"Sólo la caridad salvará al mundo": Esta frase célebre subraya su misión de llenar de amor los "surcos" abiertos por el egoísmo, un concepto central en la redención del Viernes Santo.
San Luis Orione tenía un amor profundo por Jesús crucificado, buscando "llenar de caridad los surcos" de dolor y odio, lo cual es la esencia del mensaje del Viernes Santo.
Sus últimos momentos fueron de entrega, diciendo "¡Jesús! ¡Jesús! ¡Voy Jesús!", reflejando su unión con la Pasión
"Cuando se abrió esta Casa, vi este hermoso crucifijo, lo miré y me dije: ¡Qué contento me sentiría si estuviese siempre con nosotros, porque el amor más ardiente y la devoción al crucifijo caracterizan a nuestra congregación... Jesús nos salvó en la cruz; la cruz está bañada en sangre; la redención del mundo fue lograda por Jesús en la cruz: ella es nuestra esperanza" (San Luis Orione)"Perseguido y traicionado inicuamente, hasta la misma cruz, imploró a su Padre celestial, con gran voz, el perdón para los bárbaros que lo habían crucificado. El, que había ordenado a Pedro que envainara su espada, y que no derramó jamás la sangre de nadie, quiso derramar toda su sangre divina, y su vida, por los hombres, sin distinción de judío o griego, romano o bárbaro [cf Col 3,11; Gál 3,28; Rom 10,12]: ¡Verdadero rey de paz: Dios, Padre, Redentor de todos!
Quiso morir con los brazos abiertos, suspendido entre el cielo y la tierra, llamando a todos ángeles y hombres a su Corazón abierto, traspasado: anhelando abrazar y salvar en ese Corazón divino a todos, a todos, a todos: ¡Dios, Padre, Redentor de todo y de todos! Jesús no hizo construir para sí un mausoleo, como los antiguos reyes; pero por todas partes se ven casas consagradas a su memoria, en las grandes ciudades como en los pueblos pequeños. Y aún en lugares despoblados, entre las nieves eternas, se levantan ermitas humildes refugios muy parecidos a la gruta de Belén con una cruz que evoca la obra de amor y de inmolación de Nuestro Señor Jesucristo; ¡esa cruz habla a los corazones del evangelio, de la paz, de la misericordia de Dios por los hombres!...
No fueron los milagros ni su resurrección los que me conquistaron, sino su Caridad: ¡esa caridad que venció al mundo!".
Don Orione




