Debemos ser santos, pero hacernos tales santos que nuestra santidad no pertenezca solamente al culto de los fieles, ni esté solo en la Iglesia, sino que trascienda y arroje en la sociedad tanto esplendor de luz, tanta vida de amor de Dios y de los hombres, para ser, más que los santos de la Iglesia, los santos del pueblo y de la salvación social.
Debemos ser una profundísima vena de espiritualidad mística que invada todos los estratos sociales, espíritus contemplativos y activos, "siervos de Cristo y de los pobres".
Llevemos con nosotros y bien dentro de nosotros el divino tesoro de aquella caridad que es Dios, y aunque debamos andar entre la gente, conservemos en el corazón aquel celestial silencio que ningún ruido del mundo puede romper,
y la celda inviolada del humilde conocimiento de nosotros mismos, donde el alma habla con los ángeles y con Dios.
(Don Orione, Apuntes de 1939, Scritti 57, p.104b)
46. La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad.

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