SABÍAS ?

MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA BARRANQUERAS

SABES LO QUE SIGNIFICA MLO? SIGNIFICA MOVIMIENTO LAICAL ORIONITA

¿ Y SU ORIGEN? :

El MLO tiene su origen en Don Orione el cual durante toda su vida, ha comprometido a los laicos en su espíritu y misión para "sembrar y arar a Cristo en la sociedad".

¿Quiénes integran el movimiento?
Todos aquellos laicos que enraizados en el Evangelio, desean vivir y transmitir el carisma de Don Orione en el mundo...

¿Cuál es el fìn del MLO?

Es favorecer la irradiación espiritual de la Familia orionita, más allá de las fronteras visibles de la Pequeña Obra.
¿Cómo lograr esto?

A través del acompañamiento, animación y formación en el carisma de sus miembros,respetando la historia y las formas de participaciòn de cada uno.

¿Te das cuenta? Si amás a Don Orione, si comulgás con su carisma, si te mueve a querer un mundo mejor, si ves en cada ser humano a Jesús, si ves esa humanidad dolorida y desamparada en tus ambientes, SOS UN LAICO ORIONITA.

¿SABÍAS?
El camino y las estructuras del MLO, se fueron consolidando en las naciones de presencia orionita. Al interno del MLO y con el estímulo de los Superiores Generales , se juzgó maduro y conveniente el reconocimiento canónico del MLO ... así fue solicitado como Asociación Pública de Fieles Laicos, ante la Congregación para la vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (CIVCVSA) y fue aprobado el 20 de noviembre de 2012.

Y BARRANQUERAS, SABÉS DONDE QUEDA? en el continente americano, en América del Sur, en ARGENTINA, y es parte de la Provincia del CHACO.

Algunas de las imágenes que acompañan las diferentes entradas de este Blog pueden provenir de fuentes anónimas de la red y se desconoce su autoría. Si alguna de ellas tiene derechos reservados, o Ud. es el titular y quiere ser reconocido, o desea que sea quitada, contacte conmigo. Muchas gracias


martes, 30 de julio de 2024

DON ORIONE Y LOS LAICOS



El compromiso de los laicos con el espíritu y el carisma, que Don Orione dejó para toda la humanidad y para la Iglesia, tiene sus raíces históricas en la especial sensibilidad y en la voluntad del propio San Luis Orione.

De hecho, en su vida, se puede ver cómo él mismo implicó a los laicos desde los inicios de la fundación de la Pequeña Obra de la Divina Providencia, les formó espiritualmente, les preparó para colaborar dentro y fuera de sus mismas obras en el apostolado de la caridad que abre los ojos de la fe y que aprieta a los pequeños, a los pobres y al pueblo hacia la Iglesia y al Papa, para Instaurare omnia in ChristoUn carisma como el de San Luis Orione es un don particular del Espíritu Santo para seguir a Jesucristo y vivir el Evangelio al estilo orionita. Siempre para el bien de todos y en sintonía con la misión de la Iglesia y es por tanto católico, es decir, destinado a todos los pueblos, culturas y situaciones históricas.

Para realizar el "sueño" de llevar el Evangelio y la caridad a todos los pueblos, Don Orione entendió perfectamente que debía buscar la colaboración y la corresponsabilidad de los laicos; ellos podrían tomar parte en las actividades de la Pequeña Obra en el campo de las realidades temporales con los religiosos y religiosas e ir allí donde estos no pudieran llegar, asegurando así la presencia de la Iglesia en el servicio misionero y apostólico de la caridad.

Él, fue un pionero de la vocación de los laicos invitándoles a participar en la vida y en la misión de la PODP.(pequeña Obra de la Divina Providencia)

Muchos son los momentos y acontecimientos que ÉL vivió junto a los laicos, a quienes siempre distinguió como actores centrales de su gran obra
Se encontraba con sus amigos y colaboradores para escucharles y confortarles paternalmente.
En sus últimos años de vida se dedicó a organizar jornadas de retiro para ellos. Todo esto se debe a la profunda intuición de que el pueblo cristiano es el verdadero artífice de la renovación de la sociedad.

La atención particular, afectuosa y paternal de Don Orione con los laicos, se ve reflejada en muchos de sus escritos y cartas personales en las que no dejaba de infundirles parte de las aspiraciones de su espíritu y les ayudaba con sus consejos.

 Es preciso destacar a Orione siendo joven y aun clérigo, en 1890, ya participaba de dos asociaciones laicales: la conferencia de S. Vicente de Paul y la Sociedad de Socorros Mutuos “San Marziano”.

Su primer colegio de “San Bernardino” (1893) en Tortona, fue fundado como un “Convitto Paterno”, por iniciativa de una “Asociación de Padres”, y dirigido por Don Orione con la ayuda de laicos de buena voluntad.

Organizó a los laicos en las asociaciones de las «Damas de la Divina Providencia», los «Ex Alumnos» y los «Amigos».

Tambien, en 1899 en Turín, Don Orione lanzó el proyecto de la primera Asociación femenina: (relata en un escrito de la época “En torno a nuestro Instituto surgen las Damas de la Divina Providencia, una gran asociación donde todas las almas se unen en las obras de caridad, y en un mismo espíritu de abnegación y sacrificio”.)

A su vez, ya en las Constituciones manuscritas de 1904, Don Orione prevé una forma de consagración para los laicos que “anhelan con toda el alma alcanzar la perfección, y que estarían dispuestos a hacer los votos, si les fuera permitido”. Este deseo del Fundador se ha hecho realidad a través del Instituto Secular Orionita.

Don Orione veía a los Ex alumnos “como apóstoles”; muchos de ellos, en la vida civil, continúan siendo, como laicos, parte viva de la Familia Orionita.

A través de la correspondencia personal y de la formación de una Asociación (1934), cultivó en ellos una permanente participación en la vida y en los ideales de la Pequeña Obra. Don Orione veía claramente la necesidad de trabajar codo a codo con los laicos, como queda reflejado en este fragmento de una carta suya.

Es notable la capacidad del Fundador para cuidar de los Amigos, a los que veía como verdaderos discípulos y colaboradores. En la relación cotidiana, los guiaba y formaba, los comprometía en las obras de caridad y los animaba en lo que era propio de su estado y profesión.

Después de su muerte, todas estas iniciativas, fueron continuadas por muchos de sus discípulos, atendiendo también a los progresivos cambios de las condiciones sociales y del sentir eclesial, hasta llegar a esta realidad que hoy se llama Movimiento Laical Orionita.

