Para Don Orione, la Cuaresma era un tiempo intenso de conversión, oración y caridad práctica, definido por su lema "Trabajar, padecer, callar". Marcó el inicio de su obra con el encuentro de Mario Ivaldi en la Cuaresma de 1892. Proponía elevar el corazón a Dios continuamente, viviendo en soledad interior y santa caridad.
En la Cuaresma de 1892, en Tortona, Don Orione inició su labor con los más necesitados, sembrando la primera semilla de la Pequeña Obra de la Divina Providencia. Don Orione promovía vivir este tiempo con tres pilares fundamentales:
Oración: Un corazón y mente elevados a Dios durante las 24 horas del día.
Penitencia: El lema "Trabajar, padecer, callar" y evitar quejarse o resentirse.
Caridad: Servicio a los más pobres y necesitados como forma de unirse a Dios.
Enfoque en la Conversión: Invitaba a la renovación personal, la escucha de la Palabra de Dios y el ayuno, no solo físico, sino de las propias pasiones, para llegar a la Pascua.
"¡Almas y almas!": Su enfoque de la Cuaresma era salvar almas, mostrando especial preferencia por los más necesitados de Dios.
La espiritualidad de Don Orione invita a vivir este tiempo de Cuaresma con una "caridad cooperativa", trabajando juntos en la esperanza y sirviendo al prójimo
Pensamientos de Don Orione para la Cuaresma
Oración 24 horas al día, es decir hacer todo con el corazón y con el corazón y la mente elevada a Dios, estando en soledad interior y descansando en la pura fe y en la santa caridad de Dios.
Trabajar, padecer, callar.
No te quejes, no estés resentida, no te justifiques.
No te jactes, no hables nunca de ti misma. No presumas. Fuera la vanidad, el orgullo, el amor propio.
Silencio, silencio y paciencia callada y dócil.
No critiques a tu cohermana, ni a otros, ¡jamás! Muchas veces un falso fervor nos mueve a ver las cosas de los otros con ojos negros.
Nada de dureza: todo por amor al Dios bendito, nada por la fuerza. Es mejor conservar nuestro corazón con la paz de la caridad que convertir al mundo.
Ora humildemente y ten fe grande en la Divina Providencia.
No es aquella que hace grandes cosas externas la que edifica su casa sobre piedras, sino aquella que es fiel al Señor, a la Iglesia y a la obediencia.
El fervor no debe ser tumultuoso ni amargo; no te dejes engañar: el fervor solamente es bueno si es humilde, dulce, obediente.
La Santa Madre de Dios sea tu tiernísima, dulcísima y amabilísima Madre. Nuestro Instituto es particularmente consagrado a María Santísima.
Bendecir a Dios siempre, ¡y darle siempre gracias!
Quédate pequeña a los pies de Jesús crucificado: deja tu corazón dentro del Santo Tabernáculo, quédate en las manos de la Virgen Santísima, de la Santa Iglesia, de los Obispos y de nuestro Santo Padre, el Papa.
Quédate contenta sobre la Cruz. Ama el padecer con Jesús y por su amor.
Las almas y nuestros queridos pobres; Jesucristo, su Iglesia y tu pequeña Congregación se aman y se sirven en la cruz y crucificadas de caridad. Quédate contenta sobre la Cruz. Cerca de la cruz encontrarás también a nuestra Madre, la Virgen Santísima, que será siempre tu consuelo.
(Palabras de Don Orione a las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad)

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