12/01/2015 Radio Vaticana
- «Me gustaría hacer resonar hoy con fuerza una palabra que a nosotros
nos gusta mucho: paz», dijo el Papa Francisco, en el tradicional
encuentro de comienzos de año, para el intercambio de felicitaciones,
con los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede.
La paz – «don precioso de Dios, y al mismo tiempo, responsabilidad
personal y social, que reclama nuestra solicitud y diligencia». Paz que
anuncian los ángeles, en la noche de la Navidad anunciando el nacimiento
del Niño Jesús.
«Pero junto con la paz, la Navidad nos
habla también de otra dramática realidad: el rechazo», señaló el Papa,
recordando el icono de la Natividad de de Andrei Rubliov, en el que «el
Niño Jesús no aparece recostado en una cuna sino en un sepulcro». Imagen
que «pretende unir las dos fiestas cristianas principales – la Navidad y
la Pascua- y que indica junto con la acogida gozosa del recién nacido,
todo el drama que sufre Jesús, despreciado y rechazado hasta la muerte
de Cruz».
Alentando a la esperanza y al diálogo,
con su corazón de pastor, el Papa Bergoglio reiteró su cercanía y
atención a todo lo que concierne a la familia humana, sus alegrías y
dolores.
Con los relatos de Navidad que nos
hablan también «del corazón endurecido de la humanidad, a la que le
cuesta acoger al Niño», el Obispo de Roma destacó que también hoy «hay
un tipo de rechazo que afecta a todos, que nos lleva a no ver al prójimo
como a un hermano al que acoger». Una «mentalidad que genera la cultura
del descarte, que no respeta nada ni a nadie: desde los animales a los
seres humanos, e incluso al mismo Dios. De ahí nace la humanidad herida y
continuamente dividida por tensiones y conflictos de todo tipo».
En su amplio discurso abarcó diversos
temas relacionados con la cultura del descarte. Como las esclavitudes
modernas, el conflicto en Ucrania, Oriente Medio, Irak y Siria. El
terrorismo que rechaza a los hombres y a Dios, los conflictos en los
países africanos, así como otro horrible crimen que es la violación. Sin
olvidar, la adecuada asistencia a los enfermos de ébola, los prófugos y
los migrantes, trabajo y familia, la necesidad de vencer la tentación
del enfrentamiento ante una crisis económica que provoca desconfianza y
favorece la conflictividad social. Su viaje a Sri Lanka y Filipinas y el
que realizó a Corea y la importancia del diálogo.
Y haciendo hincapié en los frutos del
diálogo, recordó sus viajes apostólicos en 2014. Tierra Santa, Corea,
Albania, Estrasburgo y Turquía. Y destacó también los acuerdos entre
Estados Unidos y Cuba, el cierre de la cárcel de Guantánamo y el 70
aniversario de Naciones Unidas, la Agencia del Desarrollo post-2015, con
la adopción de los Objetivos del desarrollo sostenible y la elaboración
de un nuevo Acuerdo sobre el clima.
El Papa Francisco quiso concluir su discurso con las palabras del
Beato Pablo VI, en el palacio de cristal, con las que hace ya cincuenta
años, «recordaba ‘la sangre de millones de hombres, que sufrimientos
inauditos e innumerables, que masacres inútiles y ruinas espantosas
sancionan el pacto que les une en un juramento que debe cambiar la
historia futura del mundo. ¡Nunca jamás guerra! ¡Nunca jamás guerra! Es
la paz, la paz, la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la
humanidad» (Pablo VI, Discurso a las Naciones Unidas, Nueva York, 4
octubre 1965).
«También yo pido lo mismo para el nuevo año», enfatizó Francisco,
recordando que la paz «proviene de la conversión del corazón, antes
incluso que del final de las guerras».
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