 “Queremos entusiasmar a todos los laicos y laicas a tomar conciencia de que somos una parte importante de la familia, y que ésta necesita de nuestra participación y de nuestra vocación específica para que se multiplique y extienda el carisma que compartimos con los Religiosos y Religiosas. Queremos ser fieles y corresponsables sabiendo que somos como faros que deben hacer resplandecer la luz del Evangelio, impregnando al mundo y a la Iglesia de la vitalidad, la audacia, la apostolicidad y fundamentalmente de la caridad que hizo Santo a nuestro querido Don Orione. Estos son algunos de los desafíos que nos esperan. Tenemos por delante un largo camino, con dificultades, pero también con la esperanza que nos da confiar en la Providencia de Dios.

lunes, 29 de julio de 2024

30 DE JULIO 1937, DON ORIONE HABLA POR RADIO ULTRA

 

Texto del discurso pronunciado ante el micrófono de la “Radio Ultra”, el 30 de Julio de 1937. EL COTTOLENGO ES UNA FAMILIA CONSTRUIDA SOBRE LA FE

El 30 de julio de 1937 Don Orione, aprovechando el ofrecimiento de “RADIO ULTRA”, se despide del pueblo argentino . De esa manera se dirige una vez más a quienes siente que han comprendido el mensaje de las diferentes obras de caridad fundadas en nuestro territorio

Amados Argentinos

Ha llegado para mí la hora de las despedidas, esa hora que suele ser melancólica, pero que no es triste para el cristiano que se siente sometido, en todo momento, a una voluntad amorosa como es la de Dios a quien amamos.

Voy a partir de la Argentina después de una permanencia que debía ser breve y que Dios Nuestro Señor, con señales visibles de su Providencia, ha querido prolongar por tres, años, desde vuestro milagroso Congreso Eucarístico.

Y, en esta hora propicia para la efusión del corazón, quiero aprovechar el amable ofrecimiento de “RADIO ULTRA” para hablar una vez más a todos vosotros, amados Argentinos: aunque invisibles corporalmente, siente desde aquí que vuestras almas y la mía palpitan en una misma fraternidad cristiana, y que con muchas de ellas se ha establecido una muy honda comunidad de ideales sobrenaturales, de esas uniones que forman una amistad superior a todas las contingencias, una amistad que Dios confirmará eternamente en el Cielo.

Pues bien, a todos quiero deciros y confirmaros que en la Argentina he hallado para siempre mi segunda patria, y que, Dios mediante, volveré a ella vivo o muerto, pues quiero que mis cenizas duerman en el Pequeño Cottolengo Argentino de Claypole, regadas por las oraciones de tantas almas que, gracias a vuestra inagotable caridad, encontrarán allí, en los brazos humildes pero afectuosos de mis amados Hijos, los Religiosos de la Divina Providencia, el asilo de su orfandad, el remedio de su dolencia, el consuelo de su aflicción, el alimento de su indigencia, y, sobre todo, la dignificación cristiana y el amor Evangélico, único capaz de arrancar de la desesperación a los náufragos de la vida, que se sienten objeto de desprecios por parte de la sociedad paganizada de nuestros días.

Trae esta obra todo su espíritu de la Caridad de Cristo; y nunca la hubiera comenzado, sin el deseo y la plena bendición de su Eminencia Revma. el Sr. Cardenal Arzobispo, del Excmo. Sr. Nuncio Apostólico y del Excmo. Sr. Arzobispo de la Plata. Por esto Dios ha estado siempre conmigo, no obstante mis grandes miserias. Yo no tengo otro deseo que vivir y morir humildemente a los pies de la Santa Iglesia de Cristo: Ella es mi gran amor.

El Señor ama a todas sus criaturas sin excepción, pero su Providencia no pudo dejar de amar especialmente a los que sufren tribulaciones de alguna manera, después que Jesús se presentó como su modelo y su Capitán, sometiéndose El mismo a la pobreza, al abandono, al dolor y hasta al martirio de la Cruz.

Por lo cual el ojo de la Divina Providencia mira con predilección una obra de este género, y el Pequeño Cottolengo Argentino tendrá siempre abierta su puerta a toda clase de miseria moral y material.

Separados luego en tantas otras familias, acogerá en su seno como hermanos, a los ciegos, a los sordomudos, a los retardados, a los incapaces: cojos, epilépticos, ancianos e inválidos para el trabajo niños escrofulosos, enfermos crónicos, niños y niñas de cortos años en adelante; jovencitas en la edad de peligros morales; a todos aquellos, en una palabra, que por una u otra causa necesiten de asistencia o de auxilio, y no puedan ser recibidos en hospitales o asilos, y que verdaderamente se hallen abandonados; sean de cualquier nacionalidad o religión, sean también sin religión alguna: ¡Dios es Padre de todos! [Ef. 4, 6)]En el “Cottolengo” no deberá quedar sitio vacío; y en su puerta no se preguntará a quien la cruce si tiene un nombre, sino si tiene algún dolor.

¡En él, nada de empleados! Nada de fórmulas burocráticas, que tantas veces angustian y vuelven humillante el bien que se recibe: nada que se parezca a una administración: el Cottolengo es una familia construida sobre la Fe [Cfr. Mt. 12.46-50; Lc. 8.19-21; Mr. 3.31-35] y que vive de los frutos de una caridad inextinguible.

Por eso en él se vive alegremente: se ora, se trabaja en la medida de las fuerzas de cada uno, se ama a Dios y se ama y se sirve a Cristo en los pobres, en santa y perfecta alegría, porque ellos no son huéspedes, no son asilados: son los patrones, y nosotros somos sus servidores. Por eso ellos están contentos, y el Señor también, y continuamente brota de allá y se eleva al Cielo una sinfonía de oraciones, de gratitud por los bienhechores, de trabajo, de cánticos y de caridad.

Vosotros quizás creeréis que poseemos fondos y réditos.

No, amigos míos, de todo esto tenemos menos que nada. El Pequeño Cottolengo no tiene réditos, y no podrá jamás tener tales réditos; va adelante día a día: “panem nostrum quotidianum” [Lc 11,3].

Y, Deo gratias, tengo la satisfacción de salir de la Argentina sin dejar un solo centavo de deuda. Aquel Dios, que es el gran Padre de todos [Ef 4,6], que piensa en el pajarillo del aire [Mt 6,26]y nos manda despreocuparnos del mañana, envía con mano benéfica el pan cotidiano, esto es, aquel que se necesita cada día. Por eso nuestra debilidad no nos asusta: la consideramos como el trofeo de la caridad y de la gloria de Jesucristo, nuestro Dios y Redentor.

Nada es más agradable al Señor que la confianza en El. Y nosotros querríamos poseer una Fe, un ánimo intrépido, una confianza tan grande como el Corazón de Jesús.

