SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


miércoles, 28 de diciembre de 2022

RECORDANDO A DON BIAGIO MEINERO

 



Don Biagio Meinero nació a Madonna dell'Olmo Cuneo 20 de mayo de 1924 en una familia pobre, pero profundamente religioso.
Después de haber completado sus estudios en Busca (Cuneo), también atraído por el ejemplo de su hermano mayor George (que estaba estudiando en el período de prueba de Montebello PV), que quería servir a Dios en la Pequeña Obra de la Divina Providencia. Con la participación del párroco y la ayuda de un benefactor, fue recibido por Don Sterpi en la Casa Madre de Tortona.
En 1938 recibió el hábito religioso de manos de Don Orione. Asistió a las primeras cuatro clases de preparatoria (1937-1941) entre Tortona, Voghera y Buccinigo de Hierba. En Villa Moffa di Bra (Cuneo) hizo su noviciado y la primera profesión en el día de la Asunción de 1942. Tras el último año en el gimnasio Sassello (Savona), St. Thomas volvió al Instituto de Bra para la escuela secundaria y la filosofía (1943 -1946). Durante las prácticas en el Vaticano escribió a los superiores: " Es una gracia para mí trabajar y me sacrifico por el dulce Cristo en la tierra; (...) No es suficiente para mí ser un buen religioso, pero un santo, con la ayuda de los superiores y con la oración. "
En los años 1950-1954 fue a Tortona para los estudios teológicos, durante la cual se sirve todos los días para hacer pan para el asistida de las diferentes casas de ópera Tortona. En 10.11.1948 hizo su profesión perpetua y el 06/29/1954 (Año Mariano) fue ordenado sacerdote en el santuario de la Virgen de la Guardia en Tortona.
Los primeros años de sacerdocio, se fue como asistente y profesor en el Colegio de San Jorge en Novi Ligure (1954-1955) y más tarde en el Instituto Artigianelli de Venecia (1955-1959). Aquí tomé la invitación de la más alta misión de partida para América del Sur. Le escribió a los superiores: " (...) cualquier decisión que ha sido y será tomada de mí siempre será para mí la voluntad de Dios, y como tal, lleva a cabo de la mejor manera posible ."
A principios de agosto de 1959 se embarcó rumbo a América del Sur a bordo del vapor "Federico Costa", de llegar a Santiago el 31 de agosto, donde fue recibido fraternalmente por los hermanos Don y Don Lucarini Roggia. Aprendió el idioma, comenzó su ministerio de cuarenta años y el apostolado de la juventud y el pueblo de Chile, en su segundo hogar. De 1960 a 1974 fue en Santiago, como profesor en el Colegio y seminaristas, con el cuidado pastoral de la capilla cerca de aeropuerto de Los Cerrillos. De 1970 a 1974 fue también pastor de la Parroquia "San José B. Cottolengo". En los años 1974-1981 en Rancagua, como pastor de la nueva parroquia "Cristo Rey" con las obras de caridad y sociales adjuntos. Entonces, el pastor en Los Ángeles (1981-1987) y Santiago (1987-1990). De 1990 a 1999 fue trasladado a Quintero como vicario y párroco, haciendo sin descanso por el bien de los fieles, la infusión con el ejemplo del Fundador, de quien siempre nutre el amor y la devoción, la fe en Dios y la esperanza en el futuro, ganando agradecimiento y reconocimiento por parte de la población y por el Consejo Municipal.
Se retiró al Pequeño Cottolengo de Santiago para la salud ahora comprometida, continuó hacerse útil con la ayuda fraterna y el ministerio, ya la espera de la siguiente llamada del Señor. Siempre alegre, abierta y suave, aprendido Formación curación con piedad y espíritu religioso de la familia, sentido de la responsabilidad, contento de ser y llegar a ser "verdadero hijo de la Divina Providencia", tal como se expresa en la solicitud de admisión a la profesión religiosa .
Murió el 8/10/2001 Santiago de Chile, a los 77 años de edad, 59 de vida religiosa y 47 de sacerdocio.
De los Hechos y las comunicaciones generales Curia 206 09 hasta 12 2001

DON ORIONE NOS INVITA A SER CONSTRUCTORES DE ESPERANZA

 

REGGIO CALABRIA DESPUES DEL TERREMOTO DE 1908

En el telegrama enviado con motivo de la muerte de Don Orione, Pío XII lo define como "Padre de los pobres, insigne benefactor de la humanidad dolorida y abandonada".

Desde la historia ejemplar de Don Orione me gustaría tratar de hacer algunas indicaciones para aquellos que quieren ser, como él, "constructor de esperanza" hoy comprometiéndose a caminos de solidaridad y “caridad que sólo la caridad salvará al mundo".

