Don Orione manifiesta una clara posición frente a la importancia de la formación religiosa en la vida de los hombres. Ofrece para ello soluciones audaces y creativas, aperturas de orfanatos, escuelas, Pequeños Cottolengos, misiones y parroquias. Mediante estas obras de misericordia busca llevar el apostolado de la caridad a los pobres para así acercarlos cada día más a la Iglesia y a Jesucristo nuestro Señor.
….. Saliendo de la Puerta de San Juan, no existía, hasta pocos años atrás, ninguna iglesia abierta al culto, mientras la población crecía cada día más; hoy llega tal vez a diez mil habitantes. Por casi dos kilómetros la Via Appia Nuova está flanqueada por casas-quintas y hosterías, casas populares y algunos edificios que son verdaderos viveros humanos.
Un día –el 9 de diciembre de 1906–, el S. Padre me dijo: ¿Sabes que más allá de la Puerta de San Juan se está como en la Patagonia? Muchos son cristianos porque los llevaron a bautizar a San Juan de Letrán, pero por lo demás está todo por hacerse”. …..Por la benevolencia y con la ayuda de Su Eminencia Revma. el Señor Cardenal Respighi, vicario de Su Santidad, y del Revmo. Mons. Faberi, asesor del Vicariato, se pudo alquilar un local a un kilómetro de la Puerta.
Una doble caballería fue limpiada y, transformada en iglesia provisoria, fue abierta al público.
Se empezó con los ejercicios espirituales, que en un comienzo fueron molestados por algunos malintencionados, quienes, por espíritu sectario, no querían ver a los sacerdotes; hoy hay allí cuatro sacerdotes que trabajan, pero no pueden hacerlo todo, y otros obreros evangélicos, llenos de buena voluntad y de salud, se están preparando para ir a ampliar el trabajo de ellos. Durante el año, se administran ya entre diez y doce mil Comuniones, que forman el fondo espiritual de otro trabajo que
se hará; se constituyó un Círculo Juvenil, la Compañía de los Luises, la floreciente Unión de las Madres Cristianas y se publica un boletín quincenal, “La Cruz”. Ahora surgirá allí, por la munificencia del S. Padre, una hermosa iglesia que será parroquia; un día le pregunté cómo deseaba que se llamara y él dijo: “Que se llame de Todos los Santos”.
Me parece que la Divina Providencia se dignará hacer surgir junto a la iglesia un gran Oratorio popular en bien de la juventud, tan insidiada en la fe y en las buenas costumbres; y anexas estarán las obras parroquiales, especialmente para los padres de familia y para las organizaciones obreras cristianas; se abrirán escuelas vespertinas y de religión; habrá biblioteca popular, un teatrito, un buen cine y cuanto se necesita hoy para hacer un poco de bien para salvar las almas.

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