Nuestro Banco es la Divina Providencia, y Ella lo hace y lo hará todo mediante la caridad de los corazones misericordiosos, movidos del deseo de hacer el bien a aquellos que más lo necesitan, tal como nos enseña el Evangelio y la Iglesia Católica, la Iglesia Romana, Madre y Maestra de nuestra Fe y de nuestra alma. He nombrado al Evangelio, queridos hermanos, y quiero que esta palabra sacratísima sea la última con que me despida de vosotros, porque cuando Jesús envió a sus discípulos les confió, sobre todo, la misión de dar a conocer el Evangelio [cf. Lc 9, 6; Mc 16,15]; no la sabiduría de los hombres, ni las doctrinas de los filósofos, ni los discursos literarios, ni las opiniones de los sociólogos, cuya falacia suele evidenciarse por la misma diversidad de las escuelas. Un solo libro hay que lo contiene todo sin que le falte nada, código divino de fe, de amor y de civilización: libro que escribió Dios con la Sangre de su Hijo, y que en la Iglesia Católica es guardado como en los Sagrarios: este es el Evangelio.

¡Leamos y conformemos nuestra vida al Santo Evangelio!

A la munificencia de la primera Benefactora Doña Carolina Pombo de Barilari, a las muy distinguidas Damas, Doña Dámasa Saavedra Zelaya de Lamas, Doña Dolores de Anchorena de Elortondo y, por su intermedio al Hon. Consejo General de la Sociedad Conferencias de Señoras de San Vicente de Paúl, a todas las distinguidas e insignes Bienhechoras y Bienhechores que han donado Pabellones al “Cottolengo Argentino”, o de cualquier manera, han contribuido, moral o materialmente, con grandes ofertas, o con el módico óbolo de la Viuda del Evangelio [Mc 12, 41-44; Lc 21, 1-4], la expresión de la más profunda y eterna gratitud mía y de mis queridos pobres del Pequeño Cottolengo Argentino.

Antes de embarcarme de regreso a mi dilecta e inolvidable Italia, hoy desde este micrófono, desde el cual tengo el honor de dirigir mi palabra al gran Pueblo Argentino, pongo en vuestras manos, después de Dios, esta vuestra obra, este Cottolengo que, como todas las obras argentinas, ha de llegar a ser grande, grande como vuestro corazón. ¡Y todo sea a honor y gloria de Dios, y siempre Deo Gratias!

Nobilisimos argentinos, que formáis esta gran Nación, admirable por sus bríos, sus riquezas, sus progresos y más aún por sus obras sociales de caridad y de educación, yo guardaré imborrables recuerdos de gratitud, de admiración por vosotros, por vuestras Autoridades Eclesiásticas y Civiles, todos en mi corazón ante Dios en el Altar... ¡Rogad por mí!

Rogad que pueda pronto regresar a esta mi segunda Patria como lo deseo ardientemente y, con esta esperanza, no os digo “adiós”, sino “hasta pronto”, si Dios quiere.

Amados Argentinos ¡Gracias por todo! Jamás os olvidaré. ¡Dios sabrá recompensar vuestra caridad! ¡Dios bendiga a todos, todos, todos!

Y la Virgen de Luján os proteja siempre: defienda y haga potente, grande y gloriosa la Nación Argentina.

Don Orione

 Sus hermosas palabras de despedida aún resuenan en nuestros oídos y en nuestros corazones, y trascienden las fronteras de nuestra Nacion. Hoy nos vuelve a decir a todos los que habitamos en este bendito suelo latinoamericano: argentinos, uruguayos y paraguayos, … guardaré imborrables recuerdos de gratitud y de admiración por ustedes, por su carácter, su bondad... por su amor hacia los más necesitados.... Sigamos haciendo honor a tan nobles palabras y movidos por el deseo de hacer el bien a aquellos que más lo necesitan renovemos nuestro compromiso.

Ahora y siempre …. ¡¡¡Ave María y Adelante!!!

P. Gustavo Aime fdp

domingo, 28 de julio de 2024

LO MIRARAN A EL, NOS MIRARAN A NOSOTROS

 


Recordemos las palabras del entonces Superior de la Obra Don Orione, Don Roberto Simionato y hagamos nuestras estas palabras y como orionitas tengamos siempre presente que:

“Lo mirarán a él, nos mirarán a nosotros”

Antes que el Papa lo declarara “Santo”, ya teníamos la certeza que lo era. Su vida y su obra fueron el testimonio indeleble de un evangelio encarnado entre los pobres de Jesús y de la Iglesia.

Pero ante aquel acontecimiento de la canonización -inolvidable fiesta y celebración- nos cuestionaba aquello que, sabiamente el entonces Director General de Don Orione P. Roberto Simionato, había escrito a toda la familia orionita: “Lo mirarán a él, nos mirarán a nosotros”.

En aquel mensaje planteaba la necesidad de confrontar nuestra vida con el espíritu del Fundador, porque cuando se apagaran las luces de la fiesta y se quitara de lado el cuadro conmemorativo, la mirada se dirigiría a nosotros, los que integramos la familia o cuantos nos sentimos cercanos a Don Orione.

Decía Roberto Simionato en aquella circular del año 2003, “Cada uno de nosotros puede representar mejor algunos lineamientos del rostro del Fundador, pero sin negar el ADN irrenunciable que comprende todas las instancias que hicieron vibrar su corazón. En algunos de nosotros estará más vivo el hombre contemplativo o su capacidad de acompañar a las personas en dificultad, en otros su espíritu de iniciativa o la sensibilidad social, y en otros su amor por el Papa y la Iglesia…” y agregaba: “Si nuestra vida desmintiera al Fundador, ¿Qué sentido puede tener la realización de una hermosa celebración en la Plaza San Pedro? La canonización nos recuerda que la gente tiene el derecho de encontrar la fisonomía del santo en todos los que lo siguen como Padre y Modelo”.

El espíritu del Fundador vuelve a mover nuestros corazones, para hacer memoria de aquel acontecimiento tan significativo como fue su canonización y, a la vez, comprometernos en dar respuestas auténticamente evangélicas, porque el mundo las necesita, y porque sin dudas, habrá muchos que “lo mirarán a él y nos mirarán a nosotros”.

sábado, 27 de julio de 2024

LA MISSIO AD GENTES , LA IGLESIA Y LA CONGREGACIÓN ORIONITA

 





EL MANDATO DE LA IGLESIA

            La voz del Papa y de los Pastores de la Iglesia prolonga y actualiza el mandato del divino Maestro “Como el Padre me mandó a mí, también yo los envío a ustedes” y nos recuerda que somos deudores del Evangelio hacia todos: “prediquen el evangelio a toda creatura” (Mt 16,15).

             Dicho esto, se debe constatar que “de los años del Concilio a hoy, el número de aquellos que no conocen el Evangelio y Jesucristo es redoblado” (RM 3). Basta este dato para hacer surgir el llamado a la missio ad gentes, vuelto hoy urgente y necesario y tan relanzado por el Papa y por los Pastores de la Iglesia.

