Debemos ser una profundísima vena de espiritualidad
mística que penetre todos los estratos sociales: espíritus contemplativos y
activos «siervos de Cristo y de los pobres». No se entreguen a la vanidad de
las letras no se dejen envanecer por las cosas del mundo.
Comunicarse con los hermanos sólo para edificarlos,
comunicarse con los otros sólo para difundir la bondad del Señor.
1. amar en todos a Cristo;
2. servir a Cristo en los pobres;
3. renovar en nosotros a Cristo;
4. y todo restaurarlo en Cristo
Salvar siempre, salvar a todos,salvar a costa de
cualquier sacrificio con pasión redentora y con holocausto redentor.
Grandes almas y corazones grandes y magnánimos,
fuertes y libres conciencias cristianas que sientan su misión de verdad, de fe,
de elevadas esperanzas, de amor santo a Dios y a los hombres, y que en la luz
de una fe grande, grande, justamente «de aquélla» en la Divina Providencia y
caminen, sin mancha y sin miedo, por el fuego y por el agua y aún entre el fango
de tanta hipocresía, de tanta perversidad y libertinaje.
Llevemos con nosotros y muy dentro de nosotros el
divino tesoro de aquella Caridad que es Dios, y aun debiendo estar entre la
gente, conservemos en el corazón aquel celeste silencio que ningún rumor del
mundo puede romper y la celda inviolable del humilde conocimiento de nosotros
mismos, donde el alma habla con los ángeles y con Cristo Señor.
El tiempo que ha pasado, no lo tenemos más: el tiempo
futuro no estamos seguros de poseerlo: entonces sólo este punto del tiempo
presente tenemos, y no más. En torno nuestro no faltarán los escándalos y
falsos pudores de los escribas y de los fariseos, ni las insinuaciones
malvadas, ni las calumnias y persecuciones.
Pero, oh Hijos míos, no debemos tener tiempo para
«volver la cabeza y mirar el arado» nuestra misión de caridad nos estimula y
nos apremia tanto cuanto el amor del prójimo nos enciende y el fuego divino y
ardiente de Cristo nos consume.
Nosotros somos los embriagados de la caridad y los
locos de la Cruz de Cristo Crucificado. Sobre todo con una vida humilde, santa,
plena de bien, enseñar a los pequeños y a los pobres, a seguir la vía de Dios.
Vivir en una esfera luminosa, arrobados de luz y
divino amor a Cristo y a los pobres, y de celeste rocío como la alondra que
vuela, cantando, bajo el sol. Que nuestra mesa sea como el antiguo ágape
cristiano.
¡Almas y almas! Tener un gran corazón y la divina
locura de las almas.