"Toda acción seria y justa es esperanza en progreso... Nuestro trabajo da lugar a esperanza para nosotros y para los demás; pero es la gran esperanza basada en las promesas de Dios lo que, en los buenos y malos tiempos, nos da valor y guía nuestra acción", recordó Benedicto XVI en la encíclica Spe Salvi,n.35.

La esperanza verbal se combina con el acto del verbo auxiliar. Don Orione nos ofrece muchos ejemplos claros de creatividad y puntualidad en la atención a los más pobres y necesitados de su tiempo y formas concretas de ayuda, además de satisfacer una necesidad, de transmitir esperanza.

Entre las muchas páginas de la vida del "estratega dela caridad", la labor de rescate con motivo de los terremotos de Reggio y Messina ofrece muchas noticias sobre la acción de Don Orione, con indicaciones ricas en estímulos y pensamientos para nuestra acción de hoy. [1]

DON ORIONE EN LOS LUGARES DEL TERREMOTO

El terremoto calabro-siciliano de 1908 causó con su fuerza destructiva unas 80.000 muertes en la ciudad de Messina y 15.000 en Reggio Calabria.

Don Orione, después de haber oído las noticias en los periódicos, dejó inmediatamente Tortona, dejando sus frágiles instituciones en manos de sus colaboradores.

Dejó Tortona el 4 de enero para ir a Roma. Estuvo en el Vaticano, por direcciones, y el mismo día se fue a Calabria, donde llegó en la mañana del 6 de enero. En primer lugar, fue a Cassano Ionio para preparar con el obispo Mons. Pietro La Fontaine la recepción de los primeros huérfanos y para que se emitieron cartas encomiendas para las autoridades civiles y eclesiásticas de Reggio y Messina.

En la mañana del día 7 se encuentra en La marina de Catanzaro. Desde allí se dirige a Reggio, pero después de unos sesenta kilómetros el tren se detiene en Roccella Jonica. Desde aquí se desplaza 4 horas para llegar a la primera estación donde operaban los trenes, después de unos setenta kilómetros, el tren se detiene en Bova Marina y el viaje se interrumpe de nuevo. Los últimos 45 km., de Bova a Reggio, fueron los más problemáticos y sólo después de un día y una noche, Don Orione podría llegar a Reggio, el 9 de enero de la mañana.

Inmediatamente se dirige al palacio del arzobispo que encuentra derrumbado. Como sabemos, la Diócesis no tenía obispos -el arzobispo Portanova llevaba muerto unos meses- y todo se refiere al Vicario Mons. Dattola que le da la bienvenida con la exclamación entusiasta:"¡Alabado sea la Providencia de Dios!"

Don Orione se trasladó para ver el impresionante paisaje de la ciudad destruida. No había más calles ni edificios en pie. La gente vagaba inerte  ante el shock y el dolor. Le escribe a Don Sterpi:"Aquí todas las iglesias destruidas.los Sacramento aún no han sido sacado de debajo de los escombros de la Catedral ni de ninguna otra iglesia. Ninguna ayuda ha llegado aquí hasta ahora, excepto la de los soldados... Hoy llueve. Las paredes y los truenos caen. Los temblores continúan. Me voy a Gioia Tauro esta noche. El lunes en el día estaré de vuelta en Reggio. Oren." [2]

Don Orione comenzó inmediatamente la agitada actividad en ayuda del pueblo de Calabria y luego, según la indicación de la Santa Sede, más permanentemente en Messina, donde será nombrado Vicario General de la Diócesis. En Reggio Calabria, Mons. Emilio Cottafavi encabezará la Delegación Pontificia, que tenía su sede en el barrio de Trabocchetto. Entre los dos nació una preciosa y beneficiosa amistad y colaboración.

Don Orione, que había llegado a los lugares del desastre, trabajó para recoger, ayudar y salvar a tantos huérfanos como fuera posible; Inicialmente colocó a 400 niños encomendándolos a la Santa Sede, de 600 a 1000 los dirigirá entre varios institutos en colaboración con el Patronato "Regina Elena", otros 600 en institutos de su confianza, otros todavía entre sus hogares en Tortona, SanRemo, Cuneo, Bra, Roma, Noto y Cassano Jonio.

Fundamental fue su conexión entre las obras de relieve laico, en particular del Patronato "Regina Elena", y la Santa Sede, en nombre de Pío X.

Del "Patronato Regina Elena", una institución humanitaria secular bajo la égida de la Casa Real y con la condesa Gabriella Spalletti Rasponi como Presidenta, Don Orione fue nombrado Vicepresidente para la coordinación del rescate de Messina.

