Durante la infancia de Don Orione, tanto en la ciudad como en la campiña se vivía una situación de miseria.
Él la experimentó de lleno ya que la más rigurosa pobreza asoló a su familia. Junto con las dificultades de extrema pobreza en las que se vivía, los temas más comunes motivo de discusión apasionada en los años de la infancia y la pre adolescencia de Don Orione, giraban alrededor de la caída del poder temporal (1870), la muerte de Víctor Manuel II y la de Pío IX (1878), la angustia de la Iglesia por la persecución de las sectas, la posición y actitud de los sacerdotes santos y de los otros y de católicos fieles y apóstatas. Esta temática era abordada por los pastores y educadores en sus charlas, por los varones en las discusiones políticas y por las mujeres en sus conversaciones diarias.
Todo esto iba penetrando lentamente en el ánimo inteligente y sensible de Luis Orione que comenzaba a interiorizarse de los problemas del mundo y de la Iglesia, a los cuales él daría una respuesta
Don Orione nos dice esto: ¿Somos siempre la sal de la tierra y la luz del mundo?
¿Honramos a la Iglesia con obras de virtud, sacrificio y caridad, y somos los siervos de Jesucristo en sus pobres, en los abandonados, en sus miembros más enfermos y desvalidos? ¿O acaso no corremos detrás de la sonrisa de los ricos encubriendo apenas el desprecio por los pobres del Señor, que fueron siempre el más dulce amor y el tesoro de la Iglesia de Jesucristo? El día menos pensado puede venir una marejada, que, junto con las almas, arrasará también nuestros santos altares. ¿Y nosotros dormimos?
Comprendamos hermanos la grave responsabilidad que pende sobre nuestras cabezas. Con ametralladoras en las bocacalles se detiene a un pueblo por algunas horas, pero no se reconstruye la sociedad.
Papasogli, Vida de Don Orione, Ed. Guadalupe,
Bs. As., 1980, págs. 237 y 238.


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