Don Orione ponía en guardia a los suyos de la santidad superficial que es el perfecto contrario de lo que exige el Evangelio. En una prédica a sus hermanas del 13 de setiembre de 1919 narró este episodio de su vida.
“Recuerdo a una religiosa que leía el diario espiritual saben, el que comienza con el mes de enero: mortificación. La mortificación es el ABC de la vida espiritual. Ésta quería hacerse creer una santa. En enero se creía ya adelantada, en febrero perfecta, en marzo tenía los estigmas... Todos los viernes, desde mediodía a las cinco de la tarde, estaba fuera de sí. Hacia las tres parecía que se moría. Algunas de las monjas cohermanos suyas, entre las más ancianas que la conocían más de cerca, dudaban en creer. “¿Pero será santa de verdad?”
El Obispo un día me dijo: “¡Vaya un poco a ver, a constatar cuánto hay de verdad en todo esto!”. Fui, escuché, luego elegí a cuatro monjas, dos de acuerdo, dos en contra y les dije: “Tome cada una de ustedes una disciplina dotada de bolas a plomo y golpéenla por el espacio de dos miserere...”. El primer miserere pasó, pero en el segundo, enfurecida, la ... santa saltó que parecía un diablo. Seguro, seguro, saltó que parecía un diablo, y se atrevió a tanto que falsificó hasta las cartas de los superiores.
Los libros sublimes déjenlos de lado. “El secreto de la devoción a María” del beato de
Montfort no es para ustedes... “¡El castillo espiritual” de Santa Teresa no es para ustedes! Lean la “Preparación a la muerte” de San Alfonso, digan el rosario, hagan el Via Crucis, mediten a nuestro Señor que cae bajo la cruz, y estén allí, y estén allí, piensen bien y rueguen...
¡Sencillamente! Y esto entra a formar parte del espíritu de nuestra congregación, y de aquellas que han sido llamada En el Cottolengo hay hermanas que son verdaderas santas; a una, una vez, le encontré un crucifijo que sudaba sangre y le dí otro y, por milagro, también éste arrojó sangre. Pero ¿cómo se han hecho santas ellas? ¡Sacrificándose, sacrificándose!
No leyendo libros de mística o haciéndose las contemplativas...” (cfr. Lo spirito di Don
Orione, P.O.D.P. 1989, vol. II, pág. 16).

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