             Situaciones y estadísticas son evidentes. Pero no debemos quedarnos en el dato sociológico. “Los hombres que esperan a Cristo son todavía un número inmenso: los ámbitos humanos y culturales, que aún no han recibido el anuncio evangélico o en los cuales la Iglesia está escasamente presente, son tan vastos, que requieren la unidad de todas las fuerzas. Hemos de fomentar en nosotros el afán apostólico por transmitir a los demás la luz y el gozo de la fe, y para este ideal debemos educar a todo el Pueblo de Dios.” (RM 86).

             Un entusiasmo misionero tal, vio particularmente comprometidos en primera línea, desde varios siglos, los Institutos de vida consagrada. [4] Se puede decir que, en el pasado, el desarrollo misionero de la Iglesia en nuevas fronteras vino por obra casi exclusiva de parte de los religiosos. 

EL MANDATO DE LA CONGREGACION

             Las Congregaciones orionitas fueron enviadas a la misión por el Fundador y a su vez mandaron a la misión a muchos de sus religiosos y religiosas.

             América latina fue la dirección misionera de larga duración más desarrollada por Don Orione (Brasil, Argentina, Uruguay, Chile), pero él envió a los Hijos de la Divina Providencia en una irradiación geográfica misionera que resulta sorprendente pensando en la escasez numérica (y no sólo) de los religiosos: Palestina (1921), Polonia (1923), Rodas (1925), Estados Unidos (1934), Albania (1936). Las Pequeñas hermanas misioneras de la caridad, fundadas 25 años después, fueron enviadas por Don Orione mismo a Argentina, Brasil, Uruguay, Polonia.

            Después del gran desarrollo fundacional y misionero de Don Orione, en 1940 dejó a Don Carlos Sterpi (1940-1946) el compromiso de consolidar la Congregación. Pero la Providencia quiso que fuera de manera diversa: la segunda guerra mundial por 6 años (1939-1945) quitó religiosos, dispersó jóvenes en los escenarios de guerra, hizo difícil la vida de los seminarios e impidió la comunicación entre Italia y los otros países de presencia orionita. ¡Otra que consolidación!

         Luego Don Sterpi se enfermó y dio paso a Don Carlos Pensa (1946-1962). La forma organizativa e institucional de la congregación toma consistencia y estabilidad con el gobierno de Don Pensa. Don Pensa, se puede decir, es el general de la primera verdadera consolidación. Pero no viene a menos ni siquiera con él, el impulso misionero: de hecho, Don Pensa aceptó de Pio XII la comprometida misión del Goiás (1952), envió a América Latina varias expediciones misioneras en los años 50 y abrió las primeras comunidades en Chile, España, Francia y Australia.

            Sustancialmente prevaleció la visión de la consolidación y del desarrollo interno también durante los dos sexenios de Don José Zambarbieri (1963-1975), el único País nuevo alcanzado es la Costa de Marfil (1970).

            En los últimos decenios, respondiendo a los llamados del Papa en favor de la Missio ad gentes, hubo un gran compromiso misionero de la Congregación con muchas nuevas aperturas en Países.

             Es con Don Ignacio Terzi (1975-1987) que se puede hablar de un verdadero y consistente re emprendimiento del desafío misionero ad gentes de la Congregación expresada con apertura a nuevos pueblos: Paraguay (1976), Jordania (1985), Venezuela (1986). Fue continuado por Don José Masiero (1987-1991): Cabo Verde (1988), Filipinas (1991), Rumania (1991) y con Don Roberto Simionato (1992-2004): Albania (1992), Bielorrusia (1993), México (1993), Kenia (1996), Burkina Faso (1999), India (2001), Mozambique (2003).

             El último sexenio 2004-2010 puede ser considerado de consolidación de las diversas misiones, nuevas e aisladas y, esto, en un contexto de Congregación en notable caída numérica.

             La constatación histórica de conjunto es que consolidación y desarrollo misionero han caminado siempre con pasos parejos en la Congregación, desde los tiempos de Don Orione.

             También el desarrollo misionero de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, iniciado por Don Orione con aperturas a buen ritmo  y también bien consolidadas, perduró hasta 1949, algunos años después de la muerte de Don Orione, con el desarrollo en seis naciones: Italia, Polonia, Argentina, Brasil, Uruguay y Chile.

             Luego pasaron 30 años sin desarrollo misionero en nuevas naciones. Reiniciaron solo en 1978 con las aperturas en Africa, en Cabo Verde, Kenia y Madagascar.

             Luego de la caída del muro de Berlin (1989) y las invitaciones de la Santa Sede, las PHMC llegaron a  Rusia, Albania (por poco tiempo), Ucrania y Rumania con presencias hasta ahora exiguas. Las últimas aperturas fueron en Perú, en Costa de Marfil y en las Filipinas.fuente: Don Flavio Peloso, Fotos facebook padre Fernando Fornerod

viernes, 26 de julio de 2024

EL MANDATO MISIONERO

EL MANDATO DE JESÚS

 El mandato misionero de Jesús nos otorga la luz evangélica para iluminar nuestra misión.

 Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".

(Jn. 20,19-21)

             Todos los evangelistas, cuando narraban el encuentro de Jesús Resucitado con los apóstoles, concluyen haciendo referencia al mandato misionero. [2] En el Encuentro misionero del 2005 se había elegido como slogan el mandato de Jesús como está escrito en los Hechos 1, 8  “Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra".

Todo discurso eclesial sobre la misión parte del “mandato” de Jesús. Allí encontramos las motivaciones, [3] los contenidos y las modalidades de la misión.

             “El impulso misionero pertenece a la naturaleza misma de la vida cristiana” y “renueva la Iglesia, reforzar la fe y la identidad cristiana, da un nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se hace más fuerte dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos encontrará inspiración y sostenimiento en el compromiso por la misión universal” (Redemptoris missio [RM] 3).

EL MANDATO DE DON ORIONE

             El mandato apostólico de Don Orione, como nos ha recordado justamente Juan Pablo II, “se presenta a ustedes como la actuación del grito preocupante de vuestro Padre: “¡Almas! ¡Almas!” Grito que prolonga la “sed” de Jesús en la cruz. Grito que vendrá repetido por cada uno y por todos juntos. No puede haber verdadera evangelización sin fervor apostólico” [5].

            También Don Orione podría decirnos, retomando las palabras de Jesús: “Como el Señor me mandó a mí, también yo los mando a ustedes”.

             El mandato misionero recibido y participado a los seguidores estuvo resumido por Don Orione en el sueño-visión de la “Virgen del manto azul”. El vio el gran manto azul que “se alargaba, de tal modo que no se distinguían más los confines”, “que cubría todo y a todos hasta el horizonte lejano”, “niños de diversos colores, cuyo número se multiplicaba extraordinariamente ... la Virgen se volvió a mí indicándomelos”

Escribiendo al obispo Bandi, agregó: “recordando que desapareció el muro del patio, y que eran de varios colores, entendí que son las misiones” [6].

