadie va, donde nadie o muy pocos van a llevar a Jesús y a administrar los sacramentos. En Italia los sacerdotes se chocan. Don Sterpi trabaja muy bien: bien pueden seguir adelante, mejor si yo me quedo en el Chaco, ¡hay tanta necesidad! Como ves, te escribo en confidencia: reza un poco más, y luego dame aquel consejo que me darías cerca de la muerte”.
También le llamó la atención que las casas de formación de los religiosos en Argentina se llamaran “Colegio Apostólico” y no seminario. En un acta fechada el 26 de agosto de 1937, se explica la razón: “Allá los Obispos prohibieron llamar Seminario a las casas de formación de los religiosos. Lo llaman colegio apostólico”.
Junto con la realidad eclesial argentina, Don Orione compartirá también algunas cosas que entonces distinguían a la Congregación en Argentina, Brasil y Uruguay: el trabajo con los pobres y el cabello corto. “En Argentina, en Uruguay y en Brasil nos quieren porque dicen que nosotros trabajamos para los pobres. Ciertas congregaciones se contentan con los hijos de las principales familias. Nos autem non sic… Nosotros no debemos jamás estar junto a los ricos sino sólo para que ayuden a los pobres”.
Y sobre el corte de pelo. “Cabellera. En América pasó a ser como el distintivo de los Hijos de la Divina Providencia ver un sacerdote con el cabello corto, enseguida dicen: esos son de la Providencia, esos son de Don Orione. Y no fue poca cosa en Argentina cortar el cabello”.
La nueva lengua: el castellano
A su llegada a la Argentina, Don Luis Orione se encontrará con una nueva lengua, la cual buscará de aprender, llegando a tener -con el correr de los años- un cierto dominio de la misma, como él mismo atestigua en algunos de sus escritos: “Ahora empiezo a hacer algo porque ya hablo en español”. Y también: “Ahora ya hablo y predico en español”.
Pero, al mismo tiempo, experimentará la vergüenza de no saber hablar bien el nuevo idioma: “Traté de hacer mis cumplidos con frases españolas pero, éstas, muchas veces no me salían y entonces me la pasé haciendo unas reverencias ¡Qué feo no saber hablar! Si hubiera venido acá hablando el español ¡cuánto más bien habría podido hacer!”.
Otro problema que encontrará será la pronunciación: “Ayer a la tarde, fiesta de Don Bosco, le hable a los argentinos por radio, y en lengua española, pero la jota no logro pronunciarla bien, es necesario haber nacido aquí.”
Acerca de este párrafo, dirá el P. Enzo Giustozzi, gran investigador de los escritos de nuestro Padre Fundador: “Se refiere a la consonante aspirada ‘jota’, difícil de pronunciar para casi todos los italianos”, pues es un sonido ajeno a dicha lengua.
Pero, Don Orione no solo intentará hablar en castellano, incluso en varias cartas, tanto escritas a puño y letra, como en telegramas o circulares, escribirá su nombre es castellano, firmando algunas veces como “Luis Orione”, como por ejemplo, en una carta al Presidente de la Nación, Gral. Agustín P. Justo.
En otras ocasiones firmará “Sac. Luis Orione della Divina Provvidenza”, o “Juan Luis Orione. Pequeña Obra de la Divina Providencia”.
Junto con esto, también experimentará la confusión de palabras italianas y castellanas, como también otros problemas lingüísticos. Así, refiriéndose al Hno. Jorge Valle escribirá su nombre de diversos modos: “Jorge” (Carta al P. Zanocchi. Desde el “Neptunia”, 20 de agosto de 1937); “George” (Carta al P. Zanocchi. Tortona, 27 de agosto de 1937); “Giorgio” (como se escribe en italiano. Carta al P. Don Montagna. Buenos Aires, 1° de marzo de 1936); y “Gorge” (carta al P. Zanocchi. Tortona, 10 de septiembre de 1937).
El clima, las épocas del año y algunas costumbres
Otro elemento que resultó nuevo para Don Orione fue la diferencia de las estaciones. En el borrador de un saludo navideño destinado a Italia, dirá que “hace calor” en Argentina y se lamentará que la Navidad se celebre de un modo distinto que en Italia. “Aquí hace calor: la Navidad no se festeja, ni se siente como la sentimos nosotros, en nuestra Italia”.
Hablando de un retiro que se realizará en Argentina, en un acta del 26 de agosto de 1937, señala que el mismo será durante el invierno: “Allá es invierno y este año hacen los Ejercicios Espirituales en la casa de formación, en el Colegio Apostólico”.