El Papa Pío X quería que Don Orione permaneciera en los sitios del cataclismo incluso después de la heroica epopeya de los primeros auxilios para coordinar la reconstrucción y lo nombró Vicario General de la Diócesis de Messina. Era una cruz más que una gloria. "No me des el título de Monseñor, porque no lo soy, y nunca lo fui: era absurdo quería a cualquier precio darme por los Messines, tal vez por miedo, que sin ese título, su Curia sería deshonrada." [3]

En Messina permaneció más de tres años, hasta abril de 1912. Sabiendo en qué situación de dificultad y adversidad estaba Don Orione, Pío X dijo de él :"¡Es un mártir! ¡Es un mártir!"

En reconocimiento a su incansable actividad, el Ministro Secretario de Estado de Asuntos Interiores, Presidente del Consejo de Ministros, le otorgó un real decreto de 5 de junio de 1910 la Medalla de Plata y el diploma por "el trabajo que dio con motivo del terremoto del 28 de diciembre de 1908 en Calabria y Sicilia".

Como es bien sabido, Don Orione desplegó una preparación con caridad y eficiencia de rescate similares con motivo de otro terrible terremoto, del 13 de enero de 1915, que devastó toda la región de Marsica y donde los muertos representaban el 80% de la población y había unos 30.000.

Las palabras que Juan Pablo II dijo durante su visita a Marsica el 24 de marzo de 1984, recordando las obras del santo de la caridad bien pueden ser referidas también al pueblo de Reggio y Messina: "Nuestros pensamientos van a una de las figuras más brillantes que han permanecido en su memoria desde el terremoto de hace 70 años: Luis Orione. Este humilde y pobre sacerdote, intrépido e incansable, se convirtió para vosotros en un testimonio vivo del amor de Dios por vosotros.

Dejando a los demás la reconstrucción histórica más directa de la epopeya del rescate de Don Orione a los terremotos, [4] quiero acercar esta página de la historia con una pregunta muy específica: ¿qué indicaciones podemos derivar para nuestra forma de experimentar la solidaridad hoy?

¿Qué lecciones podemos tomar de Don Orione para ser constructores de esperanza hoy en día, en una sociedad que hace alarde de solidez y seguridad, pero también de muchos signos de colapso, escombros, fragmentación y desolación?

martes, 27 de diciembre de 2022

EL SANTO DE LO IMPREVISTO EN AYUDA A SACERDOTES EN PROBLEMAS

 

NOS HABLA DEL GRAN APOYO DE DON ORIONE, AL EXCOMULGADO BONAIUTI

 En la madrugada del 28 de diciembre de 1908 un terremoto destruye completamente la ciudad de Messina. A los que se han salvado les quedan sólo las ruinas. Don Orione sube al tren que va a Messina el 4 de enero de 1909. Se lanza sin reservas en medio de esas ruinas de desesperación. Los que tuvieron que ver con él en aquellos tiempos concuerdan en que, si no se le ha visto allí, en medio de la desolación, no es posible comprender quién es don Orione. Pero entre los escombros de ese terremoto se encontró pronto envuelto en los percances de otra tormenta.  En 1907 la Iglesia con la encíclica Pascendi de Pío X y el decreto Lamentabili del Santo Oficio, había condenado el modernismo. En marzo de 1909 se constituye la “Asociación nacional para los intereses del Sur”, con el fin de ayudar a las poblaciones afectadas por el terremoto. Forman parte también muchos modernistas, especialmente los que se reúnen en torno a la revista lombarda Il Rinnovamento, excomulgada por la autoridad eclesiástica. Estaban Aiace Alfieri, Antonio Fogazzaro, cuya novela Il Santo estaba en el índice, y otros exponentes del pensamiento católico liberal, como el doctor literato Tommaso Gallarati-Scotti. Don Orione, ni hecho adrede, los conocía a todos. A unos muy de cerca. Y allí en Messina pudo tratarlos y manifestar su estima y su apoyo. No eran estos los únicos modernistas con los que mantenía relaciones. Una amistad fraternal lo unía a muchos sacerdotes que habían incurrido en varios procedimientos eclesiásticos por sus ideas modernistas: Romolo Murri, don Brizio Casciola, el padre Giovanni Genocchi, el padre Giovanni Semeria, el padre Giovanni Minozzi, don Ernesto Buonaiuti.