             Don Orione fue a la misión ad gentes en los viajes a América Latina de los años 1921-1922 y 1934-1937 y sabemos con qué dinamismo e impulso apostólico.

Don Orione mandó a la misión ad gentes, a partir de la primera expedición de diciembre de 1913 a Brasil, [7] a muchos de sus Hijos de la Divina Providencia y de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad.

             El compromiso misionero de Don Orione y de la congregación se realizó siempre en el sufrimiento y saludable tensión entre “consolidación de lo existente” y “nuevas aperturas”. Tal tensión fue personalizada paradigmáticamente en dos santos hermanos y padres de la Congregación: Don Orione y Don Sterpi. Tuvo acentos también dramáticos en las palabras de uno y de otro.

            Don Sterpi escribió desde Tortona: “Piensen en volver lo más pronto posible. Recuerden que, si las cosas aquí no van bien, será un mal también para América ... Y después dejen perder la Argentina y todos los buenos proyectos, de otro modo voy para allá también yo” [8]

            Don Orione escribe desde el Chaco informando haber aceptado una nueva misión: “Acepté bajo condición porque me sentía con el alma lastimada, y recordaba las palabras del Santo Padre: “no se detengan en las ciudades, sino vayan al interior, donde pocos o ninguno va, porque no hay ganancia” Aquí, el Chaco es considerado peor que la Patagonia, hay todo, todo, todo por hacer, hay todo por sufrir, hay todo para sacrificarse por el Señor, por las almas, por la Santa Chiesa. Están los protestantes, los hebreos, los mercados que se enriquecen de bienes terrenos y que por el algodón y la riqueza están allá, y ¿no habrá un sacerdote para las almas... para los pobres?” [9]

             También hoy, la tensión entre impulso y consolidación no va resuelta sino mantenida viva y alta y ello es posible sólo en el equilibrio que se alcanza mediante la comunión fraterna y el celo apostólico compartido. Ella, en los tiempos de Don Orione y sucesivamente, produjo la difusión del Evangelio y del carisma, nuevas obras, nuevas vocaciones. Son los dos pasos por los cuales camina en la historia: uno que se apoya en lo sólido, pero ya pronto a separarse de él y el otro lanzado hacia adelante pero midiendo ya el punto de apoyo. Los religiosos y las obras serán siempre demasiado frágiles para poder hablar de consolidación. Pero serán también siempre suficientes para dar razón a la esperanza misionera.

Todos en misión Don Flavio Peloso

jueves, 25 de julio de 2024

DON ORIONE Y LA MISERICORDIA

El ministerio de la misericordia es la sustancia del ministerio sacerdotal y caritativo de Don Orione.

hacernos “expertos de la misericordia de Dios” en nuestra vida, y por eso, testigos, instrumentos de la misericordia de Dios hacia los demás.

Partamos de dos observaciones confidenciales de Don Orione a sus discípulos:

“Cuando estarán un poco más adelante en la vida, entenderán lo que les estoy diciendo; sentirán en ustedes mismos que la obra más grande que puede hacer Dios… es sabernos perdonar”  (Parola, 31.5.’23).

“La misericordia de Dios para con los pecadores era mi caballo de batalla desde joven. Volvía a casa, después de aquellas prédicas, cansado pero contento por los grandes frutos….” (Parola, 17.4.1938).

San Juan Pablo II, que conocía bien la vida de don Orione y le definía como “un estratega de la caridad”, “una maravillosa y genial expresión de la caridad cristiana” señaló que “su vida, tan intensa y dinámica, nace de un secreto y una genialidad: don Orione se dejó llevar sólo y siempre por una única lógica, la del amor”.[2]

Esta observación del Papa Juan Pablo II nos hace comprender que la misericordia no es sólo una característica de Don Orione, una virtud excelente. Es mucho más: es la lógica de su vida, es la conexión interna de pensamientos, voluntad y acción de su personalidad; es el orden interior de su vida. Es su identidad: como Deus caritas est, así Don Orione caritas est.

Para comprender la misericordia en don Orione, hay que partir de la experiencia que él tiene de la misericordia de Dios. En una oración de 1917 (tenía 45 años), que es también todo un programa, leemos: “Que no olvide nunca que el ministerio que se me ha confiado es un ministerio de misericordia y tenga con mis hermanos pecadores ese incendio de caridad, que tantas veces has usado conmigo, oh gran Dios”.[3]

Misericordia quiere decir “tener un corazón de miserable”, de pobre, de pequeño, de humilde. Y quiere decir “tener corazón para los miserables”, para las miserias. Las dos experiencias están íntimamente conectadas, tanto que una no puede estar sin la otra.

Amor hacia los más alejados de Dios

Don Orione fue – porque lo quiso ser- “el sacerdote de aquellos que no van a la iglesia”.

 Hay un escrito que revela plenamente el alma de don Orione y la idea que él tiene del sacerdocio.

“La finalidad del sacerdocio es la de salvar almas e ir detrás de ellas, especialmente, de aquellas, que alejándose de Dios, van a la perdición. Esas tienen preferencia, no de ternura, sino de paterno consuelo y ayuda en el regreso, dejando, si fuera preciso, aquellas menos necesitadas de asistencia. Jesús no vino para los justos, sino para los pecadores: “Por lo tanto, oh mi Dios, presérvame de la funesta ilusión, del diabólico engaño de creer que yo como cura deba ocuparme sólo de quien viene a la iglesia y frecuenta los sacramentos (...). Que yo no olvide jamás, que el ministerio que me ha sido confiado es ministerio de misericordia”.[6]

El ministerio de la misericordia es, para don Orione, la sustancia de su sacerdocio y el horizonte permanente de su acción caritativa. Es también un claro indicador de su santidad, porque “una señal –decía Cassiano- de que el alma ha sido purificada con el fuego divino es la capacidad para tener compasión de los pecadores”.

Un hecho en la vida de don Orione puede ayudarnos a fijar el valor y el comportamiento del ministerio de la misericordia.

Cuenta cómo años atrás, predicando una misión en un pueblo, había dedicado la última tarde para hablar de la misericordia de Dios. Durante la charla, no sabe por qué, dijo: “Incluso si alguno hubiese puesto veneno en el plato de su madre y la hubiese llevado de esta manera a la muerte, si está realmente arrepentido y se confiesa, Dios, en su infinita misericordia, está dispuesto a perdonarle su pecado”. Terminada la predicación se quedó confesando hasta la media noche y, después, se puso en camino a pie hacia Tortona. El tiempo no podía ser peor, nevaba y todo estaba cubierto de nieve. Envuelto en la capa descubrió que, a la salida del pueblo, había alguien que lo esperaba. “Reverendo, ¿usted es don Orione? ¿Ha sido usted quien ha predicado esta tarde en la iglesia? Bien, quisiera saber si lo que ha dicho esta tarde es verdad. Quisiera saber si de verdad es cierto que, incluso si alguien hubiera metido veneno en la comida de su madre, todavía podría ser perdonado”.