En una carta a Don Sterpi, solicitando el envió de algunos clérigos para dar clase, le explicará que el ciclo lectivo comienza en marzo: “Volviendo a los clérigos (…) Si tuviera cuatro o cinco clérigos aquí, que hubiesen hecho la filosofía, en cuatro o cinco meses aprenden la lengua, y podrían dar clase sin necesidad de ningún título (…) Aquí el ciclo lectivo comienza en marzo, ellos podrían venir al terminar el ciclo lectivo en Italia y estarían aún a tiempo”.
La referencia al clima aparecerá en otras oportunidades: “Las escuelas en Argentina comienzan en marzo: ahora el verano es muy caloroso aquí”.
En varías cartas también resaltará que el mes de María en Argentina se celebra en noviembre: “Aquí el mes de la Virgen es del 8 de Noviembre al 8 de Diciembre, en Brasil como en Argentina, éste es el mes de las flores, el mes de María, ahora, en enero, o mejor dicho, en febrero, tendremos la uva madura”. Es necesario recordar que en Europa el mes de María se celebra en mayo.
Hablando de las vacaciones y los peligros que estas presentan para los clérigos, Don Orione hablará de los yacarés (escribiendo en italiano: sciaccaré ) que abundan en Itatí: “Fuera del instituto se debe andar con temor y caminar como los perros que se lamen y corren cuando tienen sed, y están cerca del Nilo para no dejarse atrapar por los yacarés (sciaccaré ), especie de cocodrilos que abundan cerca de Itatí”.

Las cosas propias de la nueva tierra
Al encontrarse en un nuevo territorio, con otra división política y grandes distancias, Don Orione explicará esta nueva realidad a los destinatarios de sus cartas.
Al P. Mario Ghiglione, quien se encontraba en Brasil, el Fundador le comentará que las provincias argentinas serían como los estados del Brasil: “Entre Ríos es una Provincia, que sería como un estado en Brasil”. En otra carta a Don Sterpi, también explicará qué son las provincias argentinas: “El P. Bonetti y el director del ‘Don Bosco’ de aquí, me llevaron a ver al Gobernador. Las provincias argentinas son como pequeños Estados, cada una tiene su cámara de diputados y senadores y un Gobernador.”
En una carta al obispo de Tortona, el Fundador explicará cuán grande es la provincia de Buenos Aires, comparando su extensión con la de Italia, aunque en este escrito confunde la ciudad de La Plata, sede de la Gobernación, con la provincia: “Ayer fui recibido por el Gobernador de la Plata, una provincia que es más grande que Italia”.
También mencionará y experimentará las largas distancias de los viajes en nuestro país. “Estoy en Mendoza luego de veinticuatro horas de tren, a unos 1100 kilómetros de Buenos Aires, hoy no celebré, pero, gracias a Dios, pude comulgar”.
En otra carta, pero enviada a Don Sterpi dirá: “Sábado 25 de Enero, se tomará posesión del Santuario y Parroquia de Itatí (…) y viajarán el jueves a la mañana, o sea mañana, tendrán 36 horas de tren y luego siete u ocho horas navegando sobre el río Paraná, van hasta los confines de la Argentina”.
En varias misivas a sus religiosos y amigos que se encontraban en Italia, Don Orione les dirá cual es el cambio para que puedan comprender el valor de los gastos, donaciones u otros: “Acá tenemos seis o siete maestros laicos, a quienes les damos, a cada uno, unos 130 pesos al mes, un peso ahora es 3 liras italianas, en promedio”. En otra carta dirá: “Todos los pabellones del Pequeño Cottolengo Argentino están llenos, y el Gobierno, en reconocimiento al servicio social de la institución, decidió dar 50.000 pesos, más de 250 mil liras”.
Durante su segunda estadía en Argentina, Don Orione sentirá el peso de los años y comenzará a experimentar algunos problemas de salud, entre ellos, la diabetes. Esto lo llevará a comenzar una dieta y los cuidados que dicha enfermedad conlleva. “Estuve más de un mes muy débil, pensaba que fuese cansancio por el trabajo hecho: no podía escribir ni trabajar un poco más de la cuenta. Además, tenía tanta sed, que dudé que fuese otra cosa, y al analizar la orina, encontraron la diabetes. (…) ¿Quién no tiene diabetes? Así que me pusieron a régimen.”