 Algunos eran amigos suyos desde hacía años. En 1904 escribía a Romolo Murri pidiéndole un artículo para su revista La Madonna: «Me tienes que escribir algo bonito, lleno de tu fe y que te salga del alma: me gustaría que fuera algo como “la Virgen y la democracia”, o en ese sentido; mira que es un terreno muy vasto, lleno de luz y por explorar. ¡Será tu homenaje de este año a la Virgen!». En febrero de 1905, mientras estaba pensando en una obra en favor de los menores de edad que habían salido de la cárcel, le escribía a don Brizio Casciola: «Tú me ayudarás mucho; Semeria, Murri, todos tenéis que ayudarme mucho…».Pero hay que imaginarse el clima de caza de brujas que se había instaurado después de la Pascendi, y sobre todo después de la introducción del juramento antimodernista entre los sacerdotes y la institución de las comisiones diocesanas de vigilancia sobre la ortodoxia doctrinal. 

En aquellos años, la sospecha equivalía ya a una condena. Los llamados «zuavos con sotana», los cortadores de cabezas de los modernistas más radicales para entendernos, no se andaban con chiquitas y manejaban la pluma como una espada, mojándola a menudo y con gusto en el veneno. Así pasó con don Orione. Monseñor D’Arrigo, arzobispo de Messina escribió una carta acusatoria que llegó a las manos del cardenal De Lai, prefecto del Santo Oficio.

 La carta, en la que se define al cura de Tortona «hombre de media conciencia que se acomoda a todos», fue leída por Pío X que invitó a don Orione a presentarse. Cuando Pío X tuvo a sus pies al “extraño cura” se conmovió. Y por respuesta quiso sellar su confianza nombrándole vicario general de la diócesis de Messina, cosa que dejó petrificado al pobre don Orione, para quien el cargo iba a significar tres años de infierno en las calderas de los celos clericales. Además, el autor de la Pascendi le dejó completa libertad de acción en las relaciones con los modernistas.

Con el nombramiento, este sacerdote bien conocido por su ortodoxia y fidelidad papal, corre el peligro de que ciertos modernistas lo vean como alguien rígido, alguien que trata de convertirlos, un inoportuno. En cambio, no. Lo consideran auténtico, leal. E incluso buscan su relación fraternal, no dudando en poner sus dificultades en sus manos, y hasta aconsejan a otros que se dirijan a él. Escribe a Murri después de la suspensión a divinis: «Te beso los pies y las manos benditas… No nos veremos pronto, pero te abriré el camino; estaré a tu lado y estaré siempre contigo ante Dios». Y ahí lo tenemos dispuesto a ayudar con discreción a cicatrizar heridas, a hacer de puente. Un punto de referencia, querido y buscado, por muchos sacerdotes al límite, en la cuerda floja, suspendidos a divinis, excomulgados y pluriexcomulgados. La correspondencia entre estos personajes evidencia la estima, el apoyo perseverante y los matices de delicadeza que tuvo don Orione con ellos, y viceversa. Testimonia Gallarati-Scotti: «He de decir que quizá la única persona que fue generosa y comprensiva con quien podía tener momentos de duda y de tormento, respecto a ciertos problemas críticos, en aquel momento, fue don Orione […]. Sentía esta necesidad de conciliar, pero de conciliar no en la confusión, como otros hubieran querido, sino en una distinción amorosa, en un calor de amor auténtico y de ferviente conciencia que es, al fin y al cabo, todo lo que es de verdad bueno y todo lo que tiene un reflejo de Dios, aunque a veces está aparentemente lejos de Dios. 

Hay algo en el alma humana que responde al toque del santo, porque está en lo profundo y muy escondido, pero vibra cuando siente la voz de esta caridad que habla. Esta es la primera gran experiencia que tuve de él y que nunca olvidaré» .Tampoco Ernesto Buonaiuti lo olvidó nunca: «Mi querido amigo», escribe a don Orione, «el recuerdo de las palabras que me dijiste, en horas inolvidables, sigue vivo y florece en mi corazón… Tengo siempre sed de tu recuerdo. Reza por mí, mi queridísimo amigo». Buonaiuti vivió hasta el final su condición de excomulgado vitandus. Recuerda un testigo: «Buonaiuti decía que don Orione no había dejado nunca de quererle, que le había dicho que creía en su buena fe y que estaba seguro de que en el último momento de su vida se salvaría. Estas garantías, en aquella alma desgarrada, eran el mayor consuelo de su vida». Don Orione estuvo siempre a su lado. Cuando le llegó la noticia de que había sido excomulgado vitandus, excomunión que fue acelerada por la intervención del padre Agostino Gemelli, comentó en una carta al senador Schiapparelli la extrema decisión con estas palabras: «Quizá el padre Gemelli no era la persona más indicada para tratar con él. […] Y, además, no es tanto la cultura lo que conquista y abre el ánimo: se requería un hombre de corazón, que a la cultura y al corazón hubiera añadido humildad de espíritu, sinceridad y la ciencia de Jesucristo […] No hace falta el silogismo, sino la caridad de Jesucristo y la gracia del Señor sobre todo». E hizo de todo para defenderlo, para permitir su reinserción en el sacerdocio, implicando en esta ayuda a un grandísimo amigo suyo: el padre jesuita Felice Cappello, el “confesor de Roma”. 