Sigue don Orione: “No recordaba de haber dicho esas palabras, pero le dije: ‘Por supuesto que es verdad. Basta que esté arrepentido de verdad, pida perdón a Dios y se confiese; cualquier pecado, por grande que sea, será perdonado; claro que para él hay misericordia y perdón’”. ‘Pues verá – dijo-, yo soy el que ha puesto veneno en el plato de su madre. Mi mujer y mi madre no se llevaban bien, y yo he matado a mi madre. ¿Podré ser perdonado?’. Y se puso a llorar. Me contó la historia de su vida y después se echó a mis pies: ‘Padre, confiéseme: yo soy el del veneno en el plato de su madre. Desde ese momento no he vuelto a tener paz. Han pasado tantos años. Desde entonces no he vuelto a confesarme’.

‘Bien –le dije enseguida, confortándolo- por la autoridad que he recibido de Dios, yo te puedo perdonar este pecado’. Se puso de rodillas y se confesó llorando y le di la absolución. Después se levantó y me abrazaba y me apretaba contra sí, siempre llorando, y no se terminaba de separar de mí, tal era la alegría que le invadía. También yo lloré, le besé en la frente y mis lágrimas se fundían con las suyas. Reemprendí el camino y llegué a Tortona todo calado. Esa noche me quité las botas y me eché sobre la cama, y soñé... ¿Qué soñé? Soñé con el corazón de Jesucristo; sentí el corazón de Dios, ¡qué grande es la misericordia de Dios!”.[7]

Este episodio es una parábola que ayuda a comprender la misericordia de Dios y el ministerio de la misericordia. Don Orione ha sido definido como “un rostro de la misericordia de Dios”. Y con este rostro era reconocido por la gente que a él recurría.

[1] Cfr F. Peloso, Don Orione e il ministero della misericordia, “Unità e carismi”, Città Nuova, n.2, aprile-maggio 2015, p.50-54.

[2] De San Juan Pablo II sobre don Orione en la Omelia in occasione della beatificazione, 26 octubre de 1980, y la Omelia in occasione della canonizzazione, 16 mayo de 2004.

[3] Don Orione, Nel nome della Divina Provvidenza, Piemme, Casale Monferrato 20043, p. 27.

 [6] Don Orione, Nel nome della Divina Provvidenza, cit., p. 27.

[7] Cfr Parola VII, 21-22; XI, 234-235; XI, 325-327.

[8] En marzo de 1936, desde Rosario (Santa Fé - Argentina), Don Orione escribe la carta llamada "El himno de la caridad” que, después, fue grabada por el mismo Don Orione en un disco enviado a Italia. La carta completa, en italiano, se encuentra en Le lettere II, 327-331.

[9] Aa. Vv., Tras los passos de Don Orione. Itinerario de formación en la espiritualidad orionita, PODP, Buenos Aires, 2002, p. 170.

[10] Scritti 61, 114.

[11] Scritti 80, 283.

[12] Don Orione, Carta a Don Casa, 1 junio de 1920; Lettere I, Roma, 1969, pp. 191-193.

miércoles, 24 de julio de 2024

25 DE JULIO 1937, PIEDRA FUNDAMENTAL Y PABELLONES EN CLAYPOLE


Pasaron 84 años ya, de aquel importante 25 de julio, el de 1937. Una vez más, el naciente Cottolengo de Claypole se vestía de gala para recibir a miles de visitantes, a las más altas autoridades civiles y eclesiásticas y para mostrar su gran desarrollo.
El 28 de abril de 1935 se había puesto la piedra fundamental, el 21 de mayo de 1936 se inauguraron la Iglesia, los 4 primeros hogares y la cocina; aquel 25 de julio de 1937 la fiesta no fue menor. En la puerta del templo se colocó y bendijo una placa recordatoria del telegrama enviado por el Papa con motivo de la inauguración del Cottolengo.

 En la misma ceremonia se colocaron la piedra fundamental del “Colegio Apostólico” (Hoy colegio secundario San Pío X) lugar para la formación de los futuros sacerdotes de la congregación y del Hogar Buenos Aires del Cottolengo, que fue donado por el Gobierno de la Nación. Obras importantes fueron bendecidas e inauguradas ese mismo día. El Hogar John Sheil, destinado en aquel momento para los residentes del Cottolengo que tuvieran necesidades especiales de Salud y el Hogar Anchorena que se transformó en el quinto hogar del Cottolengo ampliando la capacidad de atender los numerosos pedidos recibidos.

Esta fiesta tuvo también un dejo de nostalgia, porque como ya estaba anunciado, significaba la despedida de Don Orione de la Argentina, quien partió el 6 de agosto de 1937.

Fuente: Padre Raúl Trombini f.d.p.





martes, 23 de julio de 2024

¿ QUE ES EL CARISMA FUNDACIONAL?




El carisma fundacional es la regla fundamental de Fecundidad De Una Vocación religiosa y de todo un instituto de vida consagrada.

El carisma fundacional es la regla fundamental para la fecundidad de una vocación religiosa y de cada instituto de vida consagrada. En el don divino de carisma, creado de una manera única e intransferible, a cargo de uno de los fundadores y, a través de él a un Instituto, hay una nueva manera de vivir el seguimiento de Cristo. Adoptada y preservada por la Iglesia, este carisma es la «piedra angular» y de la norma de las normas que guiarán la vida de cada miembro del Instituto, asegurando su santificación personal y la supervivencia del don divino al fin de los tiempos.

Los Fundadores: Nuevos Profetas

En el Antiguo Testamento, Dios se vale de MEDIADORES Que actúan bajo el carisma de la profecía, es la persona Elegida Para Ser testigo de la Voluntad y de los Derechos de Dios. «El carisma de los Fundadores se Manifiesta Como Una experiencia del Espíritu, transmitida una SUS Propios Discípulos Para Que Estós la vivan y Conserven, la profundicen y enriquezcan permanentemente, en armonía con el Cuerpo de Cristo, en continuo growth» (n. 11) .

el fundador es siempre la figura clave, El que aglutina En torno a sí a Los Demás Que se Sienten Implicados del una novedad de vida [17]. Este grupo de Primeros compañeros Muchas Veces es considerado con la Expresión cofundadores. Si entendemos los carismas como «dones providenciales» que el Señor da a los hombres al servicio del Pueblo de Dios, ¿Cuál sería el don que el Señor ofreció a Luis Orione para bien de toda la Iglesia y la humanidad?