Junto con esto, el Fundador también dará cuenta que la dieta argentina es distinta a la italiana: “Engordé y estoy bien, acá te hacen comer mucha carne, que si en Italia se comiera solo la mitad, reventaría (discúlpame por la palabra)”. E incluso, hará dos menciones al mate, posiblemente el mate cocido. La primera se encuentra en una lista de ideas “Apuntes de R.P. Don Orione (…) A las 16 hay leche o mate – la cena como el almuerzo”; y la otra en una dieta para diabéticos: “100 gramos de vino por comida – mate té o café”.
Su amor por Argentina
Luego de haber recorrido algunos escritos de nuestro Padre Fundador y otras fuentes, se puede apreciar como vivió su encuentro con la cultura y realidad argentina, y también su visión de aquellas cosas nuevas que iba conociendo y experimentando.
Nos encontramos con un Don Orione extranjero que no logra entender algunas cosas, que tiene problemas de pronunciación, que explica la novedad que va viviendo. Pero, también con un Don Orione que logra captar algo del genio argentino, llegando a tener un gran amor por esta tierra.
No siempre sucede que el extranjero o el visitante consiguen entablar un buen vínculo con su nuevo destino, las personas y los usos y costumbres del lugar. Claramente no fue el caso de Don Luis Orione, quien amará profundamente a la Argentina, su “segunda patria”, como el mismo solía decir.
Este amor lo llevará  -incluso- a decir que quiere morir en Argentina y que sus cenizas descansen en el Cottolengo de Claypole. “Pues bien, a todos quiero decirles y confirmarles que en la Argentina he hallado para siempre mi segunda patria, y que, Dios mediante, volveré a ella vivo o muerto, pues quiero que mis cenizas descansen en el Pequeño Cottolengo Argentino de Claypole,…”.
Hablando de algunos problemas de salud dirá en una de sus cartas: “Esta fue una advertencia una gracia de Dios. Ahora me ocuparé de poner en orden algunos asuntos, si el Señor me da tiempo. No se necesita mucho y así que tengo la intención –Deo adiuvante– de ir a Argentina: desearía tanto morir en Argentina”.
Ese afecto profundo por nuestro país y su gente también se expresará en su deseo que el primer camión del Cottolengo lleve los colores de la bandera nacional. “Ayer su Excelencia Rvma., el Nuncio se dignó a bendecir el nuevo y primer camión del Pequeño Cottolengo Argentino, que lleva los colores blanco y azul de la purísima de Luján y de la bandera nacional argentina…”. Y enviará una bandera argentina para que sea colocada al lado de la imagen de la Virgen, junto a la bandera italiana, en el Santuario de la Guardia en Tortona. “La cortesía del buen matrimonio Corna (…), me ofreció el modo de enviar al santuario de la Virgen de la Guardia en Tortona una bandera argentina que deseo sea bendecida e izada a lado de la estatua de la Ssma. Virgen, junto a la bandera italiana”.
En suma, la experiencia de Don Luis Orione nos muestra la experiencia del misionero que se abre a otras culturas y dialoga con ellas, y que como hombre de Dios se deja conducir por la Providencia hacia nuevos horizontes, a los que el Apóstol de la Caridad aprendió a amar incondicionalmente Por Facundo Mela..

ORACIÓN DE DON ORIONE POR LA ARGENTINA.
¡Oh Jesús, que tanto has amado a tu patria
y consagraste el amor de patria
derramando lágrimas de sangre sobre Jerusalén,
mira con siempre mayor benignidad, oh Señor,
a ésta, mi segunda Patria, a este gran pueblo argentino,
que me hospeda; donde el soplo
de la más generosa y cristiana caridad
ha dado vida al "COTTOLENGO ARGENTINO",
que recibe a los pobres más infelices y desamparados
de toda nacionalidad y toda creencia!
¡Cuánta amabilidad,
cuánta inteligente bondad he hallado!
¡Cuánta virtud y cuánto bien he aprendido
de este clero y de este pueblo!
En todos, y entre los ricos, y entre los pobres obreros,
he hallado corazones de príncipes.
Ama, oh Señor, a la Argentina,
porque la Argentina ama a tus pobres.
La fe y la nobleza de corazón de esta nación
son tan grandes, que bien merece
todas las bendiciones del cielo.
Brillen luego para ella días siempre más bellos
de esperanza en la luz de Cristo, luz de la ciencia,
de la libertad y del trabajo,
días llenos de prosperidad y de gloria".
Don Orione de la Divina Providencia. Buenos Aires,
diciembre de 1936