Foto. Don Orione a bordo de la nave Conte Grande viaja hacia Argentina en septiembre de 1934

 Fuente 30 Giorni, Falasca

 

lunes, 26 de diciembre de 2022

QUIEN PASA Y QUIEN QUEDA

 




Navidad de 1920.

Saludo natalicio a los benefactores:

Había una vez un rey, un rey potente y prepotente, quien, a la cabeza de las hordas mongólicas, salió de los confines del reino y entró en los países vecinos, pasando a hierro y fuego aldeas y ciudades y llevando consigo esclavos a los pobladores que su masacre no había podido masacrar; ante su presencia, huían hasta las bestias; tras él no dejaba más que sangre, ruinas y muerte.

Hizo esculpir sus gestas en las rocas de los montes, para que su nombre y fama infundieran terror también a las generaciones por venir. Cuando sintió que se aproximaba a su fin, se hizo construir un gran mausoleo, destinado a ser su tumba eterna; las piedras eran colosales, verdaderos bloques de durísimo pedernal, excavados en el seno de montañas gigantes. Quiso que su cuerpo fuera embalsamado con esencias preciosas, para que la muerte no lo tocase; los siglos lo debían ver pasar inalterado, invulnerable también ante la muerte.

Ordenó además que en el puño le pusieran su daga y en el brazo el escudo y que le calaran la visera sobre la frente soberbia y fiera, terrible y espantoso aun muerto.

Pero su nombre no perdura entre nosotros más que en algún diccionario, en los viejos y polvorientos libros de historia, papeles inútiles para nuestros estudiantes.

Quien lee su nombre, si por casualidad lo encuentra, se pregunta, como se preguntaba el Don Abbondio manzoniano de Carnéades: ¿quién era éste?

Su nombre ya no vive entre nosotros: ¡Gengis khan! Aunque oigamos hablar de él, uno de los más grandes conquistadores del mundo, nuestro rostro no se ilumina y nuestro corazón no late.

Las lluvias y las intemperies han destruído hasta la última piedra de su monumento, y los más tenaces arqueólogos han buscado en vano entre las ruinas la tumba ya inexistente del terrible mongol.

La arena del desierto ha borrado sus rostros y el ala vengadora del tiempo ha destruído su nombre, si bien estuvo gravado en la piedra viva de aquellos mundos que vieron pasar al triunfador, que oyeron retumbar los valles a los gritos de sus asaltos salvajes y la tierra temblar y gemir bajo el pie de su elefante.

* * *

Pero una vez hubo otro rey, un rey suave y más que rey y señor, padre dulce de su pueblo. No tenía soldados y no los quiso tener nunca. No derramó la sangre de nadie, no quemó la casa de nadie. No quiso que su nombre estuviera grabado en las rocas de los montes sino en el corazón de los hombres. Un rey que no hizo mal a nadie y sí bien a todos, como la luz del sol que da sobre los buenos y sobre los malos. Extendió la mano a los pecadores, fue a su encuentro, se sentó y comió con ellos, para inspirarles confianza, para rescatarlos de sus pasiones, de los vicios y, una vez rehabilitados, encaminarlos hacia la vida honesta, el bien, la virtud.

Pasó dulcemente la mano sobre la frente febril de los enfermos y los sanó de toda debilidad. Tocó los ojos de los ciegos de nacimiento y éstos vieron, ¡y vieron en él al Señor! Tocó los labios de los mudos, y hablaron ¡y bendijeron en él al Señor!  A  los sordos les dijo: “¡Oíd!” y oyeron; a los leprosos y a los desechos de la sociedad les dijo: “Quiero limpiarlos” y la lepra cayó como escamas y quedaron limpios. Llevó al tugurio la luz del consuelo y evangelizó a los pobres, viviendo en el pueblo más mísero de Palestina.

No buscó entre los grandes a quien lo siguiera ni exaltó a los potentes de la inteligencia, del brazo o de la riqueza, sino a los humildes y a los pobrecitos, paupérrimo también él. “Los zorros tienen su cueva y los pájaros el nido, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde posar su cabeza”. Vivía frugalmente, habituando a sus seguidores a la disciplina de la mortificación, de la oración, del trabajo, para fortalecerlos en la vida del espíritu. Se mortificó, rezó, trabajó largamente, santificando así, con sus manos y con su vida, el trabajo.