Una fidelidad muy grande a la Iglesia, que Don Orione manifestó en forma particular en la persona del Santo Padre y de los Obispos: «Nuestra vida tiene que estar consagrada al Papa y a la Iglesia Santa de Jesucristo».

Un amor inmenso y generoso por los hombres, por los más pobres y necesitados, en quienes El descubría la presencia del mismo Jesús: «Servir en los hombres al Hijo del Hombre».

De esta manera, todas las obras de Don Orione tratan de dar respuesta a las necesidades de los hombres, pero siempre a partir de un compromiso claro de fidelidad especial a la Iglesia y al Papa.

El carisma de Don Orione también puede ser expresado en los llamados «cuatro grandes amores» que marcaron el ritmo de los latidos de su corazón: Jesús, María, el Papa y las almas.

«Es necesario Jesús. Jesús todos los días y no fuera de nosotros, sino en nosotros; y no sólo espiritualmente, sino sacramentalmente.»

«Virgen Santísima, a la cual nadie ha recurrido en vano, danos fuerza, danos el querer aquello que Dios quiere de nosotros»

«Amemos a la Santa Iglesia con todo nuestro ser y teniendo siempre como nuestras todas las doctrinas suyas y de su Jefe visible, el Papa»

«No saber ver ni amar en el mundo más que las almas de nuestros hermanos… Todas son amadas por Cristo, por todas Cristo ha muerto»

 

 

lunes, 22 de julio de 2024

LA CONCIENCIA ORIONITA PLASMADA EN SUS CARTAS



Fernando Héctor Fornerod fdp

Pcia. Roque Sáenz Peña Chaco 

Bien sabemos que Luis Orione fue un verdadero escritor. La gran variedad de manuscritos, especialmente los que se refieren a sus primeros años como fundador, nos ayudan a marcar las etapas del desarrollo de la reflexión en algunos temas más importantes, como son el fin de la congregación, los medios de apostolado, los desafíos que le tocaba vivir, el horizonte de la Iglesia hacia la construcción de una verdadera sociedad humana, entre otros tantos argumentos. Ahora bien, la actividad apostólica desarrollada por Luis Orione no solamente tuvo características originales por su popularidad y creatividad. Revela, también, el alma profunda de su estilo de vida cristiana. Su vida estuvo siempre atravesada por una espiritualidad definida como «espiritualidad de brazos arremangados». En efecto, en la aceptación de la voluntad de Dios y en la caridad, es como Don Orione y su familia contribuyen con su apostolado a «Instaurare Omnia in Cristo», especialmente entre los más pobres, que son el tesoro de la Iglesia. La noche del 22 de julio de 1936 escribía a Don Carlos Sterpi desde Buenos Aires:

[...] 3° El fin particular y especial consiste en propagar la doctrina y el amor a Jesucristo y a la Iglesia, especialmente en el pueblo; atraer y atar con un vínculo dulcísimo y estrechísimo de mente y corazón, a los hijos del pueblo y las clases trabajadoras, a la Sede Apostólica, en la cual, de acuerdo a las palabras de San Pedro Crisólogo, «el Beato Pedro vive, preside y otorga la verdad de la fe a quien se la pide» (Epist. ad Eut. n. 2) y eso con el apostolado de la caridad entre los pequeños y los pobres, mediante aquellas Instituciones y Obras de misericordia más aptas a la educación y formación cristiana de los hijos del pueblo, y a conducir las multitudes hacia Jesucristo y su Iglesia [...][1].

Todo esto nos permite formular una clave de lectura que nos ayude a dar con el espíritu de cuanto él escribió. Efectivamente, la conciencia orionita plasmada en sus cartas, es fruto de la reflexión sobre la praxis pastoral acontecida. Por lo que los investigadores del carisma, tienen un enorme trabajo pendiente que ofrecernos: el de iluminar los escritos de nuestro Fundador con gestos particulares de su vida. Para que los hechos vividos por Orione, nos revelen el espíritu de sus dichos y escritos.

Quienes leyeron alguna de las biografías de nuestro Padre Fundador, conocen algunos acontecimientos de su vida, que dicen más que mil palabras. Algunos fueron programáticos; y ¡hasta tantas veces proféticos! Habría muchos temas sobre los que podríamos escribir. Elegimos uno: Don Orione y la Eucaristía.

Todos nosotros sabemos del amor que Don Orione manifestó por la presencia Eucarística. Son muchos los relatos que hablan del tiempo vivido delante del tabernáculo en actitud de adoración al Señor; de la frecuencia con la que lo recibía desde el tiempo del oratorio en Valdocco, hasta la piedad de la celebración de la Misa y de su deseo de la adoración en los «Pequeños Cottolengos» [2]. Pero de entre tantos gestos eucarísticos, entre muchos, hay uno que se destaca: aquél vivido por Don Orione precisamente en 1920, cuando celebró sus veinticinco aniversarios de ordenación sacerdotal. Este auxilio paternal nos habla del amor por Jesús sacramentado.

Estamos hablando del servicio que el mismo Don Orione cumpliera al seminarista Basilio Viano (1899-1920), mientras en el «Paterno» se estaba realizando la fiesta en honor del director de la Pequeña Obra. Don Orione decidió en esas circunstancias, celebrar sus bodas de plata sacerdotales asistiendo a uno de sus hijos moribundo: el relato es conmovedor, semejante al contexto joánico del lavatorio de los pies:

[...] Aquí no se han hecho festejos. No permití hacerlos por mis 25 de sacerdocio. Aquel día debía pasarlo en Bra, en recogimiento y en el Señor; pero, en la víspera me acorde de que mi querido amigo, el seminarista Viano empeoraba en su salud y tomé la determinación de quedarme en Tortona. Pasé la noche junto al lecho de Viano, y celebré por la mañana la Misa a los pies de la Virgen de la Divina Providencia; [...] Llegada la hora del almuerzo, te contaré como lo pasé. Viano continuaba empeorando, pero conservaba su lucidez. Desde algunos días atrás, aquel pobre hijo, a pesar de los medicamentos, no había mejorado. Hasta que, hacia el mediodía, padeció un relajamiento del cuerpo que lo superó, ya que ni él se percató, ¡pobrecito! Entonces el seminarista don Camillo Secco (ahora es subdiácono) que hace de enfermero y que quizás siga siéndolo, levantó al querido enfermo y cambiamos todo: al lecho y al enfermo. De esta forma, mientras los demás comían, yo, con agua tibia lo lavaba y limpiaba, haciendo con Viano, nuestro querido enfermo, aquellos oficios humildes, sí, pero santos: lo que hace una mamá con sus hijitos. Miré en ese momento al seminarista Camilo, y vi que lloraba. Estábamos recluidos en la enfermería para evitar que nadie entre, mientras golpeaban con insistencia para que fuera rápido a almorzar. Yo estaba seguro de que lo mejor era cumplir con amor y humildad ese trabajo santo, de Dios, y me decía a mi mismo: ¡es mucho mejor esto, que todo lo que he predicado en mi vida! [...] ¿Ves? ¡Con este amor nos amamos entre nosotros! [...] [3]

El P. Luis Heriberto Rivas, nos ayuda a comprender el lugar que ocupa la Ultima Cena en el evangelio de Juan:

El Evangelio de Juan no tiene una narración de la “última cena” como la que se encuentra en los sinópticos. Mientras que para éstos se trata de la cena pascual en la que participan Jesús y los Doce, Juan se refiere a una comida que tiene lugar la noche anterior a la fiesta de la Pascua. [...] El relato del capítulo 13 no describe los incidentes propios de la cena de los sinópticos (entrega del pan y del vino ...), sino que centra su atención en el lavado de los pies, un hecho desconocido por los otros evangelios. [...] La narración del lavado de los pies está hecha prácticamente sin comentarios. [...] El relator puntualiza que Jesús “se levanta de la cena”. Este no se trata de un dato superfluo, porque está mostrando lo novedoso del gesto. La acción de Jesús tendrá otro sentido. La tarea de lavar los pies a los comensales, reservada a los sirvientes, a la luz de las tradiciones judías podía ser interpretada como un gesto de suntuosa hospitalidad cuando era asumida por los dueños de casa. [...] sin embargo, mediante el gesto de lavar los pies a sus discípulos, entre los cuales está el traidor y el que lo va a negar, Jesús está mostrando el “amor hasta el fin” por el cual entrega su vida para “lavar” totalmente “a los suyos”. El “amor hasta el fin” no se deja ver sólo en el acto de humildad, sino que abraza también el lavado que Él realiza en los discípulos para que estos puedan ser partícipes de su gloria. Solamente aceptando ese acto de amor se puede llegar “a tener parte con Él” participando de su vida eterna [ 4].

Aquel gesto hacia el clérigo Viano fue "mejor que todas las prédicas". No era la última cena en el Cenáculo; se trataba de un almuerzo para festejar las bodas de plata sacerdotales. Don Orione no bajó a almorzar, porque no había mejor forma de celebrar esa fecha que sirviendo a uno de sus hijos enfermo. Y este tipo de servicio, que hace presente a Jesús, no es un hecho aislado en la vida de Luis Orione. Recordemos cuando él, en la santa misa ofreció su vida a cambio de la salud de Don Bosco, moribundo; o cuando asistió a Mons. Claudio Andrè la noche previa a su propia ordenación [5]. La misa y el servicio de caridad en Luis Orione, no fueron sino dos momentos de una única celebración eucarística, presencia real de Jesús

Así como Jesús entrega su vida hasta el fin, así también en los gestos de entrega de Luis Orione, podemos entrever a Jesús que nos lava los pies a nosotros. La caridad, el servicio hecho por amor; sin otra medida que sin medidas, hace presente a Jesús servidor, tan real como lo está en el Pan consagrado. Por lo que, el amor de Don Orione a Jesús Eucaristía, no puede separarse del servicio de caridad. Es más: es su mismo contenido.

[1] Orione, L., CC., FDP, sf., 1936, odac., calo., ADO, Scr., 59,21c. Cf. Idem, a C. Sterpi, 22.07.1936, noche, c., ADO, Scr., 59,27.

[2] Venturelli, G., «Don Orione, apostolo dell’Eucaristia e suscitatore di adoratori». Sobre la iniciativa de Don Orione en Turín de los ermitaños de la Adoración Cotidiana Universal Perpetua, ve. DOPO III, 42-61. Gemma, A., «Don Orione, anima eucaristica».

[3] Orione, L., a F. Casa, 01.06.1920, c., inc., ADO, Scr., 29,116-119; (L. I, 191-195: om.); el original de esta carta se encuentra en el Monasterio de S. Maria de São Paolo (Brasil); véase la reserva de esta escena íntima que Don Orione no hace referencia a ella en una carta circular comunicando la muerte de Basilio Viano cf. Idem, ccir., 19.04.1920, L. I, 161-174.

[4] Rivas, L., El evangelio de Juan. Introducción, teología, comentario, Buenos Aires, Ediciones San Benito, 2008, 366-370.

[5] Sobre el ofrecimiento de su propia vida: DOPO I, 301 ss.; del servicio a Mons. Claudio Andrè: DOPO II, 162 no. 5e.


 

 

domingo, 21 de julio de 2024

SANTA MARÍA MAGDALENA "APÓSTOL DE LOS APÓSTOLES"

 

La "apóstol de los apóstoles". En el calendario litúrgico, el memorial de Santa María Magdalena tiene lugar el 22 de julio. A partir de 2016, por "deseo expreso del Papa Francisco" se celebrará con "Fiesta" litúrgica, es decir, en la misa del día se insertarán lecturas especiales dedicadas a ella, habrá el Gloria y el Prefacio propiamente dicho. El Pontífice da así a esta mujer del Evangelio la dimensión correcta y elevada en el contexto de la vida de Jesús y de la primera comunidad cristiana.

Santa María Magdalena siempre ha sido considerada una figura prominente en el cristianismo. El teólogo Hipólito Romano (170-235 d.C.) ya lo había llamado "el Apóstol de los Apóstoles". Ella es, de hecho, la primera en ver a Jesús una vez que resucitó, como se describe en el Evangelio de Juan, y luego corrió a decir tan fuerte a los once apóstoles todavía conmocionados por la muerte de Jesús. Este episodio es suficiente para entender la centralidad de la figura de Marí Magdalena.
La decisión se inscribe- dice el arzobispo Arthur Roche, Secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos,   - en el contexto eclesial actual, que requiere una reflexión más profunda sobre la dignidad de la mujer, la nueva evangelización y la grandeza del misterio de la misericordia divina. San Juan Pablo II dedicó una gran atención no sólo a la importancia de la mujer en la misión de Cristo y de la Iglesia, sino también, y con especial énfasis, al papel especial de María Magdalena como primera testigo que vio al Resucitado y primera mensajera que anunció a los apóstoles la resurrección del Señor. La Iglesia, hoy en día, prosigue resaltando esta importancia – manifestada en el compromiso de una nueva evangelización -y quiere acoger sin distinción, hombres y mujeres de cualquier raza, pueblo, lengua y nación,para anunciarles la buena noticia del evangelio de Jesucristo, acompañarlos en su peregrinación terrena y ofrecerles las maravillas de la salvación de Dios. Santa María Magdalena es un ejemplo de evangelización verdadera y auténtica, es decir, una evangelista que anuncia el gozoso mensaje central de Pascua!.