De aspecto simple, amaba la pureza, reacia a cualquier adorno; era tal la santidad de su vida y de su doctrina, que hubiera bastado para demostrar que era el enviado de Dios. Sus ojos y su frente estaban iluminados por tanta beatitud celestial que ninguna persona honesta podía sentirse infeliz después de haber visto su rostro.

A quien le preguntaba cómo había que vivir, respondía: “Amad a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a vosotros mismos; desprendeos de lo superfluo para darlo a los pobres y si queréis ser perfectos renegad de vosotros mismos, abrazad vuestra cruz y venid, ¡seguidme!”.

A la muchedumbre que lo rodeaba para escucharlo o porque una estupenda virtud curativa emanaba de Él, le decía palabras de sobrehumana dulzura y de vida eterna: “Os doy un nuevo mandamiento: amaos recíprocamente en el Señor y haced el bien a quien os hace el mal”.

De los niños dijo que sus ángeles ven siempre el rostro de Dios y que será bienaventurado aquél que sea siempre niño en su corazón, que sea puro como los niños. Bendijo la inocencia y amó a los niños con un amor altísimo y divino, tanto que gritó, si bien nunca alzaba la voz: “¡Ay de aquellos que escandalicen a los inocentes...!”

Multiplicó el pan, pero no para sí sino para las muchedumbres. No hizo llorar a nadie; lloró El por todos, y lloró sangre. Secó las lágrimas de muchos y de muchas almas perdidas.

Dijo a los cadáveres: “¡Levantaos!” y a esa voz omnipotente la muerte fue vencida, los muertos resucitaron a nueva vida. Tenía para todos una palabra de perdón y de paz; a todos infundió un soplo de caridad restauradora, un rayo vivificante de luz, superior, divina.

Inicuamente perseguido y traicionado, aun en la cruz invocó del Padre celestial, con gran voz, el perdón para los bárbaros que lo habían crucificado. El, que había hecho volver a poner la espada de Pedro en la vaina, que no había derramado la sangre de nadie, quiso dar toda su sangre divina y su vida por los hombres, sin distinción de judío, de griego, de romano o de bárbaro: ¡verdadero rey de paz, Dios, Padre, Redentor de todos!

Quiso morir con los brazos abiertos, entre el cielo y la tierra, llamando a todos –ángeles y hombres– a su Corazón abierto, desgarrado, anhelando abrazar y salvar en ese Corazón divino a todos, todos, todos: ¡Dios, Padre, Redentor de todo y de todos!

No, Jesús no quiso construir un monumento fúnebre, como Gengis Khan, como los antiguos reyes; sin embargo, por todas partes se ve levantarse al cielo, en las grandes ciudades y en los pequeños pueblos, una casa consagrada a su memoria; aun allí donde no hay moradas humanas, en las nieves eternas, se alza la capilla –tal vez una pobre choza muy parecida a la gruta de Belén–, y  sobre ella, solitaria, hay una Cruz que recuerda la obra de amor y de inmolación de Jesucristo Nuestro Señor. ¡Esa Cruz habla a los corazones del Evangelio, de

la paz, de la misericordia de Dios hacia los hombres...!

¡No me vencieron sus milagros ni su resurrección, sino su Caridad, esa Caridad que ha vencido al mundo!

* * *

domingo, 25 de diciembre de 2022

DON ORIONE RECUERDA EL DÍA DE LA SAGRADA FAMILIA

 


Este recuerdo de Don Orione sobre su madre nos hace pensar en nuestras propias familias y agradecer a Dios por ellas.

"Yo era el cuarto de los hijos y mi madre me ponía la ropa de mi hermano más grande, trece años mayor que yo, que la pobre ya había usado para mis tres hermanos mayores; pero, esto sí, nos ha dejado un poco de dinero que, en parte, fue a parar a los primeros huérfanos de la Divina Providencia, y nos ha criado bien: con pedazos ...viejos nos hacía la ropa, y así, en la pobreza y con honestidad y discreción la familia salía adelante.

Mi madre, pobre viejita campesina, se levantaba a las tres de la mañana para trabajar; siempre estaba haciendo algo, y se ingeniaba para todo. Era la mujer de la casa pero hacía también los trabajos del hombre ya que nuestro padre trabajaba lejos, en Monferrato: cortaba el pasto con la guadaña, y la afilaba ella misma, no la llevaba al afilador. Ella misma hilaba y tejía; y mis hermanos se repartieron todas las sábanas y la lencería que hizo mi pobre madre!

Tenía contados hasta los cuchillos rotos, que es lo que yo he heredado. No compraba nada a menos que fuera absolutamente necesario. Cuando murió, después de 51 años de casada, le hemos puesto el vestido de esposa que había hecho teñir de negro. Le quedaba muy bien y era el mejor vestido que tenía. reflexiones del P. Miguel Berriel

Hijos míos, ven cómo hacían nuestros queridos y santos viejos? Siempre me contaba que Jesús se había bajado del caballo para recoger un pedazo de pan..."

sábado, 24 de diciembre de 2022

Storico 1934 Novi Ligure Muto

¡¡¡¡ NOCHE SAGRADA !!!

Hoy, en el mundo entero, se celebra la “Navidad”, la “Sagrada Noche” del “nacimiento de Jesús”. Y en todas partes hay una alegría serena, una gran, universal alegría.

Es la dulzura de Dios que se hace sentir, es la santa potencia de la bondad del Señor, que es más grande, ¡oh, sí! mucho más grande y duradera que el ruido de todas las batallas de este mundo, de todos los conquistadores de esta pobre tierra.

La bondad del Señor nos atrae sacándonos de entre los áridos y dolorosos extravíos de la vida; la celeste claridad de esta mística noche santa de Navidad atrae hasta a las almas más alejadas –caminantes extraviados o desfallecientes–, como atrae la claridad de la casa paterna en el bosque oscuro.

¡Oh, divina luz del Niño Jesús! ¡Ah, suave y santa bondad de Dios y de la Iglesia de Dios!

Hermanos, seamos buenos con la bondad del Señor y de esa manera no temáis nunca que vuestra obra se pierda: toda palabra buena es soplo de Dios; todo santo y gran amor de Dios y de los hombres es inmortal.

La bondad vence siempre; a ella se le rinde un culto secreto aun en los corazones más fríos, más solitarios, más lejanos. El amor vence al odio; el bien vence al mal; la luz vence a las tinieblas. Todo el odio, todo el mal, todas las tinieblas de este mundo, ¿qué son ante la luz de esta noche de Navidad? ¡Nada!

¡Delante de Jesús, y de Jesús Niño, son realmente nada!

¡Reconfortémonos y exultemos en el Señor! La efusión del Corazón de Dios no se pierde por los males de la tierra, y el último en vencer es El, será el Señor. ¡Y el Señor vence siempre con la misericordia!

El que vence de otra manera pasa y no se habla más de él. Pasan los reyes, pasan los conquistadores de la tierra, caen las ciudades, caen los reinos; polvo y hierba cubren el fausto y las grandezas de los hombres y los vientos y las lluvias destruyen los monumentos de sus civilizaciones. “...Los bueyes –en las urnas de los héroes– apagan la sed”, cantó Zanella.

 

Todo pasa, sólo Cristo permanece. Es Dios, y permanece. Permanece para iluminarnos, para consolarnos, para darnos con su vida su misericordia. ¡Jesús permanece y vence, pero con la misericordia!

¡Bendito sea eternamente tu nombre, oh Jesús!

 

Sac. Orione d.D.P.

martes, 20 de diciembre de 2022

RECORDAMOS AL PADRE PEZZARINI, OSCAR ALCIDES

 

 Tenía 51 años, 32 años de profesión religiosa y 25 años de sacerdocio. Perteneció a la Provincia "Nuestra Señora de la Guardia" (Argentina)

Nació el 23 de enero de 1962 en Federación (Entre Ríos, Argentina), el menor de seis hijos de Salvador Antonio y Alicia Maria Stempelatto, pero creció en Villa Dominico (Buenos Aires) donde la familia se trasladó por motivos laborales. Recibió el bautismo el 27 de febrero de 1962 y fue confirmado el 27 de septiembre de 1971. Aquí cursó la escuela y ambiente de la Congregación como miembro activo del movimiento juvenil "La Onda", completando la Secundaria y el Perito Mercantil ('74 -'78) en el colegio e instituto "San Vicente de Paul".

Ingresó al noviciado en Claypole el 11 de febrero de 1980 y lo terminó con su primera profesión el 12 de marzo de 1981. En San Miguel estudió filosofía ('81 -'84) y teología ('86 -'88) en el seminario de Morón. , completando las prácticas ('84 -'86) en Mercedes, en el Hogar "José R. Torello"). Concluyó su formación con la profesión perpetua (15 de agosto de 1986), con el diaconado (28 de marzo de 1987) y la ordenación sacerdotal recibida el 27 de febrero de 1988 en Villa Dominico (Bs.As.).

Su primera actividad apostólica y caritativa fue del 88 al 1992 en Córdoba donde hay un colegio, un pequeño cottolengo y una parroquia, ejerciendo como vicario y tesorero. Con los mismos deberes pasó al Cottolengo de Claypole; de 1996 a 2003 fue director, tesorero y responsable.

Por su talento en la administración, fue nombrado tesorero provincial para el trienio 2003-2005, además de haber sido consejero del 97 al 2002, asumiendo finalmente el cargo de Superior Provincial (2005-2008). En mayo de 2008 surgió un problema de salud que detuvo su actividad durante un año. Tras la cirugía y el tratamiento con quimioterapia, se recuperó bastante bien, tanto que pudo asumir el papel de párroco y también de director (desde 2011) en Mar del Piata donde se alojaba actualmente. Incluso para el querido hermano, un agravamiento repentino e irremediable, con la hospitalización, puso fin a su vida terrena.

El Superior General, recién regresado a Roma de su visita a Jordania, tras conocer la noticia de su partida lo recuerda así: "Es otra pérdida grave para la Congregación y para la Argentina Orionina. Era sólido en su vocación y en su pertenecientes a la Congregación., positiva y generosa, emprendedora y práctica. La muerte a temprana edad de este hermano y de Don Lorenzo Benzi - que tuvo lugar unas horas después - nos lleva a una humilde meditación sobre la fragilidad y la preciosidad de la vida. que se nos concede ".

El "Velatorio" (Vigilia) tuvo lugar esa misma tarde en Cottolengo di Claypole con la misa fúnebre en el santuario de San Luigi Orione a las 20 horas, seguida a la mañana siguiente del entierro en el cementerio de Cottolengo.

lunes, 19 de diciembre de 2022

¡¡¡ DELANTE DE JESÚS !!!!

 



Nuestro Padre fundador mientras era joven custodio de la catedral de Tortona (1891-1893), fue pobre entre los pobres y rico de tiempo para el Señor. De aquel período llegó a nosotros una poesía y un hermoso texto con notas poéticas de creyente enamorado. Este último fue publicado años más tarde. En la intimidad; en el silencio se produjo un encuentro que lo fortaleció en los momentos de sacrifico y dolor por abrazar la virtud:

Delante de Jesús

Solo ..., de noche, en la iglesia extensa y oscura!

Un profundo silencio envuelve todas las cosas.

Las sombras descienden desde lo alto;

Allá, al fondo, cerca del altar, una lámpara …;

Es una luz pálida, serena.

De tanto en tanto, un soplo …, y un tenue haz de luz va hasta el muro,

besando la figura de un querubín.

Y el ángel, con esa gentil caricia parece confusamente moverse, y desprenderse, como si una ola de celestial amor lo reanimara.

Se reza bien, de noche, delante de Jesús.

Calla el mundo, callan los deseos,

Callan los irrisorios sueños de la fantasía.

La paz del Señor se difunde en toda el alma,

[una] paz grande, profunda; y alrededor silencio y paz, paz, paz.

¡Eres bienaventurada, oh lámpara humilde,

que vigilas consumiéndote delante de mi Dios.

Tú, que eres familiar a este ambiente saturado de amor que rodea el Corazón de Jesús, dime si conoces sus ardientes latidos, sus inenarrables dulzuras.

Ven, oh luz bendita, penetra mi corazón, hasta el fondo, en los rincones secretos … háblame del dulce Jesús ¡del Jesús amor!

Tu suave voz reanimará mi espíritu,

Y hará crecer la virtud, el sacrificio.

¡Oh dulcísimo Jesús!

Oh si en mi corazón una perenne llama de amor

emulase la lámpara que en el mechero vela para Ti,

Intensamente, ¡hoy … mañana … siempre!.

Este tipo de soledad es intimidad; porque es presencia de Jesús: percibida, gozada y anhelada. No se permanece en el ser sin estos silencios. Porque en el silencio la presencia del Otro lo transforma en encuentro. Y nuestra vida religiosa; nuestra misión surgen de este encuentro con el Otro. Sin esta experiencia de encuentro, nunca abrazaremos las convicciones personales: para quién ser y mucho menos para quién hacer nada en nuestras vidas.

En efecto, difícilmente uno pueda soportar el qué y el cómo si no sabe a quién le ha dicho ese sí. Uno nunca sabe qué dice cuando dice que sí; y también ignora las implicancias de lo dicho. Solamente sabemos, cristianamente hablando, a quién le decimos que sí (“Pedro le dijo: «Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido»” –Lc 18,28–). Necesitamos entonces, encontrarnos profundamente con ese tú a quien le hemos dicho que sí, porque el “qué” lo sabremos más adelante: en el despliegue histórico de nuestra existencia.

[...] El Ángel entró en su casa y la saludó , diciendo: «¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. [...] María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».Y el Ángel se alejó.

[...] Simeón [...] dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón.

[...] Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre

Ejemplos de esta experiencia abundan en la vida de nuestro padre Don Luis Orione